La borrasca ‘Ana’ ha sido la primera en recibir un nombre propio, algo que no ha dejado indiferente a nadie. Lo cierto es que no nos quedará otra que acostumbrarnos, tal y como hicieron los americanos y los asiáticos cuando se decidió nombrar a los huracanes/tifones.
Pero, ¿por qué ahora las borrascas tienen nombre?
¿Qué es una borrasca?
Una borrasca es un ciclón que transcurre entre los 30 y los 60º de latitud. Es un sistema de bajas presiones donde el viento gira en sentido contrario a las agujas del reloj en el Hemisferio Norte, y suelen producir fuertes vientos e inundaciones. Para entender mejor este fenómeno meteorológico, es útil conocer cómo se forma una borrasca, un proceso que involucra diversos factores atmosféricos. Puedes profundizar en este concepto al leer sobre cómo se forma una borrasca.
Aquellas borrascas que tendrán un nombre serán aquellas que puedan producir un gran impacto en bienes y personas, pero no será necesario que experimenten un proceso de ciclogénesis explosiva. Para conocer más sobre cómo impactan las borrascas, puedes consultar este artículo sobre las borrascas Gerard y Fien.
¿Por qué las borrascas tienen nombre?
La respuesta es la misma que por la que los huracanes tienen el suyo propio: para prevenir daños mayores. Las borrascas profundas, como ‘Ana’, causan importantes pérdidas materiales, pero además ponen en riesgo la vida de las personas, por lo que es conveniente tomar medidas antes de que lleguen. Para mejorar la comunicación de las alertas de seguridad, es necesario que dicho ciclón reciba un nombre propio, pues cada segundo cuenta. Si deseas saber más sobre cómo y quién elige el nombre de las borrascas, puedes consultar este artículo, el cual puedes encontrar en este enlace: ¿cómo y quién elige el nombre de las borrascas?.
Esta decisión ha sido tomada de común acuerdo por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), MétéoFrance (Francia) e IMPA (Portugal). A partir del 1 de diciembre del 2017 todas las borrascas profundas serán llamadas por un nombre propio. Así, estos tres países son los más recientes, después del Reino Unido, Irlanda y Alemania, que han optado por emplear este sistema.
Pero no todas las borrascas serán bautizadas, sólo las atlánticas y »sólo cuando se prevean condiciones que den lugar a la emisión de avisos de viento de nivel naranja o rojo asociados a dicha baja en alguno de los tres países». Por ejemplo, en España, las rachas de viento deben de superar los 90km/h. Para el caso de las borrascas mediterráneas, se prevé en un futuro intentar una estrategia similar.
Así pues, según el acuerdo, el servicio meteorológico que dé el primer aviso de nivel naranja o rojo le dará el nombre siguiendo el orden preestablecido, que es el siguiente: Ana, Bruno, Carmen, Emma, Felix, Gisele, Hugo, Irene, José, Katia, Leo, Marina, Nuno, Olivia, Pierre, Rosa, Samuel, Telma, Vasco, Wiam.
Exceptuando aquellos ciclones post-tropicales o extra-tropicales que ya hayan recibido una denominación por parte del CNH o Centro Nacional de Huracanes con sede en Miami, éstos serán los nombres que se emplearán. ¿Por qué? Porque la gente además presta más atención a los fenómenos meteorológicos que llevan un nombre, de modo que es una forma de prevenir problemas causados por el ciclón.

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