En nuestro recorrido por los diversos géneros de nubes, hoy nos enfocamos en los Stratus o Estratos. Estas nubes son uno de los dos géneros que se clasifican como nubes bajas y se caracterizan por su formato de capa, generalmente de color gris, con una base uniforme. La caÃda de llovizna, prismas de hielo o cinarra es común asociada a este tipo de nubes. Cuando el Sol es visible a través de la capa de Stratus, su contorno se vuelve claro y preciso. Ocasionalmente, estas nubes pueden aparecer en forma de jirones deshilachados, conocidos como Stratus fractus, que se localizan debajo de otras formaciones nubosas.
Las nubes Stratus normalmente se sitúan a una altitud que varÃa entre 0 y 300 metros sobre el nivel del suelo. Están compuestas principalmente por pequeñas gotitas de agua; sin embargo, a bajas temperaturas, su composición puede incluir partÃculas de hielo diminutas. El proceso de formación de los Stratus está relacionado con el enfriamiento en las capas inferiores de la atmósfera, asà como la turbulencia provocada por el viento. Generalmente, estas nubes se forman sobre superficies terrestres debido a la irradiación nocturna o por la advección de aire cálido sobre un suelo más frÃo. En ambientes marinos, el enfriamiento se produce a través de advección.
Una de las cualidades notables de los Stratus es que, si se encuentran al nivel del suelo, pueden generar niebla. Los Stratus fractus se desarrollan como nubes accesorias (también conocidas como pannus) que aparecen debajo de otros tipos de nubes como Altostratus, Nimbostratus, Cumulonimbus y cumulos que producen precipitaciones. La presencia de niebla está frecuentemente asociada a condiciones de tiempo anticiclónico. En contraste, cuando el Stratus aparece debajo de Altostratus o Nimbostratus, suele estar vinculado a un frente cálido. En situaciones de tormenta, pueden encontrarse desgarrados bajo los Cumulonimbus, indicando la inminencia de un aguacero.

Un aspecto importante para diferenciar los Stratus de otras nubes como los Altostratus o Nimbostratus es su apariencia. Las nubes Altostratus y Nimbostratus tienen un aspecto más «húmedo», mientras que los Stratus tienden a lucir más «secos». Es fundamental destacar que la precipitación generada por los Stratus es muy débil, mientras que en los Nimbostratus se puede esperar una precipitación moderada, constituyendo una caracterÃstica clave para su identificación.
Para aquellos interesados en la fotografÃa, capturar imágenes de Stratus durante la formación de niebla puede ser muy atractivo. Se recomienda incluir objetos de referencia, como árboles, edificios o elevaciones en el terreno, lo que ayuda a ofrecer un contexto visual más rico. Los Stratus resultan especialmente interesantes cuando se presentan debajo de los Nimbostratus, desgarrados por las lluvias o nevadas.
Dentro de la clasificación de los Stratus, se reconocen dos especies: Nebulosus y Fractus. Además, se pueden identificar tres variedades: Opacus, Translucidus y Undulatus.
El Stratus es conocido por su capacidad para afectar la visibilidad, especialmente en condiciones de densidad alta. Dentro de la nube, la densidad puede aumentar gradualmente, hasta el punto de reducir la visibilidad a cero en ciertas áreas. Las fluctuaciones en la densidad y visibilidad pueden ser notables tanto en la vertical como en la horizontal. También pueden ocurrir fenómenos como el engelamiento leve a moderado y turbulencias.
Cuando se observa un Stratus desde abajo, generalmente aparece como una capa gris con variaciones en la luminancia. La base puede estar claramente definida o ser difusa; en ocasiones, se presenta rasgada. Desde arriba, la superficie superior del Stratus puede mostrar ondulaciones y protuberancias, especialmente cuando soplan vientos fuertes, lo que puede evidenciar la irregularidad del terreno subyacente.
Es interesante mencionar que los Stratus no suelen generar fenómenos de halo, salvo en situaciones de temperaturas muy bajas. Esto los distingue de otros tipos de nubes que sà pueden generar este fenómeno óptico atmosférico. Los Stratus representan un fenómeno meteorológico fascinante, no sólo en términos de su impacto en el clima, sino también en su capacidad de influir en la visibilidad y en la estética del paisaje.