El mes de abril se ha convertido en un auténtico termómetro adelantado del verano en buena parte de España. En los últimos años, y muy especialmente en un reciente episodio de calor extremo, se han disparado las temperaturas máximas hasta valores inéditos para la primavera, pulverizando registros históricos en decenas de estaciones meteorológicas repartidas por la península y Baleares.
Este episodio no solo ha roto récords de día, sino que también ha dejado noches muy cálidas, una sequía acusada y un contexto de riesgo de incendios y expansión de climas más áridos. Lo que antes se consideraba excepcional empieza a repetirse con más frecuencia, y abril está dejando comportamientos térmicos mucho más próximos a julio que al típico entretiempo primaveral.
Un abril de récord: máximas extremas y calor adelantado
Termómetros por encima de los 38 grados, cientos de récords de temperatura máxima mensual y un ambiente reseco: este es el balance general de un episodio de calor en abril que ya se sitúa entre los más intensos observados en España desde que hay registros modernos. Diversas fuentes meteorológicas y análisis de organismos oficiales coinciden en que ha sido, en amplias zonas, un abril extremadamente cálido y seco.
En total, el número de récords de temperatura máxima mensual de abril en España se acerca a las 110 estaciones con nuevas marcas en un único episodio, según recopilaciones especializadas. De ese conjunto, más de 80 corresponden específicamente a máximas absolutas para abril, reflejando un salto térmico muy acusado respecto a los registros anteriores.
Además, diversos análisis climáticos han confirmado que este abril ha estado acompañado por una fuerte anomalía térmica positiva, en muchos casos superior a 2 ºC sobre la media de referencia 1991-2020. En ningún observatorio analizado se ha detectado anomalía negativa, algo que subraya el carácter excepcionalmente cálido del mes en el conjunto del país.
En paralelo, se ha observado una importante falta de precipitaciones. En algunos puntos, como veremos más adelante, abril ha sido uno de los meses más secos de las últimas décadas, con precipitaciones mensuales muy por debajo de los valores normales y largos periodos consecutivos sin lluvia.

Córdoba y el Guadalquivir: el epicentro del calor extremo
Dentro del conjunto de valores extremos, hay un protagonista indiscutible: la estación de Córdoba – Aeropuerto, que ha marcado 38,8 ºC de temperatura máxima en abril. Esta cifra no solo es el nuevo récord de la estación, sino que se ha convertido en la temperatura más alta registrada en abril en la España peninsular y, según los análisis disponibles, también en Europa.
El carácter excepcional del dato se aprecia al comparar con el anterior récord de la propia estación cordobesa: 34,0 ºC registrados en abril de 2017. La diferencia entre ambas marcas es de nada menos que 4,8 ºC, un salto enorme en términos climatológicos, que ilustra hasta qué punto el episodio se ha salido de lo habitual.
Además, Córdoba – Aeropuerto encadenó varios días consecutivos batiendo su propio récord. Primero se superó la marca de 34 ºC, después el valor del día anterior fue nuevamente sobrepasado, hasta culminar el jueves con esos 38,8 ºC. Es muy raro ver en climatología una sucesión tan clara de nuevos máximos en tan poco tiempo.
El valle del Guadalquivir en su conjunto ha sido una auténtica «isla de calor» dentro del mapa peninsular. Municipios sevillanos como Écija registraron valores cercanos a los 38 ºC, con un significativo récord de 37,9 ºC en abril que rebasó de largo los 32,3 ºC que se habían alcanzado en las mismas fechas de 2002. La diferencia, de más de 5 grados, habla por sí sola de la intensidad del episodio.
En Badajoz y otras zonas extremeñas también se han observado diferencias llamativas entre los récords antiguos y los nuevos. Destaca el caso de Don Benito (Badajoz), que batió su anterior máxima de abril con una subida de 5 ºC. Este tipo de salto térmico no es habitual cuando se comparan registros históricos de una misma estación a lo largo de décadas.
Récords distribuidos por toda la península
El calor de abril no se quedó solo en el sur. Al menos 96 estaciones de la España peninsular han batido sus marcas de temperatura máxima para un mes de abril en este episodio, y el número supera las 200 si se contabilizan los récords consecutivos día tras día. Se trata de un fenómeno muy extendido geográficamente, aunque con distinta intensidad.
Provincias como Madrid, Badajoz, Jaén y Cáceres encabezan el listado de nuevos máximos. Madrid ha registrado récords en siete de sus estaciones meteorológicas, mientras que Badajoz, Jaén y Cáceres han sumado hitos en seis estaciones cada una. En conjunto, se han visto afectados hasta 34 territorios, lo que da idea del alcance de este episodio de calor temprano.
El caso de Madrid – Retiro resulta especialmente simbólico. Esta estación, con una larga serie histórica, anotó una máxima de 30,7 ºC un jueves 27 de abril, valor que se sitúa claramente fuera de lo que cabe esperar para esa época en la capital. Ese dato se encuadra dentro de un patrón más amplio de anomalías térmicas en la meseta y en el interior peninsular.
En otras localidades del centro y norte de la península también se han batido marcas. Ciudades tradicionalmente frescas en abril como Soria, Burgos o Valladolid han visto cómo el termómetro alcanzaba o superaba, por primera vez en abril, los 30 ºC entre el viernes y el sábado del episodio. Estos registros, más propios de finales de junio, evidencian un cambio notable en la distribución de extremos de temperatura a lo largo del año.

Capitales con máximas disparadas: Granada, Jaén, Albacete y más
Si se analizan las capitales de provincia, el panorama también llama la atención. En al menos 28 capitales se han batido récords de temperatura máxima de abril, afectando a más de 8 millones de personas. Algunas ciudades destacan por lo abultado de la diferencia respecto al máximo anterior.
Granada es el ejemplo más significativo. Hasta ahora, la máxima histórica en abril rondaba los 31,25 ºC, registrados a principios de mes en 2011. Sin embargo, durante este episodio las previsiones y posteriores observaciones apuntan a valores cercanos a los 37 ºC, es decir, unos 6 grados por encima de la marca previa. Un salto de esta magnitud es extremadamente raro.
En Jaén también se han rozado valores extraordinarios, con previsiones y registros en torno a 37 ºC, 5 grados por encima de los alcanzados en un episodio de calor de abril de 1985. Lo mismo ocurre en Albacete, donde el máximo histórico de abril de 1977 se ha visto superado igualmente por unos 5 ºC, con picos que han llegado a los 36 ºC.
Incluso ciudades donde abril suele ser relativamente fresco han notado un cambio drástico. Es el caso de Palencia, que tenía una máxima histórica de abril por debajo de los 27 ºC y donde ahora se han superado con holgura los 30 ºC. Este tipo de incrementos pone de relieve cómo el calor extremo ya no se limita solo a las zonas tradicionalmente más cálidas.
En otras 11 capitales de provincia, las máximas de este episodio han superado en más de 2 ºC los récords anteriores de abril. Destaca la situación de Cuenca, con unos 32 ºC previstos o medidos, que superan en 3 ºC la mayor temperatura conocida hasta ahora para un abril en esa ciudad. En Lleida se han alcanzado en torno a 35 ºC, 2 ºC por encima de su máximo anterior de abril.
Áreas menos afectadas: Galicia, Cantábrico, Pirineos y Canarias
Pese a la generalización del episodio, no todo el territorio ha sufrido el calor con la misma intensidad. La AEMET ha señalado que en Galicia, las provincias de la cordillera Cantábrica y la zona pirenaica el episodio no ha sido tan extremo. En estas áreas se han registrado temperaturas más contenidas y algunas precipitaciones débiles que han ayudado a moderar el ambiente.
En la cornisa cantábrica, ciudades como A Coruña han estado muy lejos de sus propios extremos de abril. Mientras en 2011 se había alcanzado allí una máxima cercana a los 31 ºC en un episodio muy puntual, en esta ocasión las temperaturas se han mantenido más de 11 grados por debajo de aquella marca, lo que muestra un comportamiento muy distinto respecto a la mitad sur y el interior.
Las Islas Canarias han seguido un patrón también más estable, con valores cálidos pero sin llegar a los extremos peninsulares. De hecho, el anterior récord de abril por encima de 38 ºC se había registrado en el aeropuerto de Fuerteventura el 3 de abril de 1980, una marca que hasta el reciente episodio era la referencia de calor extremo para este mes en el conjunto del país.
En el norte del litoral levantino, aunque las temperaturas han subido, no han alcanzado los picos del valle del Guadalquivir ni de Extremadura. Las precipitaciones puntuales y la influencia marítima han contribuido a suavizar parcialmente el impacto del aire cálido africano en esa franja del territorio.
Un abril extremadamente cálido y muy seco
Más allá de los récords puntuales, los análisis climatológicos confirman que este abril ha tenido un carácter «extremadamente cálido» y, en gran parte del país, también muy seco. El portal especializado eltiempo.es, utilizando datos de una amplia red de estaciones, ha contabilizado más de 180 récords de temperatura en toda España (excepto en La Rioja y País Vasco) a lo largo del mes.
De esas más de 180 marcas, más de cien corresponden a temperaturas máximas. El resto se reparte entre récords de temperatura media mensual y, en algunos casos, de temperaturas mínimas inusualmente altas. El resultado global es que abril se aleja de los patrones térmicos habituales de primavera.
Las anomalías térmicas medias han excedido ampliamente los 1,5 ºC e incluso los 2 ºC por encima de los valores considerados normales (periodo de referencia 1991-2020) en numerosas zonas. No se ha detectado ninguna estación con anomalía media negativa, lo que significa que, en todos los puntos analizados, abril ha sido más cálido de lo esperado.
En algunas localizaciones concretas, el desvío ha sido todavía mayor. El puerto de Navacerrada, por ejemplo, ha registrado una temperatura media de 8,7 ºC con una anomalía de +4,5 ºC respecto a su valor típico de abril. En Jaén y en Morón de la Frontera (con datos desde 1946) se han superado los +4 ºC de anomalía media, un dato realmente llamativo.
Buena parte de las estaciones de Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, la Comunidad de Madrid y Castilla y León se han situado entre 3 y 4 ºC por encima de sus valores normales. Valladolid ha alcanzado una anomalía de 3,1 ºC; Madrid-Retiro y Sevilla, 3,2 ºC; y en Cáceres la desviación ha llegado a los 3,7 ºC por encima de lo esperado para abril.

Datos extremos de una estación de referencia: el caso de Meteo Ciudad Real
Para entender mejor cómo se comporta abril en términos de extremos térmicos y pluviométricos, resulta ilustrativo el ejemplo de una estación concreta con serie reciente pero detallada, como la de Meteo Ciudad Real, con datos entre 2009 y 2026. Sus estadísticas muestran la evolución de las temperaturas, la lluvia, el viento y la presión a lo largo de los últimos años.
En lo que respecta a la temperatura, la estación recoge los siguientes valores extremos para el mes de abril: una temperatura máxima absoluta de 34,6 ºC registrada el 27-04-2023 y una temperatura mínima absoluta de -0,2 ºC el 03-04-2022. Esto ya indica el amplio rango térmico posible en pleno mes primaveral, desde heladas débiles hasta calor casi veraniego.
Otros parámetros térmicos destacados son la denominada «temperatura máxima más fría», es decir, el día de abril con la máxima diurna más baja de la serie, que se quedó en 5,6 ºC el 05-04-2022; y la «temperatura mínima más cálida», que alcanzó los 18,9 ºC el 29-04-2023, una noche realmente templada para esas fechas.
En cuanto a la temperatura media mensual, el valor más alto registrado en esta estación de Ciudad Real ha sido de 18,0 ºC en 2023, mientras que la media mensual más baja de abril se remonta a 2009, con 12,3 ºC. El contraste entre ambos datos es un buen indicador del calentamiento reciente de los abriles en esta zona de la Meseta Sur.
Si miramos los días catalogados como «cálidos» (máxima ≥ 30 ºC), el mayor número en un mes de abril ha sido de 3 días en 2014 y otros 3 días en 2023. En el extremo contrario, el menor número de días cálidos ha sido de 1 día, en 2011. Respecto a los días fríos (mínima ≤ 10 ºC), el máximo se dio en 2018 con 3 jornadas, mientras que el mínimo ha sido de 1 día en 2013.
En cuanto a las heladas, registradas como días con temperatura mínima ≤ 0 ºC, la serie indica que en abril solo se ha observado 1 día con helada, concretamente en 2022. No se han registrado noches tropicales (mínima ≥ 20 ºC) en ninguno de los abriles analizados, aunque algunas mínimas muy altas, cercanas a ese umbral, apuntan a un posible cambio de tendencia futuro.
Presión, viento y lluvia: otros extremos relevantes de abril
La misma estación de Meteo Ciudad Real aporta información sobre otros elementos del clima en abril. En cuanto a la presión atmosférica, la presión máxima absoluta ha alcanzado los 1030,5 hPa el 12-04-2024, mientras que la presión mínima absoluta fue de 995,5 hPa el 10-04-2018. Estos valores reflejan la alternancia entre situaciones anticiclónicas dominantes y episodios más inestables.
En el capítulo del viento, la racha máxima registrada en un mes de abril en esta estación ha sido de 66,0 km/h el 23-04-2019. Aunque no se trata de un valor extremo a escala nacional, sí proporciona una referencia de la capacidad del mes para generar episodios ventosos moderados, especialmente asociados a frentes o tormentas.
La precipitación es otro de los elementos donde abril ha mostrado contrastes muy marcados. El récord de lluvia mensual máxima se sitúa en 109,4 mm en 2016, un abril muy húmedo para esta zona, mientras que la precipitación mensual mínima ha sido de tan solo 2,0 mm en 2023, lo que refleja un mes prácticamente seco.
Otros datos de interés son la precipitación máxima en un solo día, que alcanzó los 34,6 mm el 04-04-2016, y el mayor número de días de lluvia (precipitación ≥ 1 mm), que llegó a 13 en 2019. En el extremo opuesto, el menor número de días de lluvia se registró en 2023, con un único día que superó el milímetro, a la vez que ese mes anotó 29 días secos (precipitación = 0 mm), el máximo de la serie.
El mayor periodo consecutivo sin lluvias dentro de un mes de abril se produjo entre el 06-04-2013 y el 25-04-2013, con 20 días seguidos sin precipitación. Además, la estación recoge una intensidad máxima de precipitación de 162,2 mm/h el 19-04-2020, lo que apunta a episodios puntuales de lluvia muy intensa, aunque breves, cada vez más frecuentes en un contexto de cambio climático.
Por qué abril se parece cada vez más a julio
Los meteorólogos de la AEMET han explicado que el episodio de calor vivido en abril se debió, en buena medida, a la entrada progresiva de una masa de aire muy cálido y seco de origen africano. Esta masa, combinada con una situación de estabilidad atmosférica y una fuerte insolación propia de la primavera avanzada, provocó un ascenso marcado y generalizado de las temperaturas.
Los mapas previstos para esos días mostraban un auténtico «baño» de tonos rojos y morados sobre la península, con más de 30 ºC en muchas zonas durante jueves y viernes y hasta 40 ºC posibles en el valle del Guadalquivir. En el resto de la mitad sur y en áreas del Bajo Aragón se alcanzaron fácilmente valores por encima de los 35 ºC.
Según ha señalado Rubén del Campo, portavoz de AEMET, «es bastante probable que se batan muchos récords de temperaturas para el mes de abril y que este episodio sea el más intenso vivido en España en este mes». Aunque el experto se muestra prudente a la hora de atribuir directamente cada episodio al cambio climático sin un estudio específico de atribución, sí subraya que el calentamiento global incrementa la probabilidad, la intensidad y la precocidad de este tipo de olas de calor o episodios cálidos.
En un abril considerado «normal», la temperatura media de la semana central suele rondar los 13 ºC en el conjunto del país. Sin embargo, durante el pico del episodio, las temperaturas quedaron entre 8 y 10 ºC por encima de esos valores medios, lo que supone un salto muy notable y fácilmente perceptible en el día a día de la población.
Aunque en términos estrictos este episodio no se ha clasificado como «ola de calor» según los criterios operativos de la AEMET (duración mínima de tres días, extensión de al menos el 10% del territorio, y valores entre el 5% más alto de las máximas típicas de julio y agosto), muchos expertos piden ya revisar esos umbrales de definición. El motivo: episodios extremadamente cálidos en primavera tienen un fuerte impacto social y ambiental, aunque no cumplan todos los criterios formales de ola de calor.
Calor diurno, noches anómalamente cálidas y sequía persistente
El foco mediático suele centrarse en las máximas diurnas, pero este episodio de abril también ha traído temperaturas mínimas inusualmente altas. En numerosas estaciones se han batido récords de mínimas para abril, y en algunas localidades andaluzas, como Jaén o Cádiz, se han llegado a registrar «noches tropicales» en plena primavera, con mínimas por encima de 20 ºC.
Que se den noches tropicales en abril es especialmente significativo desde el punto de vista climático y de salud pública. El descanso nocturno se ve comprometido, y las personas más vulnerables (mayores, enfermos crónicos, etc.) sufren un mayor estrés térmico. Esto anticipa algunos de los problemas que suelen asociarse tradicionalmente a las olas de calor veraniegas.
La otra cara de este abril de récords ha sido la falta de lluvia. A nivel nacional, el acumulado de precipitaciones desde el 1 de octubre hasta el 18 de abril se ha cifrado en torno a 337 mm, aproximadamente un 23% menos de lo que correspondería en un año medio. La sequía de larga duración que arrastra buena parte del país se ha visto agravada por la ausencia de frentes atlánticos y por la persistencia de situaciones anticiclónicas.
Esta escasez de precipitaciones, combinada con las temperaturas extremas, ha disparado el riesgo de incendios forestales. Las previsiones de la AEMET indicaban que a partir del miércoles del episodio, el peligro de incendio sería muy alto o extremo en la mayor parte de la península, debido al triángulo perfecto para el fuego: altas temperaturas, baja humedad y una gran cantidad de vegetación seca acumulada.
Desde el punto de vista agrícola y de gestión del agua, este abril extremadamente cálido y seco también ha tenido consecuencias importantes. Algunos cultivos de secano, ya castigados por campañas previas con poca lluvia, han sufrido un nuevo golpe, mientras que los embalses han seguido sin recibir el aporte que suelen proporcionar las lluvias primaverales. Todo ello incrementa la presión sobre los recursos hídricos disponibles para riego, abastecimiento y ecosistemas.
Cambio climático, climas áridos y extremos cada vez más frecuentes
Para comprender el contexto de estos valores extremos de temperatura máxima en abril, hay que situarlos dentro de la tendencia de calentamiento global documentada por los servicios climáticos internacionales. La AEMET y otros organismos recuerdan que el cambio climático se manifiesta, sobre todo, en un aumento de las temperaturas medias, y que cuando esa media sube, los récords de calor se vuelven más probables, más intensos y más tempranos en el calendario.
El equipo de World Weather Attribution (WWA), especializado en estudios de atribución, suele insistir en que toda ola de calor actual es ahora más fuerte y/o más frecuente por efecto del cambio climático provocado por las actividades humanas. Temperaturas que antes se consideraban extremas pasan a ser menos raras, y las que eran prácticamente imposibles se convierten en los nuevos extremos.
En Europa, el Servicio de Cambio Climático de Copernicus ha constatado que el continente se está calentando a un ritmo aproximadamente doble del promedio mundial. El año 2022 fue un claro ejemplo, con temperaturas excepcionalmente altas y múltiples episodios de calor prolongado, tanto en verano como fuera de la temporada estival clásica.
En España, uno de los efectos más preocupantes es la expansión de los climas áridos. Se considera clima árido aquel en el que la evaporación anual supera de forma clara a la precipitación, reduciendo drásticamente la disponibilidad de agua para ecosistemas y cultivos. Desde la década de 1950, la extensión de este tipo de clima en el país se ha duplicado, pasando de alrededor del 6,5% de la superficie nacional a aproximadamente un 13%.
Los estudios disponibles estiman que una extensión equivalente a la provincia de Málaga se convierte en árida en España aproximadamente cada cinco años. Esta rápida transformación del paisaje climático tiene implicaciones directas sobre la agricultura, la disponibilidad de agua, la biodiversidad y la frecuencia de fenómenos extremos como sequías e incendios.
A escala global, análisis recientes como el de CarbonBrief muestran que el número de personas que experimentan eventos de calor récord se ha incrementado de forma drástica en las últimas tres décadas. Solo en 2022, se calcula que alrededor de 380 millones de personas estuvieron expuestas a la temperatura horaria más alta jamás registrada en sus respectivas localizaciones, y el 4% de la superficie del planeta marcó temperaturas récord.
En este contexto, no sorprende que las proyecciones para mediados y finales de siglo apunten a un aumento de entre 3 ºC y hasta 6 ºC en los extremos de temperatura máxima de abril en muchas ciudades españolas, si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan en niveles elevados. Lo que hoy consideramos un abril excepcional podría ser el abril «normal» de dentro de unas décadas.
Los valores extremos de temperatura máxima en abril, los récords encadenados en estaciones históricas y la combinación de calor y sequía en buena parte de España dibujan un escenario en el que la primavera se desdibuja y el verano parece adelantarse cada vez más. Este cambio no es solo una curiosidad meteorológica: tiene implicaciones profundas para la salud, la gestión del agua, la agricultura y los ecosistemas, y exige adaptar tanto las políticas públicas como los hábitos cotidianos a un clima donde lo excepcional empieza a ser, por desgracia, cada vez más habitual.