València podría encadenar veranos casi permanentes por el cambio climático

  • El estudio de la UPV prevé una temporada de calor casi continua en escenarios de altas emisiones.
  • Las olas de calor son más frecuentes, duran más y alcanzan índices de calor muy altos.
  • La humedad amplifica el riesgo sanitario, sobre todo en mayores, niños y trabajadores expuestos.
  • Se recomiendan zonas verdes, cubiertas frías, refugios climáticos y alertas tempranas.

Calor extremo y veranos prolongados en València

Las olas de calor han dejado de ser episodios aislados para convertirse en parte del día a día del Mediterráneo; en València, un trabajo académico apunta a que podrían derivar en veranos prácticamente inacabables si no se reduce la contaminación que calienta el planeta.

El análisis, desarrollado por equipos de la Universitat Politècnica de València, detecta un aumento claro en la frecuencia y la duración de estos eventos y advierte de una “temporada de calor” casi continua en escenarios de elevadas emisiones, con impactos directos sobre la salud y la vida urbana.

Qué revela la investigación de la UPV

El estudio, firmado por personal investigador del IIAMA y del Departamento de Urbanismo y publicado en la revista Urban Climate, examina la evolución del calor extremo desde finales de los setenta hasta las proyecciones de finales de siglo. En las últimas décadas se han registrado dos episodios más por década y la duración media de cada ola ha pasado de menos de diez días a casi 25.

Según explica la autora principal, Ana Fernández-Garza, los veranos se alargan y los picos de calor ganan intensidad; de mantenerse la trayectoria actual, València podría encadenar hasta medio año con riesgo térmico elevado y alcanzar valores de índice de calor que superen los 50 ºC en los episodios más extremos.

Tres escenarios de emisiones y qué implican

Con una rebaja drástica de gases de efecto invernadero, el panorama más favorable aún duplicaría el número medio de olas de calor respecto a la situación actual, con episodios de unas dos semanas y máximas por encima de 40 ºC.

Si la mitigación es parcial, el estudio proyecta entre seis y ocho olas por verano, algunas de más de 30 días consecutivos, y un índice de calor que podría rondar los 45 ºC en los momentos más duros.

En el supuesto más pesimista, sin recortes relevantes de emisiones, la temporada cálida abarcaría de abril a noviembre, con prolongadas rachas de calor y valores de sensación térmica que podrían rebasar los 50 ºC, hasta sumar cerca de 300 días de calor extremo al año.

Humedad, índice de calor y salud pública

El trabajo incorpora el índice de calor —que combina temperatura y humedad— para evaluar el impacto real sobre las personas. Con mayor humedad relativa, se multiplica el estrés térmico y crece el riesgo de golpes de calor y descompensaciones fisiológicas.

Los colectivos más expuestos son personas mayores, infancia y trabajadores al aire libre, que sufren antes la pérdida de capacidad para regular la temperatura corporal. Las series recientes también han disparado las noches tropicales y tórridas, un factor que agrava la falta de descanso y aumenta la mortalidad asociada al calor, según los sistemas de monitorización nacionales.

Islas de calor: diferencias entre barrios

Las características urbanas condicionan la temperatura en superficie y el aire disponible. Investigaciones relacionadas dirigidas desde la propia UPV han identificado contrastes térmicos de hasta 6 ºC entre barrios de València, con zonas como Vara de Quart, Benicalap, El Calvari o Torrefiel entre las más vulnerables por su configuración y ausencia de sombra y vegetación.

Estas islas de calor urbanas intensifican los riesgos en olas prolongadas, especialmente cuando coinciden con humedad elevada y viento débil, al dificultar la disipación del calor durante la noche.

Medidas de adaptación urbana y sanitaria

El equipo propone un paquete de actuaciones prioritarias para reducir el riesgo: más arbolado y superficies verdes que mejoren la ventilación urbana, creación de corredores de sombra y recuperación de espacios frescos.

La arquitectura y los materiales también cuentan: se recomiendan cubiertas frías y revestimientos reflectantes que disminuyan la absorción de calor, junto con soluciones basadas en la naturaleza y pavimentos permeables que atenúen el calentamiento diurno.

En el plano social y sanitario, se subraya la necesidad de refugios climáticos de acceso universal, redes comunitarias para identificar a personas vulnerables, planes de emergencia y sistemas de alerta temprana específicos para olas de calor prolongadas.

Un marco europeo para la resiliencia

El estudio se integra en el proyecto europeo The HUT (Human-Tech Nexus – Building a Safe Haven to Cope with Climate Extremes), financiado por Horizon Europe, que impulsa soluciones tecnológicas y sociales para convivir de forma segura con extremos climáticos en ciudades europeas.

En paralelo, la literatura científica internacional contempla aumentos significativos de la temperatura media global a lo largo del siglo, lo que refuerza la urgencia de mitigar emisiones y acelerar la adaptación local en áreas mediterráneas como València.

Todo apunta a que, sin cambios profundos, la capital valenciana puede pasar de veranos largos a una temporada de calor casi permanente; con planificación urbana, medidas de salud pública y reducción de emisiones, la ciudad tiene margen para amortiguar los impactos y proteger a la población más expuesta.

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