
Tras un largo periodo marcado por la escasez de precipitaciones, las últimas semanas han traído consigo noticias alentadoras para las zonas más afectadas por la sequía. El caso de España destaca especialmente, donde el balance meteorológico muestra un cambio de tendencia tras la quinta primavera más húmeda desde 1961, permitiendo que el país deje atrás dos años de sequía meteorológica prolongada. A pesar de esta mejoría, aún pesan ciertas incertidumbres sobre el comportamiento climático para los próximos meses, con proyecciones que sugieren veranos más calurosos de lo normal y precipitaciones que podrían situarse en valores típicos o incluso inferiores a la media.
En el ámbito nacional, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) informó recientemente de que las lluvias registradas durante marzo, abril y mayo de este año han sido clave para revertir la situación. Estos tres meses, considerados como la primavera meteorológica, han dejado en la Península un 151% más de precipitaciones que lo habitual, situando la media nacional en niveles no vistos desde hace décadas. Baleares y Canarias también han experimentado una primavera notablemente húmeda. Este comportamiento ha permitido que, a finales de mayo, España saliese oficialmente de la sequía de larga duración iniciada en 2023, aunque los expertos insisten en mantener la cautela y la gestión racional del agua, dado que los recursos hídricos siguen siendo limitados.
Predicciones para el verano: calor y posibles olas de calor

De cara al verano, los modelos estacionales no ofrecen una tendencia clara respecto a las lluvias, por lo que no se descarta que la situación pueda volver a complicarse si la sequía retorna en algunas áreas. Lo que sí parece casi garantizado es que las altas temperaturas dominarán el clima en todo el territorio español, con una probabilidad elevada de que los valores estivales superen la media histórica. Según la AEMET, hay más de un 70% de posibilidades de que julio, agosto y septiembre sean más calurosos de lo normal, especialmente en regiones como Galicia, el Mediterráneo, Baleares y Canarias. Aunque las lluvias en verano suelen ser escasas en España, se concentran en episodios puntuales de tormentas, generalmente asociados a vaguadas que cruzan la península, lo que puede causar eventos intensos y repentinos.
El patrón de precipitaciones de esta primavera ha sido inusual, con lluvias intensas durante marzo, seguido de un mes de abril húmedo y un mayo dentro de lo esperado. Las borrascas procedentes del suroeste han favorecido la recuperación de los embalses y los caudales de los principales ríos, especialmente en el centro y sur peninsular. Sin embargo, las zonas del norte de Galicia y las provincias cantábricas han quedado ligeramente al margen de esta bonanza, con precipitaciones algo por debajo de la media.
Situación y pronósticos de sequía en otras regiones
No solo España ha experimentado mejoras respecto a la sequía. En el estado mexicano de Durango, por ejemplo, las primeras lluvias del año han permitido una reducción significativa en la superficie afectada. Según datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), hace apenas dos semanas el 95% del territorio estatal estaba afectado por algún grado de sequía. Tras las recientes precipitaciones, la cifra se ha reducido hasta el 71%. Las estimaciones para junio sitúan la precipitación en torno al 95% de la media histórica, y para julio y agosto se prevén valores dentro de la normalidad, lo cual podría favorecer no solo a la agricultura, sino también a la recuperación del nivel de las presas y el sector ganadero.
A pesar de la mejoría, la preocupación persiste en sectores como la ganadería, donde muchas explotaciones han visto cómo los abrevaderos permanecían secos hasta fechas muy recientes. Eventos como la tormenta tropical «Alvin» han aportado lluvias por encima del promedio, ayudando a aliviar la situación en varias regiones del norte y centro del país.
El impacto del cambio climático en la predicción de sequías
El cambio climático sigue marcando la agenda de los pronósticos de sequía. La tendencia global apunta a una mayor frecuencia de eventos extremos, incluidas sequías más intensas y prolongadas, junto con olas de calor que baten récords de temperatura cada año. Un reciente estudio revela que la frecuencia de las llamadas «ondas planetarias» – patrones atmosféricos que pueden bloquear el paso de sistemas de lluvias durante semanas – se ha multiplicado por tres desde los años 50. Esto contribuye a la aparición de veranos con lluvias persistentemente escasas en algunas zonas, mientras que otras reciben precipitaciones intensas en cortos periodos, elevando el riesgo de inundaciones.
La dificultad para prever estos fenómenos sigue siendo un reto para los meteorólogos, ya que factores como la inestabilidad atmosférica o la influencia de fenómenos globales tipo El Niño pueden alterar por completo los patrones previstos. La observación continua y la actualización constante de los modelos son fundamentales para anticipar episodios adversos y adoptar las medidas adecuadas tanto a nivel local como nacional.
La situación actual demuestra que, aunque la sequía puede remitir gracias a estaciones excepcionales en cuanto a lluvias, la amenaza sigue latente y la gestión sostenible del agua y la vigilancia meteorológica serán cruciales para afrontar los episodios extremos que puedan derivarse de estos cambios.