Trágico incendio en rascacielos residenciales de Hong Kong

  • El incendio en el complejo Wang Fuk Court de Tai Po ha dejado decenas de muertos, cientos de desaparecidos y decenas de heridos hospitalizados.
  • El fuego se propagó con una velocidad considerada inusual a través de andamios de bambú y materiales altamente inflamables.
  • Más de 1.200 bomberos, paramédicos y centenares de vehículos de emergencia han sido desplegados en un operativo sin precedentes recientes.
  • Las autoridades investigan posibles negligencias, corrupción en las obras de renovación y revisarán el uso de andamios de bambú en la ciudad.

Incendio en rascacielos de Hong Kong

Un devastador incendio en un complejo de rascacielos residenciales de Hong Kong ha desencadenado una de las peores tragedias urbanas que la ciudad recuerda en más de tres décadas. El fuego, originado en el conjunto de vivienda pública Wang Fuk Court, en el distrito de Tai Po, se ha cobrado decenas de vidas y ha dejado a centenares de personas sin hogar y en paradero desconocido.

Las llamas se extendieron por siete de los ocho bloques de más de 30 plantas del complejo, donde viven alrededor de 4.000-4.600 residentes, muchos de ellos personas mayores. El incendio, que comenzó el miércoles por la tarde (hora local), se prolongó durante horas y obligó a un despliegue masivo de servicios de emergencia, con un impacto que se dejó sentir en todo el área norte de la región.

Víctimas, desaparecidos y dimensión de la tragedia

Emergencia por incendio en rascacielos de Hong Kong

El balance de víctimas ha ido aumentando a medida que avanzaban las tareas de rescate. Las distintas cifras oficiales y provisionales difundidas a lo largo de la jornada apuntan a decenas de fallecidos, entre ellos al menos un bombero de 37 años que perdió la vida mientras trabajaba en el interior de uno de los edificios. Los datos más recientes elevan el número de muertos por encima de las ochenta personas, con varios heridos en estado crítico.

Además, las autoridades de Hong Kong han informado de cientos de personas desaparecidas o ilocalizables, con estimaciones que sitúan esta cifra en torno a las 270-300 personas. La Policía ha explicado que todavía no es posible determinar cuántos residentes permanecen atrapados en el interior de los bloques calcinados, ya que los equipos de rescate siguen accediendo planta por planta en condiciones extremadamente peligrosas.

En los hospitales de la ciudad se encuentran ingresadas decenas de heridos, más de 70 en algunos recuentos, incluidos varios bomberos. Entre ellos, alrededor de una quincena permanece en estado crítico y otros tantos presentan lesiones graves, según la información difundida por medios locales basados en fuentes médicas y policiales.

El impacto social del siniestro también es enorme: cerca de 900 vecinos han tenido que ser realojados en refugios temporales habilitados por el Gobierno y organizaciones humanitarias. En total, las autoridades calculan que unas 1.200 personas han sido evacuadas entre el complejo y las zonas colindantes, ya que también se desalojaron edificios cercanos por seguridad.

A todo ello se suma la preocupación por las mascotas y animales domésticos atrapados en los apartamentos. Asociaciones de protección animal locales han desplazado ambulancias veterinarias y voluntarios a la zona para atender a los animales que logran ser rescatados de las viviendas carbonizadas.

Cómo se originó el incendio y por qué se propagó tan rápido

Andamios afectados por incendio en Hong Kong

El fuego se declaró en el exterior de uno de los bloques de Wang Fuk Court, en el andamiaje que recubría parte de la fachada. La alarma inicial se registró en torno a las 14:51 hora local (07:51 en la España peninsular), cuando los servicios de emergencia recibieron los primeros avisos de un incendio en las obras de renovación del complejo. En cuestión de minutos, el fuego trepó por la malla de protección y los andamios de bambú que rodeaban los edificios, envolviendo la estructura como si se tratara de una chimenea vertical.

Las autoridades han señalado que la velocidad de propagación fue “inusualmente” alta. El incendio, que comenzó clasificado con un nivel de alarma 1, pasó rápidamente a nivel 4 y, según distintos responsables de los bomberos, llegó al nivel 5, el máximo en la escala hongkonesa. No se declaraba un incendio de este nivel en la ciudad desde hacía 17 años, lo que da una idea de la gravedad de lo ocurrido.

Uno de los elementos clave en la propagación ha sido el uso de andamios de bambú, muy habituales en Hong Kong por su ligereza y bajo coste, pero que, combinados con lonas y redes de protección inflamables, pueden favorecer la expansión del fuego. En esta ocasión, el entramado exterior estaba recubierto con mallas de seguridad y toldos impermeables que, una vez prendieron, generaron una fuerte corriente de calor y llamas hacia las plantas superiores.

Los investigadores también han detectado la presencia de planchas y paneles de poliestireno expansivo en las fachadas y en algunas ventanas, un material plástico muy inflamable que se habría utilizado como aislante acústico y térmico durante las obras. La Policía ha mencionado incluso ventanas selladas con poliestireno en uno de los bloques, lo que habría actuado como combustible adicional y favorecido el avance del fuego tanto en vertical como en horizontal.

Todo ello se ha producido en un contexto meteorológico adverso: el Observatorio de Hong Kong mantenía una alerta roja por riesgo extremo de incendio desde días antes, debido a la baja humedad, el viento y la sequedad del entorno urbano. Estas condiciones han contribuido a que el fuego adquiriera rápidamente una enorme intensidad y dificultaran su extinción.

Un complejo densamente poblado y en plena renovación

Wang Fuk Court es un complejo de vivienda pública construido en 1983, compuesto por ocho torres residenciales de unas 31 plantas cada una. En total, alberga cerca de 1.984 apartamentos y unos 4.000-4.600 residentes, de acuerdo con los datos de los últimos censos y de las autoridades de vivienda. Se trata de pisos pequeños, de entre 37 y 46 metros cuadrados de media, en una ciudad con uno de los mercados inmobiliarios más caros del mundo.

El conjunto se encontraba inmerso en un ambicioso proyecto de renovación valorado en unos 330 millones de dólares hongkoneses (en torno a 36-42 millones de euros), una intervención que había generado cierto malestar entre los vecinos por su duración, el coste y las molestias asociadas a las obras. Los trabajos se estaban llevando a cabo con los residentes viviendo en los bloques, lo que obligaba a convivir a diario con andamios, redes, ruido y personal de construcción.

Según responsables locales, siete de los ocho edificios han resultado severamente dañados. En el octavo bloque, los bomberos habrían logrado controlar el frente de llamas con mayor rapidez, limitando el alcance de los destrozos. Sin embargo, los daños estructurales y el impacto emocional siguen siendo considerables en todo el complejo y su entorno.

Vecinos citados por medios locales han relatado que las alarmas contra incendios no llegaron a sonar o lo hicieron demasiado tarde en algunos edificios, lo que pudo dejar a muchos residentes sin tiempo suficiente para reaccionar. Algunos aseguraron que fueron advertidos puerta por puerta por un vigilante de seguridad o por otros vecinos, cuando el olor a quemado ya se extendía por los pasillos.

También se han reportado explosiones en el interior de los bloques, posiblemente relacionadas con instalaciones eléctricas, bombonas o materiales almacenados en las zonas de obra. Esas detonaciones, sumadas a la caída de fragmentos de andamio y a la densa columna de humo, han complicado aún más las tareas de evacuación y rescate.

Un operativo de emergencia sin precedentes recientes

Para hacer frente a la magnitud del incendio, Hong Kong ha desplegado uno de los mayores operativos de emergencia de su historia reciente. Más de 700 bomberos participaron en las primeras horas de extinción, y el dispositivo total ha llegado a implicar alrededor de 1.250 bomberos y paramédicos, respaldados por unos 300 vehículos, incluidos camiones de bomberos, ambulancias y unidades especializadas.

Los mandos del cuerpo de bomberos han descrito un escenario de trabajo extremadamente hostil: temperaturas muy elevadas dentro de los edificios, escaleras ennegrecidas, presencia de escombros y andamios colapsados, y un riesgo constante de caída de fragmentos ardientes desde las plantas superiores. La escasa visibilidad, especialmente durante la noche, ha obligado a extremar las precauciones y ha ralentizado el avance de los equipos de rescate.

Se han utilizado drones para vigilar desde el aire la evolución del fuego y localizar posibles focos activos en las azoteas y en las zonas a las que resultaba imposible acceder por tierra. Aun así, las mangueras de los camiones tenían dificultades para alcanzar las plantas más altas de las torres, lo que obligó a los bomberos a ascender por las escaleras interiores en condiciones de calor extremo.

El subdirector de los bomberos, Derek Armstrong Chan, reconoció que, ante la altura de las torres y la cantidad de combustibles en fachada, resultaba muy complicado adelantar una hora en la que el fuego quedaría completamente extinguido. Durante buena parte de la noche, las llamas siguieron activas en varios puntos del complejo, mientras se trataba de contener su avance y enfriar las estructuras.

La Cruz Roja de Hong Kong activó servicios de apoyo psicológico y albergues temporales para los residentes evacuados y familiares de las víctimas. En total, se han habilitado al menos ocho centros de acogida, con un flujo constante de personas que rotan entre hospitales, comisarías y los alrededores del cordón policial en busca de información sobre sus allegados.

Detenciones, hipótesis de negligencia y posible corrupción

En paralelo a las labores de rescate, la Policía ha abierto una investigación penal para esclarecer las causas del incendio y las posibles responsabilidades. Hasta el momento, se ha detenido a tres personas vinculadas a la empresa encargada de las obras de renovación: dos directores y un consultor de ingeniería. Se les atribuyen delitos que van desde el homicidio imprudente hasta la negligencia grave por el uso de materiales presuntamente no autorizados y prácticas que habrían aumentado el riesgo.

Los agentes han señalado como elementos sospechosos la presencia de poliestireno expansivo y otros materiales inflamables en la fachada y en las ventanas, así como la forma en que se habían instalado los andamios de bambú y las lonas de protección. También han registrado las oficinas de la empresa administradora del complejo y la vivienda de uno de los investigados para recabar documentación relacionada con la licitación y ejecución de las obras.

La Comisión Independiente Contra la Corrupción (ICAC) de Hong Kong ha anunciado la creación de un equipo específico para analizar si en la adjudicación y supervisión del proyecto se produjeron irregularidades o pagos ilícitos que pudieran haber derivado en un relajamiento de los estándares de seguridad. El objetivo es determinar si existieron decisiones motivadas por intereses económicos que facilitaran el uso de materiales más baratos pero más peligrosos.

El Departamento de Trabajo y el Departamento de Edificios han confirmado que la obra había sido inspeccionada en varias ocasiones en los últimos meses. Según los datos difundidos por medios locales, se habían emitido advertencias por trabajos en altura sin la debida protección y por posibles deficiencias en la prevención de incendios, recordando al contratista sus obligaciones legales poco antes del siniestro.

Este nuevo caso se suma a otros incendios recientes relacionados con andamios en Hong Kong, como el que afectó a la Torre Chinachem meses atrás, cuando un fuego en el andamiaje exterior obligó a evacuar a decenas de personas. En aquella ocasión, expertos ya apuntaron a chispas de soldadura o colillas mal apagadas como posibles orígenes, y subrayaron la vulnerabilidad de estas estructuras en un entorno urbano tan denso.

Reacción del Gobierno y debate sobre la seguridad en los rascacielos

El jefe del Ejecutivo hongkonés, John Lee, ha calificado el incendio de “catástrofe enorme” y “catástrofe masiva”, y ha convocado una reunión de emergencia de su Gabinete para coordinar la respuesta institucional. Lee ha anunciado la creación de un fondo de apoyo millonario para las familias afectadas y ayudas directas de emergencia por vivienda, además de una línea de financiación para la reconstrucción y el realojo temporal de los residentes.

El Gobierno ha ordenado también inspecciones inmediatas en otras urbanizaciones en obras de todo el territorio, con especial atención al uso de andamios de bambú y materiales aislantes en las fachadas. La intención es revisar la aplicación de las normas de seguridad y acelerar los planes ya anunciados meses atrás para sustituir progresivamente el bambú por estructuras metálicas en al menos la mitad de las obras públicas.

En un gesto simbólico, las autoridades han suspendido o aplazado actos festivos y eventos oficiales, y han dejado en el aire la celebración de algunos actos de campaña previa a las elecciones al Consejo Legislativo. El siniestro ha generado un fuerte clima de duelo en la ciudad, y se ha anunciado la organización de ceremonias oficiales para honrar a las víctimas, así como la apertura de cuentas específicas para canalizar donaciones.

La tragedia ha reavivado el debate sobre la seguridad de los rascacielos residenciales en entornos densamente poblados, algo que también preocupa en otras megaciudades asiáticas y europeas. La combinación de edificios muy altos, reformas en marcha, materiales inflamables y sistemas de evacuación que dependen en muchos casos de escaleras interiores convierte cualquier incendio en un potencial riesgo colectivo.

En Europa y en España, donde incidentes como el de la Torre Grenfell en Londres llevaron ya a revisar la normativa sobre revestimientos y aislamiento de fachadas, este nuevo desastre en Hong Kong puede servir de recordatorio de la importancia de controlar estrictamente los materiales utilizados en las rehabilitaciones y garantizar que las alarmas, rociadores y salidas de emergencia funcionen en todo momento.

Testimonios vecinales y tensión en la zona afectada

Entre la multitud que se ha congregado en los alrededores del cordón policial, se han escuchado críticas por la aparente lentitud en la extinción del fuego. Una residente, citada por la prensa local, lamentaba que los “edificios ardían en cadena y nadie parecía poder apagarlos”, recordando que ya se habían impuesto multas a obreros por fumar en las obras cercanas, algo que ahora muchos ven con otros ojos.

Otros vecinos han denunciado que no sonaron las alarmas en varios bloques, o que lo hicieron tarde, lo que habría dejado a personas durmiendo sin posibilidad de reaccionar a tiempo. Un hombre de 83 años, citado por los medios, aseguraba que en su edificio los residentes se dieron cuenta del fuego por el olor y por los gritos en los pasillos, no por los sistemas de detección.

Los servicios sociales y organizaciones humanitarias han tenido que atender a familias que lo han perdido todo en cuestión de minutos, con escenas de personas que han llegado a los refugios únicamente con la ropa que llevaban puesta. Entre los realojados hay tanto familias con niños como personas mayores que dependían de ascensores y ayudas para moverse por edificios de más de treinta plantas.

En paralelo, voluntarios y ONG han repartido comida, mantas, agua y productos básicos en los centros habilitados, mientras psicólogos y trabajadores sociales ofrecen apoyo a quienes esperan noticias de sus allegados. La Cruz Roja ha insistido en la necesidad de garantizar un acompañamiento a medio y largo plazo, dado el trauma que suponen tanto la pérdida de seres queridos como la destrucción del hogar.

La zona de Tai Po, situada cerca de la frontera con la China continental, es un distrito densamente poblado con unos 300.000 habitantes. El cierre de carreteras y el desvío de más de 30 líneas de autobús han afectado a la movilidad de toda el área, obligando a reorganizar rutas y servicios de transporte durante el tiempo que duren las operaciones de limpieza y evaluación de daños.

Una tragedia que reabre viejas heridas urbanas

Las autoridades y los medios locales han subrayado que han pasado décadas desde un incendio urbano de esta magnitud en Hong Kong. Los paralelismos con el siniestro del edificio comercial Garley, en 1996, que causó 41 muertos, o con otros incendios de gran repercusión, han aflorado en el debate público. Sin embargo, la pérdida de vidas y la dimensión residencial del caso de Wang Fuk Court hacen que muchos lo consideren ya la peor tragedia urbana en tiempos de paz que ha sufrido la ciudad.

La recurrencia de incendios relacionados con andamios de bambú y obras de renovación ha llevado a expertos en seguridad y urbanistas a pedir una revisión de fondo del modelo de rehabilitación de edificios altos. Señalan que, en contextos urbanos hiper densos, cualquier error de cálculo o atajo en el uso de materiales puede amplificar exponencialmente el riesgo.

En ciudades europeas y españolas donde se están acometiendo amplios programas de rehabilitación energética de fachadas, el caso de Hong Kong vuelve a poner sobre la mesa la importancia de elegir aislamientos y recubrimientos que cumplan los estándares de reacción al fuego y de limitar la propagación de las llamas. También resalta la necesidad de controles independientes y frecuentes en las obras, así como de planes de evacuación claros para los residentes.

El incendio de Wang Fuk Court deja tras de sí un paisaje de andamios retorcidos, viviendas calcinadas y pasillos ennegrecidos, pero también abre una discusión más amplia sobre cómo convivir de forma segura con rascacielos residenciales, reformas constantes y el impacto del cambio climático sobre el riesgo de incendios urbanos. Lo ocurrido en Tai Po se ha convertido en una advertencia que trasciende las fronteras de Hong Kong y que será observada con atención desde Europa y el resto del mundo.

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