El paso del tifón Ragasa por el Pacífico noroccidental ha desatado un reguero de impactos desde Filipinas hasta el sur de China, con inundaciones, rachas huracanadas y un elevado despliegue de emergencias. Mientras la tormenta pierde fuerza sobre territorio continental, las cifras preliminares muestran un balance humano y material de gran calado.
Tras su avance por el mar de China Meridional, el sistema golpeó a Hong Kong, Macao y la provincia china de Guangdong, después de dejar decenas de víctimas en Taiwán. Las autoridades activaron las alertas más altas, evacuaron a cientos de miles de personas y suspendieron clases, transporte y parte de la actividad económica para reducir riesgos.
Taiwán: inundaciones súbitas y daños severos
En la isla, la tragedia se concentró en el condado de Hualien, donde el derrumbe de una presa natural que contenía un lago formado tras deslizamientos previos liberó un enorme caudal y anegó el municipio de Guangfu. Las autoridades reportaron al menos 17 fallecidos, 17 desaparecidos y 32 heridos, buena parte de ellos sorprendidos por el agua en plantas bajas.
Las imágenes mostraron calles convertidas en torrentes, vehículos arrastrados y viviendas inundadas hasta primeras plantas. Un puente quedó destruido por la riada, y equipos de rescate accedieron con dificultad a zonas rurales para localizar a los vecinos que se refugiaron en cotas más altas.
Según evaluaciones técnicas previas, la barrera de sedimentos no podía dragarse ni aligerarse con seguridad, de modo que se optó por la monitorización continua. La llegada de lluvias torrenciales asociadas a Ragasa aceleró el colapso del dique natural y desencadenó la avalancha de agua.
La protección civil taiwanesa había emitido avisos y evacuaciones selectivas en áreas montañosas, pero la intensidad de las precipitaciones terminó por desbordar la respuesta. Los equipos continúan los rastreos puerta a puerta y mantienen operativos de rescate en las zonas más afectadas.

Hong Kong y Macao: alerta máxima, oleaje y caída de árboles
El área metropolitana de Hong Kong amaneció bajo señal de tifón 10, la más alta del observatorio local, con ráfagas que alcanzaron en la ciudad alrededor de 168 km/h y marejadas superiores a 3 metros en algunos puntos del litoral.
La tormenta pasó a unos 100 kilómetros al sur del centro urbano, suficientes para provocar caída de andamios, árboles y daños en fachadas, además de inundaciones puntuales en zonas bajas. Los servicios sanitarios atendieron a 101 personas, mientras se sucedían cortes de vías y aludes menores de escombros.
El impacto paralizó buena parte de la movilidad: cerca de 1.000 vuelos resultaron afectados entre cancelaciones y desvíos, y se redujeron al mínimo servicios de transporte. En Macao, el agua llegó hasta la cintura en varios barrios y se realizaron rescates con botes en calles convertidas en estuarios.
Las autoridades recordaron que la ciudad ha invertido en una red de drenaje de gran capacidad y protocolos específicos frente a marejadas ciclónicas, claves para minimizar daños que hace décadas eran recurrentes. A medida que Ragasa se alejaba, la señal se rebajó y comenzó la retirada de escombros.

Guangdong y la costa sur de China: reubicaciones masivas y rachas extremas
El ciclón tocó tierra en las cercanías de la isla de Hailing, en la ciudad de Yangjiang (Guangdong), con vientos próximos a 145 km/h. En la estación de Chuandao se midieron ráfagas de hasta 241 km/h, un registro excepcional para la zona.
El dispositivo previo permitió reubicar a casi 1,9 millones de personas en toda la provincia, con suspensión de clases, producción y transporte en múltiples ciudades. En Shenzhen, por ejemplo, se ordenó la evacuación preventiva de 400.000 residentes en áreas de riesgo.
La capital provincial, Guangzhou, activó las llamadas “cinco suspensiones” —clases, trabajo, producción, transporte y operaciones comerciales— para reducir la exposición. Decenas de miles de efectivos de emergencias quedaron en alerta, y miles de embarcaciones buscaron abrigo en puertos seguros.
Tras el embate, se reportaron árboles derribados, vallas rotas y cortes de luz que afectaron a cientos de miles de hogares. En Zhuhai, varias avenidas quedaron anegadas, y en zonas insulares de Jiangmen hubo interrupciones de comunicaciones hasta la restauración de los servicios.
Filipinas y la fase previa: el arranque de una trayectoria virulenta
Antes de dirigirse a Taiwán y China continental, Ragasa impactó el norte de Luzón con vientos sostenidos que llegaron a los 215 km/h y rachas superiores a 265 km/h, lo que forzó evacuaciones, cierres de escuelas y restricciones de navegación.
En la provincia de Cagayán, al menos siete pescadores fallecieron cuando su embarcación zozobró por el oleaje y el vendaval; además, se reportaron personas desaparecidas en incidentes marítimos relacionados con el temporal.
Las autoridades filipinas contabilizaron cientos de miles de afectados por las inundaciones y deslizamientos, y reforzaron la red de refugios de emergencia. La cancelación de vuelos domésticos y la prohibición de zarpe en zonas expuestas ayudaron a contener el riesgo en los momentos más críticos.
El archipiélago sufre cada temporada la llegada de numerosos tifones y tormentas tropicales, que encuentran en las aguas cálidas del Pacífico su fuente de energía. La rápida intensificación de Ragasa encaja en ese patrón, agravado por condiciones oceánicas muy favorables al desarrollo ciclónico.

Intensidad, degradación y preparación ante ciclones
Ragasa llegó a situarse entre los sistemas más potentes del año a escala global, con picos de viento excepcionales sobre aguas abiertas. Ya en su aproximación a la costa china, las imágenes satelitales y las mediciones de superficie apuntaban a una debilitación progresiva, primero a tifón fuerte y después a categorías inferiores.
La región de Filipinas, Taiwán y el sur de China posee una amplia experiencia en gestión de ciclones: desde protocolos de alerta muy afinados hasta inversiones en drenaje urbano, diques y normas de construcción reforzadas. Estos factores explican en parte que, pese a los daños, el número de víctimas no haya sido aún mayor.
Expertos subrayan que el calentamiento del océano favorece tormentas más húmedas e intensas, lo que obliga a revisar periódicamente los códigos de edificación, la planificación costera y los planes de respuesta. La combinación de marejadas ciclónicas y lluvias extremas eleva el riesgo de inundaciones repentinas en áreas densamente pobladas.
Aunque el ciclón ya se aleja y se debilita, los servicios de emergencia continúan con el saneamiento de vías, la reposición de servicios básicos y la evaluación de daños. El seguimiento meteorológico mantiene el foco en posibles lluvias residuales y en el estado de laderas y cauces tras el esfuerzo de la tormenta.
El balance que deja Ragasa incluye víctimas en Taiwán, interrupciones notables en Hong Kong y Macao, y una operación de reubicación masiva en Guangdong, con daños estructurales y cortes de servicios en varias ciudades; un episodio que vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de preparar urbes y comunidades frente a ciclones cada vez más severos.

