TESS: El Satélite que Rastrea Mundos Lejanos en la Vía Láctea

  • El satélite TESS utiliza el método de tránsito para localizar exoplanetas midiendo las variaciones de brillo de estrellas brillantes.
  • Su misión abarca el mapeo de casi todo el cielo, identificando miles de candidatos a planetas, incluyendo supertierras y mundos rocosos.
  • Los datos obtenidos sirven como catálogo fundamental para que otros telescopios, como el James Webb, analicen la atmósfera de estos mundos.

Satélite TESS

Imagina que estamos mirando la noche estrellada y nos preguntamos si hay alguien más ahí fuera. Para resolver este misterio, la NASA puso en marcha el Transiting Exoplanet Survey Satellite, mejor conocido como TESS. Este ingenioso aparato no es solo un telescopio, sino una verdadera máquina de rastrear mundos que orbitan estrellas muy brillantes en nuestra propia galaxia, buscando aquellas señales que nos indiquen que no estamos solos en el cosmos.

Lo que hace que TESS sea tan especial es su capacidad para identificar exoplanetas, esos planetas que se encuentran fuera de nuestro sistema solar. A diferencia de misiones anteriores, TESS se enfoca en estrellas que están lo suficientemente cerca y son lo bastante luminosas como para que podamos estudiar sus atmósferas más adelante. Es, básicamente, el buscador de tesoros que crea el catálogo donde otros telescopios más potentes irán a mirar con lupa.

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¿Cómo funciona la caza de planetas?

Para encontrar estos mundos, TESS utiliza una técnica llamada método de tránsito. No es que el satélite vea el planeta directamente (porque el brillo de la estrella los deslumbra), sino que se fija en los pequeños bajones de luz. Cuando un planeta pasa justo por delante de su estrella, bloquea una pizca de luminosidad, creando una especie de minieclipse que se registra en lo que los científicos llaman curva de luz.

Dependiendo de cuánta luz se pierda, los astrónomos pueden deducir el tamaño del planeta. Por ejemplo, si un gigante como Júpiter pasa frente al Sol, la caída de luz es notable, pero si es la Tierra, la disminución es mínima, apenas un 0,01%. TESS registra estas mediciones cada dos minutos, permitiendo detectar desde mundos similares a Mercurio hasta gigantes gaseosos mucho más grandes que Júpiter.

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La estrategia de observación y el mapa del cielo

A diferencia de su predecesor, el telescopio Kepler, que se centraba en una zona muy concreta y profunda del espacio, TESS tiene una visión mucho más amplia. Divide la bóveda celeste en 26 sectores diferentes, analizando cada uno durante unos 27 días. Gracias a sus cuatro cámaras súper potentes, puede cubrir el 85% del firmamento, lo que le permite monitorizar unas 200.000 estrellas brillantes.

El satélite se mueve en una órbita muy peculiar y elíptica, diseñada para que la gravedad de la Luna le ayude a ahorrar combustible, permitiendo que la misión se alargue durante décadas. En sus datos, los investigadores han encontrado una variedad alucinante de mundos: desde planetas cubiertos de volcanes hasta otros que orbitan dos estrellas a la vez, provocando que sus habitantes vean dos amaneceres cada día.

Ciencia ciudadana y el reto de los datos

La cantidad de información que TESS envía a la Tierra es sencillamente brutal, unos 27 GB diarios. Aunque existen algoritmos automáticos para procesar todo esto, el ojo humano sigue siendo insuperable para detectar patrones extraños. Por eso existe el proyecto Planet Hunters TESS, donde voluntarios de todo el mundo ayudan a analizar las curvas de luz para encontrar planetas que las máquinas podrían haber pasado por alto.

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No todo es tan sencillo, ya que existen falsos positivos. A veces, una estrella binaria eclipsante (dos estrellas orbitándose) puede imitar la señal de un planeta. También ocurre que la propia estrella tiene manchas o pulsa, creando fluctuaciones que pueden confundir a los científicos. Por ello, es vital realizar observaciones de seguimiento con telescopios terrestres para confirmar si el candidato es realmente un planeta rocoso o un gigante gaseoso.

Sinergia con otros telescopios y el futuro

TESS no trabaja solo; es la primera pieza de un rompecabezas más grande. Los objetivos que identifica son prioritarios para el Telescopio Espacial James Webb y el futuro telescopio Ariel de la ESA. El objetivo final es analizar la atmósfera de estos mundos en busca de biomarcadores como oxígeno o metano, que podrían ser la prueba definitiva de la existencia de vida.

  • Súper-Tierras: Mundos que superan el tamaño de la Tierra pero son menores que Neptuno.
  • Zonas Habitables: Regiones donde la temperatura permitiría la existencia de agua líquida.
  • Sistemas Multiplanetarios: Como Trappist-1, donde varios planetas orbitan una sola estrella.

El satélite ha logrado hitos impresionantes, como la creación de un mosaico completo del cielo que incluye miles de puntos de colores: azules para planetas confirmados y naranjas para candidatos. Además de exoplanetas, TESS ha servido para estudiar ríos de estrellas jóvenes y monitorear asteroides que pasan peligrosamente cerca de la Tierra, demostrando que su utilidad va mucho más allá de su misión original.

Este observatorio espacial ha transformado nuestra comprensión del cosmos al catalogar miles de mundos extrasolares y abrir la puerta a la espectroscopía de transmisión. Gracias a su capacidad de rastrear estrellas brillantes y su innovadora órbita lunar, TESS ha sentado las bases para que la humanidad pueda, quizá muy pronto, encontrar un gemelo de la Tierra en la inmensidad de la Vía Láctea.

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