Un terremoto de magnitud 4,4 con epicentro en la zona occidental del mar de Alborán sacudió la madrugada de este miércoles a buena parte del sur peninsular. El movimiento, registrado en torno a las 00:24 horas, se produjo a gran profundidad y se ha notado de forma clara en numerosos municipios andaluces y en otros puntos del interior peninsular, aunque no se han registrado daños personales ni materiales.
Según los datos del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y de los servicios de emergencia autonómicos, el temblor originó decenas de avisos ciudadanos, sobre todo en Andalucía, pero también en Ceuta, Extremadura y Castilla-La Mancha. La mayoría de quienes lo percibieron describen una sacudida breve, un balanceo de muebles o un leve golpe seco, típico de estos seísmos profundos que se generan bajo el mar de Alborán.
Datos técnicos del seísmo en el mar de Alborán

El IGN ha precisado que el epicentro se localizó en la zona de Alborán Oeste, frente a la costa de Málaga, con coordenadas aproximadas de 36.02º de latitud norte y -4.66º de longitud oeste. El hipocentro se situó a una profundidad de unos 90-92 kilómetros, lo que lo convierte en un terremoto de foco intermedio, típico de esta franja entre el litoral malagueño y la costa marroquí.
La magnitud, 4,4 en la escala de Richter, se considera moderada, pero al producirse a tanta profundidad la energía se reparte en un área muy extensa. De hecho, el seísmo se detectó en estaciones sísmicas repartidas por todo el sur peninsular y fue perceptible en varias comunidades, aunque con intensidades bajas o moderadas según la Escala Macrosísmica Europea (EMS-98).
En los puntos más cercanos al epicentro, el IGN ha calculado una intensidad máxima de III-IV, compatible con una sacudida claramente apreciable en interiores, oscilación de lámparas u objetos colgados y un leve movimiento de muebles ligeros, pero sin daños en edificios ni infraestructuras. En otros territorios más alejados la intensidad se rebajó a niveles II-III, es decir, apenas sentido o débil.
Organismos como el IGN y la Red Sísmica Nacional encuadran este episodio dentro de la actividad habitual del mar de Alborán, una de las zonas más sísmicas del entorno peninsular, donde son frecuentes los temblores de magnitudes entre 3 y 5 a profundidades intermedias.
Cómo se percibió en Andalucía: Málaga, Córdoba, Sevilla y litoral andaluz

La comunidad más afectada en cuanto a percepción fue Andalucía. El teléfono de Emergencias 112 Andalucía recibió más de una treintena de llamadas en pocos minutos desde distintas provincias como Cádiz, Córdoba, Huelva y Málaga, con avisos que se centraban en describir el temblor, aunque sin informar de ningún tipo de daño.
En la provincia de Málaga, el movimiento se notó con especial claridad en la franja litoral y áreas cercanas. El IGN ha asignado una intensidad III-IV en localidades como Torremolinos, Mijas y Ojén, y ha registrado sensaciones similares en numerosos núcleos del entorno: Málaga capital (especialmente en barrios como Guadalmar o La Araña), Benajarafe, Torre del Mar, Alhaurín el Grande, Arroyo de la Miel, Benalmádena, Coín, Cómpeta, Estación de Cártama, Fuengirola, Estepona, La Cala del Moral, Marbella, Nerja, Rincón de la Victoria, San Pedro Alcántara, Manilva y otros municipios cercanos.
Vecinos de la comarca de Antequera también notificaron el seísmo, con referencias concretas a Alameda y otras localidades del interior malagueño. Muchos relataron un “meneíllo” corto, un golpecito en la mesa o una vibración que hizo dudar durante unos segundos de si se trataba de un terremoto o de una simple sensación pasajera hasta que comprobaron en redes sociales y en la web del IGN que se había producido un temblor.
En Córdoba, el terremoto se ha sentido tanto en la capital como en una larga lista de municipios del entorno y de la provincia. El IGN y el 112 recogen percepciones en la ciudad de Córdoba y en Los Pedroches, así como en lugares como Cerro Muriano, Alcolea, Almodóvar del Río, Añora, Baena, El Viso, Fuente Palmera, La Carlota, Montoro, Nueva Carteya, Lucena, Palma del Río, Posadas, Priego de Córdoba, Hornachuelos, Pedroche, Pozoblanco, Villanueva de Córdoba, Villafranca y Villanueva del Rey, entre otros.
En la provincia de Sevilla, se han consignado intensidades de III-IV en Almadén de la Plata y Aznalcóllar, y de intensidad III en municipios como Alcalá del Río y Constantina. La sacudida también fue percibida en distintos puntos dispersos de la provincia, siempre con carácter leve y sin consecuencias.
A lo largo del litoral andaluz, el temblor se extendió desde la bahía de Algeciras hasta el entorno de Motril, con intensidades II-III. En muchos casos, solo una parte de la población llegó a notar el balanceo, normalmente personas despiertas y en reposo dentro de edificios, mientras que quienes dormían apenas se percataron del seísmo.
Ceuta, Extremadura y Castilla-La Mancha: un temblor débil pero muy extendido
La onda sísmica viajó también hacia el interior de la península y el norte de África. En la ciudad autónoma de Ceuta, los registros oficiales sitúan la intensidad entre II y III de la escala macrosísmica, lo que implica que solo una parte muy reducida de la población lo percibió, principalmente en reposo y en el interior de viviendas o edificios. No se ha informado de ningún tipo de incidencia ni afección en infraestructuras.
En Extremadura, el terremoto sorprendió a vecinos de numerosos municipios de las provincias de Badajoz y Cáceres. El IGN ha recopilado reportes automáticos desde una veintena de poblaciones pacenses, además de avisos puntuales en la ciudad de Cáceres y en el municipio de Malpartida de Cáceres. La intensidad estimada en la región ha sido mayoritariamente de nivel II, es decir, apenas sentido y sin efectos sobre edificios u objetos.
Entre las localidades extremeñas en las que se ha notado el temblor figuran Badajoz, Mérida, Calamonte, Trujillanos, Villanueva de la Serena, Zafra, Zalamea de la Serena, Villafranca de los Barros, Puebla del Prior, Castuera, Esparragosa de Lares, Fregenal de la Sierra, Fuente de Cantos, Jerez de los Caballeros, Montijo, Ribera del Fresno, Talavera la Real y Valdelacalzada, entre otras. En la mayoría de estos lugares, la sensación se limitó a una leve vibración o un pequeño balanceo, muchas veces durando solo unos segundos.
El temblor también se dejó notar, de forma más tenue, en la provincia de Ciudad Real, en Castilla-La Mancha, donde tanto el IGN como la Policía Local han contabilizado avisos de ciudadanos que aseguraban haber sentido el movimiento. Pese a la alarma inicial que puede provocar un fenómeno de este tipo en zonas poco habituadas a experimentar temblores, no se han registrado daños ni incidencias reseñables.
Con menor intensidad, se han reportado percepciones en más de medio centenar de localidades andaluzas repartidas por Cádiz, Córdoba, Málaga, Huelva y Sevilla, además de en Ceuta y en algunos núcleos de Castilla-La Mancha, lo que refleja el alcance geográfico del seísmo pese a su magnitud moderada.
Una zona sísmicamente activa: el mar de Alborán y el riesgo en el sur peninsular
Los especialistas recuerdan que el mar de Alborán es una de las áreas con mayor actividad sísmica del sur de Europa. La interacción entre la placa euroasiática y la africana genera una compleja estructura tectónica que da lugar a terremotos frecuentes, muchos de ellos de foco intermedio, entre los 40 y los 120 kilómetros de profundidad, como el registrado en esta ocasión.
Desde la Red Sísmica Nacional se explica que en este sector existe una especie de franja sísmica que se extiende desde el entorno de Málaga hacia el suroeste, en dirección a la costa marroquí. En esa franja se han documentado numerosos terremotos similares, a gran profundidad, que pueden sentirse en áreas extensas pero que habitualmente no provocan daños significativos por la atenuación de la energía al atravesar la corteza terrestre.
Un ejemplo cercano en el tiempo se vivió a principios de diciembre de 2025, cuando se produjo un seísmo de magnitud 4,9 también bajo el Mediterráneo, muy próximo a la localidad de Las Lagunas, en el término municipal de Fuengirola (Málaga), a unos 79 kilómetros de profundidad. En aquel episodio tampoco se produjeron daños, si bien los técnicos señalaban que, de haberse originado cerca de la superficie, el resultado podría haber sido muy distinto para los edificios más vulnerables.
En el interior peninsular, el mapa de peligrosidad sísmica de España indica que el riesgo en Extremadura es reducido, aunque identifica una zona de mayor vulnerabilidad en el suroeste de la provincia de Badajoz. El Plan Especial de Protección Civil ante el Riesgo Sísmico en Extremadura, vigente desde 2009, sitúa el punto de mayor peligrosidad en el término municipal de Valencia de Mombuey, clasificado con una intensidad potencial VII en una escala de doce niveles, lo que supone el rango más bajo dentro de los escenarios con capacidad de generar daños apreciables.
En la escala inmediatamente inferior, la intensidad VI, se encuadran más de un centenar de municipios extremeños, todos en el sur y oeste de la región, la mayoría en Badajoz y una decena en Cáceres. Aun así, las autoridades insisten en que, estadísticamente, la probabilidad de eventos destructivos en la zona sigue siendo reducida, aunque es importante mantener actualizados los planes de emergencia y la información a la población.
Cómo interpretar la intensidad de un terremoto
Además de la magnitud, que mide la energía liberada, los organismos oficiales utilizan la Escala Macrosísmica Europea (EMS-98) para describir los efectos de un seísmo sobre personas, objetos y construcciones. Esta escala se expresa en grados de intensidad, que van de I (no sentido) a XII (destrucción total), y se basa en las observaciones reportadas por la población y los técnicos.
En este episodio, la mayoría de las zonas afectadas se han movido en los rangos II, III y IV. El grado II (apenas sentido) describe temblores que solo percibe un número muy reducido de personas, normalmente en reposo y dentro de edificios, sin que se aprecien efectos visibles en la naturaleza ni en la estructura de los inmuebles.
El grado III (débil) se asigna cuando algunas personas notan un ligero balanceo o vibración en interiores; puede que objetos colgados oscilen levemente, pero no se observan daños ni alteraciones en el entorno. Es un nivel que en ocasiones pasa desapercibido para buena parte de la población.
En el grado IV (ampliamente observado), que ha sido el máximo registrado en municipios cercanos al epicentro, el temblor es percibido por muchas personas dentro de edificios y por algunos en el exterior. Se puede producir un leve golpeteo de vajillas o cristales, los muebles ligeros pueden vibrar y algunas personas llegan a despertarse, aunque sin que se consideren movimientos peligrosos para la estabilidad de los edificios.
A partir del grado V (fuerte) comienzan a ser posibles pequeños desplazamientos de objetos inestables, rotura de cristales o daños muy ligeros en construcciones vulnerables. Los grados del VI al XII ya se asocian con daños progresivamente más importantes en infraestructuras y edificaciones, algo que no ha ocurrido en este seísmo del mar de Alborán.
Recomendaciones de autoprotección antes, durante y después de un seísmo
Los servicios de emergencia, como Emergencias 112 Andalucía y el propio Instituto Geográfico Nacional, insisten en la importancia de conocer unas pautas básicas de autoprotección frente a los terremotos, incluso en zonas donde estos fenómenos no son habituales. En los últimos años se han difundido guías y vídeos informativos que resumen las medidas más útiles en tres fases: antes, durante y después del temblor.
Entre las recomendaciones previas destaca la conveniencia de preparar un pequeño kit de emergencia en un lugar conocido por toda la familia, que incluya un botiquín con material básico, agua embotellada, una linterna, pilas de repuesto y una radio portátil para seguir la información oficial si se produjera un corte de suministro eléctrico o de comunicaciones.
También se aconseja asegurar estanterías, armarios y muebles pesados a las paredes, retirando de la parte superior objetos que puedan caer, como jarrones, libros o electrodomésticos pequeños. Es importante revisar la sujeción de elementos como chimeneas, cornisas, balcones y otros componentes exteriores que tienden a desprenderse con los temblores. En viviendas con instalaciones de gas, conviene comprobar periódicamente el estado de las conducciones y el correcto funcionamiento de las llaves de corte.
Durante el terremoto, la indicación general es mantener la calma dentro de lo posible y protegerse en el lugar en el que uno se encuentre. Si se está en el interior de una vivienda o edificio, se recomienda alejarse de ventanas, cristaleras, espejos y lámparas, y buscar una zona relativamente segura como bajo una mesa resistente, una cama sólida, el dintel de una puerta, junto a un pilar o en un rincón estructuralmente firme. Es preferible no usar escaleras ni ascensores mientras dura el movimiento.
Quienes se encuentren en la calle deben permanecer en espacios abiertos, lejos de fachadas, cornisas, muros, postes eléctricos o elementos que puedan desprenderse. No es buena idea refugiarse en portales o bajo balcones, ya que son zonas donde se concentran muchos de los derrumbes de pequeños fragmentos en caso de seísmo más intenso.
Si el temblor sorprende a una persona dentro de un vehículo, la recomendación es detener el coche en un lugar seguro, evitando pasar bajo puentes, viaductos o túneles, encender las luces de emergencia y permanecer dentro hasta que cese la sacudida. Después, conviene circular con precaución por si se ha producido algún desprendimiento o daño en la calzada.
Una vez finalizado el seísmo, conviene comprobar si hay heridos en el entorno y prestarles ayuda únicamente si se tienen conocimientos básicos de primeros auxilios, a la espera de la llegada de equipos especializados. También se recomienda cerrar las llaves de agua, gas y electricidad si se sospecha que pueda haber daños en las instalaciones, no utilizar ascensores hasta descartar problemas estructurales y evitar entrar en edificios que presenten grietas importantes, desprendimientos o signos de inestabilidad.
Las autoridades recuerdan además que es preferible no saturar las líneas telefónicas, reservándolas para emergencias reales, y utilizar, en la medida de lo posible, canales de información oficiales —como las páginas del IGN, los servicios de emergencia o las cuentas verificadas en redes sociales— para seguir la evolución del episodio y posibles réplicas.
Este terremoto de magnitud 4,4 en el mar de Alborán, ampliamente sentido pero carente de daños, vuelve a poner sobre la mesa la relevancia de conocer el comportamiento sísmico del sur peninsular y de mantener cierta cultura de prevención, especialmente en zonas costeras y áreas donde, aunque el riesgo de grandes catástrofes sea bajo, los temblores forman parte de la dinámica natural del territorio.