La temporada de huracanes que abarca el Atlántico y el Pacífico vuelve cada año a centrar la atención de los servicios meteorológicos, las autoridades de protección civil y la población que vive cerca de la costa. Aunque buena parte de la actividad se concentra en torno al Caribe, el Golfo de México y la fachada pacífica americana, la evolución de estos sistemas también se sigue con detalle desde Europa y España, ya que condicionan el tiempo global, el tráfico marítimo y, en ocasiones, los restos de sus temporales terminan llegando muy debilitados al entorno europeo.
De cara a la próxima temporada, los organismos meteorológicos internacionales han fijado ya las fechas oficiales de inicio y fin, han esbozado un primer pronóstico de cuántos ciclones podrían formarse y han publicado la lista de nombres que se utilizarán. Todo ello llega en un contexto marcado por el fenómeno de El Niño, que alterará el reparto de actividad entre cuencas y obliga a extremar la vigilancia, especialmente en el Pacífico nororiental.
Cuándo empieza la temporada de huracanes en 2026 en cada océano

Los organismos responsables, como el Servicio Meteorológico Nacional de México (SMN), la Comisión Nacional del Agua y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), coinciden en un mismo calendario básico para la cuenca del Atlántico y el Pacífico nororiental. La temporada no arranca el mismo día en ambos océanos, pero sí comparte la misma fecha de cierre.
En el océano Pacífico nororiental, donde se originan muchos de los ciclones que acaban afectando a la costa occidental de México y Centroamérica, el periodo oficial de vigilancia comienza el 15 de mayo. A partir de esa fecha, los centros de predicción aumentan la frecuencia de sus boletines y el seguimiento de cualquier perturbación tropical que pueda organizarse.
En el Atlántico norte, que incluye el mar Caribe y el Golfo de México, la temporada arranca un poco más tarde: el 1 de junio. En esta cuenca se forman los huracanes que, en caso de seguir una trayectoria oeste-noroeste, pueden alcanzar zonas muy pobladas como la península de Yucatán, Florida y el Caribe, con potencial impacto también en el comercio marítimo y las rutas atlánticas hacia Europa.
En ambas cuencas, la fecha de finalización es la misma: el 30 de noviembre. Eso no impide que, muy ocasionalmente, pueda aparecer algún ciclón fuera de estas fechas, pero el grueso de la actividad se concentra en ese intervalo. Septiembre suele ser el mes más activo del año, especialmente en el Atlántico, con un pico de formación de tormentas y huracanes.
Durante todo este periodo los servicios meteorológicos mantienen una vigilancia permanente de las imágenes de satélite, de la temperatura superficial del mar y de los patrones de viento en niveles medios y altos de la atmósfera. El objetivo es detectar con antelación cualquier sistema que pueda organizarse y valorar si representa un riesgo para zonas costeras densamente pobladas.
Qué se espera de la próxima temporada y cómo influye El Niño

Los primeros análisis indican que la actividad en el Atlántico podría situarse ligeramente por debajo del promedio. Aun así, los especialistas insisten en que el riesgo real no depende solo del número total de sistemas, sino sobre todo de la trayectoria concreta que sigan y del punto en el que puedan tocar tierra. Un solo huracán que impacte en una gran ciudad o en una zona vulnerable puede causar daños muy superiores a los de una temporada con más ciclones pero sin impactos directos.
Los rangos preliminares apuntan a la formación de entre 9 y 13 tormentas tropicales con nombre en la cuenca atlántica. De ellas, se estima que entre 4 y 6 podrían alcanzar categoría de huracán, y dentro de ese grupo, hasta 3 sistemas podrían convertirse en huracanes de gran intensidad (categoría 3 o superior en la escala de Saffir-Simpson). Un solo huracán que impacte puede determinar la percepción que se tenga de toda la temporada.
En el Pacífico nororiental, los modelos sugieren un escenario distinto, en parte por la influencia prevista del fenómeno de El Niño. Este patrón oceánico-atmosférico tiende a aumentar la cantidad de ciclones en el Pacífico y a reducirlos en el Atlántico y el Caribe. En consecuencia, se espera una temporada más activa frente a la costa pacífica americana, con especial vigilancia sobre el litoral de México, donde en los últimos años se han registrado varios impactos de huracanes de alta categoría.
Representantes del SMN han señalado que las condiciones climáticas generales se parecen bastante a las del año anterior, cuando México sufrió “pocos impactos directos” pero sí numerosos sistemas que pasaron muy cerca de la costa, provocando intensas lluvias, oleaje elevado y daños localizados. Esta situación podría repetirse, con ciclones que no tocan tierra de forma directa pero que dejan temporales muy significativos.
Conviene recordar que los pronósticos de largo plazo son necesariamente provisionales y pueden ir ajustándose a medida que se aproxima el inicio de la temporada y se tienen datos más precisos sobre la temperatura del océano, los vientos en altura y la evolución de El Niño. Por ello, los expertos recomiendan seguir los boletines actualizados de los servicios meteorológicos oficiales.
El Niño, calentamiento global y efectos más amplios

El fenómeno de El Niño consiste en un calentamiento a gran escala de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental, acompañado de cambios en la circulación atmosférica tropical. La OMM explica que este patrón altera la distribución de vientos, la presión atmosférica y las precipitaciones, generando un impacto en cascada sobre los regímenes de lluvia de numerosos países, desde América hasta partes de África y, de forma indirecta, también sobre Europa.
En el contexto de los ciclones tropicales, El Niño suele traducirse en más actividad en el Pacífico y menos en el Atlántico, debido a que modifica el cizallamiento del viento (la variación del viento con la altura) y la estabilidad de la atmósfera. Un cizallamiento intenso suele “desmontar” las tormentas tropicales incipientes, mientras que un entorno más uniforme y húmedo favorece que se organicen y ganen fuerza.
Al mismo tiempo, los informes científicos sobre cambio climático advierten de un calentamiento especialmente rápido en regiones como México y otras partes de latitudes medias, que ya están experimentando inviernos más templados y un aumento de las temperaturas mínimas. Este calentamiento diferencial no solo influye en la probabilidad de olas de calor, sino también en la forma en que se distribuyen las lluvias y en la intensidad de algunos episodios de precipitación extrema.
Para Europa y España, estos cambios no se traducen en huracanes de pleno desarrollo impactando directamente en las costas, pero sí pueden favorecer la llegada de restos de ciclones tropicales que, al transformarse en borrascas de latitudes medias, aportan aire muy húmedo y pueden dar lugar a temporales de lluvia y viento poco habituales. Es lo que en ocasiones se conoce como “ex-huracanes” que cruzan el Atlántico ya transformados en tormentas extratropicales.
En este contexto, los organismos científicos subrayan la importancia de mejorar los sistemas de vigilancia y alerta temprana, así como de reforzar las infraestructuras críticas frente a fenómenos meteorológicos extremos, tanto en América como en Europa, donde también se observan cambios en la frecuencia e intensidad de algunas DANAs y episodios de lluvias torrenciales.
Número de ciclones previstos y nombres que se utilizarán
Una de las referencias que más curiosidad suscita cada año es la lista de nombres asignados a los ciclones tropicales. La OMM mantiene listados oficiales que se utilizan de forma rotativa, de manera que, salvo que un huracán resulte extraordinariamente destructivo (en cuyo caso su nombre se retira), vuelven a emplearse cada cierto tiempo.
En el Atlántico norte, los nombres previstos para la próxima temporada son: Arthur, Bertha, Cristóbal, Dolly, Edouard, Fay, Gonzalo, Hanna, Isaias, Josephine, Kyle, Leah, Marco, Nana, Omar, Paulette, Rene, Sally, Teddy, Vicky y Wilfred. Estos se irán asignando en orden alfabético a medida que se formen las tormentas tropicales que alcancen la intensidad suficiente.
En el Pacífico nororiental, la lista incluye: Amanda, Boris, Cristina, Douglas, Elida, Fausto, Genevieve, Hernán, Iselle, Julio, Karina, Lowell, Marie, Norbert, Odalys, Polo, Rachel, Simon, Trudy, Vance, Winnie, Xavier, Yolanda y Zeke. Al igual que en el Atlántico, los nombres se aplican cuando la perturbación alcanza el rango de tormenta tropical.
Conviene recordar que un sistema recibe nombre cuando sus vientos sostenidos superan los 63 km/h, momento en el que pasa a ser considerado tormenta tropical. Si el viento máximo sostenido alcanza los 119 km/h o más, el sistema se reclasifica como huracán. A partir de ahí, puede seguir intensificándose hasta llegar a las categorías superiores.
Aunque el recuento de nombres disponibles da una idea del número máximo de ciclones que podrían ser nombrados, los pronósticos de las agencias meteorológicas son más conservadores. En el Atlántico, los rangos de entre 9 y 13 tormentas y de 4 a 6 huracanes, con hasta 3 de gran intensidad, se consideran compatibles con una temporada ligeramente inferior a la media pero con riesgo significativo si alguno de esos sistemas se dirige a áreas pobladas.
Duración, seguimiento y papel de los servicios meteorológicos
Desde el 15 de mayo en el Pacífico y el 1 de junio en el Atlántico hasta el 30 de noviembre, la atención de los centros de predicción se centra en la detección temprana de ondas tropicales, depresiones, tormentas y huracanes. Los modelos numéricos, las boyas oceánicas, los satélites meteorológicos y, en algunos casos, aviones de reconocimiento, son las herramientas principales para estimar la intensidad y la trayectoria de cada sistema.
En el caso de México y el Caribe, esta vigilancia permanente se coordina con los organismos de Protección Civil, que a su vez interactúan con autoridades locales y nacionales. En Europa, el seguimiento de la temporada atlántica también es clave para los servicios meteorológicos nacionales (como la AEMET en España), que analizan cómo los restos de algunos ciclones pueden más tarde interactuar con la corriente en chorro y afectar al tiempo en la Península Ibérica, el Cantábrico o el Atlántico nororiental.
La experiencia de los últimos años ha demostrado que incluso en temporadas catalogadas como “moderadas” o “por debajo de la media” pueden darse episodios de impacto muy severo. Lo relevante no es solo cuántos ciclones se forman, sino dónde y cómo inciden. Un huracán que roza la costa puede dejar acumulados de lluvia, marejadas y deslizamientos de tierra comparables a los de un impacto directo, especialmente en zonas montañosas o con infraestructuras poco preparadas.
Para los países europeos, incluidos España y Portugal, esta información no es ajena: los grandes temporales de otoño e invierno en el Atlántico Norte, algunos alimentados por restos de ciclones tropicales, pueden condicionar el tráfico marítimo, la seguridad de las pesquerías y el comportamiento de las olas que alcanzan las costas atlánticas y cantábricas.
Por ello, tanto en América como en Europa, se insiste en la necesidad de que la población recurra a fuentes oficiales —servicios meteorológicos nacionales, centros de huracanes, agencias de emergencia— y no a rumores o mensajes no verificados en redes sociales o mensajería instantánea, que pueden generar alarmas injustificadas o, al contrario, una peligrosa falsa sensación de seguridad.
Nueva alerta por lluvias extremas enviada al móvil
Una de las grandes novedades vinculadas a la próxima temporada es la puesta a prueba de un sistema de avisos por lluvias extraordinarias que llegará directamente a los teléfonos móviles, utilizando la misma plataforma tecnológica con la que en México ya se envían las alertas sísmicas. Esta herramienta, en fase piloto, podría convertirse en un referente para otros países si sus resultados son positivos.
El planteamiento es sencillo: cuando los modelos y los meteorólogos detecten la probabilidad alta de un episodio de precipitaciones extremas capaz de provocar inundaciones graves, desbordamientos de ríos o deslizamientos de terreno, se emitiría un mensaje específico a los móviles situados en la zona potencialmente afectada. No se trata de avisar por cualquier chubasco, sino solo en casos de riesgo elevado.
Según han explicado los responsables del SMN y de Protección Civil, el envío se realizaría utilizando la infraestructura ya probada para los avisos sísmicos, pero con otro tipo de contenido y, sobre todo, con más antelación: en lugar de segundos, se pretende avisar con días de margen antes de la llegada del temporal, de forma que la población pueda organizarse y tomar medidas básicas de autoprotección.
El mensaje se emitiría únicamente a quienes se encuentren en las zonas con pronóstico de lluvias extremas, sin necesidad de instalar aplicaciones adicionales ni de registrarse. Esta segmentación permite que el aviso sea más útil y más creíble, al dirigirse solo a quienes realmente se pueden ver afectados.
Las autoridades subrayan que este año será de pruebas y ajustes, por lo que podrían producirse fallos o situaciones en las que el pronóstico cambie a última hora. Aun así, se considera un paso importante hacia sistemas de alerta multirriesgo que, en un futuro, podrían integrar también avisos por huracanes, tsunamis u otros fenómenos graves, algo que interesa especialmente a países costeros tanto de América como de la fachada atlántica europea.
Con las fechas ya fijadas —15 de mayo en el Pacífico y 1 de junio en el Atlántico, hasta el 30 de noviembre—, un pronóstico que sugiere cierta moderación en el Atlántico pero más actividad en el Pacífico bajo la influencia de El Niño, y una lista completa de nombres preparada para los ciclones que se formen, la próxima temporada de huracanes llega acompañada de nuevas herramientas de alerta y de una recomendación clara: seguir de cerca los avisos oficiales, tanto en los países directamente expuestos como en regiones europeas donde los restos de estos sistemas pueden traducirse en temporales de lluvia y viento que, si pillan desprevenido al territorio, también pueden generar problemas importantes.