Florida continúa en el punto de mira cuando se trata de huracanes en Estados Unidos. Prácticamente la mitad de los ciclones que llegan al país acaban alcanzando tierra en esta península, rodeada por las aguas templadas del Golfo de México y el Atlántico. De hecho, no es raro que las autoridades emitan órdenes de evacuación para millones de personas ante la amenaza de tormentas intensas.
El historial de daños y víctimas mortales por huracanes en esta región sigue siendo preocupante. Por ejemplo, en 2022 el huracán Ian dejó 150 fallecidos tras impactar con fuerza en la costa oeste, mientras que Idalia en 2023 y Helene el año pasado también dejaron huella. Para hacer frente a estos desafíos, el Estado ha invertido mucho en planes de contingencia que incluyen desde la información ciudadana y recursos logísticos, hasta la puesta en marcha de albergues y operativos de rescate durante la temporada de huracanes, que se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre en el Atlántico.
Pronósticos y evaluación de la temporada 2025

El panorama para la presente temporada ha sido actualizado por la Universidad Estatal de Colorado (CSU) y otros centros de referencia. Aunque se ha rebajado ligeramente el número previsto de sistemas —de 17 a 16 tormentas con nombre y de 9 a 8 huracanes—, la actividad sigue por encima del promedio histórico. De esos huracanes, se estima que tres podrían alcanzar la categoría de gran intensidad (3 o superior). El principal motivo de esta reducción es el aumento de la cizalladura del viento en el Caribe, que frena el desarrollo de los ciclones. Sin embargo, la temperatura del mar en el Atlántico permanece muy elevada y el patrón ENSO neutro —sin Niña ni Niño— favorece que el entorno global siga siendo propicio para la formación de sistemas tropicales.
Florida encabeza las probabilidades de impacto en toda la costa de Estados Unidos: el riesgo de que una tormenta con nombre pase a menos de 80 km de su litoral es del 90%, de que sea huracán del 62% y de que toque tierra un huracán mayor del 33%. La vulnerabilidad geográfica de la península la hace especialmente sensible, aunque las cifras hayan bajado ligeramente.
En este sentido, expertos como el Dr. Phil Klotzbach de CSU subrayan que no hace falta que sea una temporada especialmente activa para sufrir daños graves. Una sola tormenta con trayectoria directa puede provocar catástrofes de gran magnitud, como ya demostró la tormenta Chantal, que sin llegar a ser un huracán causó inundaciones mortales.
Factores sociales y dificultad para acceder a refugios

La gestión de la emergencia no es solo meteorológica. Comunidades migrantes en situación irregular enfrentan enormes obstáculos a la hora de buscar refugio en caso de huracán, sobre todo tras el endurecimiento de políticas migratorias en Florida. Mucha gente evita albergues oficiales por temor a controles de identidad o presencia policial, un miedo que ha aumentado con los cambios recientes en la legislación y la retirada de memorandos que protegían espacios «sensibles» como refugios.
Autoridades locales y diversas organizaciones han intentado tranquilizar a los residentes, asegurando que nadie será rechazado en los refugios por su situación administrativa. Sin embargo, la desconfianza persiste, y no es raro que se recurra a iglesias, familiares o amistades fuera de la zona de evacuación. Esto complica aún más la protección de colectivos que suelen residir en viviendas vulnerables, como los parques de casas móviles, muy expuestos a la destrucción por viento o agua.
Preparación y medidas preventivas

La clave para reducir los riesgos, según los expertos, sigue siendo la preparación anticipada. Las autoridades recomiendan a todos los residentes —sean cuales sean sus circunstancias personales— contar con un plan de emergencia familiar que incluya rutas de evacuación, puntos de encuentro, y formas de comunicación alternativas. Formar un kit de suministros (agua, alimentos no perecederos, linternas, medicamentos y copias de documentos) es esencial, así como revisar la póliza de seguros y proteger ventanas y accesos con persianas o paneles de madera.
El Departamento de Manejo de Emergencias de Miami-Dade, por ejemplo, habilita albergues en escuelas y centros de hormigón, evitando pedir documentación a quienes buscan protección. La policía, presente para mantener el orden, no realiza controles migratorios a los refugiados, aunque los temores en la comunidad migrante siguen siendo una realidad difícil de gestionar en cada episodio de evacuación masiva.
Sistemas actuales y previsión a corto plazo
En estos momentos, la atención está puesta en una zona de bajas presiones (Invest 93L) situada al este de la costa de Florida, que podría evolucionar a depresión o tormenta tropical mientras avanza hacia el Golfo de México. Aunque aún está en fase desorganizada, las condiciones de temperatura marina y humedad hacen que no se descarte su desarrollo en los próximos días.
Según expertos del NHC y del ECMWF, existe un riesgo medio de formación ciclónica y, pese a que la intensidad final aún es incierta, se prevén lluvias intensas e inundaciones para el centro-norte del Golfo y parte de Florida. Si la tormenta alcanza la fuerza suficiente, pasaría a denominarse «Dexter».
La vigilancia constante de alertas meteorológicas y la disposición de responder rápido ante cualquier aviso de evacuación serán cruciales durante las próximas semanas, más allá del número total de tormentas previsto.
El desarrollo de la temporada de huracanes en el Atlántico sigue muy condicionado tanto por factores naturales, como la cizalladura del viento y las temperaturas oceánicas, como por las circunstancias sociales y políticas que afectan a las poblaciones más vulnerables. Mantener la información actualizada, preparar planes personales y colectivos, y seguir las recomendaciones de las autoridades es la mejor forma de afrontar este periodo marcado por la incertidumbre y el riesgo real sobre las costas del sureste estadounidense y el Caribe.
