Superficie forestal de Europa: datos, países y papel de España

  • Los bosques cubren alrededor del 37-39 % del territorio de la UE y su superficie ha aumentado en las últimas décadas, en contraste con la pérdida global.
  • Finlandia y Suecia lideran en porcentaje de territorio forestal, mientras que España es una potencia en superficie absoluta y en aportación a la Red Natura 2000.
  • Solo un 4 % de los bosques europeos es virgen; la mayoría son seminaturales, muy influidos por la gestión humana y con fuerte orientación productiva.
  • El desafío clave es combinar conservación, gestión sostenible y desarrollo rural para mantener bosques diversos, sanos y resilientes al cambio climático.

Mapa de superficie forestal de Europa

La superficie forestal de Europa vive un momento histórico: el continente no había estado tan cubierto de bosques desde hace siglos, y eso contrasta con la pérdida masiva de masa forestal que se observa en muchas otras regiones del planeta. Aunque Europa arrastra una larga historia de deforestación, hoy se ha convertido en un referente en reforestación, gestión forestal y conservación de la biodiversidad.

Esta realidad es bastante curiosa porque, mientras a escala mundial se pierden millones de hectáreas de bosque cada año, en la Unión Europea la tendencia es claramente al alza. No todo es perfecto, ni mucho menos: solo una pequeña parte de estos bosques es virgen, la mayoría están muy influidos por la actividad humana y predominan las explotaciones madereras. Sin embargo, cada vez se habla más de sostenibilidad, de bosques sanos y diversos, y del papel que juegan frente al cambio climático.

Cuánta superficie forestal tiene Europa y cómo ha cambiado

En conjunto, los bosques europeos cubren más de un tercio del territorio del continente. Si nos centramos en la Unión Europea, la superficie forestal se sitúa en torno a los 158-160 millones de hectáreas, lo que representa aproximadamente entre el 37 % y el 39 % del suelo comunitario, un porcentaje claramente superior a la media mundial, que ronda el 31 %.

Entre 1990 y 2010, la UE sumó alrededor de 11 millones de hectáreas de bosques, en gran medida por la expansión natural de la vegetación y por distintos programas de repoblación forestal financiados con fondos europeos y nacionales. Si ampliamos la mirada a la región paneuropea, el informe “La situación de los bosques en Europa (SoEF 2020)” señala que la superficie forestal pasó a ser de unos 227 millones de hectáreas tras crecer alrededor de un 9 % en tres décadas.

A escala mundial el panorama es muy diferente: la ONU calcula que el planeta pierde unos 13 millones de hectáreas de bosques cada año, principalmente por la conversión de suelo a usos agrícolas y ganaderos y por los efectos del cambio climático. Europa es, por tanto, una excepción positiva dentro de una tendencia global preocupante de deforestación.

Según los datos de Eurostat, aproximadamente el 5 % de la superficie forestal mundial se encuentra dentro de las fronteras de la Unión Europea. Puede parecer poco, pero hablamos de una región muy densamente poblada y fuertemente industrializada, lo que hace aún más relevante el hecho de que los bosques no solo se mantengan, sino que continúen expandiéndose.

Gran parte de este reverdecimiento se debe a cambios en los usos del suelo: abandono de tierras agrícolas poco rentables, reducción de la ganadería extensiva en determinadas zonas, despoblación rural y sustitución de la madera por otros materiales en construcción y energía. Estos procesos, combinados con políticas públicas, han permitido que Europa vuelva a ganar terreno forestal después de siglos de retroceso, y por ejemplo han impulsado programas de repoblación forestal en zonas afectadas por incendios.

Bosques y masa forestal en Europa

Diferencias entre países: quién tiene más bosques en Europa

La distribución de la superficie forestal en Europa es muy desigual. Hay países donde los bosques dominan claramente el paisaje y otros en los que apenas ocupan una pequeña parte del territorio. Cinco Estados miembros de la UE destacan por tener más de la mitad de su superficie cubierta de arbolado: Finlandia, Suecia, Eslovenia, Estonia y Letonia.

Si miramos el porcentaje de territorio ocupado por bosques, Finlandia encabeza la lista con un 66,2 % de su superficie forestada, seguida de Suecia con un 63,8 % y de Eslovenia con un 58,5 %. Estonia y Letonia también presentan valores muy elevados, por encima del 53 %. Son países relativamente poco poblados, con climas fríos o templado-fríos y una larga tradición forestal.

En el otro extremo se sitúan Estados miembros como Países Bajos, Irlanda, Dinamarca o Malta, donde la superficie forestal es mucho más reducida. Países Bajos, por ejemplo, apenas alcanza alrededor del 8,9 % de su territorio cubierto por bosques, debido en gran parte a la intensa ocupación agrícola, urbana y a la propia configuración geográfica del país.

En términos absolutos, es decir, si contamos las hectáreas totales de bosques, los datos de Eurostat de 2019 indican que Suecia es el país con mayor superficie forestal, con unos 27,98 millones de hectáreas. Le siguen Finlandia con 22,409 millones de hectáreas, España con 18,567 millones de hectáreas y Francia con 17,169 millones de hectáreas. Por detrás aparecen Alemania (unos 11,419 millones de hectáreas), Italia, Polonia o Rumanía, hasta llegar a Malta, con una superficie forestal prácticamente testimonial.

Estas cifras absolutas hay que interpretarlas con cuidado, porque los países más grandes tienden a tener más bosques en términos de hectáreas, aunque su porcentaje de cobertura forestal no sea tan elevado. De hecho, naciones como Francia o Alemania, aun con millones de hectáreas de bosque, solo tienen entre un 27 % y un 32 % de su superficie ocupada por ellos, cifras inferiores a las de los países nórdicos y bálticos.

Otra forma muy ilustrativa de medir la presencia de bosques es calcular las hectáreas de bosque por habitante. Aquí los países boreales y bálticos se llevan la palma: un finlandés dispone, de media, de unas 4,23 hectáreas de bosque; un sueco, de 3,18; un estonio, de 1,85, y un letón, de 1,72. A partir de ahí, la mayoría de las naciones europeas se sitúa ya por debajo de una hectárea forestal por persona.

En este indicador, España sale sorprendentemente bien parada: con 0,59 hectáreas de bosque por habitante, se sitúa por encima de la media de la Unión Europea (0,36 hectáreas) y supera a países como Portugal (0,47), Francia (0,27), Alemania (0,14) o Italia (0,19). Solo se ve superada por algunos países más pequeños pero muy boscosos, como Eslovenia, y comparte cifras similares con Grecia y Croacia.

España como potencia forestal europea

Bosques de España y Europa

A primera vista, muchas imágenes de satélite de Europa muestran a España como la llamada “excepción marrón”: mientras buena parte del continente aparece teñida de verde, sobre todo al norte de los Pirineos, la Península Ibérica parece más seca, especialmente en la vertiente mediterránea y en el sureste. Sin embargo, esta impresión visual engaña bastante.

Los datos oficiales desmontan ese tópico: España se ha consolidado como una de las grandes potencias forestales de Europa. Dependiendo de la fuente y del año de referencia, nuestro país aparece como el segundo o el tercer Estado miembro de la UE con mayor superficie de bosques, solo por detrás de Suecia y Finlandia. Eurostat y la FAO sitúan la superficie forestal arbolada española en torno a los 18,5 millones de hectáreas.

Si utilizamos la definición de bosque de la FAO, asumida por Eurostat, estamos hablando de tierras con una cobertura de copas arbóreas superior al 10 % y una extensión mayor de 0,5 hectáreas, donde los árboles pueden alcanzar al menos cinco metros de altura en su madurez. Según este criterio, alrededor del 37 % del territorio español está cubierto de bosques, y la proporción sigue aumentando.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico señala que la superficie forestal arbolada en España supera ya los 18 millones de hectáreas, un porcentaje que se ha ido incrementando de forma clara en las últimas décadas. Además, España cuenta con casi 10 millones de hectáreas de superficie forestal desarbolada (matorrales y pastizales), lo que supone alrededor del 19 % del territorio nacional y casi la mitad de estos hábitats en toda Europa occidental; estas áreas son clave, como muestran estudios sobre la capacidad de pastizales y matorrales para almacenar carbono.

A nivel provincial, la mayor extensión de monte arbolado se localiza en Cáceres, seguida por Badajoz, Cuenca y Huelva. En el lado opuesto, las provincias con menor superficie de bosque arbolado son Almería, Alicante y Las Palmas. Si nos fijamos en el volumen de biomasa arbórea, Navarra encabeza la lista, seguida de A Coruña, Asturias, Lugo y Lleida, mientras que, de nuevo, Almería, Alicante y Las Palmas figuran entre las que menos volumen de madera acumulan.

El crecimiento de los bosques españoles tiene mucho que ver con el éxodo rural y el abandono de tierras agrícolas durante las últimas décadas. Al disminuir la superficie dedicada a cultivos y pastos y reducirse la ganadería extensiva en determinadas zonas, la vegetación natural ha recuperado terreno poco a poco. A esto se suman proyectos de reforestación, mejoras en los medios de lucha contra incendios y un mayor compromiso social e institucional con la conservación de los montes.

Además, cerca del 40 % de los montes españoles están incluidos en espacios naturales protegidos o en la Red Natura 2000, lo que supone alrededor de 11,1 millones de hectáreas. De esta superficie, más de 7 millones corresponden a masas arboladas y casi 4 millones a áreas desarboladas. Es decir, una parte muy significativa de los bosques y matorrales del país goza de algún tipo de protección ambiental.

La Red Natura 2000 y la protección de los bosques en la UE

La Unión Europea cuenta con la Red Natura 2000, el mayor sistema de espacios protegidos del planeta. Su objetivo es preservar los hábitats y especies de interés comunitario, y los bosques ocupan un lugar central en esta estrategia. Según los informes oficiales, se han incorporado más de 27.000 lugares a la red, que juntos abarcan aproximadamente un 18 % de la superficie terrestre de la UE, además de amplias zonas marinas.

Dentro de Natura 2000, los bosques desempeñan un papel fundamental: se calcula que unos 375.000 km² de la red corresponden a ecosistemas forestales, lo que supone alrededor de la mitad de toda la superficie terrestre protegida y cerca del 21 % de los recursos forestales totales de la Unión Europea. Los tamaños de los lugares varían enormemente: hay espacios de una sola hectárea y otros que superan los 5.000 km².

Aunque muchos enclaves se encuentran en áreas remotas, la mayoría se integra de manera directa en el medio rural europeo y se someten a distintos tipos de gestión. Las actividades humanas compatibles con la conservación forman parte del diseño de la red, por lo que no se trata solo de reservas estrictas, sino de paisajes vivos donde se combina protección de la biodiversidad con usos tradicionales y económicos.

España destaca especialmente en este ámbito: es el país que más superficie terrestre aporta a la Red Natura 2000, con más del 27 % de su territorio bajo alguna figura de esta red ecológica, prácticamente el doble que el siguiente Estado, Francia. De los 137.365 km² españoles incluidos en Natura 2000, cerca de 79.780 km² corresponden a bosques. Por detrás se sitúan Francia (69.127 km²), Polonia (61.059 km²), Italia (57.137 km²) y otros Estados miembros.

Esta amplia aportación refleja tanto la riqueza ecológica del territorio español como el peso que tienen sus ecosistemas forestales en la conservación de la biodiversidad europea. El mosaico de bosques mediterráneos, atlánticos, de montaña y de alta montaña aporta una enorme diversidad de hábitats, especies vegetales y animales, muchos de ellos protegidos por las directivas europeas.

Tipos de bosques europeos y grado de naturalidad

La variedad de bosques en Europa es extraordinaria y responde en gran medida a la diversidad geoclimática del continente. Se encuentran desde grandes masas boreales de coníferas en el norte hasta bosques mediterráneos de encinas y alcornoques en el sur, pasando por bosques alpinos de montaña, hayedos atlánticos o bosques caducifolios y bosques mixtos templados.

La distribución de estos tipos de bosque depende sobre todo del clima, el suelo, la altitud y la topografía. Las regiones frías y con inviernos prolongados están dominadas por coníferas como pinos y abetos; las zonas templadas albergan hayedos, robledales y bosques mixtos; mientras que las áreas mediterráneas cuentan con formaciones esclerófilas adaptadas a la sequía estival, como encinares, alcornocales y pinares de distintas especies.

Pese a esta riqueza, no todos los bosques europeos tienen el mismo grado de naturalidad. Se estima que solo alrededor del 4 % de la superficie forestal de Europa puede considerarse bosque primario o virgen, es decir, ecosistemas que prácticamente no han sufrido alteración por parte del ser humano. Otro 8 % son plantaciones forestales diseñadas y gestionadas explícitamente por el hombre, mientras que el resto son bosques “seminaturales”.

Los bosques seminaturales son sistemas que, aunque se han regenerado de forma más o menos espontánea, mantienen una fuerte huella de la actividad humana: aprovechamientos madereros, cambios de especie, repoblaciones, cortas selectivas, pastoreo, incendios históricos, etcétera. Son, en definitiva, bosques vivos y funcionales, pero modelados a lo largo de siglos por usos tradicionales y modernos.

En cuanto a la propiedad, alrededor del 60 % de los bosques europeos está en manos privadas, mientras que el 40 % restante pertenece a administraciones públicas (Estados, regiones, municipios u otras entidades). Esta estructura de propiedad influye en la gestión, en los objetivos de las explotaciones y en el equilibrio entre conservación y aprovechamiento económico.

Políticas europeas, fondos y estrategias de reforestación

Aunque la Unión Europea no tiene una política forestal común como tal recogida en los tratados, sí ha desarrollado una estrategia europea para los bosques y apoya numerosas iniciativas con un impacto directo en la conservación y expansión de la masa forestal. La gestión concreta recae en los Estados miembros, pero hay un marco de coordinación y financiación compartida, como muestran los debates sobre la lucha contra la deforestación.

Buena parte de las actuaciones se canalizan a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (Feader). Se calcula que en el periodo 2007-2013 se destinaron unos 5.400 millones de euros de este fondo para cofinanciar medidas vinculadas a los bosques, y para el periodo 2014-2020 se programó un gasto público cercano a los 8.200 millones de euros.

Dentro de ese presupuesto más reciente, aproximadamente un 27 % se dedicó a reforestación y creación de nuevas superficies forestales, un 18 % a mejorar la resiliencia de los bosques frente a perturbaciones (plagas, enfermedades, cambio climático) y otro 18 % a la prevención de daños como incendios o eventos meteorológicos extremos. El resto se repartió entre medidas de gestión sostenible, infraestructuras, asesoramiento y otras actuaciones relacionadas.

Además de la UE, organismos como Forest Europe (Conferencia Ministerial sobre la Protección de los Bosques en Europa) desempeñan un papel clave en la coordinación política. Forest Europe reúne a 46 países europeos y a la propia Unión Europea, y desde 1990 ha desarrollado criterios, indicadores y directrices para una gestión forestal sostenible en el continente, en colaboración con la CEPE, la FAO y el Centro Común de Investigación (CCI).

Estas estrategias multilaterales persiguen que los bosques sigan siendo multifuncionales, es decir, que puedan proporcionar servicios ambientales, sociales y económicos sin comprometer su capacidad de regenerarse. El informe SoEF 2020 es uno de los productos más completos de este proceso de cooperación técnica y política entre países.

Importancia ecológica de la superficie forestal europea

La masa forestal de Europa cumple una serie de funciones ecológicas que son literalmente vitales. Los bosques regulan el clima y actúan como auténticos pulmones al capturar dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y almacenarlo en la madera, en la vegetación y en el suelo. De este modo, son aliados imprescindibles en la lucha contra el cambio climático.

Además, los bosques desempeñan un papel clave en el ciclo del agua y en la filtración de recursos hídricos. Protegen las cuencas hidrográficas, reducen la escorrentía, favorecen la infiltración en el suelo y ayudan a mantener la calidad del agua que consumimos. Sin bosques sanos, los riesgos de erosión, inundaciones y pérdida de fertilidad del suelo aumentan de forma notable.

En términos de biodiversidad, se estima que los bosques albergan más de dos tercios de la vida silvestre y de las plantas terrestres. Esto incluye desde grandes mamíferos hasta aves, reptiles, anfibios, insectos y una inmensa variedad de hongos, líquenes y microorganismos. Los distintos tipos de bosques europeos conforman una red de hábitats esenciales para la supervivencia de miles de especies.

A todo esto se suma el valor cultural, paisajístico y recreativo de los bosques. La población europea disfruta cada vez más del uso social de los montes para actividades como senderismo, turismo de naturaleza, educación ambiental o deporte al aire libre, lo que refuerza la conexión entre la ciudadanía y estos ecosistemas.

Sin embargo, los expertos advierten de que no basta con aumentar la superficie forestal: la salud y la diversidad de los bosques son igual o más importantes. Bosques aparentemente grandes pero formados por pocas especies, muy homogéneos o mal gestionados pueden ser muy vulnerables a plagas, incendios y a los efectos del calentamiento global.

Sector forestal, economía y empleo en Europa

Desde el punto de vista económico, la industria forestal y maderera europea tiene un peso considerable. Los datos recientes apuntan a que en 2022 este sector generó un valor añadido bruto de unos 27.900 millones de euros, lo que supone un incremento de alrededor del 13 % respecto a 2021. Cada hectárea de bosque aportó, de media, unos 174 euros de valor añadido.

En términos de productividad económica por superficie, destacan países como Países Bajos, Chequia y Eslovaquia, con valores generados por hectárea muy superiores a la media (en torno a 597 €/ha, 471 €/ha y 401 €/ha respectivamente). En contraste, España, con explotaciones más extensivas y un aprovechamiento maderero menor, se sitúa por debajo de la media europea en rendimiento económico por hectárea.

La madera extraída de los bosques europeos se destina en gran medida a fines energéticos: alrededor del 42 % del volumen talado se usa como biomasa para producir energía. Aproximadamente un 24 % va a aserraderos, un 17 % a la industria papelera y un 12 % a la fabricación de paneles. De hecho, cerca de la mitad del consumo de energía renovable en la UE procede de la biomasa forestal.

Junto a los productos madereros, los bosques suministran una amplia variedad de productos no leñosos: setas, frutos silvestres, bayas, corcho, resinas, aceites esenciales, plantas medicinales, etc. También sostienen servicios como la caza, el ecoturismo, la educación ambiental y otras actividades de ocio que generan ingresos y empleo en las zonas rurales.

En total, el sector forestal (silvicultura, industria maderera y papelera) representa cerca de un 1 % del PIB de la Unión Europea, aunque en países como Finlandia este porcentaje puede llegar al 5 %. Se calcula que da trabajo a alrededor de 2,6 millones de personas en todo el territorio comunitario, sumando las distintas fases de la cadena de valor.

Empleo forestal y situación específica de España

Pese a la gran superficie forestal que posee, España presenta una de las menores densidades de empleo vinculado directamente a los bosques. Según Eurostat, trabajan menos de 0,9 personas por cada 1.000 hectáreas de bosque, una cifra muy baja si se compara con países donde la explotación es más intensiva.

En números absolutos, se calcula que en torno a 17.000 personas se dedican directamente a la silvicultura y al aprovechamiento maderero en España, a pesar de que el país roza los 19 millones de hectáreas forestales. En Estados como Eslovaquia o Letonia, por ejemplo, el empleo por superficie forestal supera las 10 personas por cada 1.000 hectáreas.

Esta menor densidad de empleo se explica por varios factores: el carácter más extensivo y mecanizado de las explotaciones, la escasa rentabilidad económica de muchas masas forestales, el abandono de ciertas actividades rurales y el envejecimiento de la población en los territorios montañosos y forestales.

No obstante, los expertos señalan que una gestión forestal sostenible y mejor planificada podría generar nuevas oportunidades laborales en prevención de incendios, restauración de ecosistemas, certificación forestal, turismo de naturaleza y bioeconomía. Es decir, se podría aprovechar mejor el capital natural de los bosques sin comprometer su conservación.

De cara al futuro, uno de los grandes retos para España y para el conjunto de la UE será equilibrar de forma inteligente la conservación de los montes con su aprovechamiento económico, de manera que los territorios rurales encuentren en los bosques una fuente de ingresos estable que contribuya a fijar población y a mejorar la calidad de vida.

Reforestación, riesgos y necesidad de bosques sanos

El aumento constante de la superficie forestal europea, cifrado en unas 80.000 hectáreas anuales de bosques nuevos en las últimas décadas, no garantiza por sí solo un futuro seguro para estos ecosistemas. La clave no es solo plantar árboles, sino que los bosques resultantes sean variados, resilientes y estén bien adaptados a las condiciones locales.

Más del 90 % de los bosques de la Unión Europea están concebidos, total o parcialmente, para la producción de madera. Esta visión productivista ha llevado en muchos casos a favorecer grandes masas de una única especie o de muy pocas, buscando principalmente la rentabilidad económica a corto plazo. Según investigaciones de la Universidad de Vermont, alrededor del 73 % de los bosques europeos tiende hacia una cierta homogeneización.

Los científicos recalcan que un bosque homogéneo es más vulnerable a plagas, enfermedades, tormentas, sequías y a los impactos del cambio climático. En cambio, los bosques biodiversos, con múltiples especies, distintas edades y estructuras, funcionan mejor como sumideros de carbono, albergan más fauna y flora, y resisten mejor los eventos extremos.

Por ello, se insiste en que la mejor estrategia de reforestación es aquella que imita los procesos naturales, fomentando la regeneración espontánea cuando sea posible, utilizando especies autóctonas y buscando que convivan árboles y arbustos de diferentes tamaños y edades. Reforestar por reforestar, sin tener en cuenta estos criterios, puede generar masas mal adaptadas, con alto riesgo de incendios o de colapsos sanitarios.

Los bosques sanos crean ecosistemas completos que aportan beneficios ambientales, sociales y económicos: mejoran la calidad del aire y del agua, protegen los suelos frente a la erosión, capturan CO2, acogen biodiversidad, ofrecen recursos renovables como madera, corcho o resina y sostienen la vida de muchas comunidades rurales. En un contexto de temperaturas crecientes, sequías recurrentes y olas de calor extremas, contar con bosques resilientes es más importante que nunca.

Frente al aumento de incendios, incluidos los de sexta generación, las soluciones pasan por reforzar la prevención y la gestión activa de los montes, combinar reforestación y gestión de combustibles, promover paisajes en mosaico y apoyar el aprovechamiento forestal sostenible. El objetivo final es mantener bosques vivos, diversos y bien gestionados, capaces de aportar servicios ecosistémicos y de sostener economías rurales sin repetir los errores del pasado.

La historia reciente de la superficie forestal en Europa muestra que, cuando se combinan cambios en los usos del suelo, políticas de protección, iniciativas de reforestación bien planteadas y una creciente conciencia social, los bosques pueden recuperar terreno y protagonismo. El reto ahora es que ese crecimiento vaya acompañado de calidad ecológica, resiliencia climática y oportunidades socioeconómicas reales para quienes viven en los territorios forestales del continente.

sequías y olas de calor hacen más frecuentes los incendios forestales extremos
Artículo relacionado:
Sequías y olas de calor hacen más frecuentes los incendios forestales extremos