Situación del metano: causas, impactos y soluciones

  • El metano es el segundo gas de efecto invernadero mĆ”s importante y ha duplicado su concentración desde la Revolución Industrial, con un fuerte impacto en el calentamiento global a corto plazo.
  • Sus principales fuentes son la industria de combustibles fósiles, la ganaderĆ­a y los residuos, aunque los humedales y el permafrost aportan un 40 % de emisiones naturales.
  • Reducir el metano es una de las medidas mĆ”s rĆ”pidas y rentables para frenar el calentamiento, mediante control de fugas, mejor gestión ganadera y captura de biogĆ”s en vertederos.
  • Iniciativas como la Estrategia de Metano de la UE, el Global Methane Pledge y el IMEO buscan mejorar la medición, la transparencia y la disminución efectiva de las emisiones.

situacion del_metano

El metano se ha convertido en uno de los grandes protagonistas del debate climÔtico mundial, aunque durante años haya pasado bastante desapercibido frente al omnipresente dióxido de carbono. Hoy sabemos que este gas es responsable de una parte enorme del calentamiento actual y que actuar sobre él puede marcar la diferencia en las próximas décadas.

Aunque su presencia en la atmósfera es mucho menor que la del CO2, el metano tiene una capacidad brutal para atrapar calor en el corto plazo y estÔ aumentando a un ritmo muy preocupante. Sus emisiones proceden tanto de procesos naturales como de actividades humanas, pero son estas últimas las que estÔn desestabilizando el sistema climÔtico y poniendo contra las cuerdas los objetivos del Acuerdo de París.

QuƩ es el metano y por quƩ importa tanto para el clima

El metano (CH4) es un hidrocarburo muy sencillo, formado por una molécula de carbono unida a cuatro Ôtomos de hidrógeno. Es el alcano mÔs simple y el principal componente del gas natural que se usa para generar electricidad, calentar viviendas, cocinar o mover vehículos mediante gas natural comprimido o licuado.

En condiciones normales es incoloro e inodoro cuando estÔ puro, aunque en el gas canalizado se le añaden sustancias olorosas para poder detectar fugas. AdemÔs de su papel energético, es una materia prima clave para la industria química, por ejemplo en la producción de hidrógeno, metanol y otros compuestos industriales.

Desde el punto de vista climÔtico, el metano es un gas de efecto invernadero muy potente. Una sola molécula de CH4 atrapa bastante mÔs calor que una molécula de CO2. En horizontes temporales de 20 años, su efecto sobre el calentamiento puede llegar a ser decenas de veces mayor que el del dióxido de carbono, lo que lo convierte en un actor central en el calentamiento a corto plazo.

La vida media del metano en la atmósfera es relativamente corta, del orden de 7 a 15 años, frente a los cientos o incluso miles de años del CO2. Eso significa que, si se reducen las emisiones de metano de forma contundente, la concentración atmosférica puede responder relativamente rÔpido y ofrecer un alivio palpable en la velocidad del calentamiento global dentro de la misma generación.

Los registros atmosfƩricos muestran que la cantidad de metano se ha mƔs que duplicado desde el inicio de la era industrial. Se estima que este incremento es responsable de alrededor del 20-30 % del aumento de la temperatura global desde mediados del siglo XVIII. En la actualidad, se le atribuye en torno al 30 % del calentamiento global acumulado.

Diferencias entre metano y dióxido de carbono

efectos climaticos del metano

En la ā€œfamiliaā€ de gases de efecto invernadero, el dióxido de carbono es el mĆ”s abundante y el que permanece durante mĆ”s tiempo en la atmósfera. Es el gran responsable del calentamiento a largo plazo, ya que puede persistir miles de aƱos, acumulĆ”ndose con cada tonelada que emitimos.

El metano se considera un contaminante climƔtico de vida corta: su permanencia es de unas pocas dƩcadas como mƔximo, pero su capacidad de calentar el planeta es, kilogramos por kilogramo, muy superior. Dependiendo del periodo de tiempo que se tome como referencia, su impacto puede ser mƔs de 25 veces el del CO2 a 100 aƱos y hasta superar varias decenas de veces ese efecto en 20 aƱos.

Esta combinación de gran potencia y corta duración implica que las reducciones rÔpidas de metano son una herramienta muy eficaz para frenar el aumento de temperatura en el corto plazo. Sin embargo, para estabilizar el clima a largo recorrido es imprescindible seguir reduciendo de manera drÔstica las emisiones de CO2 y otros gases de vida larga.

La estrategia climÔtica eficaz pasa por actuar sobre ambos frentes: aprovechar la rÔpida respuesta al recorte de metano para amortiguar el ritmo del calentamiento en las próximas décadas y, a la vez, disminuir de forma sostenida las emisiones de dióxido de carbono hasta prÔcticamente eliminarlas para mediados de siglo.

Numerosos organismos científicos y agencias internacionales advierten de que sin recortes profundos de metano en las próximas décadas serÔ prÔcticamente imposible mantener el aumento de la temperatura global cerca de 1,5 ºC, incluso aunque se logre una reducción importante de CO2.

Fuentes naturales y humanas de metano

El metano llega a la atmósfera desde una mezcla de fuentes naturales y antrópicas. Se calcula que aproximadamente el 60 % de las emisiones actuales procede de actividades humanas, mientras que el 40 % restante estÔ vinculado a procesos naturales del planeta.

Entre las fuentes naturales, los humedales son la mÔs importante. En estos ecosistemas, la materia orgÔnica se descompone en condiciones de poco o nada oxígeno, lo que favorece la generación de metano por parte de bacterias especializadas. También contribuyen, aunque en menor medida, los sedimentos marinos y lacustres, ciertos océanos, las termitas, volcanes y algunos incendios forestales.

El permafrost, ese suelo permanentemente congelado en las regiones polares, almacena cantidades enormes de carbono, buena parte del cual podría liberarse como metano si el deshielo se acelera. Se estima que en el permafrost se guarda una cantidad de CH4 equivalente aproximadamente al doble del que hay hoy en la atmósfera, lo que plantea un riesgo serio de bucles de retroalimentación climÔtica. En relación con los cambios en el Ártico véase también la evolución del hielo marino en el Ártico.

Por el lado humano, las principales fuentes de metano son tres grandes bloques: la producción y uso de combustibles fósiles (gas, petróleo y carbón), la agricultura y ganadería, y la gestión de residuos sólidos y aguas residuales.

A escala mundial, las operaciones de combustibles fósiles emitieron cerca de 120 millones de toneladas de metano en 2020 y cifras similares en 2023, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). A esto se suman las emisiones de la ganadería y los vertederos, que completan el grueso del presupuesto antropogénico de metano.

Metano procedente de combustibles fósiles

La cadena del gas natural y el petróleo es una de las mayores fuentes de metano de origen humano. Desde que se perfora un pozo hasta que el gas llega a una cocina o a una central eléctrica, hay múltiples puntos de posible fuga y emisiones deliberadas.

Durante la producción y el procesado del gas y del petróleo se libera metano tanto por escapes accidentales como por venteo (liberación intencionada) y combustión en antorcha. Estas prÔcticas se han utilizado para gestionar el gas que acompaña al petróleo cuando no resulta rentable aprovecharlo.

En las fases de almacenamiento, transporte y distribución tambiĆ©n se producen pĆ©rdidas constantes: fugas en gasoductos, vĆ”lvulas defectuosas, depósitos mal sellados o equipos envejecidos. Muchas de estas emisiones son crónicas y otras tienen carĆ”cter de ā€œsuperemisoresā€, grandes escapes puntuales que liberan cantidades descomunales en poco tiempo.

La minería del carbón es otra fuente importante de metano, ya que el gas se encuentra atrapado en los estratos de carbón y se va liberando durante la extracción, tanto en minas subterrÔneas como a cielo abierto. Parte de este gas se ventila por razones de seguridad, pero a menudo sin capturarse para su aprovechamiento.

Las estimaciones de la AIE señalan que la industria del petróleo y el gas tiene un enorme potencial de reducción: sería técnicamente posible recortar hasta alrededor del 75 % de sus emisiones de metano para 2030. MÔs del 40 % podría conseguirse con medidas de coste neto cero, si se tiene en cuenta el valor económico del gas que se deja de perder y se puede vender.

Metano y ganaderĆ­a: el papel de la agricultura

La agricultura, y en particular la ganadería, es otra gran responsable de las emisiones de metano. Los rumiantes como vacas, ovejas y cabras generan CH4 durante la digestión, en un proceso conocido como fermentación entérica.

La cantidad de metano emitida por cada animal estÔ muy ligada al volumen de alimento ingerido, de modo que el ganado vacuno, de mayor tamaño y consumo, genera emisiones mÔs elevadas que rumiantes pequeños. De ahí que gran parte de la atención se centre en las explotaciones bovinas intensivas.

AdemÔs de las emisiones entéricas, la gestión del estiércol es otro foco relevante. Cuando los excrementos se almacenan en balsas, lagunas o tanques en condiciones pobres en oxígeno, los microorganismos producen metano que se libera a la atmósfera si no se captura.

A escala global, se calcula que el ganado es responsable de alrededor de un tercio de las emisiones de metano de origen humano. Dado que la carne y los productos lƔcteos siguen siendo un componente importante de la dieta en muchos paƭses, reducir este tipo de emisiones implica cambios profundos en modelos productivos y de consumo.

Los cambios en la dieta, el fomento de alimentos de menor huella climÔtica y las mejoras en el manejo del ganado (incluyendo piensos mÔs eficientes, aditivos que reduzcan la producción interna de metano y sistemas de estiércol que capturen el gas) son algunas de las vías señaladas por la comunidad científica y organismos internacionales para rebajar la contribución del sector agroganadero.

Metano de vertederos y aguas residuales

Los vertederos de residuos sólidos urbanos son otro gran foco de emisiones. A medida que la basura orgÔnica se descompone en ausencia de oxígeno, se forma biogÔs, una mezcla donde el metano es uno de los componentes principales.

En muchos países, los vertederos son ya la tercera fuente de metano de origen humano. AdemÔs, el tratamiento de aguas residuales domésticas e industriales también contribuye, especialmente cuando se usan sistemas que favorecen la descomposición anaerobia sin captación posterior del gas.

Una parte importante de este metano podría evitarse o aprovecharse si se implantan sistemas de captación y uso energético del biogÔs procedente de vertederos y plantas de tratamiento. Esto permitiría reducir emisiones y, al mismo tiempo, generar energía aprovechable a partir de residuos inevitables.

La experiencia europea muestra que reducir la cantidad de residuos orgÔnicos que acaban en vertedero es otra palanca poderosa. Políticas como la separación en origen de la fracción orgÔnica y el impulso al compostaje y la digestión anaerobia controlada han permitido en algunos casos reducir a la mitad las emisiones de metano en un par de décadas.

En este sentido, las normas sobre vertido de residuos han sido clave para cambiar la gestión de la basura, limitando progresivamente lo que puede acabar en un vertedero convencional y obligando a tratar previamente una gran parte de los residuos biodegradables.

Medición y seguimiento del metano: satélites, aviones y observatorios

Para poder actuar sobre el metano hay que saber con precisión de dónde sale y en qué cantidad. Medir su concentración atmosférica global es relativamente sencillo, pero rastrear las fuentes concretas es bastante mÔs complejo.

Organismos como la NOAA mantienen redes de estaciones de muestreo repartidas por todo el mundo que miden concentraciones de metano y permiten seguir su evolución a lo largo del tiempo. AdemÔs, los registros de núcleos de hielo en la AntÔrtida y Groenlandia aportan datos históricos que muestran cómo ha cambiado el CH4 durante siglos.

En los últimos años se han desplegado instrumentos avanzados montados en aviones y satélites, capaces de detectar emisiones de metano desde el aire. Un ejemplo es el espectrómetro de imÔgenes AVIRIS-NG, que mide la luz reflejada por la superficie terrestre y detecta las huellas que dejan los gases de efecto invernadero en el espectro.

La NASA tambiĆ©n ha puesto en órbita el instrumento EMIT en la Estación Espacial Internacional, pensado inicialmente para estudiar el polvo mineral pero que ha demostrado gran utilidad para identificar ā€œsuperemisoresā€ de metano: grandes focos de emisión puntuales, como instalaciones de petróleo y gas, vertederos o infraestructuras defectuosas.

AdemƔs de estos sistemas, nuevas misiones espaciales especƭficas, como satƩlites dedicados al seguimiento del metano, estƔn inaugurando una era de mayor transparencia. Estos datos se combinan con inventarios nacionales y mediciones de campo para ajustar las estimaciones de emisiones.

La respuesta internacional: UE, ONU, NASA y compromisos globales

La Unión Europea ha decidido situar el metano en el centro de su agenda climÔtica. En 2020 presentó su Estrategia sobre el Metano, que marca el camino para reducir las emisiones en sectores como la energía, los residuos y la agricultura.

Esta estrategia europea incluye medidas legislativas para medir, notificar y verificar las emisiones, establecer límites estrictos al venteo y a la quema en antorcha, y obligar a las empresas a detectar y reparar fugas de forma periódica siguiendo las mejores prÔcticas internacionales.

La UE es uno de los mayores importadores de gas, petróleo y carbón del mundo, lo que significa que buena parte del metano asociado a su consumo se libera fuera de su territorio. Por ello, Bruselas quiere usar su peso como comprador para empujar cambios en los países exportadores, vinculando el acceso al mercado europeo a estÔndares mÔs exigentes sobre emisiones.

En el plano multilateral, la Unión Europea y Estados Unidos patrocinan el Compromiso Mundial sobre el Metano (Global Methane Pledge), lanzado en la COP26, cuyo objetivo es reducir colectivamente las emisiones globales de metano al menos un 30 % para 2030 respecto a los niveles de 2020.

Organismos de Naciones Unidas, como la Coalición Clima y Aire Limpio, trabajan con múltiples países para diseñar estrategias sectoriales, compartir tecnologías de reducción y reforzar las capacidades de medición. En este contexto, la creación del Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO) es un paso decisivo.

El Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO)

El IMEO, respaldado por Naciones Unidas y financiado en parte por la Unión Europea, se ha concebido como una pieza clave para mejorar la calidad y transparencia de los datos de emisiones de metano a nivel mundial.

Su función principal es recopilar, contrastar y analizar información procedente de inventarios oficiales, estudios científicos, datos de empresas y mediciones satelitales y terrestres, para identificar brechas y discrepancias y ofrecer una imagen mÔs realista de las emisiones efectivas.

Disponer de datos independientes y fiables permite señalar a los grandes emisores, orientar las políticas de mitigación allí donde son mÔs efectivas y hacer un seguimiento del progreso a lo largo del tiempo. La idea es que la transparencia cree presión para actuar y facilite la rendición de cuentas.

La UE ha aportado financiación significativa para poner en marcha este observatorio, y el objetivo ahora es sumar mÔs países y recursos para que pueda cubrir mejor el conjunto de fuentes, desde la industria fósil hasta la agricultura y los residuos.

Sin una medición robusta y comparable entre regiones, resultaría muy complicado evaluar si el mundo avanza realmente hacia los recortes de metano necesarios para mantener a raya el calentamiento global.

La situación del metano en España y los retos pendientes

En España, el metano es el segundo gas de efecto invernadero en importancia después del CO2. Representa en torno al 14-15 % del total de emisiones nacionales según los inventarios oficiales, por delante del óxido nitroso y de los gases fluorados.

Las principales fuentes de metano en el país se concentran en dos grandes sectores: la agricultura y ganadería, que agrupa en torno a dos tercios de las emisiones de CH4 (especialmente por fermentación entérica y gestión de estiércoles), y el sector de residuos, que aporta una tercera parte aproximadamente, con el vertido de residuos sólidos como componente mÔs relevante.

La planificación energética y climÔtica española actual, recogida en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, ha sido criticada por organizaciones ambientales porque no incorpora objetivos específicos y detallados para reducir el metano, a pesar de los compromisos internacionales asumidos.

España es firmante del Global Methane Pledge, con el que se compromete a contribuir a una reducción global del 30 % para 2030 respecto a 2020. Sin embargo, entidades como Ecologistas en Acción, ECODES, Fundación Renovables y otras han denunciado la falta de un plan nacional concreto de reducción de metano que marque metas claras por sectores.

Estos colectivos reclaman una disminución de entre el 40 % y el 45 % de las emisiones nacionales de metano para 2030, respecto a 2020, en línea con lo que plantea la comunidad científica para mantener opciones realistas de cumplir los objetivos climÔticos a medio y largo plazo.

Fugas, importaciones de gas y calidad de los datos

Otro aspecto delicado en el caso español tiene que ver con las fugas asociadas a los combustibles fósiles que se importan. Aunque el CO2 de su combustión se contabiliza dentro del país, buena parte del metano que se libera en extracción y transporte queda fuera de las fronteras.

Informes basados en observaciones satelitales han identificado mÔs de un millar de fugas en los últimos años en países exportadores de combustibles fósiles hacia España, con especial protagonismo de productores como Argelia o Estados Unidos, donde se han detectado superemisores vinculados al gas fósil y al fracking.

AdemÔs, se han documentado fugas en infraestructuras de gestión de residuos dentro del propio territorio español, incluyendo episodios con emisiones horarias muy elevadas en vertederos cercanos a grandes ciudades. Estas situaciones ponen de manifiesto la necesidad de reforzar la vigilancia y el control.

Las organizaciones ambientales reclaman que el Estado ponga en marcha un sistema sólido de recopilación de datos, tanto cuantitativos como cualitativos, sobre las emisiones de metano asociadas a los combustibles fósiles que se importan. Insisten en que estos datos deben ser públicos, accesibles y verificables.

Entre las medidas propuestas figura la restricción de la compra de gas con altas fugas de metano, incluyendo el producido mediante fractura hidrÔulica, así como el impulso de estÔndares que obliguen a los proveedores a adoptar tecnologías de reducción en toda la cadena de suministro.

Impactos del metano en clima, salud, agricultura y economĆ­a

El metano no solo impulsa el calentamiento global, también tiene efectos en cascada sobre la salud humana, la producción agrícola y la economía mundial, en buena parte a través de su papel en la formación de ozono troposférico.

En tƩrminos climƔticos, el metano es el segundo gas que mƔs contribuye al cambio climƔtico despuƩs del CO2. Reducirlo ayuda a frenar el deshielo de casquetes polares, limitar la subida del nivel del mar y reducir el riesgo de desencadenar puntos de no retorno en el sistema climƔtico.

Desde el punto de vista sanitario, el metano es un precursor clave del ozono a nivel del suelo, un contaminante que afecta directamente a las vías respiratorias. Se estima que el ozono troposférico estÔ vinculado a alrededor de un millón de muertes prematuras por problemas respiratorios cada año en el mundo.

En la agricultura, el aumento del ozono y de las temperaturas perjudica a cultivos bÔsicos, con pérdidas que pueden rondar hasta el 15 % de la producción anual en algunos contextos. Esto impacta tanto en la seguridad alimentaria como en los ingresos de millones de agricultores; para mÔs contexto sobre impactos en agricultura y energía consulte .

Los costes económicos asociados al metano son enormes: desde la pérdida de productividad por olas de calor hasta los gastos sanitarios adicionales. Sin embargo, muchos anÔlisis concluyen que la mayoría de medidas de reducción de metano salen a cuenta, ya que los beneficios sociales y económicos superan ampliamente los costes de implantación. Véase anÔlisis sobre pérdidas económicas por desastres que ayudan a dimensionar estos costes.

Soluciones y vĆ­as para reducir las emisiones de metano

Las posibilidades de recortar emisiones de metano son amplias y, en muchos casos, tecnológicamente maduras. Se pueden abordar en todos los grandes sectores emisores con una combinación de regulación, incentivos económicos y mejora tecnológica.

En la industria de combustibles fósiles, mejorar el equipamiento y la gestión de las instalaciones es una prioridad: detección sistemÔtica de fugas, reparación rÔpida, sustitución de equipos obsoletos, reducción del venteo rutinario y eliminación progresiva de la quema en antorcha cuando no sea estrictamente necesaria por seguridad.

En minería de carbón, el gas que antes se ventilaba sin mÔs puede capturarse y aprovecharse como fuente de energía, reduciendo riesgos para los trabajadores y evitando emisiones directas a la atmósfera.

En el Ômbito agrícola, la mejora en el manejo del estiércol y la alimentación del ganado puede recortar de forma notable las emisiones de metano. Sistemas como los digestores anaerobios permiten transformar estiércoles en biogÔs útil, reduciendo el impacto climÔtico y generando energía renovable.

En el sector de residuos urbanos, la clave estÔ en reducir la fracción orgÔnica que acaba en vertedero y capturar el biogÔs en los que sigan operando. La combinación de recogida separada, compostaje y digestión anaerobia controlada es una de las estrategias mÔs eficaces para limitar la generación de metano no gestionado.

El potencial de acción rÔpida: por qué el metano es una prioridad

Actuar sobre el metano ofrece un ā€œgolpe de efectoā€ relativamente rĆ”pido en la lucha contra el cambio climĆ”tico. Por su vida corta, los recortes se traducen pronto en menores concentraciones y en un freno visible del ritmo de calentamiento.

Esto no sustituye a la necesidad de descarbonizar la economƭa y reducir el CO2, pero sƭ permite ganar un margen precioso para evitar los escenarios mƔs extremos mientras avanzan las transformaciones estructurales del sistema energƩtico, del transporte y de la industria.

La combinación de avances tecnológicos, presión regulatoria y compromiso internacional estÔ empezando a mover ficha en muchos sectores. Misiones espaciales, observatorios como el IMEO y nuevas normativas de transparencia pueden hacer que las emisiones ocultas dejen de serlo.

El reto ahora es traducir los compromisos y diagnósticos en recortes reales en la atmósfera, sector por sector y país por país, aprovechando que gran parte de las soluciones ya existen, son viables económicamente y, en muchos casos, incluso rentables.

Si se aprovecha bien esta ventana de oportunidad y se combina con una reducción ambiciosa del CO2, el metano puede dejar de ser ese ā€œsegundo gas malditoā€ y convertirse en uno de los campos donde la acción climĆ”tica demuestre resultados tangibles en cuestión de pocos aƱos.

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