
El metano se ha convertido en uno de los grandes protagonistas del debate climÔtico mundial, aunque durante años haya pasado bastante desapercibido frente al omnipresente dióxido de carbono. Hoy sabemos que este gas es responsable de una parte enorme del calentamiento actual y que actuar sobre él puede marcar la diferencia en las próximas décadas.
Aunque su presencia en la atmósfera es mucho menor que la del CO2, el metano tiene una capacidad brutal para atrapar calor en el corto plazo y estĆ” aumentando a un ritmo muy preocupante. Sus emisiones proceden tanto de procesos naturales como de actividades humanas, pero son estas Ćŗltimas las que estĆ”n desestabilizando el sistema climĆ”tico y poniendo contra las cuerdas los objetivos del Acuerdo de ParĆs.
QuƩ es el metano y por quƩ importa tanto para el clima
El metano (CH4) es un hidrocarburo muy sencillo, formado por una molĆ©cula de carbono unida a cuatro Ć”tomos de hidrógeno. Es el alcano mĆ”s simple y el principal componente del gas natural que se usa para generar electricidad, calentar viviendas, cocinar o mover vehĆculos mediante gas natural comprimido o licuado.
En condiciones normales es incoloro e inodoro cuando estĆ” puro, aunque en el gas canalizado se le aƱaden sustancias olorosas para poder detectar fugas. AdemĆ”s de su papel energĆ©tico, es una materia prima clave para la industria quĆmica, por ejemplo en la producción de hidrógeno, metanol y otros compuestos industriales.
Desde el punto de vista climÔtico, el metano es un gas de efecto invernadero muy potente. Una sola molécula de CH4 atrapa bastante mÔs calor que una molécula de CO2. En horizontes temporales de 20 años, su efecto sobre el calentamiento puede llegar a ser decenas de veces mayor que el del dióxido de carbono, lo que lo convierte en un actor central en el calentamiento a corto plazo.
La vida media del metano en la atmósfera es relativamente corta, del orden de 7 a 15 años, frente a los cientos o incluso miles de años del CO2. Eso significa que, si se reducen las emisiones de metano de forma contundente, la concentración atmosférica puede responder relativamente rÔpido y ofrecer un alivio palpable en la velocidad del calentamiento global dentro de la misma generación.
Los registros atmosfƩricos muestran que la cantidad de metano se ha mƔs que duplicado desde el inicio de la era industrial. Se estima que este incremento es responsable de alrededor del 20-30 % del aumento de la temperatura global desde mediados del siglo XVIII. En la actualidad, se le atribuye en torno al 30 % del calentamiento global acumulado.
Diferencias entre metano y dióxido de carbono
En la āfamiliaā de gases de efecto invernadero, el dióxido de carbono es el mĆ”s abundante y el que permanece durante mĆ”s tiempo en la atmósfera. Es el gran responsable del calentamiento a largo plazo, ya que puede persistir miles de aƱos, acumulĆ”ndose con cada tonelada que emitimos.
El metano se considera un contaminante climƔtico de vida corta: su permanencia es de unas pocas dƩcadas como mƔximo, pero su capacidad de calentar el planeta es, kilogramos por kilogramo, muy superior. Dependiendo del periodo de tiempo que se tome como referencia, su impacto puede ser mƔs de 25 veces el del CO2 a 100 aƱos y hasta superar varias decenas de veces ese efecto en 20 aƱos.
Esta combinación de gran potencia y corta duración implica que las reducciones rÔpidas de metano son una herramienta muy eficaz para frenar el aumento de temperatura en el corto plazo. Sin embargo, para estabilizar el clima a largo recorrido es imprescindible seguir reduciendo de manera drÔstica las emisiones de CO2 y otros gases de vida larga.
La estrategia climÔtica eficaz pasa por actuar sobre ambos frentes: aprovechar la rÔpida respuesta al recorte de metano para amortiguar el ritmo del calentamiento en las próximas décadas y, a la vez, disminuir de forma sostenida las emisiones de dióxido de carbono hasta prÔcticamente eliminarlas para mediados de siglo.
Numerosos organismos cientĆficos y agencias internacionales advierten de que sin recortes profundos de metano en las próximas dĆ©cadas serĆ” prĆ”cticamente imposible mantener el aumento de la temperatura global cerca de 1,5 ĀŗC, incluso aunque se logre una reducción importante de CO2.
Fuentes naturales y humanas de metano
El metano llega a la atmósfera desde una mezcla de fuentes naturales y antrópicas. Se calcula que aproximadamente el 60 % de las emisiones actuales procede de actividades humanas, mientras que el 40 % restante estÔ vinculado a procesos naturales del planeta.
Entre las fuentes naturales, los humedales son la mĆ”s importante. En estos ecosistemas, la materia orgĆ”nica se descompone en condiciones de poco o nada oxĆgeno, lo que favorece la generación de metano por parte de bacterias especializadas. TambiĆ©n contribuyen, aunque en menor medida, los sedimentos marinos y lacustres, ciertos ocĆ©anos, las termitas, volcanes y algunos incendios forestales.
El permafrost, ese suelo permanentemente congelado en las regiones polares, almacena cantidades enormes de carbono, buena parte del cual podrĆa liberarse como metano si el deshielo se acelera. Se estima que en el permafrost se guarda una cantidad de CH4 equivalente aproximadamente al doble del que hay hoy en la atmósfera, lo que plantea un riesgo serio de bucles de retroalimentación climĆ”tica. En relación con los cambios en el Ćrtico vĆ©ase tambiĆ©n la evolución del hielo marino en el Ćrtico.
Por el lado humano, las principales fuentes de metano son tres grandes bloques: la producción y uso de combustibles fósiles (gas, petróleo y carbón), la agricultura y ganaderĆa, y la gestión de residuos sólidos y aguas residuales.
A escala mundial, las operaciones de combustibles fósiles emitieron cerca de 120 millones de toneladas de metano en 2020 y cifras similares en 2023, segĆŗn la Agencia Internacional de la EnergĆa (AIE). A esto se suman las emisiones de la ganaderĆa y los vertederos, que completan el grueso del presupuesto antropogĆ©nico de metano.
Metano procedente de combustibles fósiles
La cadena del gas natural y el petróleo es una de las mayores fuentes de metano de origen humano. Desde que se perfora un pozo hasta que el gas llega a una cocina o a una central eléctrica, hay múltiples puntos de posible fuga y emisiones deliberadas.
Durante la producción y el procesado del gas y del petróleo se libera metano tanto por escapes accidentales como por venteo (liberación intencionada) y combustión en antorcha. Estas prÔcticas se han utilizado para gestionar el gas que acompaña al petróleo cuando no resulta rentable aprovecharlo.
En las fases de almacenamiento, transporte y distribución tambiĆ©n se producen pĆ©rdidas constantes: fugas en gasoductos, vĆ”lvulas defectuosas, depósitos mal sellados o equipos envejecidos. Muchas de estas emisiones son crónicas y otras tienen carĆ”cter de āsuperemisoresā, grandes escapes puntuales que liberan cantidades descomunales en poco tiempo.
La minerĆa del carbón es otra fuente importante de metano, ya que el gas se encuentra atrapado en los estratos de carbón y se va liberando durante la extracción, tanto en minas subterrĆ”neas como a cielo abierto. Parte de este gas se ventila por razones de seguridad, pero a menudo sin capturarse para su aprovechamiento.
Las estimaciones de la AIE seƱalan que la industria del petróleo y el gas tiene un enorme potencial de reducción: serĆa tĆ©cnicamente posible recortar hasta alrededor del 75 % de sus emisiones de metano para 2030. MĆ”s del 40 % podrĆa conseguirse con medidas de coste neto cero, si se tiene en cuenta el valor económico del gas que se deja de perder y se puede vender.
Metano y ganaderĆa: el papel de la agricultura
La agricultura, y en particular la ganaderĆa, es otra gran responsable de las emisiones de metano. Los rumiantes como vacas, ovejas y cabras generan CH4 durante la digestión, en un proceso conocido como fermentación entĆ©rica.
La cantidad de metano emitida por cada animal estÔ muy ligada al volumen de alimento ingerido, de modo que el ganado vacuno, de mayor tamaño y consumo, genera emisiones mÔs elevadas que rumiantes pequeños. De ahà que gran parte de la atención se centre en las explotaciones bovinas intensivas.
AdemĆ”s de las emisiones entĆ©ricas, la gestión del estiĆ©rcol es otro foco relevante. Cuando los excrementos se almacenan en balsas, lagunas o tanques en condiciones pobres en oxĆgeno, los microorganismos producen metano que se libera a la atmósfera si no se captura.
A escala global, se calcula que el ganado es responsable de alrededor de un tercio de las emisiones de metano de origen humano. Dado que la carne y los productos lĆ”cteos siguen siendo un componente importante de la dieta en muchos paĆses, reducir este tipo de emisiones implica cambios profundos en modelos productivos y de consumo.
Los cambios en la dieta, el fomento de alimentos de menor huella climĆ”tica y las mejoras en el manejo del ganado (incluyendo piensos mĆ”s eficientes, aditivos que reduzcan la producción interna de metano y sistemas de estiĆ©rcol que capturen el gas) son algunas de las vĆas seƱaladas por la comunidad cientĆfica y organismos internacionales para rebajar la contribución del sector agroganadero.
Metano de vertederos y aguas residuales
Los vertederos de residuos sólidos urbanos son otro gran foco de emisiones. A medida que la basura orgĆ”nica se descompone en ausencia de oxĆgeno, se forma biogĆ”s, una mezcla donde el metano es uno de los componentes principales.
En muchos paĆses, los vertederos son ya la tercera fuente de metano de origen humano. AdemĆ”s, el tratamiento de aguas residuales domĆ©sticas e industriales tambiĆ©n contribuye, especialmente cuando se usan sistemas que favorecen la descomposición anaerobia sin captación posterior del gas.
Una parte importante de este metano podrĆa evitarse o aprovecharse si se implantan sistemas de captación y uso energĆ©tico del biogĆ”s procedente de vertederos y plantas de tratamiento. Esto permitirĆa reducir emisiones y, al mismo tiempo, generar energĆa aprovechable a partir de residuos inevitables.
La experiencia europea muestra que reducir la cantidad de residuos orgĆ”nicos que acaban en vertedero es otra palanca poderosa. PolĆticas como la separación en origen de la fracción orgĆ”nica y el impulso al compostaje y la digestión anaerobia controlada han permitido en algunos casos reducir a la mitad las emisiones de metano en un par de dĆ©cadas.
En este sentido, las normas sobre vertido de residuos han sido clave para cambiar la gestión de la basura, limitando progresivamente lo que puede acabar en un vertedero convencional y obligando a tratar previamente una gran parte de los residuos biodegradables.
Medición y seguimiento del metano: satélites, aviones y observatorios
Para poder actuar sobre el metano hay que saber con precisión de dónde sale y en qué cantidad. Medir su concentración atmosférica global es relativamente sencillo, pero rastrear las fuentes concretas es bastante mÔs complejo.
Organismos como la NOAA mantienen redes de estaciones de muestreo repartidas por todo el mundo que miden concentraciones de metano y permiten seguir su evolución a lo largo del tiempo. AdemÔs, los registros de núcleos de hielo en la AntÔrtida y Groenlandia aportan datos históricos que muestran cómo ha cambiado el CH4 durante siglos.
En los últimos años se han desplegado instrumentos avanzados montados en aviones y satélites, capaces de detectar emisiones de metano desde el aire. Un ejemplo es el espectrómetro de imÔgenes AVIRIS-NG, que mide la luz reflejada por la superficie terrestre y detecta las huellas que dejan los gases de efecto invernadero en el espectro.
La NASA tambiĆ©n ha puesto en órbita el instrumento EMIT en la Estación Espacial Internacional, pensado inicialmente para estudiar el polvo mineral pero que ha demostrado gran utilidad para identificar āsuperemisoresā de metano: grandes focos de emisión puntuales, como instalaciones de petróleo y gas, vertederos o infraestructuras defectuosas.
AdemĆ”s de estos sistemas, nuevas misiones espaciales especĆficas, como satĆ©lites dedicados al seguimiento del metano, estĆ”n inaugurando una era de mayor transparencia. Estos datos se combinan con inventarios nacionales y mediciones de campo para ajustar las estimaciones de emisiones.
La respuesta internacional: UE, ONU, NASA y compromisos globales
La Unión Europea ha decidido situar el metano en el centro de su agenda climĆ”tica. En 2020 presentó su Estrategia sobre el Metano, que marca el camino para reducir las emisiones en sectores como la energĆa, los residuos y la agricultura.
Esta estrategia europea incluye medidas legislativas para medir, notificar y verificar las emisiones, establecer lĆmites estrictos al venteo y a la quema en antorcha, y obligar a las empresas a detectar y reparar fugas de forma periódica siguiendo las mejores prĆ”cticas internacionales.
La UE es uno de los mayores importadores de gas, petróleo y carbón del mundo, lo que significa que buena parte del metano asociado a su consumo se libera fuera de su territorio. Por ello, Bruselas quiere usar su peso como comprador para empujar cambios en los paĆses exportadores, vinculando el acceso al mercado europeo a estĆ”ndares mĆ”s exigentes sobre emisiones.
En el plano multilateral, la Unión Europea y Estados Unidos patrocinan el Compromiso Mundial sobre el Metano (Global Methane Pledge), lanzado en la COP26, cuyo objetivo es reducir colectivamente las emisiones globales de metano al menos un 30 % para 2030 respecto a los niveles de 2020.
Organismos de Naciones Unidas, como la Coalición Clima y Aire Limpio, trabajan con mĆŗltiples paĆses para diseƱar estrategias sectoriales, compartir tecnologĆas de reducción y reforzar las capacidades de medición. En este contexto, la creación del Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO) es un paso decisivo.
El Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO)
El IMEO, respaldado por Naciones Unidas y financiado en parte por la Unión Europea, se ha concebido como una pieza clave para mejorar la calidad y transparencia de los datos de emisiones de metano a nivel mundial.
Su función principal es recopilar, contrastar y analizar información procedente de inventarios oficiales, estudios cientĆficos, datos de empresas y mediciones satelitales y terrestres, para identificar brechas y discrepancias y ofrecer una imagen mĆ”s realista de las emisiones efectivas.
Disponer de datos independientes y fiables permite seƱalar a los grandes emisores, orientar las polĆticas de mitigación allĆ donde son mĆ”s efectivas y hacer un seguimiento del progreso a lo largo del tiempo. La idea es que la transparencia cree presión para actuar y facilite la rendición de cuentas.
La UE ha aportado financiación significativa para poner en marcha este observatorio, y el objetivo ahora es sumar mĆ”s paĆses y recursos para que pueda cubrir mejor el conjunto de fuentes, desde la industria fósil hasta la agricultura y los residuos.
Sin una medición robusta y comparable entre regiones, resultarĆa muy complicado evaluar si el mundo avanza realmente hacia los recortes de metano necesarios para mantener a raya el calentamiento global.
La situación del metano en España y los retos pendientes
En España, el metano es el segundo gas de efecto invernadero en importancia después del CO2. Representa en torno al 14-15 % del total de emisiones nacionales según los inventarios oficiales, por delante del óxido nitroso y de los gases fluorados.
Las principales fuentes de metano en el paĆs se concentran en dos grandes sectores: la agricultura y ganaderĆa, que agrupa en torno a dos tercios de las emisiones de CH4 (especialmente por fermentación entĆ©rica y gestión de estiĆ©rcoles), y el sector de residuos, que aporta una tercera parte aproximadamente, con el vertido de residuos sólidos como componente mĆ”s relevante.
La planificación energĆ©tica y climĆ”tica espaƱola actual, recogida en el Plan Nacional Integrado de EnergĆa y Clima, ha sido criticada por organizaciones ambientales porque no incorpora objetivos especĆficos y detallados para reducir el metano, a pesar de los compromisos internacionales asumidos.
España es firmante del Global Methane Pledge, con el que se compromete a contribuir a una reducción global del 30 % para 2030 respecto a 2020. Sin embargo, entidades como Ecologistas en Acción, ECODES, Fundación Renovables y otras han denunciado la falta de un plan nacional concreto de reducción de metano que marque metas claras por sectores.
Estos colectivos reclaman una disminución de entre el 40 % y el 45 % de las emisiones nacionales de metano para 2030, respecto a 2020, en lĆnea con lo que plantea la comunidad cientĆfica para mantener opciones realistas de cumplir los objetivos climĆ”ticos a medio y largo plazo.
Fugas, importaciones de gas y calidad de los datos
Otro aspecto delicado en el caso espaƱol tiene que ver con las fugas asociadas a los combustibles fósiles que se importan. Aunque el CO2 de su combustión se contabiliza dentro del paĆs, buena parte del metano que se libera en extracción y transporte queda fuera de las fronteras.
Informes basados en observaciones satelitales han identificado mĆ”s de un millar de fugas en los Ćŗltimos aƱos en paĆses exportadores de combustibles fósiles hacia EspaƱa, con especial protagonismo de productores como Argelia o Estados Unidos, donde se han detectado superemisores vinculados al gas fósil y al fracking.
AdemÔs, se han documentado fugas en infraestructuras de gestión de residuos dentro del propio territorio español, incluyendo episodios con emisiones horarias muy elevadas en vertederos cercanos a grandes ciudades. Estas situaciones ponen de manifiesto la necesidad de reforzar la vigilancia y el control.
Las organizaciones ambientales reclaman que el Estado ponga en marcha un sistema sólido de recopilación de datos, tanto cuantitativos como cualitativos, sobre las emisiones de metano asociadas a los combustibles fósiles que se importan. Insisten en que estos datos deben ser públicos, accesibles y verificables.
Entre las medidas propuestas figura la restricción de la compra de gas con altas fugas de metano, incluyendo el producido mediante fractura hidrĆ”ulica, asĆ como el impulso de estĆ”ndares que obliguen a los proveedores a adoptar tecnologĆas de reducción en toda la cadena de suministro.
Impactos del metano en clima, salud, agricultura y economĆa
El metano no solo impulsa el calentamiento global, tambiĆ©n tiene efectos en cascada sobre la salud humana, la producción agrĆcola y la economĆa mundial, en buena parte a travĆ©s de su papel en la formación de ozono troposfĆ©rico.
En tƩrminos climƔticos, el metano es el segundo gas que mƔs contribuye al cambio climƔtico despuƩs del CO2. Reducirlo ayuda a frenar el deshielo de casquetes polares, limitar la subida del nivel del mar y reducir el riesgo de desencadenar puntos de no retorno en el sistema climƔtico.
Desde el punto de vista sanitario, el metano es un precursor clave del ozono a nivel del suelo, un contaminante que afecta directamente a las vĆas respiratorias. Se estima que el ozono troposfĆ©rico estĆ” vinculado a alrededor de un millón de muertes prematuras por problemas respiratorios cada aƱo en el mundo.
En la agricultura, el aumento del ozono y de las temperaturas perjudica a cultivos bĆ”sicos, con pĆ©rdidas que pueden rondar hasta el 15 % de la producción anual en algunos contextos. Esto impacta tanto en la seguridad alimentaria como en los ingresos de millones de agricultores; para mĆ”s contexto sobre impactos en agricultura y energĆa consulte .
Los costes económicos asociados al metano son enormes: desde la pĆ©rdida de productividad por olas de calor hasta los gastos sanitarios adicionales. Sin embargo, muchos anĆ”lisis concluyen que la mayorĆa de medidas de reducción de metano salen a cuenta, ya que los beneficios sociales y económicos superan ampliamente los costes de implantación. VĆ©ase anĆ”lisis sobre pĆ©rdidas económicas por desastres que ayudan a dimensionar estos costes.
Soluciones y vĆas para reducir las emisiones de metano
Las posibilidades de recortar emisiones de metano son amplias y, en muchos casos, tecnológicamente maduras. Se pueden abordar en todos los grandes sectores emisores con una combinación de regulación, incentivos económicos y mejora tecnológica.
En la industria de combustibles fósiles, mejorar el equipamiento y la gestión de las instalaciones es una prioridad: detección sistemÔtica de fugas, reparación rÔpida, sustitución de equipos obsoletos, reducción del venteo rutinario y eliminación progresiva de la quema en antorcha cuando no sea estrictamente necesaria por seguridad.
En minerĆa de carbón, el gas que antes se ventilaba sin mĆ”s puede capturarse y aprovecharse como fuente de energĆa, reduciendo riesgos para los trabajadores y evitando emisiones directas a la atmósfera.
En el Ć”mbito agrĆcola, la mejora en el manejo del estiĆ©rcol y la alimentación del ganado puede recortar de forma notable las emisiones de metano. Sistemas como los digestores anaerobios permiten transformar estiĆ©rcoles en biogĆ”s Ćŗtil, reduciendo el impacto climĆ”tico y generando energĆa renovable.
En el sector de residuos urbanos, la clave estÔ en reducir la fracción orgÔnica que acaba en vertedero y capturar el biogÔs en los que sigan operando. La combinación de recogida separada, compostaje y digestión anaerobia controlada es una de las estrategias mÔs eficaces para limitar la generación de metano no gestionado.
El potencial de acción rÔpida: por qué el metano es una prioridad
Actuar sobre el metano ofrece un āgolpe de efectoā relativamente rĆ”pido en la lucha contra el cambio climĆ”tico. Por su vida corta, los recortes se traducen pronto en menores concentraciones y en un freno visible del ritmo de calentamiento.
Esto no sustituye a la necesidad de descarbonizar la economĆa y reducir el CO2, pero sĆ permite ganar un margen precioso para evitar los escenarios mĆ”s extremos mientras avanzan las transformaciones estructurales del sistema energĆ©tico, del transporte y de la industria.
La combinación de avances tecnológicos, presión regulatoria y compromiso internacional estÔ empezando a mover ficha en muchos sectores. Misiones espaciales, observatorios como el IMEO y nuevas normativas de transparencia pueden hacer que las emisiones ocultas dejen de serlo.
El reto ahora es traducir los compromisos y diagnósticos en recortes reales en la atmósfera, sector por sector y paĆs por paĆs, aprovechando que gran parte de las soluciones ya existen, son viables económicamente y, en muchos casos, incluso rentables.
Si se aprovecha bien esta ventana de oportunidad y se combina con una reducción ambiciosa del CO2, el metano puede dejar de ser ese āsegundo gas malditoā y convertirse en uno de los campos donde la acción climĆ”tica demuestre resultados tangibles en cuestión de pocos aƱos.
