SHOA descarta tsunami tras varios sismos en Tonga, Atlántico y Antártica chilena

  • SHOA descarta riesgo de tsunami en Chile tras fuertes sismos en Tonga, Atlántico y Territorio Chileno Antártico.
  • Los movimientos, de magnitudes entre 6,5 y 7,6, fueron analizados por el Sistema Nacional de Alarma de Maremotos (SNAM).
  • Senapred y SHOA mantienen monitoreo permanente de la cuenca del Pacífico y el Atlántico ante nuevos eventos.
  • Los sismos ocurrieron lejos de la zona de generación de tsunamis o no reunieron las condiciones necesarias para afectar la costa chilena.

Informe de SHOA sobre descarte de tsunami

En los últimos días, distintos sismos de mediana y gran magnitud en el océano Pacífico, el Atlántico y el Territorio Chileno Antártico han activado los protocolos de vigilancia de Chile, pero sin llegar a generar amenaza de tsunami para el país. Los reportes oficiales coinciden en que, pese a la fuerza de estos movimientos, ninguno cumplió los requisitos técnicos para originar un maremoto que afectara al borde costero nacional.

Tanto el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) han recalcado que el país cuenta con un sistema de alerta temprana y análisis continuo de la actividad sísmica global, lo que permite evaluar con rapidez cada evento y descartar, cuando corresponde, el riesgo de tsunami para Chile.

Terremotos en Tonga: magnitudes altas, sin riesgo de tsunami en Chile

Uno de los episodios que más atención generó fue un fuerte sismo de magnitud 7,5 registrado en el archipiélago de Tonga, en Oceanía, con referencia a unos 141 kilómetros al oeste de la localidad de Neiafu. A pesar de la elevada magnitud, los análisis oficiales concluyeron que no suponía amenaza de tsunami para el territorio chileno.

Según detalló el SHOA a través de su sistema de alerta, los datos preliminares de este movimiento indicaron que el evento se ubicó fuera de la zona clásica de generación de tsunamis del Pacífico, por lo que las condiciones no eran las adecuadas para producir un maremoto que llegara hasta las costas de Chile.

Senapred difundió el boletín en el que se indicaba que, de acuerdo con la evaluación del SHOA, “no existen las condiciones necesarias para generar un tsunami en las costas de Chile” frente a este terremoto en Tonga. El mensaje, replicado en sus canales oficiales, insistía en que no se emitieron ni alertas ni órdenes de evacuación para la población.

En paralelo, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) cifró esta actividad telúrica en magnitud 7,6, asociándola a la llamada Dorsal Mesoatlántica Septentrional, y detalló que se produjo a unos 237 kilómetros de profundidad. Con esos parámetros, el organismo norteamericano también apuntó que el evento no activó alerta, vigilancia ni amenazas de tsunami en la región del Pacífico.

En otro informe relacionado con Tonga, las autoridades chilenas analizaron un sismo de magnitud 6,6 ubicado aproximadamente a 699 kilómetros al noreste de Nukuʻalofa. El reporte del SHOA, procesado a través del Sistema Nacional de Alarma de Maremotos (SNAM), determinó igualmente que este temblor no reunía las características necesarias para generar un tsunami que afectara al país.

Evaluaciones del SNAM y papel del SHOA

Todos estos eventos son revisados en tiempo real por el Sistema Nacional de Alarma de Maremotos, plataforma a través de la cual el SHOA recibe los datos sísmicos globales y emite sus evaluaciones. Cada sismo relevante, ya sea por su magnitud o ubicación, pasa por un análisis que considera profundidad, mecanismo de ruptura, distancia a la costa y capacidad real de desplazar grandes volúmenes de agua.

En el caso de los temblores registrados en Tonga, los especialistas valoraron que, pese a las magnitudes superiores a 7 en algunos registros internacionales, el escenario no cumplía los criterios para un tsunami que alcanzara Chile. Según el SHOA, el origen y la configuración del evento indicaban que la energía liberada no se traduciría en un maremoto peligroso para el país.

De forma similar, cuando se produjo el terremoto de magnitud 6,6 al noreste de Nukuʻalofa, el organismo técnico chileno indicó que el movimiento fue procesado por el SNAM y que, tras la revisión, se concluyó que no era necesario activar alertas costeras. El mensaje a la población fue claro: no había riesgo de tsunami asociado a esa actividad telúrica en particular.

La coordinación con instituciones internacionales, como el USGS y otros centros de alerta de la cuenca del Pacífico, permite que el SHOA contraste parámetros y refine sus modelos con rapidez. Esta colaboración resulta clave para determinar en cuestión de minutos si un sismo puede transformarse en una amenaza real para el borde costero chileno.

Las autoridades recomiendan a la ciudadanía acceder a la información únicamente a través de canales oficiales, como la web del SNAM, las plataformas de Senapred y las cuentas institucionales verificadas en redes sociales, para evitar rumores y datos erróneos en momentos de alta sensibilidad.

Sismos frente a la Antártica chilena: sin condiciones para un maremoto

Otro de los episodios recientes que fue objeto de seguimiento se registró en el Territorio Chileno Antártico, en las cercanías de la Base Frei. Durante la noche, se produjeron dos sismos consecutivos que llevaron a activar los protocolos habituales de monitoreo por parte de los organismos técnicos y de emergencia chilenos.

El primer temblor se produjo a las 21:22 horas, con una magnitud inicial de 6,7 que luego fue ajustada a 6,5 por el Centro Sismológico Nacional. El epicentro se localizó a unos 173 kilómetros al noreste de Base Frei, con una profundidad cercana a los 10 kilómetros, datos que fueron difundidos en los reportes oficiales.

Menos de una hora después, a las 22:15 horas, un segundo sismo volvió a remecer la zona antártica. En este caso, la magnitud fue de 5,1 y la localización se estimó a alrededor de 174 kilómetros al noreste de la misma base. Pese a la sucesión de eventos, las evaluaciones técnicas apuntaron a que no existía peligro para la población ni para la infraestructura de la costa chilena continental.

Tras revisar la información, el SHOA informó que “no existen las condiciones necesarias para generar un tsunami en las costas de Chile” como consecuencia de estos movimientos en la Antártica. Es decir, la energía liberada y la configuración del sismo no eran compatibles con la generación de un maremoto que alcanzara el territorio nacional.

Las Unidades de Alerta Temprana de Senapred en las regiones de Aysén, Magallanes y Biobío comunicaron que se mantendría el monitoreo permanente de la situación, sin que se reportaran efectos en áreas pobladas ni interrupciones significativas en servicios básicos en el resto del país.

Fuerte sismo en el Atlántico norte también queda sin efecto para Chile

Además de los eventos en Tonga y la Antártica, Chile siguió de cerca un sismo de magnitud 6,8 registrado en el océano Atlántico, a gran distancia de las costas sudamericanas. La referencia geográfica se ubicó a unos 1.872 kilómetros al noreste de Bridgetown, en Barbados, en una zona asociada a la Dorsal Mesoatlántica Septentrional.

El SHOA informó mediante su sistema de alerta que este movimiento, pese a su magnitud, no reunía las condiciones para originar un tsunami que afectara a Chile. El propio sitio del organismo subrayó que el epicentro se encontraba fuera de la principal zona de generación de maremotos del océano Pacífico, lo que reduce drásticamente la posibilidad de impacto en el litoral chileno.

Por su parte, el USGS ajustó la magnitud a 6,7 y profundidad de 10 kilómetros, e indicó que la sacudida no generó “alerta, vigilancia o amenaza” de tsunami en el Caribe ni en otras áreas del Atlántico. Con esa información sobre la mesa, las autoridades chilenas se limitaron al seguimiento técnico, sin necesidad de acciones sobre la población.

Este tipo de eventos lejanos, aunque puedan llamar la atención por las cifras de magnitud, suelen tener un efecto muy limitado para la costa chilena si se ubican en sectores desacoplados de las grandes placas que afectan directamente al país. Por ello, los mensajes oficiales insisten en que la evaluación técnica es la que determina si existe realmente un riesgo o no.

En este caso, la conclusión fue clara: no había amenaza de tsunami para Chile, por lo que no se emitieron avisos más allá de los comunicados informativos dirigidos a autoridades y ciudadanía interesada en la actividad sísmica internacional.

Monitoreo continuo y recomendaciones para la ciudadanía

Todos estos episodios recientes muestran que Chile cuenta con una red de vigilancia sísmica y de tsunamis en funcionamiento constante, coordinada entre SHOA, Senapred y el Centro Sismológico Nacional, además de la colaboración con instituciones extranjeras. Cada sismo relevante se revisa en pocos minutos para determinar su posible impacto en el país.

Las autoridades recalcan que, ante cualquier movimiento telúrico significativo, la ciudadanía debe prestar atención solo a los canales oficiales de información: páginas web institucionales, alertas en aplicaciones y cuentas verificadas en redes sociales. De este modo se evita la propagación de rumores que puedan generar alarma innecesaria.

Aunque en los casos descritos se descartó la generación de tsunami, organismos como Senapred aprovechan estas situaciones para recordar la importancia de tener planes familiares de emergencia, conocer las rutas de evacuación en zonas costeras y saber identificar señales naturales de un posible maremoto, como un sismo muy fuerte o un retiro inusual del mar.

En la práctica, el mensaje que se repite es que Chile vive expuesto a una alta actividad sísmica por su ubicación en el Cinturón de Fuego del Pacífico, pero al mismo tiempo dispone de sistemas avanzados para evaluar con rapidez qué eventos pueden derivar en una amenaza real y cuáles, como los recientes en Tonga, Atlántico y Antártica, no implican riesgo de tsunami para la población.

Con varios sismos relevantes analizados en pocos días y todos ellos descartados como generadores de tsunami para Chile, las instituciones responsables de la vigilancia marina y sísmica refuerzan su papel como filtro técnico frente a la inquietud ciudadana, subrayando que la conjunción de magnitud, localización y profundidad es lo que determina si hay peligro para la costa, y que en estas ocasiones las condiciones simplemente no se dieron.