Sequías en Centroamérica: el PMA se adelanta a la crisis en el Corredor Seco

  • El Programa Mundial de Alimentos activa acciones anticipatorias ante la sequía en el Corredor Seco centroamericano.
  • Un total de 3,8 millones de dólares se destinan a Honduras, Guatemala y El Salvador para apoyar a más de 75.000 personas.
  • La falta de lluvias en mayo podría golpear la siembra de maíz, frijol y arroz y disparar los precios de los alimentos.
  • Cada dólar invertido en prevención puede ahorrar hasta siete en respuesta de emergencia, según el PMA.

Sequías en Centroamérica

Las sequías recurrentes en Centroamérica, especialmente en el llamado Corredor Seco, vuelven a encender las alarmas ante los pronósticos de un nuevo episodio intenso del fenómeno de El Niño. En esta amplia franja de territorio, que atraviesa varios países y llega hasta el sur de México, millones de familias dependen casi por completo de la lluvia para cultivar sus alimentos básicos.

Ante este escenario, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas ha decidido no esperar a que la crisis esté desatada y ha puesto en marcha un plan de acciones anticipatorias para reducir el impacto de la falta de agua sobre las comunidades más frágiles. La idea es actuar antes de que se pierdan las cosechas, se dispare el precio de los alimentos y aumente todavía más la inseguridad alimentaria en la región.

Un corredor vulnerable: pobreza extrema y alta exposición climática

El denominado Corredor Seco centroamericano abarca alrededor de 150.000 kilómetros cuadrados y alberga a unos 20 millones de personas, la mayoría dedicadas a la agricultura de subsistencia. Según datos de la organización humanitaria World Vision, aproximadamente el 73 % de la población vive en pobreza extrema, una cifra que ilustra hasta qué punto la sequía puede convertirse en un problema de supervivencia diaria.

Los estudios citados por el PMA apuntan a que este corredor agrícola está más expuesto al riesgo climático que otros territorios similares del planeta. Si se considerara como un país independiente, ocuparía la primera posición mundial en vulnerabilidad al cambio climático, lo que coloca a la región en el centro del debate internacional sobre adaptación y prevención.

Esa combinación de pobreza crónica, dependencia de la lluvia y variabilidad climática creciente se traduce en un escenario en el que cualquier episodio de sequía prolongada puede dejar a cientos de miles de familias sin reservas de alimentos ni ingresos suficientes. En muchos casos, la última salida termina siendo la migración forzada, tanto dentro de los propios países como hacia otros territorios del continente.

Las consecuencias de estas sequías no se quedan en el ámbito rural: la subida de los precios de los alimentos básicos alcanza también a las zonas urbanas, creando una presión adicional sobre hogares que ya destinan buena parte de su presupuesto a la cesta de la compra.

El Niño y las sequías recientes: una región en el punto de mira

Los meteorólogos llevan semanas advirtiendo de que El Niño podría intensificarse en los próximos meses, repitiendo un patrón que ya se vio entre 2015 y 2016 y de nuevo en 2023. En esos periodos, el fenómeno provocó sequías prolongadas en buena parte de Centroamérica, con graves repercusiones sobre la seguridad alimentaria.

El PMA recuerda que, cuando las lluvias se retrasan o prácticamente no llegan, la temporada agrícola conocida como “la primera” se ve directamente comprometida. Esta campaña es clave porque en ella se siembran maíz, frijol y arroz, los pilares de la dieta de millones de personas en la región.

Si en mayo, que es el periodo fundamental de siembra, las precipitaciones resultan escasas, la producción cae, las reservas familiares se agotan antes de tiempo y el mercado reacciona con aumentos de precios. Esa combinación de menor oferta y mayor coste golpea con especial dureza a las familias campesinas que ya viven al límite.

El recuerdo de las sequías asociadas a episodios pasados de El Niño ha llevado a los organismos internacionales a adelantar decisiones y a planificar intervenciones que no dependan de la declaración formal de una emergencia, sino de indicadores meteorológicos previamente definidos.

En este contexto, la región centroamericana se perfila como uno de los puntos calientes de la crisis climática global, con una necesidad cada vez más clara de reforzar los sistemas de alerta temprana, diversificar cultivos y mejorar el acceso a herramientas de gestión del riesgo.

3,8 millones de dólares en acciones anticipatorias para Honduras, Guatemala y El Salvador

Con este telón de fondo, el PMA ha activado un plan de medidas tempranas específicamente orientado al Corredor Seco de Honduras, Guatemala y El Salvador, con un presupuesto total de 3,8 millones de dólares. El objetivo principal es que más de 75.000 personas puedan prepararse antes de que la escasez de agua empiece a golpear de lleno sus cultivos y su economía doméstica.

Las acciones previstas combinan varias herramientas: transferencias monetarias directas para que las familias puedan asegurar la compra de alimentos y otros bienes básicos; distribución de granos para reforzar las reservas; y el envío de mensajes con orientaciones prácticas sobre cómo afrontar la sequía, tanto a nivel agrícola como de consumo de agua en el hogar.

Un elemento clave del plan es el seguimiento continuo de las estaciones meteorológicas, que permite activar automáticamente las intervenciones cuando se superan determinados umbrales de riesgo, sin necesidad de esperar a que la situación sea crítica. De este modo se gana tiempo y se aumenta la probabilidad de que las familias lleguen a la siguiente cosecha con algo de margen.

La directora regional del PMA para América Latina y el Caribe, Lena Savelli, ha subrayado que, en un contexto donde la agricultura de subsistencia es el sustento de cientos de miles de hogares, “la sequía puede arrasar con años de esfuerzo en cuestión de semanas”. Para la responsable del organismo, prepararse por adelantado equivale a defender la dignidad y el futuro de quienes dependen de la tierra.

Este tipo de apoyo no se limita a la entrega de ayuda puntual: forma parte de una estrategia más amplia orientada a reforzar la resiliencia comunitaria, mejorar las capacidades locales de respuesta y facilitar que los gobiernos nacionales incorporen estas herramientas de anticipación en sus propias políticas públicas.

Más de nueve millones de personas en inseguridad alimentaria en Centroamérica

Las cifras que maneja el PMA son contundentes: en América Central, se calcula que algo más de nueve millones de personas sufren inseguridad alimentaria, y una parte importante de ellas vive en el Corredor Seco. Esta situación no surge de la nada, sino que se ha ido agravando por la combinación de fenómenos climáticos extremos, crisis económicas y, en algunos países, inestabilidad social.

La presión sobre los recursos naturales también se intensifica: ante la falta de opciones, algunos hogares optan por prácticas que degradan el suelo o aceleran la deforestación, lo que a su vez empeora la capacidad de la tierra para retener agua y soportar nuevas sequías. Es un círculo vicioso que resulta difícil de romper sin intervenciones coordinadas y a varias escalas.

Desde la óptica europea, estos procesos de deterioro ambiental y social en Centroamérica no son ajenos, ya que flujos migratorios hacia el norte del continente y aumentan la inestabilidad regional, cuestiones que se siguen con atención tanto en Bruselas como en las capitales de los Estados miembros.

Por todo ello, los programas que persiguen reducir el riesgo de desastres, sostener los medios de vida rurales y estabilizar el acceso a los alimentos se consideran una pieza clave para evitar que las sequías deriven en crisis humanitarias más amplias.

Actuar antes que la emergencia: cómo funcionan las acciones anticipatorias

Las denominadas acciones anticipatorias se apoyan en un enfoque relativamente reciente dentro del ámbito humanitario: pasar de un modelo centrado casi exclusivamente en la respuesta a la emergencia a otro en el que se invierte parte de los recursos antes de que el desastre se materialice. En la práctica, esto significa diseñar planes de respuesta preacordados que se ponen en marcha automáticamente al cumplirse ciertos indicadores meteorológicos o de impacto.

En el caso de la sequía en Centroamérica, esos indicadores pueden ser, por ejemplo, niveles de precipitación muy por debajo de la media en un periodo concreto, previsiones estacionales desfavorables o señales persistentes de calentamiento en el Pacífico asociadas a El Niño. Cuando se cruzan esos umbrales, se autorizan desembolsos y se activa la ayuda sin necesidad de largas negociaciones.

El PMA insiste en que este enfoque tiene un claro componente de eficiencia: cada dólar invertido de forma anticipada en estos planes puede suponer un ahorro de hasta siete dólares en respuesta de emergencia. Es decir, resulta más rentable, en términos económicos y humanos, prevenir o amortiguar el golpe que reconstruir todo después.

Hasta la fecha, el organismo ha acompañado a gobiernos y comunidades de América Latina y el Caribe en la puesta en marcha de 11 planes de acción anticipatoria, y hay otros 10 en preparación. Desde 2022, estas iniciativas se han activado en 11 ocasiones en ocho países: República Dominicana, Guatemala, Haití, Honduras, Ecuador, Perú, Cuba y El Salvador, con más de 400.000 personas beneficiadas y una inversión aproximada de 11,1 millones de dólares.

Detrás de estos planes hay una red de colaboración que incluye a gobiernos nacionales, agencias de Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales, además del apoyo financiero de actores como el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF), la Oficina Europea de Ayuda Humanitaria (ECHO) y países donantes entre los que figuran Estados Unidos, Irlanda, Alemania y Canadá, entre otros.

Cooperación regional y mirada desde Europa

La puesta en marcha de estas acciones anticipatorias se enmarca en un esfuerzo más amplio de cooperación regional en Centroamérica. Los países de la zona trabajan de manera conjunta a través del Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres en América Central y República Dominicana (CEPREDENAC), que impulsa políticas para una gestión integral del riesgo adaptada a los retos climáticos actuales.

En este contexto, Ciudad de Panamá acoge el Foro Consultivo Regional de la Política Centroamericana para la Gestión Integral del Riesgo de Desastres, un espacio en el que se comparten experiencias, se analizan lecciones aprendidas y se buscan fórmulas para integrar la prevención de sequías, inundaciones y tormentas en la planificación de largo plazo.

Para la Unión Europea y, en particular, para España, este tipo de foros y mecanismos de coordinación son relevantes por varias razones: refuerzan la estabilidad en una región con fuertes vínculos históricos con el ámbito iberoamericano, favorecen la reducción de los flujos migratorios motivados por causas climáticas y abren la puerta a alianzas en materia de cooperación al desarrollo y acción climática.

No es casual que una parte de la financiación de estas iniciativas provenga de instrumentos europeos de ayuda humanitaria, como ECHO, ni que se esté promoviendo un enfoque que combina la asistencia inmediata con la construcción de resiliencia a largo plazo. La experiencia que se acumule en el Corredor Seco puede resultar de utilidad para otras regiones del mundo que afrontan desafíos similares.

Aunque la realidad sobre el terreno es compleja y no existen soluciones rápidas, la apuesta por intervenir antes de que la sequía se convierta en catástrofe marca un cambio de rumbo significativo en la forma de abordar el riesgo climático. Para las comunidades campesinas centroamericanas, ese cambio puede suponer la diferencia entre afrontar una mala temporada o verse arrastradas a una crisis de la que resulte muy difícil salir.

Todo este entramado de planes anticipatorios, cooperación regional y apoyo internacional dibuja un escenario en el que la lucha contra las sequías en Centroamérica pasa por adelantarse a los impactos, proteger los medios de vida rurales y contener el avance de la inseguridad alimentaria, con la vista puesta en evitar que las emergencias se repitan año tras año.

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