Récords de temperatura en el Mar Balear y un calentamiento que llega a las profundidades

  • El Mar Balear registra anomalías de entre 2 y 5 ºC por encima de lo normal y máximos históricos en junio y julio.
  • Se alcanza un récord de contenido de calor en capas intermedias y profundas, con una tendencia más intensa a 500 metros.
  • En 2025 se encadenan más de 200 días de olas de calor marinas y se registra por primera vez una severidad máxima en el Mar Balear y el de Alborán.
  • El calentamiento del Mediterráneo amenaza ecosistemas clave, reduce el oxígeno y favorece fenómenos meteorológicos extremos.

Mapa de registros de temperatura en el Mar Balear

El Mar Balear se ha convertido en uno de los grandes termómetros del cambio climático en el Mediterráneo. Durante 2025, sus aguas han marcado valores tan anómalos que los científicos hablan ya de un año excepcional incluso dentro de una década marcada por récords sucesivos.

Los datos recopilados por el Sistema de Predicción y Observación Costero de Baleares (Socib) muestran que no solo se han pulverizado marcas de temperatura en la superficie, sino que el calentamiento se está extendiendo hacia capas cada vez más profundas. Para los investigadores, la situación dibuja un escenario preocupante en una cuenca tan delicada como el Mediterráneo occidental.

Temperaturas disparadas en la superficie del Mar Balear

Playa y plantas
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Según los registros del Socib, las temperaturas promedio de la superficie del Mar Balear durante 2025 han estado sistemáticamente por encima de lo habitual. A lo largo del año, especialmente entre invierno y verano, las mediciones han revelado anomalías térmicas de entre 2 y 4 grados respecto a los valores considerados normales para la región.

La situación se volvió aún más extrema a principios de julio, cuando las aguas llegaron a registrar picos de hasta 5 ºC por encima de la media climática. Desde el punto de vista científico, un salto de esta magnitud supone un cambio enorme en un sistema tan inercial como el océano, y los expertos lo califican ya como un récord a nivel regional.

Estas desviaciones no se limitaron a momentos puntuales: el Mar Balear ha experimentado anomalías en todas las estaciones de 2025. Los episodios fueron importantes en invierno y primavera, pero fue en verano cuando la situación se desbordó, con señales claras de un calentamiento mucho más acusado de lo habitual.

Los satélites y las boyas de observación constatan que el mes de junio de 2025 ha sido el más cálido de toda la serie histórica para la zona, que se remonta a 1982. Desde que hay datos satelitales disponibles, nunca se habían medido temperaturas tan altas en la superficie marina del entorno balear en ese momento del año.

Junto a estos valores medios, los científicos destacan cifras locales muy llamativas: en algunas estaciones, como la boya de Dragonera, se alcanzaron registros de 31 ºC el 1 de julio, un valor inédito para un mes de julio en el área. Pocos días después, el 7 de julio, otras mediciones marcaron 28,5 ºC, una marca absoluta para esa fecha y que confirma la intensidad del episodio cálido.

El calor se hunde en profundidad: récords en capas intermedias

Más allá de lo que ocurre en la superficie, los investigadores advierten de un fenómeno que consideran incluso más inquietante: el contenido de calor en las capas profundas del Mar Balear también ha batido récords en 2025. Esto significa que no solo la “piel” del mar se está calentando, sino que la anomalía penetra cientos de metros hacia abajo.

El Socib utiliza diversas plataformas para vigilar este proceso, desde satélites hasta boyas fijas y sistemas móviles. Entre ellas destacan los planeadores submarinos y las boyas perfiladoras, que se desplazan verticalmente midiendo de forma continua la temperatura, la salinidad y la presión desde la superficie hasta profundidades de entre 150 y 700 metros.

Gracias a estas herramientas, los científicos pueden calcular lo que denominan el “contenido de calor” de toda la columna de agua, un indicador clave para saber cuánta energía está acumulando realmente el mar. Pues bien, los datos de este verano apuntan a que en las Islas Baleares se ha alcanzado un máximo histórico en este parámetro, especialmente en las capas intermedias.

Las mediciones muestran que la tendencia de calentamiento es más acusada alrededor de los 500 metros de profundidad que en la propia superficie. Esta situación preocupa especialmente a los especialistas, ya que el agua caliente, una vez se hunde y deja de intercambiarse con la atmósfera, resulta muy difícil de enfriar en escalas de tiempo humanas.

En otras palabras, parte del exceso de energía que está absorbiendo el mar se está “escondiendo” en zonas donde la ventilación es mucho menor. Esa acumulación de calor en profundidad puede condicionar durante años tanto la dinámica oceánica como la evolución de los ecosistemas, incluso aunque en la superficie las temperaturas bajen de forma puntual.

Olas de calor marinas: más de 200 días extremos en torno a Baleares

Cuando las temperaturas del océano se mantienen durante al menos cinco días por encima del valor que supera el 90 % de los registros históricos, los expertos hablan de “olas de calor marinas”. No se trata de episodios breves, sino de periodos prolongados en los que el mar permanece en un estado de calor extremo.

En el entorno de Baleares, el año 2022 ya fue un aviso: se contabilizaron 232 días de olas de calor marinas, una cifra que los científicos consideraron entonces desorbitada. Sin embargo, 2025 está siguiendo una trayectoria muy similar. Hasta principios de diciembre se acumulan alrededor de 210 días con olas de calor marinas en el área del archipiélago, tomando como referencia el periodo 1982-2015.

Los investigadores subrayan que la anomalía máxima se ha alcanzado precisamente este año. Aunque 2022 sigue siendo el ejercicio con más días de calor extremo acumulado, el nivel de severidad alcanzado en 2025 en el Mar Balear no tiene precedentes, y todavía queda margen para que la cifra de días extremos siga aumentando.

De hecho, durante junio y julio se registró por primera vez una ola de calor marina de categoría 3 de severidad tanto en el Mar Balear como en el de Alborán. Esta categoría, la más alta en la escala que se utiliza para clasificar estos fenómenos, indica un escenario de calor excepcionalmente intenso y persistente.

Los científicos recuerdan que, con este episodio, se encadenan ya tres años seguidos de récords de temperaturas oceánicas y de olas de calor marinas muy por encima de lo normal. Con los datos actuales, 2025 se perfila como otro año de récord en el Mediterráneo occidental y el cuarto ejercicio consecutivo con un comportamiento oceánico excepcionalmente anómalo.

El Mediterráneo, un punto caliente del cambio climático

Los especialistas en oceanografía física insisten en que todo este comportamiento no es fruto del azar. El océano funciona como un enorme almacén de calor y ya ha absorbido más del 90 % del exceso de energía generado por las actividades humanas desde la Revolución Industrial. Ese papel de amortiguador tiene un precio: sus aguas se están calentando de forma sostenida.

El Mediterráneo, y en particular el sector occidental donde se encuentra el Mar Balear, se considera una de las zonas más vulnerables del planeta al cambio climático. Se trata de una cuenca semicerrada, relativamente pequeña, con un intercambio de agua limitado con el océano Atlántico, lo que favorece que el calor se acumule con mayor facilidad.

A todo ello se suma que las olas de calor marinas suelen ir de la mano de las olas de calor atmosféricas. Cuando se encadenan varias jornadas de temperaturas del aire muy elevadas, cielos despejados y vientos débiles, el mar recibe una fuerte dosis de radiación solar, pierde menos calor por evaporación y se recalienta con rapidez.

Ese calentamiento no solo altera las condiciones físicas del agua, como su densidad o la estabilidad de las capas, sino que provoca una cascada de impactos biológicos y químicos que afectan desde la microfauna y el fitoplancton hasta los grandes vertebrados marinos.

Los expertos alertan de que, de mantenerse esta dinámica, los episodios de calor extremo en el Mediterráneo serán más frecuentes, duraderos e intensos. Lo que hace unas décadas era un evento excepcional se está convirtiendo en un rasgo recurrente de los veranos en el Mar Balear y otras cuencas vecinas.

Ecosistemas en jaque: de las praderas de posidonia a la tropicalización

Las consecuencias ecológicas de estos récords de temperatura en el Mar Balear ya se dejan notar en numerosos hábitats marinos. Los científicos describen un escenario en el que se combinan mortalidades masivas, cambios en la distribución de las especies y la llegada de organismos típicamente tropicales que encuentran en estas aguas condiciones cada vez más favorables; fenómeno que expertos comparan con la tropicalización del mar.

Entre los ecosistemas más afectados se encuentran las praderas de Posidonia oceánica, una planta marina endémica del Mediterráneo clave para la salud del mar. Estas praderas funcionan como auténticos bosques submarinos: fijan carbono, producen oxígeno, ofrecen refugio y zonas de cría a multitud de especies y ayudan a estabilizar los sedimentos, protegiendo las playas frente a la erosión.

El problema es que la Posidonia es muy sensible al calentamiento. Los estudios señalan que empieza a resentirse cuando el agua supera los 28 ºC durante periodos prolongados. A partir de los 30-31 ºC, los daños pueden ser irreversibles, con pérdida de hojas, disminución del crecimiento e incluso mortandad de las plantas. Dado que este verano se han registrado valores en ese rango en algunos puntos de Baleares, la preocupación entre la comunidad científica es evidente.

Pero la posidonia no es la única afectada. Se han observado episodios de mortalidad en corales, gorgonias y otros invertebrados sésiles, organismos que no pueden huir rápidamente de las zonas más cálidas y que sufren sobremortalidades cuando las olas de calor marinas se prolongan. En este contexto se han documentado casos similares a los descritos en los corales en otras regiones.

El calentamiento también se relaciona con el aumento de floraciones de algas nocivas y con cambios en los ciclos de reproducción y crecimiento de muchos peces comerciales. Especies que antes eran abundantes pueden retroceder, mientras que otras más propias de aguas cálidas encuentran en el Mediterráneo un nuevo hogar, un proceso que los especialistas describen como “tropicalización” del mar.

Menos oxígeno en el mar y más fenómenos extremos en la atmósfera

El incremento sostenido de la temperatura tiene además un efecto directo sobre el oxígeno disuelto en el agua. A medida que el mar se calienta, su capacidad para almacenar oxígeno disminuye, lo que puede conducir a zonas con niveles muy bajos de este gas esencial para la vida marina.

Los investigadores recuerdan que aproximadamente la mitad del oxígeno que respiramos procede del océano, generado en buena medida por el fitoplancton y otros organismos fotosintéticos. Aunque la mayor parte de ese oxígeno no llega directamente a la atmósfera que inhalamos, cualquier alteración significativa del equilibrio marino repercute en la estabilidad del sistema climático y biogeoquímico global.

A esto hay que añadir que unas aguas más cálidas aportan más calor y humedad a la atmósfera. Ese extra de energía se traduce en un combustible adicional para fenómenos meteorológicos extremos, como tormentas intensas y episodios de lluvia torrencial, algo que ya se ha observado en repetidas ocasiones en la cuenca mediterránea.

Conocer con exactitud cuánta energía se está almacenando en las capas intermedias y profundas del Mar Balear puede mejorar los modelos meteorológicos y climáticos. Al disponer de series largas de datos sobre el contenido de calor en la columna de agua, los centros de predicción pueden afinar sus pronósticos, sobre todo en lo que se refiere a sucesos de alta intensidad.

En este contexto, las plataformas de observación como satélites, boyas, gliders y estaciones costeras se han vuelto herramientas imprescindibles para vigilar la evolución del Mediterráneo y anticipar posibles impactos sobre las costas españolas y europeas.

Un desafío global con impacto directo en Baleares y el Mediterráneo occidental

Los récords de temperatura registrados en el Mar Balear durante 2025 se entienden como una manifestación local de un problema global: el calentamiento del océano ligado a las emisiones de gases de efecto invernadero. La comunidad científica insiste en que la única vía para frenar esta tendencia pasa por reducir de forma rápida y sostenida esas emisiones.

Los expertos subrayan la importancia de proteger los ecosistemas marinos más frágiles, como las praderas de posidonia o ciertos fondos rocosos que albergan grandes concentraciones de biodiversidad. A su juicio, mantener estos espacios en el mejor estado posible ayuda a que el mar tenga más capacidad de respuesta frente a los episodios extremos.

Además del calentamiento, el Mediterráneo soporta una fuerte presión por la sobrepesca, el tráfico marítimo, la contaminación y la urbanización costera. Todos estos factores reducen la resiliencia de los ecosistemas, es decir, su capacidad para adaptarse y recuperarse después de un evento de estrés como una ola de calor marina.

En Baleares y en el resto del Mediterráneo occidental, el reto pasa por combinar medidas de mitigación globales (reducir emisiones y transición energética) con acciones locales que mejoren la salud del mar: creación y ampliación de áreas marinas protegidas, restauración de praderas de posidonia, reducción de vertidos y una planificación más cuidadosa de las actividades en la franja litoral.

La sucesión de récords térmicos en el Mar Balear, la acumulación de calor en profundidad y el aumento de las olas de calor marinas son ya señales claras de que el Mediterráneo está cambiando a gran velocidad. Cómo se responda a este desafío en los próximos años será decisivo para determinar el futuro de sus ecosistemas, de la pesca, del turismo costero y de las comunidades que dependen directamente de la salud de este mar.