La última semana en Aragón ha sido de las que quitan el hipo, con un episodio de calor que ha dejado a todo el territorio bajo una solana de justicia. Lo que parecía un simple adelanto del verano se ha acabado convirtiendo en una situación meteorológica histórica, con los termómetros superando la barrera de los 30 grados de forma recurrente y dejando estampas más propias de pleno julio que de finales de mayo.
Las cifras oficiales de la Agencia Estatal de Meteorología no dejan lugar a dudas sobre la magnitud de lo vivido el pasado viernes. La localidad de Caspe se ha llevado el gato al agua en lo que a calor sofocante se refiere, registrando una marca que ya forma parte de las efemérides climáticas de la comunidad autónoma al pulverizar registros anteriores que parecían difíciles de alcanzar en estas fechas.
Un registro sin precedentes en el Bajo Aragón
Pasadas las cinco y media de la tarde, la estación meteorológica ubicada en Caspe-El Pilón marcó un hito al detenerse en los 39,4 grados centígrados. Con esta cifra, los habitantes de la zona vivieron una jornada de auténtico bochorno que desbancó los 38,7 grados registrados hace más de una década en La Almunia de Doña Godina. Caspe no solo fue el punto más caliente de la geografía aragonesa, sino que ostentó el título de lugar con más calor de toda España durante ese día.
El Bajo Aragón ha vuelto a demostrar que es una zona especialmente vulnerable cuando las masas de aire cálido se asientan en la península. Al estar a una altitud algo más elevada que el propio valle del Ebro, la radiación y el estancamiento térmico juegan malas pasadas, elevando las temperaturas en municipios como Alcañiz, que se quedó cerca con 38,5 grados, o Fraga y Tamarite de la Litera, donde el mercurio también rozó los 38 grados.
Zaragoza y el fenómeno de las noches tropicales
En la capital aragonesa el ambiente no fue mucho más fresco, aunque por los pelos no se llegó a batir el récord local. El termómetro del aeropuerto se plantó en los 37,4 grados, quedándose a tan solo una décima de igualar su máximo histórico para un mes de mayo. Sin embargo, lo que sí sufrieron los zaragozanos fue la primera noche tropical del año, con mínimas que no bajaron de los 20,1 grados, dificultando bastante el descanso nocturno en las viviendas de la ciudad.
Desde la delegación de la Aemet en Aragón se ha hecho hincapié en que este tipo de fenómenos extremos son, desgraciadamente, cada vez más habituales. El calentamiento del planeta está provocando que episodios de calor anormalmente elevado se repitan con mayor frecuencia e intensidad, adelantando los rigores del estío a meses tradicionalmente más suaves y forzando a la población a adaptarse a una meteorología cada vez más adversa y caprichosa.
Cambio en la previsión y alivio térmico
Por suerte para los que no llevan bien el calor excesivo, el tiempo va a dar un respiro inmediato. La entrada de una racha de viento del noroeste, nuestro conocido cierzo, va a ser la clave para que las temperaturas vuelvan a su ser de forma progresiva. Aunque todavía se mantienen algunos avisos activos, la tendencia es claramente a la baja, esperando que los valores se estabilicen en cifras mucho más razonables para estas fechas en las que nos encontramos.
Se espera que las máximas caigan de forma notable durante los próximos días, dejando atrás los sofocos de la semana pasada para situarse en el entorno de los 28 o 30 grados. No obstante, conviene no bajar la guardia, ya que los modelos meteorológicos a largo plazo sugieren que el viento del sur podría intentar asomar de nuevo el próximo fin de semana, aunque todavía existe mucha incertidumbre sobre si volveremos a vivir otro pico de calor tan intenso como el que acaba de situar a Caspe en los libros de historia del clima español.