Periodismo ambiental: origen, objetivos y grandes referentes

  • El periodismo ambiental explica la interacción entre sociedad y naturaleza con un enfoque riguroso, transversal y pedagógico.
  • En España y Latinoamérica ha crecido gracias a hitos históricos, redes profesionales y medios especializados como EFEverde.
  • Sus principales retos son la desinformación, la ecoansiedad y la falta de espacio estable en los medios generalistas.
  • La formación específica y el refuerzo ético son claves para consolidarlo como eje estratégico de la agenda informativa.

periodismo ambiental

El periodismo ambiental se ha convertido en una pieza clave para entender qué está pasando con el planeta, por qué ocurren determinados desastres ecológicos y qué podemos hacer, como ciudadanía, para afrontarlos. No se trata solo de contar incendios, vertidos o cumbres del clima: hablamos de una especialidad que cruza ciencia, política, economía, cultura, ética y movimientos sociales, y que tiene la difícil misión de explicar todo ese cóctel de forma clara y honesta.

Aunque a menudo se le sigue tratando como una sección “de relleno”, el periodismo centrado en el medio ambiente lleva décadas construyendo una mirada propia: rigurosa, contextualizada y con vocación pedagógica. Desde los primeros reportajes sobre contaminación de ríos o riesgos nucleares hasta las actuales coberturas de cambio climático, energía o crisis de la biodiversidad, esta rama del periodismo ha ido tejiendo redes profesionales, proyectos formativos, congresos y portales especializados en España, América Latina y otros países.

Qué es exactamente el periodismo ambiental

En términos generales, se entiende por periodismo ambiental la información elaborada por profesionales de la comunicación sobre temas relacionados con el medio ambiente y el conjunto de sistemas naturales y sociales en los que vivimos, dirigida a una audiencia amplia a través de los medios. No se limita a la naturaleza en sentido “verde” o paisajístico, sino que aborda la interacción constante entre seres humanos, otros seres vivos y su entorno.

El periodista Rogelio Fernández-Reyes lo define como el ejercicio especializado que se ocupa de la información generada por la relación del ser humano (y de los demás seres vivos) con su entorno, o del propio entorno en sí. Otros autores subrayan que es el área del periodismo que atiende la actualidad vinculada a intervenciones sobre la naturaleza, contextualiza los procesos y detalla las consecuencias, con especial atención a la degradación ambiental.

Para el uruguayo Víctor L. Bacchetta, el periodismo ambiental es el tratamiento mediático de los asuntos ligados al medio ambiente concebido como un entramado de sistemas naturales y sociales donde conviven los humanos con otros seres vivos. Esta visión deja claro que no se puede separar lo ecológico de lo social, lo económico o lo cultural.

En consecuencia, el periodismo ambiental se ha consolidado como una de las especialidades más amplias y complejas del oficio: combina ciencia (climatología —el trabajo de meteorólogos—, ecología, biología, geología), política pública, derechos humanos, economía, cultura, comunicación del riesgo, ética y hasta psicología social (para entender, por ejemplo, la ecoansiedad o la negación del cambio climático).

información ambiental en los medios

Objetivos centrales del periodismo ambiental

Esta especialidad no se limita a narrar hechos aislados. Entre sus objetivos principales destacan una serie de funciones que van mucho más allá de la simple crónica de sucesos ecológicos o de notas de prensa institucionales.

Uno de los propósitos esenciales es presentar rutas posibles hacia un desarrollo sostenible de forma didáctica y comprensible. El periodismo ambiental busca despertar conciencia, traduciendo conceptos técnicos en historias que cualquier persona pueda entender, sin perder rigor y sin caer en discursos vacíos de “greenwashing”.

También pretende ofrecer información nueva y útil que permita a la ciudadanía formarse una opinión fundamentada y tomar decisiones (de consumo, de voto, de estilo de vida) con más conocimiento de causa. Aquí el énfasis está en indagar en las causas de los problemas ecológicos, no quedarse solo en sus síntomas más espectaculares.

Otra meta clave es contribuir a la educación ambiental y en desarrollo sostenible. Eso supone ayudar al público a comprender la complejidad de la realidad, ordenando datos y conocimientos dispersos, y combatiendo visiones fragmentarias que impiden ver las conexiones entre energía, clima, salud, territorio o justicia social.

El periodismo ambiental busca, además, favorecer el debate público informado. Intenta que la audiencia piense, discuta, cuestione, participe y decida sobre su forma de vida y sobre las políticas que afectan a su entorno. No solo divulga, sino que genera conversación social y puede impulsar cambios culturales y normativos.

Otra línea de trabajo es poner el foco en los procesos y no solo en los hechos puntuales. Frente a la lógica habitual de la noticia “de impacto” (un derrame tóxico, un incendio forestal, una cumbre climática), el periodismo ambiental intenta mostrar las dinámicas de fondo: modelos productivos, marcos legales, decisiones empresariales, hábitos de consumo, tendencias de largo plazo.

Por último, entre sus objetivos figura analizar cómo tratan los medios tradicionales la información ambiental: qué temas se consideran noticiables, qué valores subyacen, qué se invisibiliza y por qué. A partir de estos estudios se cuestionan agendas informativas, enfoques catastrofistas o sesgados, y se proponen nuevas formas de narrar el medio ambiente.

Un periodismo entre la objetividad y el activismo

Muchos profesionales defienden que el periodismo ambiental debe situarse al margen de los movimientos ecologistas, igual que el periodista de tribunales no es juez ni abogado, o el de cultura no tiene por qué ser artista. Es decir, no es un portavoz del movimiento verde, sino un informador que aplica los mismos estándares que en economía o política.

Aun así, esta búsqueda de objetividad no está exenta de cierto componente activista. El simple hecho de explicar con rigor la crisis ecológica, desenmascarar intereses económicos o denunciar políticas regresivas tiene un efecto transformador: los medios pueden educar a gran escala y en muy poco tiempo.

Otros autores reclaman un periodismo honesto que reivindique la igualdad de la información ambiental respecto a otras secciones: no es un “extra” simpático de los domingos, sino una parte central de la realidad. El periodista especializado no tiene por qué militar en organizaciones ecologistas, pero su campo de trabajo sí tiene un enorme potencial formativo, lo quiera o no.

En la práctica, el periodismo ambiental se mueve en una tensión constante entre neutralidad profesional y compromiso con la defensa del interés público y de los derechos humanos (incluido el derecho a un medio ambiente sano). Esa tensión se hace muy visible en temas como cambio climático, grandes infraestructuras energéticas o conflictos socioambientales.

Orígenes del periodismo ambiental a nivel internacional

Las primeras coberturas centradas específicamente en el entorno comenzaron a cobrar fuerza tras la Segunda Guerra Mundial, en paralelo al auge de la ecología como disciplina y como preocupación pública en los países del llamado Primer Mundo. Desde los años 60 se multiplican los reportajes sobre contaminación industrial, seguridad nuclear, pesticidas o conservación de espacios naturales.

En los años 80 esta especialidad despega con más claridad en numerosos países desarrollados, mientras que en gran parte del llamado Tercer Mundo su consolidación se produce tras la Cumbre de la Tierra de Río 1992. A partir de ese momento, las agendas ambientales nacionales e internacionales se vuelven mucho más visibles, y los medios empiezan a dedicar secciones y equipos estables al tema.

En Brasil, por ejemplo, el “jornalismo ambiental” ha dado lugar a figuras profesionales muy reconocidas como André Trigueiro, Ulisses Nenê, Juárez Tosi, Tania Malheiros, Paulo Adario, Vilmar Berna, Roberto Villar Belmonte, Hiram Firmino, Carlos Tautz, André Muggiati, Carlos Matsubara, Dal Marcondes, Silvia Franz Marcuzzo, Luciano Lopes o Vinícius Carvalho, entre otros.

En el ámbito académico brasileño han surgido también iniciativas pioneras de formación, como el curso de Jornalismo Ambiental de la Universidade Federal do Rio Grande do Sul, coordinado por Ilza Maria Tourinho Girardi, o los trabajos del profesor Wilson Bueno en la Universidade Metodista de São Paulo, con investigaciones, publicaciones y proyectos digitales centrados en comunicación y medio ambiente.

La profesionalización se ha reforzado con la creación de redes como la Rede Brasileira de Jornalismo Ambiental (RBJA), un espacio de discusión en línea que agrupa a periodistas de todo el país. La RBJA organiza cada dos años el Congresso Brasileiro de Jornalismo Ambiental, cuyo objetivo es impulsar la “pauta” ecológica en las redacciones y compartir buenas prácticas de cobertura.

Medios y formatos de referencia en Brasil

En Brasil, los principales “vehículos” dedicados a temas ambientales son sobre todo portales digitales especializados. Entre ellos destacan EcoAgência, Meio Ambiente Hoje, Agência Envolverde, Jornal do Meio Ambiente, JB Ecológico, Revista Ecológico, Ambiente JÁ, O Eco, Estação Vida, Revista Eco 21 o Portal Amazônia, entre otros proyectos.

En televisión también existen referentes importantes, como los programas Globo Ecologia y Globo Mar en la cadena TV Globo, o Cidades e Soluções en el canal de noticias GloboNews. Estos espacios combinan reportajes, entrevistas y divulgación, y han sido clave para que temas como la deforestación amazónica o la contaminación urbana entren en el debate masivo.

El despegue del periodismo ambiental en España

En España, el periodismo ambiental como tal surge en los años 70 del siglo XX, muy ligado al movimiento antinuclear y al contexto de transición de la dictadura a la democracia. En esa época, buena parte del periodismo adopta posturas militantes y se alinea abiertamente con las luchas ecologistas y vecinales.

Como especialidad reconocible dentro de los medios, el periodismo ambiental se consolida a finales de los años 80 y principios de los 90 gracias al empuje de periodistas como Sofía Menéndez (pionera desde el Diario YA), Ángel Muñoz (El Independiente), Arturo Larena y Amanda García (Agencia EFE), Gustavo Catalán (Diario 16 / El Mundo) o J. Fernández (RNE), entre otros profesionales que comenzaron a reclamar espacio propio para estas informaciones.

En la obra “Dos siglos de periodismo ambiental”, Joaquín Fernández ubica el arranque simbólico de esta especialización en España en torno a la década de los 70, con tres hitos muy concretos que marcaron un antes y un después en la forma de tratar la información ecológica: el accidente nuclear de Palomares (1966), el conflicto por la desecación de las Tablas de Daimiel y la contaminación del río Tajo.

El accidente de avión con carga nuclear en Palomares, en Almería, en 1966, alarma a la opinión pública por los riesgos radiactivos y mete de lleno en la agenda la cuestión de la seguridad nuclear. Años después, la intención de desecar los humedales de las Tablas de Daimiel genera una fuerte movilización social y mediática que desemboca en su declaración como Parque Nacional en 1973.

Paralelamente, la grave contaminación del río Tajo, que algunos periódicos definieron como “una cloaca a cielo abierto”, dispara las alarmas sobre la gestión del agua y la falta de control sobre vertidos urbanos e industriales. Estos casos sucesivos obligan a los medios a ir más allá de la nota puntual y a seguir los temas con mayor profundidad y continuidad.

A estos episodios se suma, en plena década de los 70, el enorme impacto televisivo de “El hombre y la tierra”, la serie de Félix Rodríguez de la Fuente. Más allá de su valor divulgativo sobre fauna y paisajes, esta producción engancha a toda una generación con la naturaleza y abre la puerta a la aparición de las primeras revistas especializadas, como Alfalfa o El Ecologista.

En 1977 se crea en Barcelona el Colectivo de Periodistas Ecológicos, considerado la primera experiencia organizada de asociacionismo profesional ligada al periodismo ambiental en España. Todo este proceso, sumado a la consolidación de asociaciones ecologistas a escala estatal, da cuerpo a una comunidad de periodistas interesados en el medio ambiente.

El papel decisivo de la Agencia EFE y EFEverde

La Agencia EFE ha sido uno de los grandes motores del periodismo ambiental en España y América Latina. A partir de su sección de Cultura, Ciencia y Medio Ambiente, en 1992 crea un área específica de medio ambiente y pone en marcha programas de especialización impulsados desde la Fundación EFE, con Arturo Larena como figura clave.

Durante más de dos décadas, la agencia refuerza la cobertura ambiental con periodistas especializados, distribuyendo diariamente noticias que llegan a profesionales de más de 2.500 medios de comunicación. Este flujo continuo de información ambiental rigurosa resulta determinante para construir conciencia ecológica en buena parte de la sociedad hispanohablante.

En 2009 EFE decide dar un nuevo salto estratégico e incluye la información ambiental entre las siete áreas prioritarias a potenciar. Ese mismo año se presenta en el Congreso Internacional de Periodismo Ambiental de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla, la plataforma EFEverde, concebida como el gran proyecto global de periodismo ambiental en español.

EFEverde no se limita a publicar noticias: marca la entrada de la agencia en redes sociales, desarrolla portales web y aplicaciones móviles de información ambiental y lanza acciones de sensibilización. Un ejemplo llamativo fue la inclusión, en la “mochila olímpica” del equipo español en Londres 2012, de una guía sobre deporte y sostenibilidad elaborada por su equipo de periodistas.

El trabajo de EFEverde ha tenido también un fuerte componente europeo e internacional. A iniciativa suya y de SEO/BirdLife, la Comisión Europea, el Comité de las Regiones y el Parlamento Europeo acaban estableciendo el Día Europeo de la Red Natura 2000, a partir de un proyecto Life de comunicación centrado precisamente en esta red de espacios protegidos.

En 2015, EFEverde impulsa junto a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y la Alianza de Agencias de Noticias Públicas del Mediterráneo la Red de Periodistas Ambientales de Agencias del Mediterráneo, nacida en Málaga. Un año después, en la COP del clima de Marrakech, celebran su segundo encuentro, donde la agencia marroquí MAP anuncia la creación de MAP Ecology inspirándose en el modelo de EFEverde.

En 2017, Naciones Unidas designa a EFEverde como Media Partner de la COP 23 (Fiji-Bonn), reconocimiento al peso y la calidad de su trabajo. Y en mayo de 2018, la Comisión Europea le concede el Premio de Comunicación Ambiental de los Natura 2000 Awards, además de otorgarle ese mismo año el premio al mejor proyecto de información ambiental.

El periodismo ambiental en la España actual

Desde los años 70 hasta hoy, el mapa mediático ha cambiado radicalmente: digitalización, redes sociales, plataformas de streaming… Sin embargo, el periodismo ambiental sigue sin tener en muchos medios generalistas un espacio estructuralmente fuerte y estable. Las noticias sobre cambio climático, energía, plásticos o contaminación marina son cada vez más frecuentes, pero con frecuencia se tratan como piezas complementarias y no como parte troncal de la agenda.

El periodista Luis Guijarro ha llegado a calificar esta especialidad como una disciplina de “segunda división”, precisamente porque, aunque está en auge, aún se la relega en muchas redacciones frente a la información política o económica. No obstante, los impactos del calentamiento global, las guerras por recursos o las crisis de salud ambiental van empujando a que esa percepción cambie.

La Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA) ha jugado un papel esencial en este intento de consolidación, con congresos temáticos y debates públicos. En uno de sus encuentros recientes, titulado “Cambio climático, la noticia más urgente”, su presidenta, Clara Navío, lanzaba una llamada clara a directores y jefes de redacción: si las cúpulas de los medios no están convencidas de la importancia del cambio climático, la cobertura nunca tendrá la repercusión necesaria.

En este congreso se subrayó la importancia de publicar más información ambiental local y de forma sostenida en el tiempo; de evitar un enfoque exclusivamente catastrofista y apostar por la denuncia fundamentada y la objetividad; y de adoptar una mirada narrativa global, especialmente cuando hablamos de fenómenos como el cambio climático, que afectan literalmente a todo y a todos.

Becas y formación especializada para jóvenes periodistas

Conscientes de que hace falta relevo generacional bien preparado, la Fundación Biodiversidad y la Fundación EFE han impulsado diversas convocatorias de becas de periodismo ambiental autonómico. El objetivo es claro: promover la especialización práctica de jóvenes periodistas en la información ecológica, especialmente en el ámbito regional, mucho más cercano a la ciudadanía.

Estas becas, de un año de duración, permiten que una veintena de estudiantes de último curso de periodismo o recién titulados se incorporen a las delegaciones autonómicas de la Agencia EFE (Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Ceuta, Extremadura, Galicia, La Rioja, Madrid, Melilla, Murcia, Navarra, País Vasco y Valencia) para trabajar en información ambiental.

La idea de fondo es cubrir un vacío en el periodismo especializado en medio ambiente, formando profesionales rigurosos capaces de explicar un campo informativo cada vez más complejo. Al mismo tiempo, se pretende fortalecer la comunicación ambiental en la escala autonómica, la más próxima a la vida cotidiana de la gente: más y mejor información se traduce en mayor sensibilización social.

Desinformación, bulos y necesidad de ética profesional

El auge de las redes sociales, la polarización política y la velocidad del ciclo informativo han multiplicado la presencia de bulos y fake news en temas ambientales. La desinformación sobre cambio climático, por ejemplo, ha ido en aumento desde los acuerdos de París hasta las últimas COP, con mensajes negacionistas o confusos amplificados por determinados actores políticos y económicos.

En el XVI Congreso Nacional de Periodismo Ambiental, bajo el lema “Ante los bulos… vamos a contar verdades”, se abordó de frente esta problemática. El catedrático Carlos Elías insistió en la importancia del periodismo para sostener la democracia y en la necesidad de un código ético sólido que guíe la búsqueda de la verdad frente a las presiones y los intereses.

Elías recordaba, citando a Kapuściński, que los periodistas no son el “quinto poder”, sino los “limpiacristales” que deben mantener transparente el poder político y económico. Criticó la normalización de espacios televisivos que combinan posverdad y pseudociencia, y cuestionó que programas como Cuarto Milenio ocupen franjas de máxima audiencia con contenidos sin fundamento, mientras se difumina la frontera entre información y entretenimiento.

Durante el congreso, la periodista Rosa María Tristán, en representación de APIA, subrayó el daño que provocan los rumores, las fake news y el ruido digital cuando no hay verificación rigurosa. Para ella, es imprescindible que el periodismo y la ciencia compartan reglas de juego básicas, sin dejar que la pseudociencia ni el pseudo-periodismo se asienten como si fueran equivalentes a la información verificada.

También se debatió sobre el papel de plataformas como Wikipedia, donde la falta de revisión experta abre la puerta a errores graves en temas como el cambio climático, y sobre la influencia de fenómenos como el terraplanismo, alimentados por burbujas de redes sociales. Se defendió la necesidad de que las facultades de comunicación incluyan psicología social en sus planes de estudio para entender cómo se construyen creencias y se propagan los bulos.

En otra de las mesas, la consultora climática Mariana Castaño, fundadora de 10 Billion Solutions, habló de la dificultad de “poner puertas al campo” frente a las mentiras sobre el clima difundidas por algunos partidos o líderes que buscan votos o favores de la industria de los combustibles fósiles. Junto a ella, la periodista Caty Arévalo, de EFE, planteó que el movimiento ecologista puede aprender mucho de las estrategias feministas en redes sociales, y citó ejemplos como la decisión de determinadas responsables políticas de no posar en fotos en las que solo aparecen hombres.

El psicólogo y divulgador Ramón Nogueras aportó una mirada sobre la ecoansiedad y la negación: para nuestro cerebro, a menudo es más cómodo negar el problema que afrontarlo. De ahí que muchos expertos defiendan contar el cambio climático no solo desde el desastre, sino también desde las soluciones e iniciativas en marcha que ayudan a gestionar mejor el miedo y la sensación de impotencia.

Fuentes y actores del periodismo ambiental

Como en otras especialidades, las fuentes del periodismo ambiental pueden agruparse en varias categorías. Por un lado están los protagonistas directos de los conflictos ambientales: movimientos ecologistas, colectivos vecinales, comunidades afectadas, ONG y también entidades responsables de delitos ambientales (empresas, administraciones negligentes, mafias de residuos, etc.).

En segundo lugar encontramos a las autoridades y organismos públicos: ministerios de medio ambiente o transición ecológica, consejerías autonómicas, ayuntamientos, agencias de protección ambiental, parques nacionales, confederaciones hidrográficas, etc. Sus decisiones normativas, planes de gestión y datos oficiales son clave para contextualizar la información.

El tercer bloque lo ocupan los especialistas científicos y técnicos: investigadores, biólogos, ecólogos, climatólogos, zoólogos, botánicos, agrónomos, economistas ambientales, sociólogos, juristas del medio ambiente… Sin su conocimiento experto es muy difícil traducir estudios, informes y evaluaciones de impacto a un lenguaje comprensible.

Finalmente, los usuarios o ciudadanía constituyen otra fuente imprescindible: habitantes de zonas afectadas, colectivos profesionales que viven de recursos naturales (pesca, agricultura, turismo), consumidores organizados, estudiantes, etc. Sus testimonios dan dimensión humana a cuestiones que a veces se perciben como demasiado técnicas o lejanas.

En el caso español, son especialmente relevantes organizaciones como el Partido Verde en distintos ámbitos, Equo, y ONG como WWF, SEO/BirdLife, Oceana, Ecooo o Amigos de la Tierra, además de numerosas entidades científicas y académicas que aportan datos, análisis y propuestas sobre temas muy variados, desde biodiversidad hasta energía o residuos.

Referencias, recursos y redes en distintos idiomas

La consolidación del periodismo ambiental como campo de estudio se refleja en una amplia bibliografía especializada. Entre los trabajos más citados en español y portugués figuran obras de Miriam Santini de Abreu, Antonio Teixeira Barros, Jorge Pedro Sousa, Wilson da Costa Bueno, Ada de Freitas Maneti Dencker, Margarida Maria Krohling Kunsch, Ilza M. T. Girardi, Reges Schwaab, Schirley Luft, José María Montero Sandoval, Luísa Schmidt, André Trigueiro, Sérgio Vilas Boas o Peter Nelson, entre otros.

En el ámbito iberoamericano destacan especialmente las investigaciones de Rogelio Fernández-Reyes sobre el tratamiento del vertido de Aznalcóllar en El País, su reflexión sobre la definición de periodismo ambiental y sus aportes a la bibliografía del sector. También resultan de referencia manuales prácticos como “Dez Dicas Práticas para Reportagens sobre o Meio Ambiente” (WWF, 1994) o “Formação & Informação ambiental: jornalismo para iniciados e leigos”.

En España, además de los libros de Joaquín Fernández o José María Montero Sandoval, son importantes guías como la “Guía para periodistas sobre cambio climático y negociación internacional” o materiales producidos por EFEverde y SEO/BirdLife, como “La Red Natura 2000. Una guía para comunicadores”, que ayudan a los periodistas a abordar temas complejos con una base sólida.

En cuanto a medios especializados en lengua española, sobresalen plataformas como EFEverde (España), la Revista Claves21 – Periodismo Ambiental (Argentina), ComAmbiental y la Unión de Periodistas Ambientales de Latinoamérica. En inglés, se recogen iniciativas como Agenda 21 en el Center for a World in Balance; y en portugués, portales sobre “Jornalismo Ambiental no Brasil e no Mundo”, así como artículos y proyectos centrados en un “jornalismo ambiental militante”.

La investigación académica también se ha fijado en el tratamiento ambiental en medios digitales concretos, como los estudios de Herly Quiñónez sobre noticias ambientales en portales venezolanos (Noticias 24, Reporte 360) y en diarios como El Nacional y El Universal. Estos trabajos permiten identificar tendencias, carencias y buenas prácticas en la cobertura online.

Retos actuales y mirada de futuro

El periodismo ambiental se mueve hoy entre varios frentes: la urgencia de la crisis ecológica, la saturación informativa, la desinformación organizada y la precariedad laboral en los medios. Todo ello obliga a quienes se dedican a esta especialidad a ser especialmente cuidadosos con la verificación, la selección de fuentes y el contexto.

Por un lado, se reclama que la información ambiental deje de ser un “complemento” para convertirse en un eje estratégico de las redacciones, al nivel de la política o la economía. Por otro, se insiste en la necesidad de diversificar formatos (podcasts, vídeos, newsletters, redes sociales) sin renunciar al rigor, como demuestran proyectos como el podcast “Del Jable al Malpey”, que combina entrevistas, análisis y cultura ambiental.

Al mismo tiempo, se está tomando conciencia del impacto emocional de la información ecológica: fenómenos como la ecoansiedad obligan a repensar cómo se cuentan las crisis sin paralizar a la audiencia. De ahí la importancia de incorporar enfoques que muestren también soluciones, proyectos inspiradores y ejemplos de resiliencia comunitaria.

En medio de todo este panorama, el periodismo ambiental se configura como una herramienta imprescindible para defender la transparencia, la democracia y el derecho a un entorno sano. Su futuro pasa por reforzar la formación, mejorar las condiciones laborales de quienes lo ejercen, tejer alianzas con la comunidad científica y aprovechar las nuevas tecnologías sin perder la esencia del oficio: buscar y contar la verdad con honestidad y responsabilidad.

clima y meteorologia
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