Organización Meteorológica Mundial: funciones, países miembros y papel en salud y clima

  • La Organización Meteorológica Mundial coordina la cooperación internacional en meteorología, clima e hidrología, con 191 Estados y territorios miembros.
  • Su estructura de gobierno, encabezada por el Congreso Meteorológico Mundial y el Consejo Ejecutivo, fija la política general y los programas estratégicos.
  • Entre sus prioridades destacan la reducción del riesgo de desastres, los servicios climáticos para la adaptación al cambio climático y el refuerzo de capacidades en países con menos recursos.
  • La OMM trabaja estrechamente con la OMS para integrar información climática y ambiental en la salud pública mediante alertas tempranas, boletines, normas técnicas y proyectos piloto.

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La Organización Meteorológica Mundial (OMM) es una de esas instituciones que casi siempre están en segundo plano, pero de las que dependemos a diario cuando miramos el parte del tiempo, seguimos noticias sobre olas de calor, hablamos de calidad del aire o escuchamos alertas por temporales. Aunque muchas veces solo se la menciona de pasada en los medios, detrás hay una red inmensa de cooperación científica y técnica que une a casi todos los países del planeta.

Esta organización, vinculada al sistema de Naciones Unidas, actúa como referente internacional en meteorología, clima, hidrología y ciencias afines, coordinando datos, estándares y servicios que luego utilizan los servicios meteorológicos nacionales, los gobiernos y organismos como la OMS. Además, desempeña un papel creciente en ámbitos clave como la salud pública, la gestión del agua, la reducción del riesgo de desastres o la adaptación al cambio climático, algo especialmente importante en un contexto de emergencias climáticas cada vez más frecuentes.

Qué es la Organización Meteorológica Mundial y cómo surgió

La OMM es el organismo especializado de las Naciones Unidas encargado de todo lo relacionado con el estado de la atmósfera, su interacción con los océanos, el clima que se genera a partir de esa relación y la distribución de los recursos hídricos derivados del ciclo del agua. Actúa como voz autorizada a nivel mundial cuando se habla de cambio climático, fenómenos extremos, vigilancia atmosférica o recursos hidrológicos.

Su origen se remonta a finales del siglo XIX. Antes de la OMM existió la Organización Meteorológica Internacional (OMI), creada en Viena en 1873. Aquella estructura pionera fue una de las primeras experiencias de cooperación científica internacional organizada con un objetivo social muy claro: compartir observaciones y conocimientos para mejorar la predicción del tiempo y reducir riesgos para la población, la navegación y la agricultura.

Tras la Segunda Guerra Mundial, y en un contexto de reorganización del sistema internacional, se vio necesario dotar a esa cooperación de un marco institucional más sólido e integrado en Naciones Unidas. Así, en 1947 se estableció en Ginebra la Organización Meteorológica Mundial, que entró en funcionamiento en 1950 como organismo especializado para meteorología (tiempo y clima), hidrología operativa y disciplinas geofísicas relacionadas.

Desde entonces ha evolucionado hasta convertirse en el punto de encuentro de casi todos los servicios meteorológicos e hidrológicos del mundo. Actualmente la OMM cuenta con 191 Miembros: 185 son Estados y 6 son territorios. Esto asegura una cobertura casi universal en la observación y el intercambio de datos atmosféricos y climáticos, algo imprescindible para elaborar predicciones fiables y estudios globales sobre el clima.

En el plano institucional, la OMM está dirigida por un Presidente elegido por el Congreso Meteorológico Mundial. El alemán Gerhard Adrian ocupa actualmente la Presidencia, mientras que el cargo de Secretario General lo desempeña el finés Petteri Taalas, máximo responsable de la gestión diaria y de la ejecución de los programas de la organización.

Estructura de gobierno y funcionamiento interno de la OMM

La OMM se apoya en una estructura de gobierno que le permite combinar la representación política de los Estados Miembros con la coordinación técnica y científica de sus programas. El órgano de máximo nivel es el Congreso Meteorológico Mundial, complementado por un Consejo Ejecutivo y por diversas comisiones y oficinas regionales.

El Congreso Meteorológico Mundial es el órgano supremo de la organización. Reúne cada cuatro años a los representantes de todos los Países Miembros para fijar la orientación general de la OMM. En estas reuniones se aprueba la política global, se decide el programa de trabajo para el siguiente periodo y se adopta el presupuesto de la organización, además de acordarse reformas, prioridades estratégicas y nuevas iniciativas.

Durante el Congreso celebrado en junio de 2015 se acordó un plan estratégico muy completo con varias líneas prioritarias. Entre los grandes ejes acordados destacan la reducción del riesgo de desastres asociados a fenómenos meteorológicos e hidrológicos, el impulso de los servicios climáticos para apoyar la adaptación al cambio climático y el desarrollo sostenible, el refuerzo de la capacidad de los países en desarrollo y el fortalecimiento de los sistemas de observación e información.

El segundo gran órgano de gobierno es el Consejo Ejecutivo, que se reúne al menos una vez al año. Este Consejo se encarga de preparar estudios y recomendaciones para el Congreso, coordinar los diferentes programas de la organización, velar por la aplicación de las resoluciones aprobadas y proporcionar asesoramiento técnico a los Miembros. Sus integrantes suelen ser directores de servicios meteorológicos nacionales u otras figuras de alto nivel en este ámbito.

Además, la OMM cuenta con diversas estructuras regionales y temáticas (asociaciones regionales, comisiones técnicas, centros especializados) que permiten adaptar las decisiones globales a las realidades concretas de cada región y disciplina científica. Esto incluye oficinas de enlace en ciudades clave como Nueva York y Bruselas, que facilitan la interacción con otros organismos de Naciones Unidas, instituciones europeas y socios internacionales.

Estados miembros y representación de países concretos

La integración en la OMM es prácticamente global. Casi todos los países del mundo participan en esta red, aportando datos observacionales, personal experto y apoyo político. Esta participación amplia garantiza que la información meteorológica y climática sea verdaderamente planetaria, algo sin lo cual sería imposible entender, por ejemplo, los patrones de circulación atmosférica o el comportamiento de los océanos.

España es uno de los Estados Miembros que mantiene una colaboración muy activa con la organización. A través de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), nuestro país participa en programas, redes de observación, proyectos de investigación y grupos de trabajo, y contribuye a estudios sobre el clima en España. El Presidente de AEMET, Miguel Ángel López, forma parte del Consejo Ejecutivo de la OMM y actúa como Representante Permanente de España ante la organización.

En el ámbito diplomático, la representación española ante la OMM está formalmente asignada a personal acreditado, como el Primer Secretario Javier Soria Quintana, que figura como responsable de esta representación desde el organismo correspondiente. Esta doble vertiente, técnica (AEMET) y diplomática, permite defender los intereses del país, compartir capacidades y beneficiarse de la cooperación internacional en meteorología e hidrología.

Otro ejemplo relevante en la región iberoamericana es Colombia. Este país se incorporó a la OMM el 5 de enero de 1962, consolidando su participación en la red mundial de observación y servicios climáticos. En el caso colombiano, la institución que ejerce como representante es el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), que canaliza la relación con la OMM, participa en foros técnicos y aplica a nivel nacional los estándares y recomendaciones internacionales.

La sede central de la organización se encuentra en Ginebra, desde donde se coordina la red global. Para facilitar la interlocución con otros actores clave se han establecido, además, oficinas de enlace en Nueva York y Bruselas, que actúan como puntos de contacto y coordinación con distintas estructuras del sistema de Naciones Unidas y con organizaciones regionales.

Áreas prioritarias del plan estratégico de la OMM

La OMM no se limita a recopilar datos meteorológicos. En los últimos años ha ido perfilando una agenda estratégica muy clara, centrada en aprovechar la información sobre el clima, la atmósfera y el agua para reducir riesgos, proteger a la población y respaldar políticas públicas en distintos ámbitos. El plan estratégico aprobado en 2015 recogía una serie de prioridades que siguen marcando el rumbo de la organización.

Una de las líneas centrales es la reducción de los riesgos de desastre. Esto incluye todos aquellos fenómenos de alto impacto, como tormentas severas, inundaciones y precipitaciones extremas, sequías prolongadas, olas de calor, temporales costeros o tormentas de arena y polvo. El objetivo es mejorar la capacidad de los países para anticipar estos eventos, emitir alertas tempranas y tomar decisiones basadas en el impacto esperado sobre la población y las infraestructuras.

Otra prioridad clave son los servicios climáticos orientados a la adaptación al cambio climático y al desarrollo sostenible. Aquí la OMM impulsa la utilización de información climática fiable (tanto histórica como prospectiva) en sectores como la agricultura, la gestión del agua, la energía, la salud, la planificación urbana o el turismo. El propósito es que las decisiones estratégicas se apoyen en datos científicos, y no solo en la experiencia pasada o en intuiciones.

El desarrollo de capacidades en los países con menos recursos es otro de los pilares estratégicos. La organización promueve programas de formación, intercambio de buenas prácticas, proyectos de cooperación y dotación de infraestructuras para reforzar los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales, de modo que puedan ofrecer servicios de calidad a su población y participar activamente en la red global.

También ocupan un lugar destacado en el plan las actividades de investigación y seguimiento en regiones polares y de alta montaña. Estas zonas son extremadamente sensibles al calentamiento global y tienen un papel clave en la regulación del clima mundial y en la disponibilidad de recursos hídricos. Por ello, la OMM impulsa programas específicos de observación, modelización y análisis en el Ártico, la Antártida y las grandes cadenas montañosas.

Finalmente, otro elemento estratégico es el refuerzo de los sistemas de observación e información, así como un enfoque urbano más transversal y una mayor atención a la meteorología marina. Esto supone modernizar redes de estaciones, satélites, radares y sistemas de comunicación, al tiempo que se reconoce la importancia de las ciudades y los entornos costeros como espacios particularmente vulnerables a fenómenos extremos y al cambio climático.

Clima y salud: la colaboración OMM-OMS y los servicios para proteger a la población

Uno de los campos en los que más ha crecido la actuación de la OMM en los últimos años es la relación entre clima y salud. Cada vez está más claro que las condiciones meteorológicas, la variabilidad climática y la contaminación atmosférica influyen de forma directa en enfermedades respiratorias, cardiovasculares, golpes de calor, propagación de vectores o calidad del agua.

Para hacer frente a este reto, la comunidad de la OMM —incluidos los Estados Miembros de la Asociación Regional VI (Europa, Cáucaso Meridional, Oriente Medio y Kazajistán)— trabaja de manera estrecha con la Oficina Conjunta OMM-OMS sobre Clima y Salud y con la Oficina Regional de la OMM para Europa. El objetivo es integrar la información climática, meteorológica y medioambiental en los servicios y en la toma de decisiones del sector sanitario.

Estas actuaciones se basan en los grandes instrumentos políticos de la organización: el Marco Mundial para los Servicios Climáticos, la Política Unificada de Datos y los Planes Estratégicos y Operativos de la OMM. Al mismo tiempo, se alinean con las prioridades del sector salud gracias a la colaboración con la Organización Mundial de la Salud, otros organismos de Naciones Unidas y los gobiernos nacionales que gestionan sus propios sistemas sanitarios.

1. Servicios climáticos y ambientales operativos para la salud

Una parte fundamental de esta labor es el apoyo al desarrollo de sistemas de alerta temprana y servicios climáticos orientados a la salud pública. La idea es que la información meteorológica y climática no se quede en un parte del tiempo genérico, sino que se traduzca en decisiones concretas para proteger a la población, especialmente a los grupos más vulnerables.

Entre estos servicios destacan los sistemas de alerta temprana sobre calor y salud, que permiten a las autoridades activar planes de respuesta cuando se prevén olas de calor extremas. Esto puede incluir desde campañas de comunicación recomendando hidratarse y evitar la exposición en las horas centrales, hasta la habilitación de espacios climatizados para personas mayores o con patologías de riesgo.

Otro ámbito clave es la calidad del aire y la radiación ultravioleta. La OMM impulsa la integración de datos en tiempo real y previsiones sobre contaminantes atmosféricos e índice UV en sistemas de información dirigidos al público. Así, se facilita que la ciudadanía y los responsables sanitarios puedan adaptar actividades al aire libre, recomendar medidas de protección o activar niveles de alerta en función de la situación prevista. Para profundizar en problemas y soluciones sobre la calidad del aire y su impacto en la salud, existen análisis regionales y casos de estudio.

La organización también promueve el uso de los denominados Climate Watch Advisories, avisos que resaltan anomalías climáticas de alto impacto —como periodos de calor prolongado o episodios de sequía intensa— para orientar la preparación del sistema de salud. Estos informes permiten anticipar picos de demanda sanitaria relacionados con el estrés térmico, la escasez de agua o el agravamiento de enfermedades respiratorias.

En regiones áridas y semiáridas cobra gran importancia la predicción de tormentas de arena y polvo. A través de la red del Sistema de Asesoramiento y Evaluación de Tormentas de Arena y Polvo (SDS-WAS) de la OMM se generan datos y avisos específicos sobre estos fenómenos, que están asociados a riesgos respiratorios y cardiovasculares significativos, sobre todo para personas con patologías previas. La literatura sobre tormentas de arena y polvo explica sus efectos transregionales.

Por último, el Sistema de Estado Hidrológico y Perspectivas ofrece un seguimiento continuo de la situación hidrológica para anticipar riesgos de escasez de agua. Esto tiene implicaciones muy claras sobre la deshidratación, la higiene y la posible aparición de brotes de enfermedades de transmisión hídrica, por lo que resulta esencial para los sistemas de salud y las autoridades responsables del abastecimiento.

2. Guías técnicas, monitoreo y herramientas de apoyo

Además de los servicios operativos, la OMM contribuye con una amplia gama de normas técnicas, plataformas de datos y sistemas de monitoreo que sirven de base para la toma de decisiones en salud pública basada en evidencias. Estas herramientas ayudan a interpretar la información climática en clave sanitaria.

Entre los recursos más destacados se encuentran los boletines conjuntos sobre clima y salud publicados junto con la OMS, que analizan de forma periódica cómo interactúan el clima y determinados problemas de salud. Estos documentos ofrecen una visión estacional y temática muy útil para planificar campañas sanitarias y reforzar determinados servicios en momentos críticos.

El Boletín de gases de efecto invernadero de la OMM constituye otro producto de referencia. Este boletín recoge las tendencias de las principales emisiones que impulsan el cambio climático, lo que a su vez influye en la carga de enfermedad asociada a fenómenos extremos, contaminación del aire, seguridad alimentaria y otros factores conectados con la salud.

La organización elabora también directrices específicas sobre sistemas de alerta temprana en materia de calor y salud, que sirven como guía para que los países diseñen e implementen sus propios sistemas a escala nacional o regional. Estas guías incluyen recomendaciones técnicas, ejemplos de buenas prácticas y criterios de evaluación.

Dentro del Marco Mundial para los Servicios Climáticos existe un documento denominado Health Exemplar, que fija prioridades y líneas de acción para integrar al sector salud de forma sistemática en la planificación climática. Este enfoque favorece una cooperación más estrecha entre meteorólogos, epidemiólogos, gestores sanitarios y responsables políticos.

Todo ello se apoya en la Política Unificada de Datos de la OMM, que promueve el acceso libre y abierto a conjuntos de datos fundamentales para la modelización de la salud y el medio ambiente. Gracias a esta política, investigadores y autoridades pueden utilizar información climática y atmosférica de alta calidad para desarrollar modelos predictivos, mapas de riesgo y herramientas de apoyo a la decisión.

3. Fortalecimiento de capacidades y colaboración regional

Otro de los frentes de trabajo de la OMM en la intersección clima-salud es el desarrollo de capacidades de los países y la promoción de alianzas regionales. Muchos servicios meteorológicos e hidrológicos están todavía en fases de consolidación y necesitan apoyo específico para ofrecer productos útiles al sector sanitario.

La organización impulsa talleres técnicos y acciones de formación enfocadas en la previsión basada en el impacto, la calidad del aire y la resiliencia frente al calor. Estos cursos están dirigidos tanto a personal de servicios meteorológicos como a profesionales de salud pública, con el fin de generar un lenguaje común y mejorar la interpretación de la información climática.

También se organizan foros científicos y diálogos políticos de carácter regional, como el Segundo Foro Científico de la Asociación Regional VI (Europa). Estos encuentros buscan estrechar la colaboración entre comunidades meteorológicas, hidrológicas y sanitarias, facilitando que las decisiones políticas se nutran de la mejor evidencia científica disponible.

Al mismo tiempo, la OMM presta apoyo directo a los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales para que desarrollen, junto con las autoridades sanitarias, servicios climáticos específicos para la salud. Esto puede traducirse en boletines conjuntos, plataformas de datos compartidas o sistemas de alerta mutuamente acordados que integren variables meteorológicas, epidemiológicas y sociales.

4. Participación en iniciativas globales y marcos internacionales

La OMM no trabaja sola en este ámbito, sino que se inserta en una densa red de iniciativas internacionales relacionadas con salud y clima. Un ejemplo claro es su papel en el marco Warnings for All (EW4All), que persigue que todas las personas del planeta estén protegidas por sistemas de alerta temprana frente a múltiples riesgos, incluidos el calor extremo, la contaminación del aire, el estrés hídrico o las enfermedades transmitidas por vectores.

En este contexto, la organización se esfuerza por garantizar que las advertencias climáticas se centren en las personas y lleguen de forma eficaz a quienes toman decisiones en materia de salud: ministerios, agencias de salud pública, hospitales y servicios de emergencia. La información técnica se traduce así en recomendaciones prácticas para salvar vidas y reducir daños.

Otro ámbito destacado es la ejecución del plan de trabajo de la Oficina Conjunta de Clima y Salud OMM-OMS, que fomenta la armonización operativa y la programación conjunta entre ambos organismos. Esta cooperación estrecha permite alinear prioridades, compartir datos y evitar duplicidades, maximizando el impacto de los recursos invertidos.

Dentro de la Asociación Regional VI, la OMM coordina además el Grupo de Trabajo sobre Servicios y Aplicaciones Meteorológicas, Climáticas, Hidrológicas, Marinas y Medioambientales Relacionadas, con un foco especial en las cuestiones de calor y calidad del aire. Este tipo de grupos generan orientaciones concretas para los países de la región y actúan como espacio de intercambio de experiencias.

5. Ciencia, políticas públicas y plataformas de intercambio de datos

Finalmente, la OMM desempeña un papel de puente entre la investigación científica y la toma de decisiones, fomentando una interfaz científico-normativa robusta. Esto incluye la organización de eventos y la publicación de documentos temáticos en colaboración con socios del ámbito sanitario, en los que se abordan cuestiones como las olas de calor, la contaminación atmosférica o los servicios públicos informados por el clima.

Además, se impulsan proyectos piloto en ciudades y regiones especialmente vulnerables, donde se desarrollan y prueban servicios climáticos y sanitarios conjuntos entre los servicios nacionales de meteorología, las autoridades locales y los sistemas de salud. Estas experiencias sirven para demostrar en la práctica el valor añadido de integrar datos climáticos en la planificación sanitaria.

Las redes regionales y globales coordinadas por la OMM contribuyen a que los servicios de clima y salud basados en la evidencia se incorporen en marcos internacionales de desarrollo y reducción del riesgo de desastres, como el Marco de Sendai, la Agenda 2030 o los planes de acción climática. De este modo, la información meteorológica deja de ser un elemento aislado y se convierte en una pieza central de las políticas públicas.

El papel de la Organización Meteorológica Mundial se extiende, por tanto, mucho más allá de la predicción del tiempo. Gracias a su labor coordinando observaciones, estableciendo normas, promoviendo servicios climáticos y tejiendo alianzas con sectores como el de la salud, la OMM se ha consolidado como un actor clave para afrontar los retos del cambio climático, la gestión del agua y la protección de la población frente a fenómenos extremos, integrando la ciencia atmosférica en decisiones de enorme impacto social.

Los fenómenos meteorológicos son cada vez más peligrosos para la salud humana
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