La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha puesto el foco en la posible vuelta del fenómeno de La Niña durante el próximo invierno boreal, aunque en una versión más bien débil. Las nuevas previsiones, divulgadas por este organismo de la ONU, apuntan a que el enfriamiento del Pacífico no bastará para frenar un contexto global marcado por el calentamiento y por episodios de tiempo extremo.
Según el último boletín estacional, la OMM calcula que hay alrededor de un 55% de probabilidades de que se configure un episodio de La Niña entre diciembre y febrero. Este escenario, aun siendo moderado, puede condicionar los patrones de temperatura y de precipitaciones a escala planetaria durante los próximos meses, con implicaciones para la agricultura, la energía y la gestión de riesgos, también en Europa y en España.
Qué significa una La Niña débil y cómo afecta al clima global
La Niña se caracteriza por un enfriamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico central y oriental. En esta ocasión, la OMM habla de un episodio débil porque los indicadores oceánicos y atmosféricos solo muestran “condiciones límite”, es decir, valores cercanos a los umbrales que definen oficialmente esta fase del ciclo ENSO (El Niño-Oscilación del Sur).
Los primeros signos comenzaron a detectarse a mediados de noviembre, cuando las mediciones en el Pacífico apuntaron a un enfriamiento incipiente y a cambios en la circulación atmosférica. No obstante, la agencia remarca que el fenómeno todavía no está plenamente consolidado y que, por ahora, se mueve en el rango de las probabilidades, no de la certeza.
Aunque tradicionalmente se asocia La Niña con un descenso transitorio de la temperatura media global, la OMM aclara que esto no implica, ni mucho menos, que todo el planeta vaya a sentir más frío. De hecho, en un contexto de calentamiento global continuado, es cada vez más habitual que, incluso con La Niña activa, muchos territorios registren valores térmicos por encima del promedio histórico.
Esta mezcla de forzamiento natural (La Niña) y calentamiento antropogénico complica los pronósticos y puede generar situaciones llamativas: zonas donde el océano se enfría mientras la atmósfera cercana a la superficie sigue marcada por episodios recurrentes de calor inusual.
Riesgos de fenómenos extremos: calor, inundaciones y sequías

La OMM advierte de que, pese a hablarse de un episodio débil, los riesgos para muchas regiones siguen siendo significativos. La combinación entre un Pacífico más frío y un planeta que continúa acumulando calor favorece un reparto irregular de las lluvias y las masas de aire, con posibles impactos en cascada.
Entre los efectos más probables, el organismo cita un aumento de la frecuencia de inundaciones y sequías en distintas zonas del mundo, lo que puede poner contra las cuerdas a la agricultura y a la seguridad alimentaria. La alteración de los regímenes de lluvia puede traducirse en daños en cultivos clave, problemas de abastecimiento de agua y tensiones en mercados agrícolas internacionales.
Al mismo tiempo, muchas zonas podrían seguir siendo más cálidas de lo normal, incluso con La Niña en marcha. Esto se explica porque el calentamiento global domina la tendencia de fondo, haciendo que un fenómeno que solía compensar en parte el aumento de temperaturas tenga ahora un efecto atenuado. En la práctica, se puede pasar de olas de calor extremas a calor “solo” muy intenso, pero rara vez se vuelve a los valores registros de hace décadas.
La OMM destaca que esta situación introduce mayores incertidumbres en sectores sensibles como la planificación hidroeléctrica, la gestión de embalses, la prevención de incendios forestales o la programación de siembras y cosechas. Un error de cálculo en las previsiones de lluvia o temperatura puede tener repercusiones económicas considerables.
Transición hacia condiciones neutras y ausencia de El Niño a corto plazo

Más allá del invierno boreal, las proyecciones apuntan a un cambio de fase. La OMM prevé que, conforme avance 2026, se establezcan condiciones neutras en el sistema ENSO, es decir, un estado en el que ni La Niña ni El Niño dominen claramente la evolución del clima global.
El organismo estima que la probabilidad de este escenario neutro oscila entre el 65% y el 75% según el periodo considerado, con valores especialmente altos entre enero y marzo, y entre febrero y abril. Esta transición es relevante porque tiende a reducir la influencia directa del Pacífico tropical sobre los patrones meteorológicos, aunque no elimina otros factores que pueden dar lugar a episodios de tiempo extremo.
En paralelo, la agencia descarta la aparición de El Niño en el corto plazo. Este fenómeno, asociado a un calentamiento acusado del Pacífico, suele intensificar los ciclones tropicales en esa cuenca y aumentar las precipitaciones en amplias zonas de América y otras regiones, incrementando el riesgo de inundaciones. Según la OMM, este escenario no entra en las previsiones para los próximos meses.
Conviene recordar que el último episodio de El Niño se produjo en 2024, un año que figura entre los más cálidos jamás registrados. La posible entrada en una fase de La Niña débil no borra los efectos acumulados de aquel periodo, ni revierte las tendencias de fondo del cambio climático, pero sí puede modular temporalmente algunos de sus impactos.
Implicaciones para Europa y España
Aunque La Niña suele asociarse sobre todo a impactos directos en regiones del Pacífico y en partes de América, Europa no queda al margen de sus efectos indirectos. La alteración de la circulación atmosférica a gran escala puede repercutir en la posición y la intensidad de las borrascas atlánticas, así como en la frecuencia de bloqueos anticiclónicos.
En España, la influencia de La Niña es más sutil y depende de cómo interactúe con otros patrones climáticos, como la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) o la circulación en altura sobre el Mediterráneo. En algunos inviernos con La Niña, se ha observado una mayor variabilidad: periodos de lluvias intensas alternando con fases secas más prolongadas, y episodios de frío intercalados con irrupciones de aire más templado.
Los servicios meteorológicos europeos suelen prestar especial atención a estos boletines de la OMM para ajustar sus propios modelos estacionales. En un país tan expuesto a sequías recurrentes, incendios forestales y lluvias torrenciales como España, disponer de una señal temprana, aunque sea probabilística, ayuda a planificar reservas de agua, campañas agrícolas y dispositivos de protección civil.
Sin embargo, los expertos advierten de que las previsiones estacionales no son un pronóstico día a día, sino una orientación estadística sobre tendencias más probables. Es decir, que haya mayor probabilidad de un invierno algo más húmedo o más seco no significa que no puedan darse episodios puntuales muy intensos en sentido contrario.
Valor económico y social de los pronósticos de la OMM
La OMM insiste en que las proyecciones climáticas estacionales son una herramienta clave para anticipar impactos y reducir daños. Según el organismo, cuando esta información se integra de forma adecuada en la toma de decisiones, puede traducirse en millones de dólares de ahorro para sectores como la agricultura, la energía, el transporte o la salud pública.
Un ejemplo claro es la planificación agrícola: sabiendo con antelación que hay mayor probabilidad de un periodo más seco o más lluvioso, se pueden ajustar fechas de siembra, selección de cultivos y estrategias de riego, minimizando pérdidas y optimizando recursos. De manera similar, las compañías eléctricas y gestores de redes pueden prever mejor la demanda energética y la disponibilidad de recursos renovables como la hidráulica o la eólica.
Además del componente económico, los pronósticos permiten diseñar acciones tempranas que salvan vidas. Disponer de alertas sobre un posible incremento de fenómenos extremos facilita activar planes de evacuación, reforzar infraestructuras críticas, mejorar la vigilancia de crecidas de ríos o preparar sistemas sanitarios ante olas de calor o brotes de enfermedades vinculadas al clima.
La OMM subraya que el verdadero valor de estos boletines se multiplica cuando existe una buena coordinación entre servicios meteorológicos, autoridades y ciudadanía. Sin una cadena de comunicación eficaz y sin que la población confíe y actúe en función de la información recibida, el potencial preventivo de los pronósticos se reduce de forma notable.
La perspectiva de una La Niña débil en los próximos meses, seguida de un probable retorno a condiciones neutras, dibuja un escenario en el que el enfriamiento del Pacífico no bastará para compensar el calentamiento global, pero sí podrá modular temporalmente algunos patrones de lluvia y temperatura. En Europa y en España, la clave estará en cómo se combinen estas señales con otros patrones atmosféricos y en la capacidad de aprovechar la información de la OMM para anticiparse, reducir impactos económicos y reforzar la protección de las personas frente a un clima cada vez más cambiante.

