La primera gran ola de calor en México de la temporada ha llegado para quedarse varios días y ya está dejando temperaturas extremas en buena parte del país. El calor se ha adelantado respecto a otros años y se espera que los valores más altos se concentren entre finales de abril y, sobre todo, en el mes de mayo.
Aunque los embalses presentan buen nivel de agua y la sequía no es tan grave como en primaveras recientes, el escenario actual de calor persistente, aire muy seco y radiación intensa preocupa a los servicios meteorológicos y a Protección Civil. La combinación de días consecutivos con máximas muy altas y noches que apenas refrescan supone un riesgo claro para la salud y aumenta la probabilidad de incendios forestales y mala calidad del aire en las grandes ciudades.
Un episodio de calor adelantado y muy extendido
Los distintos informes del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), de la Comisión Ambiental de la Megalópolis y de autoridades estatales coinciden en que México afronta un episodio de calor inusual por su extensión geográfica y por su duración. No se trata solo de uno o dos días puntuales: en algunas zonas se esperan hasta 15 jornadas seguidas con valores muy por encima del promedio.
En la vertiente del Pacífico, el norte, el centro y el sureste, los termómetros se están disparando hasta los 40-45 ºC en las horas centrales del día. Mientras tanto, en estados de la mitad oriental se combinan las altas temperaturas con chubascos y tormentas aisladas, un contraste que muestra cómo el país puede vivir prácticamente varias estaciones al mismo tiempo.
Una de las claves de este episodio es que México se está calentando más rápido que la media global. Estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México apuntan a que la tasa de aumento de la temperatura se ha acelerado en las últimas décadas, lo que favorece que estas olas de calor sean cada vez más frecuentes, intensas y tempranas.
Esta aceleración se traduce en que la temporada cálida, que tradicionalmente alcanzaba sus picos entre abril y mayo, empieza ahora antes y se prolonga más. El resultado es una temporada de calor más larga, con mayor impacto en la salud pública, la demanda eléctrica y los ecosistemas.
Además, los expertos señalan que la presencia y evolución de El Niño puede reforzar estos extremos térmicos, aunque todavía hay debate sobre la naturaleza precisa de cada evento concreto. Lo que sí parece claro es que, con un clima más cálido de base, cualquier configuración atmosférica favorable al calor genera episodios más duros que hace unas décadas.

Olas y ondas de calor: cómo se definen y qué esperar en primavera
En los últimos días se ha hablado de ola de calor, de “onda de calor” e incluso de simple episodio cálido prolongado. Aunque depende del umbral oficial de cada institución, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) define una onda u ola de calor como un periodo de al menos tres días seguidos con temperaturas claramente superiores a lo habitual para una zona y época del año.
En México, este tipo de episodios puede llevar los termómetros por encima de los 45 ºC en regiones del norte y del sureste, afectando a millones de personas. El SMN y la CAMe alertan de que, durante la primavera de 2026, se podrían registrar hasta cinco episodios de calor intenso, especialmente concentrados en abril y mayo, y con algunos tramos que podrían superar las dos semanas de calor extremo casi sin tregua.
Para el Valle de México y la región central, los pronósticos anticipan temperaturas de hasta 4 ºC por encima del promedio estacional. En la Ciudad de México, las máximas rondarán de forma recurrente entre los 29 y los 35 ºC según la zona, algo significativo para una urbe acostumbrada a valores algo más moderados gracias a su altitud.
Este aumento del calor prolongado no solo se nota en la sensación térmica. Las autoridades ambientales advierten que los episodios largos de altas temperaturas favorecen la formación de ozono troposférico y otros contaminantes, lo que puede disparar contingencias ambientales, especialmente en valles y grandes áreas metropolitanas.
En paralelo, la vegetación reseca y el suelo muy caliente incrementan la probabilidad de incendios forestales, tanto en zonas montañosas como en áreas de pastizal y selva, un problema recurrente en la temporada seca mexicana.

Ciudad de México y región central: calor persistente y noches que apenas refrescan
La capital del país se sitúa en el centro de esta situación. La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil ha emitido un aviso especial por ola de calor para la Ciudad de México, con un periodo crítico que se extiende durante al menos seis días consecutivos.
A partir del 24-25 de abril, se esperan máximas diarias de entre 29 y 32 ºC en gran parte de la capital, con picos que en algunos puntos del Valle de México podrían acercarse a los 35 ºC. Estas cifras, aunque más bajas que en otras regiones del país, son elevadas para una ciudad a más de 2.200 metros de altitud y tienen una particularidad preocupante: las temperaturas mínimas nocturnas no bajarán lo suficiente como para ofrecer un respiro térmico adecuado.
Durante esta fase, se prevé un cielo mayoritariamente parcialmente nublado, con baja probabilidad de lluvia al inicio y posibles chubascos aislados al final del periodo. El índice de radiación ultravioleta será muy alto, lo que obliga a extremar la protección solar durante gran parte del día.
El viento también jugará su papel: rachas moderadas a fuertes con tolvaneras pueden presentarse por las tardes, favoreciendo la dispersión de polvo y partículas y, en ciertas zonas, reduciendo puntualmente la visibilidad. Aunque el viento puede dar algo de sensación de alivio térmico, no reduce el riesgo asociado al calor acumulado durante varios días.
La CAMe insiste en la necesidad de reducir, en lo posible, actividades al aire libre en las horas centrales y de vigilar especialmente a quienes trabajan al sol o se desplazan largas distancias a pie o en transporte público, donde la sensación de bochorno puede ser más intensa.
Estados más afectados: del norte al sureste, un país bajo el domo de calor
La actual ola de calor no se limita al altiplano. Una extensa circulación anticiclónica en niveles medios de la atmósfera está reforzando el calor en una franja muy amplia del territorio, desde el noroeste hasta la Península de Yucatán.
En el rango de 40 a 45 ºC, los estados que aparecen de forma recurrente en los avisos del SMN son:
- Norte y noroeste: Sinaloa, Durango, Tamaulipas, Nuevo León (principalmente en el sur y este), así como zonas de Coahuila en algunos días.
- Occidente y centro: Michoacán, Jalisco, Morelos, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo, Guanajuato y partes de Puebla.
- Sur y sureste: Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán, con especial incidencia en áreas del litoral y del interior poco ventiladas.
En un escalón ligeramente inferior, con máximas habituales de 35 a 40 ºC, se encuentran estados como Baja California Sur, Sonora, Chihuahua, Aguascalientes, Nayarit, Colima, Zacatecas, Chiapas, Quintana Roo y otras áreas del norte y centro del país que, aun sin alcanzar los 45 ºC, vivirán jornadas muy calurosas.
Por debajo, pero todavía con ambiente caluroso, se sitúan regiones con valores de 30 a 35 ºC, entre ellas Baja California, el Estado de México y, en algunos días, la propia Ciudad de México y Tlaxcala. Estas cifras, combinadas con la altitud y la contaminación urbana, pueden generar sensaciones térmicas superiores a las que marcan los termómetros.
Las previsiones apuntan a que esta configuración se mantendrá varios días, con ligeros desplazamientos del núcleo de calor. A medida que avance la primavera, no se descarta que nuevas ondas de calor vuelvan a situar a muchas de estas entidades en niveles de riesgo alto por temperatura extrema.

Qué está pasando en la atmósfera: anticiclones, líneas secas y frentes fríos
Detrás de este episodio se encuentra una combinación de factores atmosféricos que, sumados al contexto de calentamiento global, dan lugar a condiciones especialmente extremas. El principal protagonista es una circulación anticiclónica en niveles medios de la atmósfera que se ha instalado sobre el interior del país.
Este tipo de sistemas de alta presión inhiben la formación de nubes, estabilizan la atmósfera y favorecen cielos despejados. Al no haber nubosidad que filtre la radiación, el suelo recibe más energía solar durante muchas horas al día, lo que incrementa notablemente las temperaturas máximas.
La masa de aire asociada al anticiclón es además seca y cálida, lo que refuerza la sensación de bochorno y dificulta la formación de tormentas que puedan aliviar el calor. Al mismo tiempo, en el noreste del país una línea seca interactúa con la corriente en chorro subtropical, originando rachas fuertes de viento, tolvaneras y, en ocasiones, la formación de pequeños torbellinos.
En el oriente y el sureste, la presencia de canales de baja presión combinada con el aporte de humedad del Océano Pacífico, el Golfo de México y el Mar Caribe genera chubascos y tormentas aisladas. Estas lluvias, sin embargo, no son suficientes para revertir el patrón dominante de calor en superficie.
Por otra parte, los frentes fríos tardíos, como el número 46 o el 47, se desplazan por el norte dejando a su paso rachas muy fuertes de viento y algunas precipitaciones, pero su influencia en la temperatura es limitada en latitudes más bajas. En muchos casos, incluso contribuyen a que se formen contrastes térmicos que alimentan fenómenos de viento intenso y tormentas secas.
Impacto en salud, medio ambiente y vida cotidiana
Más allá de los números, el calor intenso y sostenido tiene consecuencias muy concretas. Las autoridades sanitarias recuerdan que las olas de calor se asocian a un aumento de golpes de calor, deshidrataciones y agravamiento de enfermedades cardiovasculares y respiratorias. En veranos recientes, México ha registrado centenares de fallecimientos vinculados al calor extremo.
Los grupos más vulnerables son niños pequeños, personas mayores, enfermos crónicos y quienes trabajan al aire libre, como personal de la construcción, del campo o del reparto. También las personas sin hogar o quienes viven en viviendas mal ventiladas se exponen a un estrés térmico mayor, especialmente cuando las noches son muy cálidas y no permiten recuperar al organismo.
En el plano ambiental, las altas temperaturas y la baja humedad relativa favorecen la rápida propagación de incendios forestales. Un foco pequeño, ya sea por descuido humano o por causas naturales, puede transformarse rápidamente en un incendio difícil de controlar si coincide con viento fuerte y vegetación seca.
Las ciudades, por su parte, sufren el llamado efecto isla de calor: el asfalto, el hormigón y los edificios acumulan calor durante el día y lo liberan por la noche, elevando varios grados la temperatura en comparación con áreas rurales cercanas. Esto se traduce en mayor consumo eléctrico por aire acondicionado y ventiladores, con el consiguiente estrés para las redes de energía.
La situación también tiene reflejo en la economía diaria: se modifican horarios de trabajo, se alteran rutinas escolares y deportivas y se incrementa la demanda de agua potable. En un país donde algunas regiones ya se enfrentan a problemas de gestión de recursos hídricos, estos episodios de calor pueden tensar aún más los sistemas de abastecimiento.
Recomendaciones oficiales para afrontar la ola de calor
Ante este panorama, las instituciones de protección civil y los servicios meteorológicos reiteran una serie de pautas básicas para reducir riesgos. Aunque muchas son de sentido común, cobran especial importancia cuando el calor se mantiene durante días seguidos y el cansancio se acumula.
En primer lugar, se insiste en la hidratación constante: beber agua con frecuencia, incluso antes de sentir sed, evitando el exceso de bebidas azucaradas o con alto contenido en cafeína y alcohol. Mantenerse bien hidratado ayuda al organismo a regular la temperatura interna.
También se recomienda no exponerse al sol directo en las horas centrales (aproximadamente entre las 11:00 y las 16:00 horas). Siempre que sea posible, conviene reorganizar tareas físicas exigentes a primera hora de la mañana o al final de la tarde, cuando los termómetros descienden ligeramente.
La elección de la ropa es importante: prendas ligeras, de colores claros y tejidos transpirables, junto con gorra, sombrero o sombrilla, reducen la radiación directa. El uso de gafas de sol y protector solar de amplio espectro es esencial en ciudades con índice UV muy alto, como la Ciudad de México y buena parte del altiplano.
En el ámbito alimentario, las autoridades aconsejan evitar consumir comida en la vía pública durante los días más calurosos, ya que el calor acelera la descomposición de los alimentos y aumenta el riesgo de intoxicaciones. Es preferible mantener la cadena de frío y extremar la higiene tanto en la preparación como en el almacenamiento.
Por último, se hace un llamamiento a prestar especial atención a niños, mayores, enfermos crónicos y mascotas. No se debe dejar a nadie dentro de vehículos estacionados, ni siquiera por pocos minutos, ya que la temperatura interior puede dispararse rápidamente. Ante síntomas como mareos intensos, confusión, piel muy caliente y seca o pérdida de conciencia, se debe solicitar atención médica de inmediato.
Con un país que se calienta más deprisa que en décadas pasadas y una primavera cada vez más marcada por episodios de calor extremo, las actuales olas de calor en México son un recordatorio de la necesidad de estar informados, adaptar horarios y costumbres y reforzar las medidas de prevención para reducir su impacto en la salud, el medio ambiente y la vida diaria.