
Una intensa ola de calor vuelve a situar a Chile en el centro de la atención climática del Cono Sur, con temperaturas propias de los veranos más duros del sur de Europa en pleno mes de enero. Mientras buena parte del hemisferio norte lidia con el frío invernal, la zona central y centro sur chilena afronta jornadas sofocantes que están poniendo en tensión a la agricultura, la salud pública y los servicios de emergencia.
Las proyecciones de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) y de distintos centros de investigación coinciden en un panorama dominado por altas presiones, cielos despejados y máximas sostenidas muy por encima de lo habitual. Este cóctel está favoreciendo no solo los golpes de calor en ciudades densamente pobladas, sino también un escenario altamente propicio para incendios forestales y pérdidas productivas en el campo.
Una dorsal cálida dispara las temperaturas en la zona central
El origen inmediato de este episodio se encuentra en el desarrollo de una dorsal cálida en niveles medios de la atmósfera, asociada a vientos de componente cálida que recorren el valle central. Según el agroclimatólogo Patricio González Colville, del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología (Citra) de la Universidad de Talca, esta configuración genera las condiciones idóneas para un fin de semana con temperaturas extremas, afectando tanto a las personas como a la actividad agrícola y al riesgo de incendios forestales.
Los modelos del Citra apuntan a máximas entre 36 y 38 ºC en sectores agrícolas de la Región Metropolitana, especialmente en comunas como El Monte, Buin, Paine, Melipilla y Curacaví. En la práctica, se trata de valores que recuerdan a las olas de calor más intensas en España o el sur de Francia, con el añadido de que muchas viviendas chilenas no están diseñadas para soportar tanto calor.
Más al sur, en las regiones de O’Higgins, Maule y Ñuble, se esperan también registros muy elevados. Para el tramo más crítico del episodio, se proyectan máximas urbanas en torno a los 36-37 ºC, mientras que las zonas rurales agrícolas podrían rozar los 38 ºC. Posteriormente, los termómetros bajarían ligeramente, pero seguirían instalados en un rango más propio de un verano extremo que de una temporada «normal».
En paralelo, la DMC ha advertido de un evento de altas temperaturas que se extiende desde la Región de Coquimbo hasta el Biobío, con umbrales entre los 30 y 36 ºC según el tramo y el día. Este episodio se prolonga varios días consecutivos, lo que facilita que se cumplan los criterios climatológicos para hablar de ola de calor en varias estaciones de referencia.
Regiones afectadas y umbrales de ola de calor
Los avisos de la DMC delimitan con claridad el arco territorial afectado por este episodio. Siete regiones de la zona central figuran entre las más expuestas: Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío. En cada una de ellas se han estimado rangos de máxima que, en algunos casos, superan los 36 ºC de forma repetida.
En la Región de Valparaíso, por ejemplo, se esperan varios días consecutivos con máximas entre 34 y 36 ºC. En la Región Metropolitana, el pronóstico apunta a valores entre 31 y 34 ºC en el centro de Santiago, pero con picos más altos en valles interiores como Buin o Paine, donde los termómetros podrían acercarse a los 35 ºC o incluso rebasarlos.
En O’Higgins, Maule y Ñuble, la combinación de calor y baja humedad deja máximas que, según las distintas jornadas, oscilarán entre los 30 y 37 ºC tanto en la cordillera de la costa como en el valle y la precordillera. La DMC ha cifrado las temperaturas previstas para algunas zonas del Maule y Ñuble en torno a los 36-38 ºC, sobre todo durante el fin de semana, consolidando así varias olas de calor en un periodo muy corto de tiempo.
En el centro de Santiago, la estación de Quinta Normal ya ha registrado máximas del orden de los 35,2 ºC, encadenando dos días consecutivos por encima del umbral local que define una ola de calor. Si la máxima supera los 33,1 ºC en una tercera jornada, se considera oficialmente que la ciudad atraviesa una nueva ola de calor climatológica, algo que esta temporada estival se ha reiterado en diversas ocasiones.
El umbral técnico para declarar ola de calor en la Región Metropolitana ronda los 33,2-33,3 ºC en esta época del año. Meteorólogos como Andrés Moncada recuerdan que basta con superar esa marca tres días seguidos para que se active la calificación. En la práctica, esto se ha traducido en varios episodios encadenados desde principios de enero, lo que incrementa el cansancio térmico de la población.
Alertas de Senapred y coordinación institucional
Ante este escenario, el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) ha desplegado un amplio dispositivo de alertas y coordinación. En regiones como Maule, Ñuble y Biobío se han declarado alertas rojas regionales por calor extremo, con el objetivo de movilizar todos los recursos disponibles y activar planes especiales de emergencia.
En la Región Metropolitana y en O’Higgins, la combinación de altas temperaturas, baja humedad y viento también ha motivado la declaración de Alerta Roja, lo que permite reforzar los equipos sobre el terreno y coordinar a instituciones como la DMC, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) y el Ministerio de Salud. Otras regiones del tramo afectado han quedado bajo alertas amarillas, con posibilidad de escalar a roja según evolucione el pronóstico.
La directora nacional de Senapred, Alicia Cebrián, ha explicado que estos niveles de alerta responden a una evaluación técnica continua sobre la severidad del evento. Las autoridades, además, han insistido en la importancia de que la ciudadanía cumpla las indicaciones oficiales, especialmente en lo relativo a eventuales órdenes de evacuación por incendios forestales y a las recomendaciones sanitarias durante las horas de máximo calor.
En paralelo, Senapred ha recordado que los mensajes de emergencia SAE se emiten únicamente cuando existe un peligro real e inminente para la vida de las personas. Ignorar estas notificaciones, subrayan, no solo pone en riesgo a quienes permanecen en zonas comprometidas, sino también a los equipos de emergencia que acuden a rescatarlos.
La coordinación incluye también el cierre preventivo o temporal de parques nacionales y áreas protegidas en aquellas regiones donde el riesgo de incendios es muy alto. Estas decisiones se toman a nivel regional, en base a informes técnicos, y se revisan de manera periódica a medida que cambian las condiciones meteorológicas.
Incendios forestales: un riesgo creciente con el calor extremo
El repunte de las temperaturas no llega solo. Bajo este patrón cálido y seco, la probabilidad de incendios forestales se dispara, sobre todo en el centro sur del país, donde abunda la vegetación seca que actúa como combustible perfecto para el fuego. Investigadores del INIA Quilamapu califican el escenario actual como «muy malo» desde el punto de vista del riesgo de incendios.
El director nacional de CONAF, Rodrigo Illesca, ha detallado que se mantiene un número significativo de incendios activos, varios de ellos en combate, con focos relevantes en comunas de la Región Metropolitana, Ñuble y La Araucanía. Uno de los indicadores que más preocupa es el denominado «botón rojo», que mide la probabilidad de ignición en función de la temperatura, la humedad y el viento, y que actualmente muestra valores críticos en decenas de comunas entre la Región Metropolitana y el Biobío.
Las proyecciones apuntan a que, en los días más calurosos, podrían llegar a contabilizarse más de un centenar de comunas con altísima probabilidad de inicio y propagación de incendios. A la combinación de calor y baja humedad se suma el incremento de la velocidad del viento, otro factor vinculado al cambio climático que favorece la rápida expansión de los focos.
Ante este panorama, las autoridades han reiterado la necesidad de reducir al mínimo cualquier fuente de ignición: desde las faenas agrícolas con maquinaria sobre pasto seco hasta las quemas no autorizadas, pasando por actividades recreativas que impliquen fuego al aire libre. El mensaje es claro: basta una chispa para que la situación se descontrole.
Investigadores como Raúl Orrego, de INIA Quilamapu, insisten además en que esta sucesión de olas de calor no es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia de veranos cada vez más largos y extremos. En la zona de Chillán, por ejemplo, se han registrado varias olas de calor desde finales de octubre, con numerosos días por encima de los 33 ºC en apenas unos meses.
Impacto en la agricultura: estrés hídrico y estrategias de adaptación
El campo está notando de lleno la dureza de este verano. La permanencia de temperaturas muy altas durante varios días consecutivos provoca bajos niveles de humedad relativa y una fuerte elevación de la evapotranspiración, es decir, de las pérdidas de agua tanto del suelo como de los cultivos.
Según especialistas en agroclimatología, esta atmósfera extremadamente seca aumenta los niveles de estrés hídrico de las plantas, obligando a regar con más frecuencia y en horarios específicos para reducir el estrés térmico. De lo contrario, se corre el riesgo de mermas importantes en el rendimiento y en la calidad de frutas y hortalizas, un aspecto que impacta directamente en los ingresos de agricultores y productoras.
El bienestar animal es otro foco de inquietud. Las autoridades y centros de investigación recomiendan asegurar en todo momento la disponibilidad de agua fresca y espacios de sombra para el ganado y otros animales. La falta de resguardo frente al calor puede traducirse en pérdidas productivas y en un deterioro grave de la salud de los rebaños.
Los expertos también han llamado la atención sobre el manejo de forrajes. Se aconseja mantener los fardos a la sombra y con un contenido de humedad bajo, ya que el almacenamiento de material húmedo sometido a altas temperaturas puede desencadenar procesos de descomposición capaces de generar fuego espontáneo.
En el ámbito de los cultivos, se están promoviendo medidas como el uso de mallas sombreadoras y productos que actúan como «bloqueadores solares» para las frutas que aún no han sido cosechadas. Algunos frutales, como el avellano europeo, muestran daños significativos en las hojas cuando se combinan calor extremo y radiación intensa, lo que termina afectando la fotosíntesis y las reservas para la temporada siguiente.
Desde las autoridades regionales de Agricultura, el mensaje es que, además de adaptarse en el corto plazo con riegos ajustados y cambios en los horarios de trabajo, es imprescindible planificar medidas estructurales de adaptación a un clima que, año tras año, se comporta de forma más calurosa y cambiante.
Ciudades cada vez más calurosas y riesgos para la salud
Si el mundo rural vive su particular pulso con el calor, las ciudades no se quedan atrás. El fenómeno conocido como «isla de calor urbana» agrava las sensaciones térmicas en lugares densamente edificados y con escasa vegetación. Calles asfaltadas, fachadas que acumulan radiación y edificios que dificultan la ventilación natural hacen que, en muchas urbes del valle central, el calor se mantenga incluso durante la noche.
Esta falta de refresco nocturno reduce la capacidad del organismo para recuperar fuerzas y aumenta el riesgo de golpes de calor y problemas cardiovasculares, sobre todo en personas mayores, niños pequeños y quienes padecen enfermedades crónicas. El diseño de las viviendas, en muchos casos pensado más para proteger del frío invernal que del calor extremo, tampoco ayuda.
Profesionales de la salud han detallado las principales señales de alerta, incluida la deshidratación silenciosa, de un golpe de calor. Entre los síntomas más frecuentes figuran la sensación de calor intenso con piel enrojecida y muy caliente, dolor de cabeza potente, mareos, confusión, dificultad para hablar con normalidad, náuseas o vómitos y respiración acelerada. En los casos graves, pueden aparecer convulsiones o pérdida de conciencia.
Frente a estas manifestaciones, se recomienda actuar con rapidez y solicitar ayuda médica de inmediato, especialmente si se trata de menores, personas mayores o pacientes con patologías previas. Mientras llega la asistencia, es clave trasladar a la persona afectada a un lugar fresco y sombreado, aflojarle la ropa, ofrecerle agua en pequeños sorbos si está consciente y refrescar su cuerpo con paños húmedos.
Las autoridades sanitarias y de protección civil insisten también en medidas preventivas básicas: evitar la exposición al sol en las horas centrales (aproximadamente entre las 11:00 y las 17:00), hidratarse con frecuencia aunque no se tenga sed, evitar el alcohol y las comidas muy copiosas, utilizar ropa ligera de colores claros y protegerse con sombrero, gafas de sol y protector solar, además de atender la radiación UV.
Un clima que se calienta: más olas de calor y menos olas de frío
Más allá del episodio actual, los datos de la Dirección Meteorológica de Chile confirman una tendencia de fondo hacia un clima cada vez más cálido. El año 2025 terminó catalogado como excepcionalmente caluroso en el país, con un notable déficit de precipitaciones y un aumento de la frecuencia e intensidad de las olas de calor, en contraste con la disminución de los episodios de frío intenso.
Según las cifras difundidas por la DMC, a lo largo de 2025 se contabilizaron más de un centenar de olas de calor en el territorio, un número claramente superior al del año anterior, mientras que las olas de frío se redujeron de forma llamativa. La mayor parte de estos eventos cálidos se concentró en invierno y primavera, estaciones en las que, tradicionalmente, era menos habitual registrar tantos días extremadamente calurosos.
En paralelo, la Oficina de Servicios Climáticos ha detectado un déficit de lluvia en la mayoría de las principales ciudades del país, desde Santiago hasta Valdivia o Punta Arenas, con pocas excepciones puntuales. Menos precipitaciones, suelos más secos y una atmósfera más cálida, junto al récord de calor en los océanos, conforman un panorama que encaja con los escenarios descritos por la comunidad científica del cambio climático.
Expertos como Raúl Orrego recuerdan, además, que estos patrones de calor extremo se han visto reforzados por la presencia del fenómeno de La Niña, que tiende a generar temperaturas más bajas en la franja costera y valores muy elevados en el valle central. Históricamente, muchas de las grandes olas de calor y temporadas de incendios más graves en Chile han coincidido con episodios de La Niña, como ocurrió en 2017 o 2020.
La combinación de cambio climático global y variabilidad natural del sistema, por tanto, está situando al país frente a veranos más extremos, prolongados y repetitivos. Un escenario que obliga a repensar desde las políticas de ordenamiento urbano y forestal hasta los protocolos de salud pública y las estrategias agrícolas.
Con olas de calor que se suceden, incendios forestales en niveles de riesgo muy altos y una agricultura exigida al límite, Chile se ha convertido en un ejemplo claro de cómo el calentamiento global ya no es una amenaza lejana, sino una realidad cotidiana. Lo que hoy ocurre entre Coquimbo y La Araucanía recuerda, en muchos aspectos, a los episodios extremos vividos en veranos recientes en España, Portugal o Grecia, y plantea preguntas urgentes sobre hasta dónde puede llegar la capacidad de adaptación y qué medidas deben tomarse, desde ahora mismo, para proteger a la población y a los ecosistemas frente a un calor que ya no parece pasajero.