La llegada reciente a la Tierra de los datos enviados por la misión europea Juice ha permitido a la comunidad científica disponer, por fin, nuevas imágenes en alta resolución del cometa interestelar 3I/ATLAS. Estas observaciones se tomaron poco después de que el objeto alcanzara su máximo acercamiento al Sol en 2025 y ofrecen una fotografía muy detallada de su actividad mientras se aleja hacia el espacio profundo.
Lejos de ser una simple curiosidad astronómica, estas imágenes ofrecen una oportunidad única para estudiar de cerca a un visitante procedente de fuera del Sistema Solar, cuyo comportamiento, sorprendentemente, encaja bastante bien con el de los cometas de la casa. La Agencia Espacial Europea (ESA) ha convertido así a Juice en una plataforma de observación privilegiada para seguir a 3I/ATLAS en plena fase de actividad.
La «despedida» de 3I/ATLAS vista por la cámara JANUS

En la instantánea, el núcleo no aparece resuelto directamente, pero se aprecia con claridad una coma muy brillante de gas que envuelve al cuerpo central y una cola extensa que se proyecta hacia el espacio profundo. En esa cola destacan estructuras finas, como chorros, rayos, filamentos y corrientes de material, asociados a la liberación activa de polvo e hielos volátiles a medida que el cometa se calienta al paso por las cercanías del Sol.
La cámara JANUS, diseñada originalmente para estudiar Júpiter y sus lunas heladas con imágenes multicolor de alta resolución, tomó en total más de 120 fotografías del cometa en diferentes longitudes de onda. Parte de ese material se ha procesado para generar un recuadro que resalta la compleja estructura interna de la coma, donde se distinguen variaciones de brillo y patrones radiales que ayudan a reconstruir la dinámica de expulsión de material.
En el producto final divulgado por la ESA pueden verse además flechas que indican la dirección de desplazamiento del cometa y la posición relativa del Sol. Aunque parezca un detalle menor, esta información geométrica es clave para interpretar la orientación de la cola y comprender cómo responden el polvo y los gases a la radiación solar y al viento solar. Esta contextualización ha sido destacada en análisis como el de seguimiento científico del visitante.
Los responsables de la misión subrayan que, pese a que Juice no fue diseñada como una misión específica de caza de cometas, el rendimiento de JANUS ha resultado especialmente notable. La nitidez con la que se separa la coma del fondo estelar y la definición de las estructuras finas permiten ya hacer estimaciones preliminares sobre el tamaño del núcleo y la distribución del material expulsado.
Un visitante interestelar con comportamiento de cometa «local»
3I/ATLAS fue identificado por primera vez en datos del sistema de alerta ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System) en junio de 2025, y poco después el Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional confirmó su origen exterior al Sistema Solar. Se convirtió así en el tercer objeto interestelar reconocido oficialmente, tras los casos de `Oumuamua y 2I/Borisov.
Aunque proviene del espacio interestelar, los análisis iniciales sugieren que su comportamiento encaja muy bien con el de los cometas de nuestro propio sistema. La forma de la cola, el tipo de chorros observados, la respuesta al calentamiento solar y el patrón de emisión de polvo y gas no se apartan demasiado de lo que se ve en otros cometas de órbita larga.
Para los investigadores europeos, esta coincidencia es un dato muy relevante: indica que los procesos físicos que gobiernan a los pequeños cuerpos helados podrían ser similares en distintos sistemas estelares. Es decir, aunque 3I/ATLAS se haya formado alrededor de otra estrella, su “receta” parece recordar bastante a la de los cometas que conocemos en el vecindario solar.
El paso cercano al Sol en octubre de 2025 actuó como un auténtico despertador cósmico. Al calentarse su superficie, el cometa incrementó la liberación de compuestos volátiles y material orgánico, generando una intensa actividad en la coma. Observatorios como el telescopio Swift de la NASA ya habían informado de la detección de agua y otras moléculas, confirmando que 3I/ATLAS se estaba «evaporando» de forma muy marcada en el entorno interior del Sistema Solar.
En la actualidad, el objeto ya se encuentra alejándose del Sol y de la Tierra, siguiendo una trayectoria hiperbólica que lo sacará definitivamente del Sistema Solar. Para quienes observan desde la superficie terrestre, el cometa dejó de ser accesible hace tiempo, pero las sondas que viajan por el espacio profundo, como Juice, siguen ofreciendo una ventana privilegiada para estudiar su evolución.
Cómo se planificó la observación desde JUICE
Para aprovechar el paso de 3I/ATLAS, la ESA programó una campaña específica con cinco instrumentos de la nave: JANUS, MAJIS, SWI, PEP y UVS. La observación principal se concentró en los primeros días de noviembre de 2025, coincidiendo con la fase de máxima actividad tras el perihelio.
JANUS se encargó de documentar la evolución visual de la coma y la cola mediante imágenes en distintos filtros. MAJIS y UVS, por su parte, se centraron en estudiar la luz que el cometa refleja y emite, lo que permite elaborar un mapa de su composición química. SWI se ocupó de las ondas submilimétricas, muy útiles para examinar determinadas moléculas en el gas, mientras que el conjunto PEP analizó las partículas y el entorno de plasma alrededor del objeto.
Este despliegue instrumental convirtió a Juice en una especie de observatorio móvil para seguir a 3I/ATLAS. Aunque la misión tiene su destino fijado en las lunas heladas de Júpiter, el sobrevuelo a distancia de este cometa interestelar ha permitido poner a prueba los instrumentos en un escenario real de alta actividad, algo muy valioso de cara a futuras campañas científicas en el sistema joviano.
Además de los instrumentos puramente científicos, la cámara de navegación de la sonda también obtuvo imágenes complementarias de 3I/ATLAS. Estas tomas, pensadas en un principio para control de actitud y guiado, han resultado útiles para contextualizar la posición del cometa y refinar los modelos de trayectoria. Las imágenes complementarias han servido como apoyo en análisis como el de .
Durante todo el mes de noviembre, Juice siguió de cerca al cometa, hasta acumular una cantidad de datos suficientemente grande como para que, ahora, los equipos europeos puedan reconstruir con detalle cómo fue cambiando la actividad a medida que el objeto se alejaba del Sol y variaba su distancia a la sonda.
Retraso en la llegada de los datos: el papel del Sol como obstáculo
A pesar de que las imágenes se captaron en noviembre de 2025, la información científica no ha estado disponible en la Tierra hasta hace muy poco. El motivo es puramente geométrico: tras las observaciones, Juice quedó situada en el lado opuesto del Sol respecto a nuestro planeta, una configuración poco favorable para las comunicaciones. Esa situación ha complicado la recepción de la información científica en tiempo real.
En esa fase, la misión se vio obligada a utilizar la antena de alta ganancia como escudo térmico frente a la radiación solar. Para no interrumpir el flujo de datos, se recurrió a una antena de ganancia media, mucho menos eficiente, lo que redujo considerablemente la velocidad de transmisión hacia las estaciones de seguimiento europeas.
Este cuello de botella implicó que el envío completo de las imágenes y medidas asociadas se prolongara durante meses. Los equipos de instrumentación de la ESA han tenido que esperar hasta la semana pasada para contar con el paquete de datos al completo, momento a partir del cual se ha iniciado un análisis en profundidad.
Ahora que el enlace con la nave vuelve a ser más favorable, los responsables de cada instrumento están revisando con calma todo el material recogido durante la campaña de observación de 3I/ATLAS. Cada archivo de imagen, cada espectro y cada registro de partículas se procesa para corregir artefactos, calibrar niveles y extraer información física fiable.
La propia ESA ha explicado que, debido al volumen de datos y a la complejidad de los análisis, los resultados preliminares no se debatirán hasta finales de marzo, en una reunión en la que participarán los equipos de JANUS, MAJIS, UVS, SWI, PEP y el grupo encargado de la cámara de navegación.
Qué están buscando los científicos en las nuevas imágenes
Con las más de 120 imágenes multicolor obtenidas por JANUS y los datos complementarios del resto de instrumentos, los investigadores aspiran a responder a varias preguntas clave. Una de las primeras es caracterizar con detalle la estructura de la coma: cómo se distribuye el gas alrededor del núcleo, qué patrones se repiten y cómo evolucionan con el tiempo.
Al mismo tiempo, el análisis espectrométrico con MAJIS y UVS permitirá determinar qué tipos de hielos y compuestos orgánicos están siendo liberados. Saber si el cometa es rico en agua, monóxido de carbono, dióxido de carbono u otras moléculas volátiles ayuda a comparar su composición con la de los cometas “clásicos” del Sistema Solar. Estudios previos relacionados con su composición química han orientado ya algunas de estas preguntas.
Los datos de SWI y PEP añaden otra capa de información: por un lado, permiten estudiar la composición molecular del gas y la temperatura del entorno; por otro, caracterizan las propiedades de las partículas de polvo y el plasma generados por la interacción del cometa con el viento solar.
Con todo ello, los científicos esperan reconstruir un retrato bastante completo del comportamiento de 3I/ATLAS durante su paso por la región interna del Sistema Solar. Aunque este visitante ya no sea visible desde Europa con telescopios convencionales, las bases de datos científicas seguirán alimentándose durante meses con nueva información extraída de las observaciones de Juice.
Dónde está ahora 3I/ATLAS y qué papel jugará Júpiter
En estos momentos, el cometa ya ha dejado atrás la zona más iluminada del Sistema Solar y se desplaza hacia las regiones exteriores, moviéndose entre las órbitas de los planetas gigantes. Para observadores experimentados con instrumentos muy potentes, su posición aparente se sitúa en la constelación de Géminis, aunque la observación directa desde tierra ya es muy complicada.
Las efemérides indican que la trayectoria hiperbólica de 3I/ATLAS lo lleva a pasar relativamente cerca de la órbita de Júpiter a mediados de marzo de 2026, a unas pocas décimas de unidad astronómica del planeta (del orden de decenas de millones de kilómetros). No se trata de un encuentro cercano en el sentido estricto, pero sí lo bastante próximo como para que el campo gravitatorio del gigante gaseoso pueda dejar su huella en la trayectoria del cometa.
La comunidad científica está muy atenta a esta etapa porque la interacción gravitatoria con Júpiter podría modificar sutilmente la órbita de 3I/ATLAS o influir en su nivel de actividad. Cambios en la cantidad de polvo expelido o en la orientación de la cola, registrados por observatorios espaciales, permitirían estudiar cómo responden los objetos interestelares al encontrarse con un planeta tan masivo.
En paralelo, hay propuestas para de este cometa, con el objetivo de acercarse a él una vez se encuentre en el espacio profundo. Aunque se trata de planes aún preliminares, el interés radica en la posibilidad de analizar de primera mano un cuerpo formado alrededor de otra estrella, algo que podría revolucionar nuestro conocimiento sobre la formación de sistemas planetarios.
Cada nueva imagen de 3I/ATLAS y cada espectro recogido por Juice alimentan esta línea de investigación, al tiempo que ayudan a refinar los modelos que describen la dinámica de objetos interestelares que cruzan el vecindario solar.
JUICE: una misión a Júpiter que aprovecha cada oportunidad científica
Aunque la gran meta de Juice es llegar al sistema joviano en 2031 para estudiar en detalle las lunas heladas de Júpiter, la ESA está exprimiendo al máximo el largo viaje interplanetario de la nave. El seguimiento de 3I/ATLAS es un buen ejemplo de cómo una misión diseñada con un objetivo principal puede adaptarse para aprovechar fenómenos inesperados.
La cámara JANUS, protagonista de las nuevas imágenes del cometa, está equipada con un sensor de alta sensibilidad y un sistema de filtros que le permite trabajar tanto en el rango visible como en el cercano al infrarrojo. Estas características facilitan el estudio de la actividad superficial de los cuerpos observados y la identificación de distintos tipos de hielos y minerales, capacidades que serán decisivas cuando llegue el momento de cartografiar las lunas de Júpiter.
En el caso de 3I/ATLAS, JANUS ha permitido no solo distinguir la estructura de la envoltura gaseosa, sino también estimar parámetros básicos del núcleo, como su tamaño aproximado y la distribución de las zonas de emisión activa. Esta información será comparada con los resultados espectrométricos para obtener un panorama lo más completo posible.
Mientras Juice continúa su trayectoria hacia el sistema joviano, la ESA destaca que este tipo de observaciones “de oportunidad” refuerzan el valor científico global de la misión. Además de preparar a los equipos para los retos técnicos que enfrentarán en Júpiter, aportan datos inéditos sobre fenómenos transitorios que difícilmente podrían estudiarse desde la Tierra.
Todo apunta a que las nuevas imágenes del cometa 3I/ATLAS se convertirán en una referencia obligada para entender cómo se comportan los objetos interestelares cuando se aventuran por el interior del Sistema Solar, ofreciendo a Europa y al resto del mundo científico una visión privilegiada de un viajero que pronto desaparecerá de nuestro alcance, pero del que todavía queda mucho por aprender a partir de los datos recopilados.