Marte, el vecino rojizo que ha alimentado la imaginación humana durante siglos, vuelve a protagonizar titulares científicos. Un equipo internacional ha publicado en Nature un hallazgo que reescribe parte de su historia: el planeta habría conservado agua líquida en su superficie hasta hace unos 757 millones de años, mucho más recientemente de lo que se pensaba. El descubrimiento, basado en los datos del rover chino Zhurong, sitúa a Utopia Planitia como un escenario clave para entender la evolución climática marciana.
Al mismo tiempo, un estudio independiente sugiere que el interior de Marte podría seguir térmicamente activo, con un hemisferio sur más caliente que el norte. Esta diferencia, conocida como dicotomía marciana, podría explicar la conservación de antiguos campos magnéticos y la posible presencia de agua en el pasado. Ambas investigaciones, publicadas con meses de diferencia, ofrecen una imagen de Marte mucho más dinámica de lo que los modelos tradicionales sugerían.
Agua en Marte: el hallazgo de Zhurong
El rover Zhurong, el primer vehículo explorador chino en Marte, recorrió la superficie de Utopia Planitia durante 93 días antes de que una tormenta de polvo detuviera sus operaciones en 2022. Durante ese tiempo, sus sensores detectaron cristales de yeso, un mineral que solo se forma en presencia de agua salada concentrada. El análisis, publicado en Nature Astronomy, revela que estos cristales tienen una antigüedad de aproximadamente 757 millones de años, lo que contradice la visión predominante que situaba el fin del agua superficial hace unos 3.000 millones de años.
Los investigadores identificaron selenita, una variedad de yeso con grandes cristales, mediante espectroscopía láser e infrarroja. Para que se formara esta capa mineral, el equipo estima que se necesitaron entre 6,25 y 25 metros de agua acumulada, aunque la lámina líquida en cada episodio no superaría el metro de profundidad. Esto sugiere aportes intermitentes de salmueras subterráneas, posiblemente impulsados por actividad volcánica, en lugar de un lago profundo y estable.
La datación se realizó mediante el conteo de cráteres en las cercanías del sitio, una técnica clásica en exploración planetaria. El terreno del sur de Utopia Planitia tiene una edad estimada de 757 millones de años, lo que reubica el episodio de actividad acuosa en una franja temporal mucho más reciente. Este hallazgo desplaza el foco de investigaciones previas, que se basaban en hallazgos sorprendentes de rocas en Marte y alteraciones minerales indirectas, y abre una nueva ventana para comprender la evolución climática del planeta.
Un interior sorprendentemente caliente
Mientras tanto, un estudio publicado en Geophysical Research Letters ha utilizado una técnica innovadora llamada tomografía de mareas para analizar el interior de Marte. Los resultados indican que el hemisferio sur es significativamente más caliente que el norte, una diferencia que podría explicar las anomalías magnéticas detectadas en minerales ricos en hierro de la corteza meridional. Marte perdió su campo magnético global hace más de 4.000 millones de años, pero algunas rocas del sur conservan señales de ese antiguo campo.
Los científicos barajan varias hipótesis para explicar este gradiente térmico. Una de ellas apunta a un enorme impacto que creó las tierras bajas del norte y permitió que el calor interno escapara más rápidamente. Otra sugiere corrientes de convección en el manto que concentraron calor en el sur. También se plantea que la corteza más gruesa del sur actuara como una tapa, atrapando el calor durante miles de millones de años. Ninguna de estas explicaciones ha sido confirmada, pero el estudio demuestra que el interior marciano podría haber permanecido activo durante mucho más tiempo de lo que sugiere la superficie.
Esta actividad térmica podría haber influido en la presencia de agua y en la habitabilidad del planeta. Las grandes llanuras del norte pudieron albergar enormes cantidades de agua en el pasado, mientras que las regiones meridionales presentan algunos de los terrenos más antiguos. Un interior más caliente habría favorecido el volcanismo y la circulación de fluidos en el subsuelo, creando condiciones potencialmente favorables para la vida.
Misterios en el cielo marciano: Fobos y la ‘medusa’
El 12 de agosto de 2026, mientras millones de personas en España observaban un eclipse total de Sol, el rover Perseverance capturaba un fenómeno similar desde Marte. La cámara Mastcam-Z registró el tránsito de Fobos, la luna más grande del planeta rojo, cruzando el disco solar. A diferencia de la Luna terrestre, Fobos es demasiado pequeña e irregular para cubrir completamente el Sol, por lo que los científicos prefieren hablar de tránsito en lugar de eclipse.
La secuencia, difundida por la NASA, muestra la silueta de Fobos con su característica forma de patata. Estas observaciones tienen un objetivo científico: comparar las posiciones de Fobos en distintos momentos permite medir con precisión cómo cambia su órbita. Fobos se está acercando lentamente a Marte debido a las mareas gravitatorias, y se estima que dentro de 20 a 50 millones de años podría chocar contra el planeta o desintegrarse formando un anillo de escombros.
En otro rincón de Marte, el rover Curiosity captó en agosto de 2023 una imagen que se hizo viral en 2026: una silueta oscura con forma de medusa suspendida sobre el horizonte. La explicación más probable, según los expertos, es el impacto de un rayo cósmico contra el sensor de la cámara. Marte carece de un campo magnético global y su atmósfera es muy tenue, por lo que los instrumentos están más expuestos a partículas de alta energía. La figura desaparece en fotografías tomadas segundos antes, lo que refuerza la hipótesis de un artefacto visual.
El debate sobre la vida en Marte sigue abierto

La posibilidad de vida en Marte ha vuelto a ser noticia con la reapertura del debate sobre el experimento Labeled Release (LR) de la misión Viking, que en 1976 buscó microorganismos en el suelo marciano. Los responsables del experimento, Gilbert Levin y Patricia Straat, murieron convencidos de haber encontrado vida, pero el consenso científico atribuyó los resultados a reacciones químicas no biológicas.
En 2008, la misión Phoenix identificó percloratos en el suelo de Marte, sales oxidantes que podrían explicar los resultados del LR. Un estudio publicado en Icarus en mayo de 2025 sugiere que estos compuestos produjeron la reacción que Levin y Straat interpretaron como actividad microbiana. Sin embargo, otra investigación en Astrobiology a inicios de 2026 plantea que el cromatógrafo de gases de Viking podría no haber detectado compuestos orgánicos porque los percloratos los destruyeron al calentar las muestras. La cuestión no está zanjada, y la posibilidad de que Perseverance encuentre indicios de vida antigua en Marte, aunque remota, no puede descartarse por completo.
Por último, un detalle curioso une España con Marte: el cráter Madrid, de 3,8 kilómetros de diámetro, fue bautizado en 1979 en honor a un emplazamiento español de seguimiento espacial, probablemente el complejo de Robledo de Chavela. Esta instalación participó en la misión Mariner 4, que en 1965 tomó las primeras fotografías de cerca de Marte. La antena DSS-61, hoy reconvertida en radiotelescopio educativo, es el vínculo real entre España y el planeta rojo.
En definitiva, Marte se revela como un mundo mucho más complejo de lo que se creía. El agua persistió hasta hace relativamente poco, el interior conserva calor y los misterios sobre su pasado y su potencial para albergar vida siguen alimentando la investigación científica. Cada nuevo dato, cada imagen, cada análisis, acerca un poco más a la humanidad a comprender ese vecino cósmico que, como dice el refrán adaptado, no necesita monstruos para resultar extraño: le basta con ser Marte.




