Manejo del combustible forestal: modelos, cartografía y PEG

  • El combustible forestal se tipifica en modelos que alimentan simuladores para predecir velocidad e intensidad del fuego.
  • Andalucía: inventarios en ZAR, guía basada en UCO40 y ampliación fuera de ZAR para capturar estructuras relevantes.
  • Comunitat Valenciana: cartografía de alta resolución (10x10 m) con satélite y LIDAR, 18 modelos (14 inflamables y 4 no).
  • PEG: tratamientos selvícolas (podas, clareos, desbroces) para crear discontinuidad y hacer el incendio atacable.

gestión del combustible forestal

El manejo del combustible forestal es la base de la prevención de incendios de gran intensidad y, por extensión, una de las piezas clave de la gestión del territorio. A fin de cuentas, el fuego se alimenta de la biomasa vegetal viva y muerta, y la forma en que esa biomasa está distribuida en el paisaje determina cómo se comporta un incendio, qué velocidad alcanza y cuánta energía libera.

Con un clima más variable, con sequías y olas de calor y temporadas de riesgo cada vez más largas, anticiparse ya no es opcional. De ahí que la cartografía de modelos de combustible, los inventarios de campo, las claves de identificación fotográfica y las herramientas de simulación se hayan convertido en aliados imprescindibles para la toma de decisiones en prevención y extinción, desde el planeamiento hasta la intervención in situ.

propagación de incendios forestales
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Qué es el combustible forestal y por qué condiciona el fuego

En términos operativos, el combustible forestal es una agrupación espacial de vegetación que funciona como fuente de energía para el incendio. Esa agrupación incluye biomasa viva y muerta, con diferentes tamaños, contenidos de humedad, disposiciones y continuidad, y tiene una influencia directa en la intensidad y severidad del fuego.

El gran reto es su heterogeneidad: la vegetación cambia muchísimo entre ecosistemas y también dentro de una misma formación forestal. Por eso, para poder trabajar en campo, modelizar y planificar, se recurre a una simplificación del combustible mediante clasificaciones que agrupan conjuntos con comportamiento esperado similar.

Estas clasificaciones dan lugar a los denominados modelos de combustible: conjuntos artificiales que identifican valores representativos (densidad, carga, distribución, continuidad horizontal y vertical, etc.) de un “complejo de combustible”. Dichos valores son las entradas que consumen los simuladores de comportamiento del fuego, como los que se desarrollaron a partir de los trabajos de Rothermel y Burgan en los años 80.

Además del propio combustible, en la propagación de un incendio intervienen la meteorología y la topografía. Factores como el viento y la temperatura influyen en la tasa de secado, en la inclinación de la llama y en la convección, mientras que la pendiente y la exposición del terreno favorecen o frenan el avance del frente. Por eso, la predicción fiable exige integrar combustible, tiempo y relieve.

Modelos de combustible: de Rothermel-ICONA a Scott & Burgan y UCO40

Para poder estimar la velocidad de propagación, la longitud de llama o la intensidad, los gestores utilizan “familias” de modelos. Históricamente, en España se han usado los 13 modelos basados en Rothermel (adaptación ICONA, 1987), apoyados en guías como la clave fotográfica de identificación (Anderson, 1982). Esta base fue un salto adelante para que técnicos y brigadas hablasen un lenguaje común.

Con el tiempo, la variabilidad del territorio exigió una tipificación más rica. Ahí encaja la clasificación de Scott y Burgan (2005), que amplía a 40 modelos y permite representar estructuras de combustible más diversas, algo especialmente útil en mosaicos mediterráneos donde conviven pastos, matorrales y masas arboladas con diferentes estados de desarrollo y continuidad.

En paralelo, iniciativas regionales han afinado la caracterización para su propia realidad. Destaca, por ejemplo, la clasificación UCO40, utilizada como referencia para elaborar una guía de campo con clave de identificación y fichas de modelos adaptada a Andalucía. Este tipo de referentes permiten que el inventario y la modelización se aterricen a los combustibles reales de cada territorio.

Por grupos, los modelos suelen organizarse en categorías como: pastos, matorrales, matorral bajo arbolado (intermix), restos o residuos de aprovechamientos y otras coberturas. Desde el punto de vista operativo, esta estructura ayuda a estimar la continuidad horizontal y vertical, así como la carga de combustible efectiva para el frente de llama.

  • Pastos: combustibles finos con alta disponibilidad estacional y rápida respuesta a cambios de humedad.
  • Matorrales: arbustos de distinta altura y densidad; modulan longitud de llama y velocidad de avance.
  • Debajo de arbolado: capas de sotobosque y hojarasca que conectan verticalmente con copas.
  • Restos: residuos de cortas y tratamientos; pueden incrementar focos secundarios y chispas.

Inventarios y modelización en Andalucía: ZAR, UCO40 y el proyecto CILIFO

En el marco del proyecto NET872330, centrado en la modelización del combustible forestal, se desarrolló un servicio específico de inventarios de campo para la parametrización y validación del combustible en las Zonas de Alto Riesgo (ZAR) de Andalucía. El objetivo principal fue disponer de un manual de campo con clave de identificación y fichas de modelos basadas en la clasificación UCO40.

El área de estudio abarcó toda la Comunidad Autónoma de Andalucía, sumando un “buffer” exterior de 20 km sobre Portugal y las comunidades limítrofes (Extremadura, Castilla-La Mancha y Murcia). Aun así, los muestreos se ejecutaron sobre el terreno únicamente en la región andaluza, con mayor intensidad en las ZAR.

Las Zonas de Alto Riesgo ocupan aproximadamente el 58% del territorio andaluz, lo que equivale a unos 50.550 km2. Son áreas mayoritariamente forestales con susceptibilidad a incendios relativamente frecuentes. Con el fin de no dejar fuera estructuras relevantes para grandes incendios, el trabajo de campo se amplió fuera de ZAR para capturar combustibles significativos que, aun no estando en zonas de mayor frecuencia, sí pueden contribuir a propagaciones extremas.

La combinación de inventarios sobre el terreno y clasificación local (UCO40) permite afinar los parámetros de entrada de los simuladores, mejorando la fiabilidad de las predicciones y ayudando a priorizar actuaciones selvícolas allí donde hay más potencial de cambio en el comportamiento del fuego.

  • Ámbito: Andalucía completa + 20 km de entorno transfronterizo y regional adyacente.
  • Foco: inventarios intensivos en ZAR, con ampliación selectiva fuera de ellas.
  • Salida: guía de campo con clave de identificación y fichas de modelos basados en UCO40.
  • Uso: parametrización/validación para simulación y planificación de tratamientos.

Cartografía de modelos en la Comunitat Valenciana: teledetección, LIDAR y precisión

La Conselleria competente en medio ambiente y territorio en la Comunitat Valenciana gestiona, entre otras tareas, la prevención de incendios forestales. En un escenario de cambio climático, el foco está en anticipar: comprender la estructura del combustible y su distribución en el espacio es fundamental para predecir la propagación y planificar recursos.

Desde finales de los 80 se empleaba la clasificación de Rothermel adaptada por ICONA (13 modelos). Con la llegada del PATFOR (2011), esta tipificación se plasmó en cartografías mediante cruces de capas vectoriales. No obstante, en 2011 se elaboró una cartografía provincial renovada (Valencia) de modelos de combustible basada en la clasificación de Scott y Burgan (40 modelos), reflejando mejor la diversidad real del paisaje valenciano.

El salto decisivo llegó en 2018, cuando la Dirección General de Prevención de Incendios Forestales impulsó una actualización completa, apoyándose en nuevas tecnologías accesibles: imágenes de satélite y LIDAR aerotransportado. Al ser fuentes abiertas y de bajo coste, permitieron un equilibrio muy razonable entre precisión y presupuesto.

La combinación satélite-LIDAR aporta lo mejor de cada mundo: el satélite ofrece multiespectral y series temporales para detectar cambios y tipos de cubierta; el LIDAR aporta estructura vertical de la vegetación (alturas, densidades, continuidad) y microrelieve. Con metodología adecuada, se generó un mapa de modelos de combustible de alta resolución (10 x 10 m) y una línea de producción que facilita su actualización periódica.

El resultado: 18 modelos mapeados en toda la Comunitat, de los que 14 son combustibles forestales (inflamables) y 4 no inflamables, asociados a zonas urbanas, agrícolas, cuerpos de agua y suelos desnudos. Esta cartografía se emplea tanto en prevención (planificación de tratamientos) como en gestión forestal ordinaria, y mejora el análisis operativo en tiempo real.

Ejemplos de modelos y clave fotográfica en la Comunitat Valenciana

La identificación rápida sobre el terreno se apoya en claves fotográficas de modelos, algo especialmente útil para que equipos de distintas unidades etiqueten el combustible de manera homogénea. Entre los modelos de referencia, a modo de ejemplo local, se incluyen: GR2 (pastizales de menos de 1 m de altura) y GR7 (zonas húmedas y marjales), que reflejan estructuras de combustible fino con dinámicas de humedad y continuidad propias.

En matorrales, aparecen modelos como SH4 (matorral) y SH9 (regenerado), que expresan densidades y alturas distintas, con implicaciones claras en longitud de llama. Cuando el matorral se desarrolla bajo arbolado, el comportamiento cambia por la continuidad vertical; ahí entra el modelo TU2 (matorral debajo de arbolado), con riesgo de transición a copas si no se gestiona el sotobosque.

Los restos de aprovechamientos y trabajos selvícolas requieren modelos específicos como SB3, que ayudan a valorar el potencial de focos secundarios y pavesas. Cada etiqueta resume un conjunto de parámetros cuantitativos y cualitativos que, una vez integrados en el simulador, permiten predecir mejor el comportamiento del frente de llama.

El uso consistente de estas claves asegura que la cartografía y los inventarios tengan continuidad en el tiempo. En la práctica, esa coherencia se traduce en mapas más útiles para priorizar tratamientos y para evaluar, durante una emergencia, dónde están los puntos débiles del paisaje.

Herramientas de simulación y análisis operativo

Para anticipar la propagación, los servicios técnicos emplean herramientas informáticas que modelizan el comportamiento del fuego a partir de tres grandes bloques de entradas: meteorología (viento, temperatura y humedad), topografía (pendiente, orientación, rugosidad) y vegetación (modelo de combustible, carga, continuidad vertical y horizontal). Estas herramientas son cada vez más necesarias ante la previsión de que los incendios forestales aumentarán en los próximos años.

Estas herramientas se usan en prevención (escenarios de planeamiento, análisis de eficacia de tratamientos) y también durante los incidentes, en análisis “in situ”. En el segundo caso, ayudan a predecir comportamiento, valorar ventanas de oportunidad y apoyar la anticipación de operaciones de ataque, aumentando la eficacia y la seguridad de los recursos.

La calidad de la predicción depende directamente de la calidad del dato: cuanto más actualizada y precisa sea la cartografía de modelos y las series meteorológicas, mejor capturaremos los cambios en la humedad del combustible y en la respuesta del sistema al viento y a la pendiente.

Puntos Estratégicos de Gestión (PEG): actuaciones que marcan la diferencia

Un ejemplo práctico de manejo del combustible orientado a la extinción es el proyecto de tratamiento del combustible vegetal en Puntos Estratégicos de Gestión (PEG) frente al riesgo de incendios forestales, desarrollado en Baleares. En él se intervinieron 54,18 hectáreas en 21 PEG repartidos por Mallorca, Menorca e Ibiza, financiados con 456.630 € del Impuesto de Turismo Sostenible.

Los PEG se ubican en puntos críticos definidos en el IV Plan General de Defensa contra Incendios Forestales: se trata de lugares que, por su configuración topográfica o estructural, pueden multiplicar el avance del fuego; es decir, puntos que provocan un cambio a peor en el comportamiento. Se catalogan, por ejemplo, como Nudos de Barranco, Nudos de Cresta o Collados.

El objetivo de los tratamientos selvícolas en estos enclaves es reducir el comportamiento agresivo del fuego y rebajar la intensidad y la longitud de llama hasta que el incendio sea atacable con seguridad. La clave es generar discontinuidades horizontales y verticales en la cubierta vegetal, reduciendo la densidad y la continuidad del combustible.

Las actuaciones realizadas incluyen podas, clareos y desbroces, junto con trabajos de mantenimiento de hábitats. Se han hecho sin introducir especies nuevas, sin alterar el paisaje ni cambiar la estructura principal de las masas. Además, se busca impedir el paso a copas y mantener la intensidad por debajo del umbral de capacidad de extinción.

Los efectos operativos se notan: se evita la propagación hacia zonas más peligrosas, se reduce la carga de biomasa, se mejora la accesibilidad dentro de la masa y se disminuye la intensidad de llama en el propio PEG. En conjunto, se crean oportunidades reales de ataque para los equipos, con incendios más lentos y gobernables.

Cómo se transmite el fuego y qué papel tiene el combustible

La propagación del fuego es un proceso de transferencia de calor: conducción, convección y radiación calientan los combustibles próximos hasta que alcanzan su temperatura de ignición. La continuidad del combustible (la “carretera” por la que circula el fuego) y su estado de humedad determinan si el frente se acelera o se quiebra.

La topografía actúa como catalizador: la pendiente inclina la llama hacia adelante y preseca los combustibles situados ladera arriba, mientras que la exposición condiciona la insolación y los microclimas. En cañones o barrancos (“nudos de barranco”), los vientos canalizados pueden disparar la velocidad de propagación y la spotting activity.

En este contexto, la gestión del combustible persigue interrumpir cadenas de continuidad, tanto en horizontal (franjas de tratamiento, mosaicos) como en vertical (desconexión sotobosque-copas). Si se suma a un buen anclaje topográfico, estas actuaciones mejoran la maniobrabilidad del ataque y reducen el potencial de comportamiento extremo.

De la foto al mapa: claves, satélite y LIDAR

La clave fotográfica de modelos es una herramienta valiosa para el personal de campo: estandariza la identificación de combustibles, reduce la subjetividad y alimenta de datos consistentes los inventarios y los mapas. Cuando se combina con teledetección, se gana cobertura espacial y capacidad de actualización.

Las imágenes de satélite aportan firmas espectrales y historicidad que ayudan a distinguir usos y coberturas y a detectar cambios, mientras que el LIDAR aerotransportado permite medir alturas, densidades y estratos con gran detalle. El cruce de ambas fuentes ofrece cartografías de modelos de combustible con alta resolución (por ejemplo, 10 x 10 m) y repetibilidad en el tiempo.

Con metodologías claras, estas capas pueden mantenerse al día incorporando nuevas pasadas de satélite o coberturas LIDAR, de forma que la cartografía refleje la evolución natural del combustible y las modificaciones por tratamientos selvícolas, incidencias o episodios de mortandad y la capacidad de los bosques para regenerarse tras un incendio.

Con metodologías claras, estas capas pueden mantenerse al día incorporando nuevas pasadas de satélite o coberturas LIDAR, de forma que la cartografía refleje la evolución natural del combustible y las modificaciones por tratamientos selvícolas, incidencias o episodios de mortandad.

Buenas prácticas de manejo del combustible

Desde la planificación, conviene priorizar tratamientos allí donde el cambio en el comportamiento del fuego sea más probable. Eso incluye PEG con efecto multiplicador, bordes de interfaz urbano-forestal, corredores de viento y zonas con matorral denso bajo arbolado. La idea es maximizar el beneficio operativo por hectárea tratada.

En la ejecución, las recetas más eficaces suelen combinar clareos para reducir densidad, podas de elevación para romper continuidad vertical y desbroces selectivos del sotobosque. Todo ello, alineado con objetivos de conservación y con el mantenimiento de hábitats, evitando alteraciones innecesarias del paisaje y sin introducir especies.

Tras el tratamiento, el mantenimiento es crucial: el combustible fino se recupera rápido. Actualizar la cartografía, monitorizar con teledetección y revisar el estado de los cortes y fajas ayuda a sostener en el tiempo la eficacia conseguida con la inversión inicial.

Glosario mínimo para no perderse

  • Modelo de combustible: representación tipificada de un complejo de vegetación con comportamiento de fuego esperado.
  • ZAR: Zonas de Alto Riesgo; áreas con mayor susceptibilidad a incendios frecuentes o de impacto.
  • UCO40: clasificación de 40 modelos adaptada a Andalucía para guías de campo e inventario.
  • LIDAR: sensor láser aerotransportado que mide estructura vertical de la vegetación y microrelieve.
  • PEG: Puntos Estratégicos de Gestión donde el tratamiento del combustible tiene impacto operativo clave.

Mirando el conjunto, la gestión del combustible forestal se apoya en una base técnica robusta (modelos de Rothermel-ICONA, Scott y Burgan y clasificaciones regionales como UCO40), en inventarios de campo bien planteados (como los realizados en ZAR de Andalucía) y en cartografías modernas que combinan satélite y LIDAR. Si a ello sumamos actuaciones en Puntos Estratégicos de Gestión, con podas, clareos y desbroces orientados a crear discontinuidad y a bajar la intensidad, se habilitan oportunidades reales para atacar con seguridad y eficacia, tanto en prevención como en plena emergencia.