Los “químicos eternos” alcanzan las aguas antárticas: evidencia del CSIC y claves para Europa

  • El IDAEA-CSIC y el IQOG-CSIC detectan PFAS en aguas próximas a la Antártida con concentraciones comparables al Atlántico Norte.
  • Los compuestos llegan por aerosoles marinos y deposición húmeda, no por corrientes oceánicas.
  • Las campañas de 2021 y 2022 midieron con el mismo método desde el Atlántico Norte hasta el océano Austral.
  • ECHA evalúa restringir PFAS en la UE; el estudio aporta base científica para la regulación.

Quimicos eternos en aguas de la Antartida

La presencia de compuestos perfluorados persistentes (PFAS) se confirma ya en el extremo sur del planeta: las aguas cercanas a la Antártida. Un equipo del IDAEA-CSIC y del IQOG-CSIC ha constatado que estos contaminantes industriales, conocidos popularmente como “químicos eternos”, están acumulándose en el océano Austral.

El trabajo, publicado en la revista Communications Earth & Environment, demuestra que los ácidos perfluoroalquilados (PFAAs) llegan hasta esta región remota principalmente transportados por la atmósfera, a través de aerosoles marinos y su deposición en forma de lluvia o nieve, cuestionando así los esquemas de transporte global aceptados hasta ahora.

Lo que cambia con este hallazgo

Durante años se asumió que las corrientes oceánicas actuaban como barrera frente a estos contaminantes en la Antártida; el nuevo resultado indica que la ruta dominante es aérea y que las concentraciones están aumentando en zonas cercanas a la península antártica.

El estudio identifica a los aerosoles marinos como vectores eficaces: minúsculas gotas que capturan PFAAs en la superficie del océano, los elevan a la atmósfera y los devuelven mediante deposición húmeda en forma de lluvia o nieve, favoreciendo su acumulación en aguas australes.

Además, los científicos han encontrado niveles de PFAAs en el entorno antártico similares a los del Atlántico Norte, un área mucho más próxima a las fuentes industriales, lo que refuerza la idea de una distribución verdaderamente global de estos compuestos.

Desde el equipo del CSIC se subraya que este cambio de paradigma obliga a incorporar la atmósfera como vía principal en los modelos de transporte de contaminantes persistentes y a revisar las prioridades de vigilancia ambiental a gran escala.

PFAS en el oceano Austral

Dos campañas y un método comparativo

Las conclusiones proceden de dos campañas oceanográficas realizadas en 2021 y 2022 que cubrieron un amplio transecto desde el Atlántico Norte hasta el océano Antártico, con la misma metodología analítica para garantizar la comparabilidad de los datos entre regiones.

El análisis reveló que las mayores concentraciones de PFAAs emergen en aguas con influencia de las costas de Brasil y Argentina, lo que sugiere un aporte progresivo hacia el sur impulsado por procesos atmosféricos y la posterior deposición en latitudes altas.

Según el equipo, el uso de un protocolo uniforme en todas las estaciones de muestreo ha permitido corroborar con solidez que los valores medidos en la Antártida son comparables a los del Atlántico Norte, pese a la gran distancia de las fuentes antropogénicas.

Los investigadores del IDAEA-CSIC y el IQOG-CSIC destacan que la persistencia química y la capacidad de transporte a larga distancia favorecen la acumulación, ya que apenas existen vías naturales de eliminación que compensen la entrada continua.

Qué son los PFAS y por qué preocupan

Los PFAS constituyen una amplia familia de sustancias muy estables, empleadas desde hace décadas por sus propiedades antiadherentes e hidrófugas en numerosos bienes de consumo y sectores industriales.

Entre sus usos habituales se encuentran, por ejemplo: envases alimentarios, textiles impermeables, cosméticos, materiales de construcción y espumas contra incendios, lo que ha favorecido su dispersión global.

Su enorme resistencia a la degradación les ha valido el apodo de “químicos eternos”: persisten en el medio ambiente durante años, viajan grandes distancias y pueden bioacumularse en ecosistemas remotos.

En el plano sanitario, el ácido perfluorooctanoico (PFOA) está clasificado como carcinógeno por la IARC, mientras que el PFOS figura como posible carcinógeno; esta evidencia respaldó la creciente preocupación regulatoria en Europa y otras regiones.

Implicaciones para Europa y España

La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) evalúa actualmente una propuesta de restricción de los PFAS en la Unión Europea, y este trabajo aporta información clave para fundamentar futuras decisiones.

El liderazgo del CSIC en esta investigación no solo sitúa a España en la primera línea del análisis de contaminantes emergentes, sino que fortalece la base científica para orientar políticas públicas y mejorar los sistemas de vigilancia ambiental en el ámbito europeo.

Los autores insisten en que la demostración de un transporte atmosférico eficaz hacia la Antártida invita a reforzar los acuerdos internacionales y a revisar las estrategias de control de emisiones de PFAS en origen.

Qué falta por investigar

La prioridad pasa por ampliar el monitoreo coordinado entre océano y atmósfera, incorporando estaciones en latitudes clave y series temporales largas que permitan evaluar la evolución de tendencias y posibles episodios de deposición intensa.

También será necesario afinar los modelos de transporte para integrar con mayor precisión el papel de los aerosoles marinos, la meteorología y la estacionalidad, así como profundizar en los balances entre entradas y salidas de estos compuestos en el océano Austral.

La detección de PFAS en aguas antárticas, con niveles equiparables a los del Atlántico Norte, pone de manifiesto que la contaminación química es global y que la respuesta debe articularse combinando evidencia científica sólida, regulación eficaz y cooperación internacional sostenida.