Los glaciares de Suiza han vivido un año para olvidar. La red de monitoreo GLAMOS y la Academia Suiza de Ciencias han confirmado que estas masas de hielo perdieron un 5,5% de su volumen durante 2026. Es la segunda mayor caída porcentual registrada, solo por detrás del desastroso 2022. Matthias Huss, responsable de GLAMOS, no se anda con rodeos y define el ejercicio como «un año catastrófico». La combinación de un invierno con escasas nevadas y un verano de calor extremo ha dejado el paisaje alpino irreconocible.
Las cifras son contundentes. En solo cinco años, desde 2021, los glaciares suizos han perdido casi el 20% de su masa. La tasa de deshielo entre 2022 y 2026 ha sido más del doble que la de cualquier otro período de cinco años previamente monitorizado. Los expertos advierten de que estos cuerpos de hielo no podrán sobrevivir a largo plazo si las condiciones climáticas actuales se mantienen. El calentamiento global, causado al 100% por la actividad humana según los científicos, está detrás de esta aceleración sin precedentes.
Una pérdida de hielo sin precedentes

El deshielo de este año no ha sido un caso aislado. Los datos recopilados en septiembre en 23 glaciares de referencia, y extrapolados a las casi 1.300 formaciones que aún resisten en el país, dibujan un panorama desolador. El espesor medio de los glaciares monitorizados se redujo entre 2,5 y 4 metros. En algunas lenguas glaciares, la pérdida de grosor llegó hasta los 10 metros. Glaciares emblemáticos como el Aletsch, el más grande de los Alpes, el Ródano, el Clariden y el Allalin registraron un derretimiento nunca visto.
La velocidad del retroceso ha sorprendido incluso a los investigadores. Matthias Huss, desde el glaciar Scex Rouge a casi 3.000 metros de altitud, comprobó cómo una estaca de medición de cuatro metros, completamente enterrada a finales de julio, sobresalía más de tres metros apenas unos meses después. «Este glaciar no está sobreviviendo. Probablemente no habrá hielo aquí en 10 o 15 años», lamentó. Las montañas antes cubiertas de nieve muestran ahora rocas desnudas y hielo oscuro, un vestigio de lo que fueron.
Entre 1990 y 2000, Suiza perdió el 10% de su volumen de hielo. En la última década, ese porcentaje se ha disparado hasta el 27%. La tendencia se ha agravado de tal forma que algunos glaciares pequeños ya han desaparecido por completo. Es el caso del Bella Tola, en el cantón de Valais, y del Griessfirn, en Glarus. El glaciar Griess, también conocido como Plattalvafirn, ha perdido el 99% de su superficie en apenas dos décadas.
Calor extremo y falta de nieve: las causas

El invierno de 2025/26 fue uno de los diez con menos nieve desde que hay registros en Suiza. Esa ausencia de precipitaciones en forma de nieve dejó a los glaciares sin su capa protectora natural. La nieve cumple una doble función: por un lado, aísla el hielo del calor y retrasa su fusión; por otro, alimenta al glaciar con nuevo material que puede compactarse y convertirse en hielo. Sin ella, el deshielo se acelera de forma dramática.
A la falta de nieve se sumó un verano de temperaturas asfixiantes. Los meses de junio, julio y agosto fueron cada uno el más caluroso jamás registrado en Suiza desde 1864, según la Oficina Federal de Meteorología y Climatología (MeteoSwiss). El período de abril a septiembre ha sido el más cálido y seco desde que comenzaron las mediciones. La cota de cero grados, el nivel donde la temperatura roza el punto de congelación, superó los 4.000 metros durante 76 días. Es más del doble del promedio habitual y supone un récord absoluto.
En septiembre, ya no quedaba nieve ni siquiera a 3.500 metros de altitud. Las olas de calor, que se sucedieron entre mayo y septiembre, dejaron los glaciares completamente expuestos a la radiación solar. El agua de deshielo circula ahora por debajo del hielo, excavando cavidades internas que pueden provocar el hundimiento de grandes bloques. Los científicos describen estos glaciares como auténticos quesos suizos, llenos de huecos y techos que se desmoronan.
Consecuencias para Suiza y para Europa

El deshielo tiene un impacto directo en el suministro de agua. Entre julio y septiembre, los glaciares suizos perdieron aproximadamente 2,2 billones de litros de agua. Esa cantidad equivale a más de cuatro veces el consumo anual de agua potable de todos los hogares del país, que suman unos 9,1 millones de habitantes. A corto plazo, el deshielo ha ayudado a paliar la escasez de agua durante los meses estivales, pero este efecto es temporal y disminuirá a medida que la capa de hielo se reduzca de forma irreversible.
Suiza es considerada la torre de agua de Europa. Sus glaciares alimentan algunos de los ríos más importantes del continente: el Danubio, el Po, el Rin y el Ródano. La reducción del caudal de estos ríos afectaría a millones de personas en varios países europeos. Además, más de la mitad de la electricidad que consume Suiza proviene de la energía hidroeléctrica, por lo que la disminución de las reservas de hielo también pone en riesgo el suministro energético a largo plazo.
El retroceso de los glaciares también incrementa el riesgo de catástrofes naturales. El 2 de mayo de 2025, el deslizamiento de un glaciar en el sur de Suiza dejó un desaparecido y destruyó parcialmente el pueblo de Blatten. La localidad había sido evacuada una semana antes debido al peligro. Los expertos señalan que el deshielo extremo, con la formación de cavidades internas y la inestabilidad de las laderas, multiplica la probabilidad de desastres y amenazas por el deshielo glaciar.
Mediciones y metodología

Los datos presentados por GLAMOS y la Comisión Suiza para la Observación de la Criosfera de la Academia Suiza de Ciencias Naturales (SCNAT) se basan en mediciones exhaustivas realizadas en septiembre. Los equipos de expertos evalúan la escorrentía y las grietas causadas por el agua que corre a través de los glaciares. En algunos casos, vierten tinte rojo en los arroyos para rastrear los flujos de agua. Estas observaciones se llevan a cabo en 23 glaciares de referencia, cuyos resultados se extrapolan posteriormente al conjunto de las casi 1.300 formaciones glaciares que aún existen en el país.
Matthias Huss, profesor de glaciología en el Instituto Politécnico Federal ETH Zúrich, dirige la red GLAMOS, gestionada por instituciones de la ETH Zúrich y las universidades de Friburgo y Zúrich. Huss insiste en que el calentamiento actual puede atribuirse al 100% al cambio climático antropogénico. «Sin las emisiones humanas o los combustibles fósiles, no tendríamos ningún calentamiento en este momento», afirma. La temperatura media de Suiza ha aumentado aproximadamente 2,9 °C respecto al período preindustrial, muy por encima del objetivo del Acuerdo de París.
El panorama que dibujan los científicos es desalentador. Los glaciares suizos han perdido un 5,5% de su volumen en un solo año, casi un 20% en cinco y un 27% en la última década. Las causas son claras: un invierno con poca nieve y un verano de calor extremo, con la cota de congelación por encima de los 4.000 metros durante 76 días. Las consecuencias ya se notan en el suministro de agua, la producción hidroeléctrica y el aumento del riesgo de deslizamientos. Aunque este año no se ha superado el récord de 2022, la tendencia es inequívoca. Los glaciares alpinos, tal como los conocemos, tienen los días contados si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.