Buena parte de España se encuentra inmersa en un episodio de lluvia de barro provocado por polvo sahariano que está dejando cielos turbios, ambiente cargado y un tiempo bastante más revuelto de lo habitual para estas fechas. La llegada de varias masas de aire cálido procedentes del norte de África, impulsadas por borrascas atlánticas y ondulaciones del chorro polar, ha disparado las intrusiones de calima en la Península y Baleares.
Durante varios días, la atmósfera se mantendrá muy inestable, con tormentas, chubascos y calima coincidiendo en muchas zonas. Allí donde las precipitaciones atraviesen capas de aire cargadas de polvo, las gotas arrastrarán las partículas hasta el suelo, dejando ese característico barro sobre coches, calles, terrazas y fachadas que tanta gente ya está notando.
Qué es la lluvia de barro y por qué se está produciendo ahora
La llamada lluvia de barro aparece cuando las gotas de lluvia caen a través de una masa de aire con alta concentración de polvo sahariano. Ese polvo, formado por minúsculas partículas minerales levantadas en el desierto del Sáhara, queda en suspensión y viaja miles de kilómetros impulsado por los vientos del sur y del suroeste, hasta quedar atrapado en nubes de desarrollo convectivo.
Al precipitar, las gotas incorporan esas partículas y terminan depositándolas sobre cualquier superficie, generando una capa de sedimento marrón o rojizo. El fenómeno es especialmente visible tras chubascos intensos: los coches amanecen cubiertos de barro, las aceras quedan manchadas y los cristales muestran surcos bien marcados.
En esta ocasión confluyen varios ingredientes: aire subtropical muy cálido y polvoriento en altura, borrascas situadas al oeste de la Península y embolsamientos de aire frío que disparan las tormentas. Esta combinación está favoreciendo un episodio de calima bastante generalizado, con lluvias de barro repartidas por buena parte del país, desde Andalucía y Extremadura hasta el centro, el oeste, el Mediterráneo y Baleares.
La situación no es puntual ni aislada: se trata de un episodio prolongado de polvo en suspensión que se va reactivando a medida que nuevas masas de aire africano vuelven a entrar impulsadas por vientos del sur. De ahí que, aunque haya breves treguas, la sensación de ambiente turbio y las lluvias de barro se repitan durante varios días.

Las masas de aire sahariano que están afectando a España
Los modelos meteorológicos coinciden en que estamos ante una intrusión importante de aire sahariano, con concentraciones elevadas de partículas PM10 en distintos niveles de la atmósfera. La entrada de este aire polvoriento se explica por una marcada ondulación del chorro polar y por la presencia de bajas presiones al oeste de la Península, que canalizan vientos del sur hacia España.
Este flujo de componente sur y sureste empuja la calima desde el Atlántico hacia el interior peninsular y, a continuación, hacia el Mediterráneo y Baleares. El proceso suele seguir un patrón relativamente claro: primero se nota en el sur y el suroeste, después se extiende a la meseta, al este peninsular y, por último, se abre paso hacia el noreste y el Cantábrico, aunque allí de forma algo más difusa.
A lo largo de esta semana, la calima ya se ha dejado sentir con fuerza en Andalucía, Extremadura, Castilla-La-Mancha y Madrid, con cielos lechosos o anaranjados y una marcada reducción de la visibilidad. Posteriormente, el polvo ha ido ganando terreno hacia el litoral mediterráneo, Baleares y otras zonas del interior como la meseta norte y el entorno del Sistema Central.
En algunas fases del episodio, el polvo sahariano se concentra sobre todo en la mitad sur, el centro peninsular y el área mediterránea, mientras que el norte queda algo más al margen. Sin embargo, cuando las borrascas se acercan desde el Atlántico y el flujo se refuerza, la calima termina llegando también a Galicia, la cordillera Cantábrica y zonas del noreste, donde puede mezclarse con tormentas fuertes.
Zonas más afectadas por la calima y la lluvia de barro
Las previsiones apuntan a que las lluvias de barro serán especialmente probables en aquellas regiones donde las precipitaciones coincidan con las mayores concentraciones de polvo en suspensión. No basta con la calima: si no llueve, el polvo se limita a enturbiar los cielos y a ensuciar poco a poco las superficies.
En esta situación, las áreas con más papeletas para registrar episodios de barro son Andalucía, Extremadura, Castilla-La-Mancha y la Comunidad de Madrid, así como buena parte de la meseta norte y el entorno del Sistema Central. En estos territorios, la combinación de tormentas primaverales y aire sahariano cargado de partículas está resultando especialmente explosiva.
El fenómeno también se está dejando notar en el litoral mediterráneo y las islas Baleares, donde los vientos del sur acumulan polvo y las tormentas, cuando se producen, arrastran ese material hacia el suelo. En el sureste, zonas de Murcia y Comunidad Valenciana también están sometidas a cielos turbio-anaranjados y depósitos de barro tras los chubascos.
Más al norte, regiones como Galicia, la cordillera Cantábrica, los Pirineos y áreas del tercio norte pueden registrar igualmente lluvias de barro cuando las tormentas se forman sobre capas de aire con calima. En estos puntos, además, los chubascos pueden ser localmente fuertes y venir acompañados de granizo y rachas intensas de viento.
En aquellos lugares donde la lluvia no llega a descargar con fuerza, la presencia de polvo sahariano se nota sobre todo en la apariencia blanquecina o amarillenta del cielo, en una ligero empeoramiento de la visibilidad y en una sensación de ambiente seco y algo pesado, muy característica de estos episodios.

Calendario del episodio: de la recta final de abril al arranque de mayo
Las distintas previsiones de AEMET y de modelos europeos y nacionales coinciden en que este episodio de calima y lluvia de barro se prolongará varios días, con fases de mayor y menor intensidad. No se trata de un único día puntual, sino de una sucesión de jornadas en las que la intrusión de polvo africano y la inestabilidad atmosférica se van reactivando.
En los primeros compases del episodio, lunes y martes, la intrusión de polvo sahariano comenzó a hacerse notar con claridad en el sur peninsular, especialmente en Andalucía y el suroeste. A medida que pasaban las horas, la calima se fue extendiendo hacia el interior, alcanzando ya el centro y el este de la Península y llegando también a Baleares.
Entre el martes y el miércoles, la concentración de polvo en suspensión aumentó de forma notable en amplias zonas, con un ambiente más turbio en la mitad sur, el centro y el Mediterráneo. Es en este intervalo cuando se preveía el punto álgido de las lluvias de barro en territorios como Andalucía, Extremadura, Castilla y León, la meseta norte, Madrid o el entorno del Sistema Central.
El jueves se espera una cierta mejoría transitoria en algunos sectores, con retirada parcial del polvo y algo más de estabilidad atmosférica, aunque todavía pueden darse tormentas aisladas de tarde en zonas de montaña del este y del norte. Aun así, parte del polvo seguirá presente en niveles altos, manteniendo el cielo algo velado en regiones del este peninsular.
De cara al fin de semana y el puente de mayo, la situación tiende a seguir siendo variable: el viernes podría reactivarse la entrada de polvo sahariano sobre el Mediterráneo y el este peninsular, con nuevas tormentas en el centro y noreste, particularmente en el entorno del Sistema Ibérico y los Pirineos. Así, el arranque de mayo podría llegar de nuevo con calima en zonas del este y chubascos irregulares en distintos puntos del país.
Tormentas, granizo y contraste térmico: un patrón de primavera muy marcado
Más allá de la calima, la atmósfera está mostrando un comportamiento típicamente primaveral, muy dinámico e inestable. El contraste entre el aire cálido subtropical en altura y embolsamientos de aire frío asociados a danas y borrascas atlánticas está disparando la formación de nubosidad convectiva.
Durante las horas centrales del día se desarrollan tormentas en el norte, oeste y centro peninsular, con tendencia a extenderse hacia sistemas montañosos como Pirineos, la cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y sierras del sureste. Estos chubascos, de carácter muy irregular, pueden descargar con intensidad en puntos concretos, mientras a pocos kilómetros apenas llueve.
En zonas como Galicia, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, el Cantábrico o las Béticas orientales se esperan precipitaciones localmente fuertes, acompañadas de granizo y rachas muy intensas de viento. El potencial adverso de estas tormentas se ve incrementado cuando coinciden con polvo sahariano, al generarse lluvias de barro muy sucias.
En cuanto a las temperaturas, el episodio se ha visto acompañado de valores anómalamente altos para estar todavía en abril, con máximas que han superado los 30 ºC en distintos puntos de la geografía española. Zonas del sur como Andújar o Murcia han rebasado los 32-33 ºC, dejando un ambiente casi veraniego en pleno tramo inicial de la primavera.
No obstante, la inestabilidad está provocando también bajadas térmicas puntuales: en algunos días se observa un descenso de las máximas en la mitad sur y en áreas del Mediterráneo, mientras que al mismo tiempo se registran ligeros ascensos en regiones del norte. La presencia de nubosidad y tormentas limita el calentamiento diurno en muchas áreas, generando contrastes marcados en distancias relativamente cortas.

Calidad del aire, salud y recomendaciones durante la calima
La calima no solo tiene un impacto visual; también supone un empeoramiento claro de la calidad del aire. El aumento de partículas en suspensión, especialmente de tamaño fino y respirable, puede elevar los niveles de contaminación hasta valores poco saludables en determinadas zonas, algo que ya ha llevado a algunas comunidades a emitir avisos y alertas.
En Castilla y León, por ejemplo, se ha advertido de la posibilidad de que la concentración de partículas PM10 supere los 50 μg/m³, situando la calidad del aire en niveles muy desfavorables. Otras regiones vigilan de cerca los registros, ya que estos episodios pueden activar planes de actuación ante la contaminación atmosférica en las principales ciudades.
Desde el punto de vista sanitario, las autoridades recuerdan que este tipo de intrusiones pueden provocar irritación de ojos y garganta, sensación de sequedad, tos, fatiga y un agravamiento de patologías respiratorias o cardiovasculares preexistentes, como el asma o la EPOC. Los efectos, además, pueden prolongarse algunos días más allá del final del episodio de polvo.
Por ello se recomienda a la población más sensible —personas mayores, niños, pacientes con problemas respiratorios o cardíacos— que limiten la actividad física intensa al aire libre durante las jornadas con peor calidad del aire. También se aconseja mantener las ventanas cerradas en las horas de mayor concentración de polvo, vigilar la aparición de síntomas y, en caso necesario, seguir las indicaciones de los servicios sanitarios.
En el plano práctico, durante las lluvias de barro conviene evitar lavar el coche o limpiar fachadas y cristales hasta que remita la calima, proteger terrazas y mobiliario exterior, y extremar la precaución en carretera cuando la visibilidad se reduzca o el asfalto quede cubierto de barro. Además, se desaconsejan quemas de restos vegetales o actividades que incrementen la emisión de partículas mientras dure el episodio.
Un fenómeno cada vez más frecuente en la meteorología española
La calima y la lluvia de barro no son algo nuevo en España; forman parte de los episodios recurrentes de intrusión de aire africano que se dan especialmente en primavera y, en menor medida, en verano. Sin embargo, en los últimos años se percibe una mayor frecuencia e intensidad de algunos de estos episodios, que llegan a afectar de forma muy generalizada a la Península y Baleares.
En esta ocasión, la combinación de borrascas atlánticas, dorsal subtropical y flujos persistentes del sur está generando una secuencia de días con calima muy notable, intercalando breves mejoras con nuevas intrusiones de polvo. Los cielos turbiamente anaranjados, la visibilidad reducida y la sensación de bochorno se han convertido en paisaje habitual estos días en numerosas ciudades.
Organismos internacionales como la OMS han advertido en varias ocasiones de que los episodios de polvo y arena en suspensión son una preocupación creciente de salud pública, por su vinculación con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. En regiones como Canarias, donde la calima es aún más frecuente, los estudios han detectado incrementos significativos en ingresos hospitalarios por afecciones respiratorias coincidiendo con estos episodios.
Todo apunta a que este tipo de intrusiones seguirá formando parte del paisaje meteorológico ibérico, aunque la intensidad y la extensión varíen de un año a otro. En cualquier caso, la mejora de las herramientas de predicción permite anticipar con bastante precisión la llegada del polvo sahariano, las zonas más afectadas y la probabilidad de lluvia de barro, lo que facilita la adopción de medidas preventivas por parte de autoridades y ciudadanía.
En los próximos días, España continuará mirando al cielo con una mezcla de curiosidad y cierta resignación: cielos turbios, tormentas irregulares y chaparrones de barro seguirán marcando el tiempo en buena parte del país, antes de que la atmósfera vaya estabilizándose de forma progresiva y el polvo africano se retire, al menos temporalmente, de la escena.
