Las presas de Gran Canaria se llenan como nunca y aseguran agua de riego para cinco años

  • Las presas de Gran Canaria han pasado de 2,3 a 39 millones de m³, multiplicando por 17 el volumen almacenado
  • Las borrascas Claudia y, sobre todo, Therese han dejado lluvias "doblemente históricas" en la cumbre de la isla
  • Hay 35 presas llenas y aliviando, y el riego agrícola queda garantizado durante unos cinco años
  • Las presas han funcionado como elementos de laminación, reduciendo el riesgo de avenidas aguas abajo y recargando el acuífero

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Las presas de Gran Canaria han pasado en pocos meses de una situación hídrica muy ajustada a un escenario casi impensable hace nada: los embalses de la isla acumulan ahora unos 39 millones de metros cúbicos de agua, frente a los apenas 2,3 millones que almacenaban antes de la sucesión de temporales. Ese salto supone multiplicar por 17 el volumen embalsado y cambia por completo el panorama para el campo grancanario.

El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, ha detallado que este llenado masivo garantiza agua de riego para alrededor de cinco años para el sector primario, periodo que incluso podría ampliarse con las aportaciones procedentes de aguas industriales y otras captaciones. Todo ello tras el paso de las borrascas Claudia, en noviembre de 2025, y especialmente Therese, en marzo de 2026, que han dejado lluvias calificadas como históricas tanto por su intensidad como por su extensión.

De 2,3 a 39 millones de metros cúbicos: un cambio de escenario

Según los datos facilitados por el Cabildo, antes de la borrasca Claudia el conjunto de las presas insulares apenas retenía 2,3 millones de metros cúbicos. Era el saldo con el que se daba por terminado el periodo agrícola de 2025, tras varios años marcados por la escasez de precipitaciones y una preocupación creciente en el sector agrario.

Entre noviembre de 2025 y febrero de 2026, encadenando distintos episodios de lluvia asociados a Claudia y otros frentes, el volumen almacenado logró remontar hasta unos 5,4 millones de metros cúbicos. Aun así, la cifra seguía siendo limitada para una isla con alta demanda hídrica y un sector primario que venía arrastrando restricciones y costes crecientes.

El vuelco definitivo llegó con la borrasca de alto impacto Therese. En apenas unos días, este temporal dejó en las presas de Gran Canaria 23,6 millones de metros cúbicos adicionales, elevando el volumen embalsado hasta los 39 millones. A partir de ahí, las aportaciones posteriores han seguido llegando, pero ya con un impacto menor sobre las cifras globales.

El propio Morales ha subrayado que este salto supone pasar de una situación “mermada” a un escenario de almacenamiento sin precedentes recientes, y que la red de embalses de la isla se encuentra ahora en una posición de seguridad hídrica que no se veía desde hace décadas.

De las siete presas que son propiedad directa del Cabildo de Gran Canaria, seis están ya en situación de llenado y alivio, mientras que el embalse de Chira se sitúa en torno al 51% de su capacidad. Solo durante la borrasca Therese, el incremento en estas presas insulares fue de unos 6 millones de metros cúbicos, dejando aproximadamente 7,8 millones almacenados en estos embalses públicos, con un grado de ocupación cercano al 73%.

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Un llenado simultáneo y repartido por toda la isla

Uno de los datos que más ha llamado la atención a los responsables insulares es que, por primera vez en mucho tiempo, el llenado se ha producido de manera prácticamente simultánea en gran parte de la isla. Lo habitual en Gran Canaria es que las presas se llenen por episodios tormentosos que entran desde el norte o el suroeste, alimentando sobre todo determinados barrancos y zonas concretas.

En este caso, las lluvias asociadas a Therese se han repartido de forma bastante homogénea, lo que ha generado un fenómeno que las autoridades califican de casi inédito: 35 presas se encuentran llenas y aliviando, y otras cinco podrían completar su llenado en los próximos días. El agua sobrante fluye de un embalse a otro a través de los cauces, encadenando aportaciones sucesivas.

Morales ha remarcado que no se trata solo de un episodio de llenado puntual, sino de una reorganización completa del mapa hídrico de la isla. Hay cuencas y presas que tradicionalmente recibían menos agua que ahora han registrado aportes muy significativos, algo que ha sido posible por la extensión espacial de las lluvias.

Esta distribución amplia de la precipitación ha tenido también efectos positivos sobre el acuífero subterráneo de Gran Canaria. El nivel de referencia del sondeo de Cuevas Blancas, utilizado como indicador insular, ha experimentado un aumento muy notable a raíz de la recarga intensa de estos meses, especialmente durante el paso de Therese, lo que refuerza la disponibilidad de recursos a medio y largo plazo.

En paralelo, el temporal ha puesto a prueba la coordinación entre el Consejo Insular de Aguas, los servicios de emergencias y los ayuntamientos, que han tenido que gestionar simultáneamente bajadas de barrancos, alivios de presas y afecciones en carreteras y núcleos poblados, en un contexto de emergencia insular activa.

Precipitaciones «doblemente históricas» en la cumbre

El carácter excepcional del episodio no se queda solo en los embalses. Desde el punto de vista pluviométrico, los registros en la cumbre de Gran Canaria durante Therese se han calificado como “doblemente históricos”. Es decir, se sitúan entre los valores más altos medidos en más de 70 años de datos y lo hacen, además, por la combinación de intensidad y duración.

En algunas estaciones de la zona alta de la isla, las precipitaciones diarias durante el temporal se colocan entre las cinco mayores de toda la serie histórica. En solo seis días, en la cumbre llovió más que lo acumulado en el bienio 2024-2025, más que durante todo 2023 y más que en 2022, acercándose a lo registrado en todo 2021. Zonas que en una semana han recibido más agua de la que suelen acumular a lo largo de un año entero.

Las cifras apuntan, en determinados puntos, a totales que superan los 500 litros por metro cuadrado, y en otras áreas se han alcanzado valores en torno a 369-379 litros por metro cuadrado. Se trata de cantidades muy elevadas para el contexto canario, donde lo normal es que los episodios de lluvia sean intensos pero relativamente cortos.

Otro aspecto llamativo ha sido precisamente la persistencia de las lluvias. En lugar de chaparrones fuertes y breves, como suele ocurrir en el archipiélago, Therese ha dejado varios días de precipitaciones continuadas, sumando litros y litros de agua sobre el terreno y favoreciendo tanto la infiltración como el escorrentía hacia barrancos y embalses.

En la costa norte, el caso de Arucas y, en concreto, de la zona de Bañaderos, se ha citado como ejemplo significativo del impacto del temporal. Allí se ha pasado de prácticamente no registrar lluvias destacables a alcanzar en un solo día valores de en torno a 160 litros por metro cuadrado, un máximo dentro de la serie histórica de ese punto de medición.

Las presas como barrera de seguridad frente a avenidas

La situación generada por Therese ha servido también para poner el foco en el papel de las presas como infraestructuras de seguridad. El presidente insular ha insistido en que estos embalses no se diseñaron para dejar grandes resguardos vacíos, sino para aprovechar al máximo el agua disponible, dada la escasez estructural del recurso en Canarias.

Sin embargo, cuando llegan episodios de lluvias intensas, su funcionamiento es claramente positivo. Las presas absorben el grueso de las crecidas, laminan el caudal, reducen los picos máximos y liberan el agua de manera más escalonada en el tiempo. De este modo se evita que las avenidas bajen de forma brusca hacia las zonas bajas, reduciendo el riesgo de daños materiales y personales.

Morales ha recalcado que el hecho de que un embalse rebose o alivie no implica que se esté generando más peligro, sino todo lo contrario: el agua se evacua por los aliviaderos de forma controlada, después de que la presa haya amortiguado la llegada masiva de caudal. Una presa, ha subrayado, nunca incrementa el caudal de la lluvia; lo modera y lo suaviza.

En este episodio se ha constatado que el comportamiento de la red de presas ha sido “impecable” en términos de seguridad. Pese a estar sometidas a un estrés importante durante unos diez días, los embalses han respondido conforme a lo previsto, y los cauces aguas abajo han funcionado de manera adecuada, según el balance que realiza el Cabildo.

Con todo, las autoridades insulares reconocen que es necesario seguir profundizando en los trabajos de mantenimiento y adaptación a la normativa estatal más reciente en materia de seguridad de presas. Los embalses de titularidad pública ya están inmersos en ese proceso y se espera que las infraestructuras privadas vayan avanzando en la misma dirección.

Garantía para el sector primario y retos pendientes

La principal consecuencia práctica de este llenado histórico es la tranquilidad que gana el sector agrícola de Gran Canaria. Con 39 millones de metros cúbicos almacenados en la red de presas, el Cabildo estima que puede asegurarse el suministro de agua de riego durante un periodo aproximado de cinco años, siempre que se mantenga una gestión razonable del recurso.

Esta garantía se verá reforzada por las aportaciones de aguas industriales y reutilizadas, que seguirán llegado a la red hidráulica insular y contribuirán a aliviar la presión sobre las reservas embalsadas. La combinación de diferentes fuentes —superficiales, subterráneas y procedentes de la depuración— se considera clave para afrontar un contexto de cambio climático y debates sobre geoingeniería en el que la irregularidad de las lluvias va a más.

Aun así, las autoridades insisten en que este alivio no debe llevar a una confianza excesiva. La experiencia reciente, con años de sequía muy acusada, ha demostrado que un par de campañas agrícolas secas pueden hacer descender con rapidez los niveles de los embalses si no se acompaña de medidas de eficiencia y planificación.

En este sentido, desde el Cabildo se subraya la necesidad de seguir apostando por una gestión integral del agua, que incluya modernización de redes de riego, reducción de pérdidas, aprovechamiento de aguas depuradas, mejora de la coordinación institucional y adaptación de los cultivos a un escenario de mayor variabilidad climática.

El temporal ha dejado también un importante listado de daños materiales: carreteras cortadas, desprendimientos, viviendas afectadas y evacuaciones puntuales en diferentes municipios. Pese a ello, las autoridades destacan como aspecto positivo que no se hayan registrado víctimas mortales en un episodio de tanta intensidad, si bien el coste económico se prevé muy superior a las primeras estimaciones.

El panorama que dejan Claudia y, sobre todo, Therese en Gran Canaria es complejo: por un lado, un balance hídrico extraordinariamente favorable, con presas llenas, acuíferos recargados y riego garantizado para varios años; por otro, la constatación de que fenómenos tan extremos pueden repetirse y de que la isla debe seguir reforzando tanto sus infraestructuras hídricas como sus protocolos de prevención y respuesta ante eventos meteorológicos de alto impacto.

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