La Universidad de Jaén investiga los riesgos volcánicos en la Antártida

  • Cuatro investigadores de la Universidad de Jaén trabajan en Isla Decepción dentro del proyecto SUPRODEI
  • El equipo estudia inestabilidades de ladera y lahares en un entorno volcánico activo de la Antártida
  • La base Gabriel de Castilla del Ejército de Tierra proporciona apoyo logístico y científico clave
  • La campaña se integra en la Campaña Antártica Española con 28 proyectos y cerca de 190 participantes

Investigacion Universidad de Jaen en la Antartida

En una de las zonas más remotas del planeta, cuatro investigadores de la Universidad de Jaén trabajan estos días rodeados de hielo, ceniza volcánica y viento cortante. Su objetivo no es otro que entender cómo se comporta el terreno en un volcán activo de la Antártida y qué riesgos puede entrañar para las personas que trabajan allí.

Desde principios de enero, este equipo se ha instalado en Isla Decepción, en el archipiélago de las Shetland del Sur, para analizar deslizamientos de ladera y flujos de barro volcánico. Lo que descubran en este laboratorio natural del fin del mundo servirá para mejorar el conocimiento sobre los peligros asociados a los volcanes, tanto en la propia Antártida como en otros territorios volcánicos habitados.

La misión de la Universidad de Jaén en Isla Decepción

efectos de la erupción de volcanes en la Antártida
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La presencia de la Universidad de Jaén (UJA) en la Antártida se articula a través del proyecto nacional SUPRODEI, centrado en el estudio de inestabilidades de ladera en medios volcánicos. Forman el equipo desplazado a la zona los investigadores Alfonso Ontiveros, Isabel Abad, Manuel Ureña y Mario Sánchez-Gómez, que partieron de España el pasado 7 de enero para un trabajo de campo intenso y concentrado en pocas semanas.

Esta estancia supone la segunda campaña científica de la UJA en Isla Decepción, una caldera volcánica inundada situada muy cerca de la península antártica. La isla es considerada un volcán activo y presenta un entorno ideal para el estudio de procesos de inestabilidad del terreno, al conservarse los materiales volcánicos con una alteración muy baja respecto a su estado original.

El foco principal del proyecto está puesto en los deslizamientos de ladera y los lahares, es decir, flujos de barro y fragmentos volcánicos que pueden desencadenarse en zonas con fuertes pendientes. Estos fenómenos han provocado históricamente catástrofes de magnitud comparable a grandes erupciones, de ahí el interés en caracterizarlos con detalle y mejorar su comprensión.

Los investigadores de la UJA también subrayan que su trabajo tiene un componente aplicado muy claro: identificar qué materiales y qué sectores del relieve son más propensos a fallar resulta crucial para valorar el riesgo sobre las instalaciones científicas y sobre cualquier actividad humana que se lleve a cabo en este enclave antártico.

Cientificos estudiando riesgos geologicos en la Antartida

Un laboratorio volcánico único en pleno territorio antártico

Isla Decepción es descrita por los propios científicos como un laboratorio natural único para investigar volcanismo y riesgos geológicos. La isla forma parte del archipiélago de las Shetland del Sur y se configura como una caldera volcánica abierta al mar, lo que genera una bahía interior en la que se concentran gran parte de las actividades logísticas y científicas.

Una de las particularidades que más valor tiene para la investigación es que la alteración de los materiales volcánicos es mínima. Esto permite examinar cenizas, lavas, depósitos de flujos y sedimentos prácticamente tal y como fueron generados por el volcán, sin una degradación intensa por agentes externos, algo poco frecuente en otros entornos volcánicos más antiguos o sometidos a condiciones climáticas diferentes.

En este escenario, el equipo de la Universidad de Jaén se centra en reconocer las zonas donde se detectan movimientos de ladera activos o incipientes. Allí toman datos sobre el tipo de roca y sedimento, la pendiente, la estructura del terreno y otros factores que influyen en la estabilidad, con el fin de poder relacionar la naturaleza de los materiales con su comportamiento frente a los deslizamientos.

Al mismo tiempo, la campaña en marcha complementa la labor realizada en la primera estancia de la UJA en la isla. Aprovechando la experiencia acumulada, los investigadores pueden ahora profundizar en áreas que ya habían sido identificadas como especialmente sensibles, ajustando sus mediciones y recogiendo nuevas muestras en sectores clave del volcán.

Este tipo de estudios encajan con el interés creciente de la comunidad científica europea y española por entender cómo responden los ambientes polares a los cambios ambientales y cómo se comportan los sistemas volcánicos en contextos tan singulares como el de la Antártida.

Cómo se estudian los deslizamientos y lahares en la Antártida

El trabajo diario del equipo de la UJA combina varias líneas de investigación complementarias. Por un lado, realizan muestreos detallados de diferentes unidades geológicas y geomorfológicas, recogiendo materiales de laderas, depósitos de antiguos deslizamientos y sedimentos asociados a flujos de barro volcánico.

Estas muestras permiten posteriormente, ya en laboratorios de España, llevar a cabo una caracterización completa desde el punto de vista físico, geoquímico, mineralógico y granulométrico. Analizar la textura, el tamaño de grano, la composición mineral y la química de los materiales es clave para saber hasta qué punto resultan propensos a desmoronarse o a movilizarse en forma de lahares.

Por otro lado, el equipo desarrolla una modelización 3D del terreno mediante técnicas geomáticas avanzadas. Para ello se apoyan en levantamientos topográficos precisos, fotogrametría y otras tecnologías que permiten reconstruir digitalmente la superficie de varias zonas piloto de la isla.

Estos modelos tridimensionales ayudan a visualizar con gran detalle la morfología de las laderas, identificar fracturas, escarpes y áreas donde ya se aprecian desplazamientos del terreno, y simular escenarios potenciales de deslizamiento. De esta forma, se obtiene una herramienta muy útil para valorar de manera cuantitativa los riesgos geológicos asociados al volcán.

En las áreas donde estos movimientos son más evidentes, los investigadores de la UJA prestan especial atención a la proximidad respecto a infraestructuras y rutas de tránsito. Cualquier cambio súbito en el terreno podría comprometer la seguridad de las personas que trabajan en la isla, incluidas las dotaciones científicas y militares que permanecen cada verano austral en Decepción.

La base Gabriel de Castilla, pieza clave para la investigación

El trabajo de la Universidad de Jaén en la Antártida no sería posible sin el apoyo de la Base Antártica Española Gabriel de Castilla, operada por el Ejército de Tierra. Esta instalación, situada en Isla Decepción, funciona como centro neurálgico para las campañas científicas que España desarrolla en la zona.

Desde esta base, el equipo de la UJA dispone de infraestructuras básicas de alojamiento, comunicación y laboratorio, lo que les permite concentrarse en la parte científica de su misión. La existencia de un módulo específicamente destinado a tareas de investigación facilita el procesado inicial de las muestras, que son etiquetadas, preparadas y almacenadas para su posterior envío a la península.

El soporte de la dotación militar abarca también aspectos logísticos esenciales, como el transporte en embarcaciones dentro de la bahía de la caldera, el movimiento de equipos pesados y la atención a las normas de seguridad en un entorno donde cualquier incidente puede complicarse rápidamente por las condiciones del medio.

Además, la convivencia entre diferentes grupos de investigación en la base fomenta un intercambio constante de información y experiencias. Proyectos centrados en vulcanología, glaciología, biología o ciencias físicas comparten espacios y recursos, lo que contribuye a una visión más integrada del funcionamiento del ecosistema antártico y de la propia Isla Decepción.

Esta estructura de apoyo convierte a Gabriel de Castilla en un punto de referencia para la presencia científica española en la Antártida, y sitúa a iniciativas como la de la Universidad de Jaén dentro de un marco de colaboración más amplio, tanto a nivel nacional como internacional.

Trabajar en uno de los entornos más hostiles del planeta

Desarrollar investigación en la Antártida supone enfrentarse a un medio que combina bajas temperaturas, fuertes vientos y una orografía complicada. En el caso concreto de Isla Decepción, las laderas recubiertas de hielo y ceniza, sumadas a la presencia de nieve y a la pendiente, hacen que cada salida de campo requiera una preparación cuidadosa.

Los desplazamientos no se realizan únicamente a pie. En muchas ocasiones, la bahía interior de la caldera volcánica se convierte en la ruta más segura para alcanzar determinados puntos de muestreo, por lo que es necesario recurrir a desplazamientos marítimos en pequeñas embarcaciones, siempre condicionados por el estado del mar y del viento.

Para minimizar riesgos, la planificación diaria del trabajo es un elemento fundamental. Técnicos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) elaboran pronósticos específicos para la región, información que se utiliza en la base para organizar una reunión cada jornada. En ese encuentro se deciden las tareas del día siguiente, se definen los grupos de trabajo y se concreta el apoyo que se solicitará a la dotación militar.

El ritmo de la campaña lo marca en buena medida el tiempo: una ventisca, un cambio brusco de temperatura o un aumento del oleaje pueden obligar a modificar los planes previstos. Por eso, el equipo de la Universidad de Jaén combina la ambición científica con una dosis importante de prudencia, adaptando su actividad a las ventanas de oportunidad que ofrece la meteorología.

En estas circunstancias, el trabajo de campo exige no solo conocimiento técnico, sino también resistencia física, capacidad de adaptación y trabajo en equipo. Las largas jornadas sobre el terreno, con guantes, instrumentos y pesados equipos a la espalda, se compensan con la posibilidad de obtener datos que sería imposible conseguir en cualquier otro lugar.

Una campaña antártica con marcado acento español y europeo

La misión de la Universidad de Jaén forma parte de la Campaña Antártica Española 2025-2026, un dispositivo amplio que coordina gran parte de la actividad científica de España en el continente blanco durante la temporada estival austral. En esta edición, se desarrollan en las bases antárticas españolas 28 proyectos de investigación de muy diversa naturaleza.

De esos proyectos, 15 están financiados por el Plan Nacional de Investigación y de Cooperación Internacional de la Agencia Estatal de Investigación, a los que se suman tres series temporales, un proyecto de oportunidad vinculado al Ministerio de Defensa y los servicios de vigilancia volcánica y predicción meteorológica prestados por el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y la propia AEMET.

La campaña incorpora, además, dos proyectos del programa europeo POLARIN (Polar Research Infrastructure Network), herramienta clave para articular la cooperación en infraestructuras de investigación polar en Europa. España también presta apoyo logístico y científico a seis proyectos de otros programas antárticos nacionales, en los que participan países como Portugal, Alemania e Italia.

En total, cerca de 190 personas participan en la Campaña Antártica Española, entre comunidad científica, personal técnico y dotaciones militares. De ellas, alrededor de un centenar están directamente vinculadas a los proyectos de la Agencia Estatal de Investigación, las series históricas, los servicios y las colaboraciones internacionales; el resto corresponde al personal de apoyo de la Unidad de Tecnología Marina, las dotaciones de las bases y el buque de investigación oceanográfica Hespérides.

Las actividades científicas se distribuyen principalmente entre Ciencias de la Tierra (41%), Ciencias de la Vida (27%) y Ciencias Físicas (23%), mientras que aproximadamente un 9% se destina a servicios científicos esenciales como la vigilancia geofísica o la meteorología. Gran parte de los trabajos tienen un marcado carácter multidisciplinar, lo que favorece enfoques transversales que van desde el estudio de los ecosistemas hasta la dinámica del hielo y el comportamiento de los volcanes.

Con este despliegue, España consolida su papel dentro del Sistema del Tratado Antártico y de la comunidad investigadora europea, reforzando líneas de trabajo que combinan la exploración básica con aplicaciones directas para la gestión de riesgos naturales y el seguimiento de los cambios ambientales en las regiones polares.

La labor que estos cuatro investigadores de la Universidad de Jaén desempeñan en Isla Decepción se inserta así en una estrategia científica más amplia, en la que el conocimiento de los riesgos geológicos en entornos extremos resulta clave para anticipar problemas en territorios volcánicos de todo el mundo. Lo que hoy se mide en las laderas heladas de la Antártida puede acabar siendo útil para proteger a comunidades en Europa y en otras regiones donde, tarde o temprano, la tierra vuelve a recordar que sigue viva.