La sequía se agrava en España: causas, impactos y estrategias de adaptación

  • El aumento de la demanda evaporativa atmosférica intensifica las sequías, incluso en zonas donde la precipitación apenas ha variado.
  • La diversidad de adaptación vegetal en la región mediterránea influye en la resistencia de los ecosistemas forestales y agrícolas ante episodios de sequía prolongada.
  • España enfrenta mayor aridez, desertificación y presión sobre los recursos hídricos debido al cambio climático y a la sobreexplotación, especialmente en la agricultura de regadío.
  • Es urgente adaptar políticas públicas y gestión del agua para afrontar un escenario estructural de sequías y minimizar el impacto económico, ecológico y social.

Imagen sobre sequías y clima en España

Las sequías en España han pasado de ser un fenómeno puntual a convertirse en una condición estructural que afecta a la economía, la sociedad y los ecosistemas. El avance del cambio climático, unido a modelos de consumo de agua intensivos, está transformando el panorama hídrico del país y provocando la necesidad de repensar cómo se gestiona este recurso estratégico.

Los últimos estudios científicos muestran que la atmósfera actúa cada vez más como una esponja ‘sedienta’, absorbiendo mayor cantidad de humedad de la que la superficie terrestre es capaz de reponer. Esta característica, conocida como demanda evaporativa atmosférica, ha intensificado la gravedad de las sequías en las últimas décadas, incluso en regiones donde la precipitación media anual se ha mantenido relativamente estable.

El papel de la atmósfera en el agravamiento de las sequías

Imagen representativa de la atmósfera y sequías

El calentamiento global incrementa la capacidad del aire para captar vapor de agua, lo que provoca que regiones tradicionalmente húmedas también sufran sequías más severas. Este fenómeno ha sido identificado como uno de los principales factores que explican por qué cada año, una mayor superficie terrestre —en torno a un 74% más en los últimos cinco años— se ve sometida a estrés hídrico agudo. La investigación subraya que ya no se trata solo de la cantidad de lluvia que cae, sino de la intensidad con la que la atmósfera exige agua al entorno.

Esto resulta en una reducción drástica de la humedad del suelo, pérdida de productividad agrícola y embalses bajo mínimos. La escasez hídrica afecta también a sectores como la producción hidroeléctrica, la industria alimentaria, el turismo rural y la salud pública, agravando el riesgo de incendios y olas de calor intensas.

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Respuestas de la vegetación mediterránea ante la sequía

Vegetación resistente a la sequía

En la región mediterránea, la variedad de estrategias de las especies arbóreas y arbustivas juega un papel clave frente al avance de la aridez. Estudios recientes evidencian diferencias en la profundidad de las raíces y en la eficiencia en el uso del agua. Por ejemplo, los arbustos pequeños consumen agua rápidamente tras lluvias superficiales, mientras que los árboles de mayor porte acceden a capas profundas del suelo y utilizan el recurso de manera más eficiente para sobrevivir períodos secos prolongados.

Estas estrategias diversas aumentan la resiliencia de los ecosistemas, aunque no evitan que las comunidades forestales sean cada vez más vulnerables. La región mediterránea se encuentra entre las áreas más expuestas al cambio climático en el planeta, con predicciones de disminución de las precipitaciones y aumento de las temperaturas en las próximas décadas.

Conocer estas adaptaciones es fundamental para diseñar planes de restauración ecológica y conservación que prioricen las especies más resistentes y adecuadas a las condiciones futuras, ayudando a mantener los recursos hídricos disponibles.

España ante una aridez creciente: desertificación y sobreexplotación

Imagen de sequía y desertificación

Actualmente, cerca del 20 % del territorio nacional ya está desertificado y hasta un 74% se encuentra en riesgo, según fuentes del CSIC y del Ministerio para la Transición Ecológica. La sobreexplotación de acuíferos y ríos —principalmente por la expansión de la agricultura de regadío, que consume alrededor del 80% del agua disponible— agrava esta situación. Entre 2010 y 2019, la superficie regada aumentó considerablemente, reforzando la presión sobre recursos con capacidad de regeneración limitada.

  • La reducción de caudales en ríos como el Segura, el Júcar o el Guadalquivir es una realidad constatada desde hace décadas.
  • Se estima que hay más de un millón de pozos ilegales, lo que intensifica el estrés hídrico en muchas cuencas.
  • La caída de la humedad del suelo y la disminución de la capa de nieve en zonas montañosas comprometen los recursos hídricos ligados al deshielo. Para profundizar sobre el impacto del cambio climático en la disponibilidad de agua en España, puede consultarse este análisis sobre el cambio climático en España.

Las tendencias climáticas sugieren que la aridez y la severidad de las sequías seguirán en aumento, especialmente en el sur de la península y en el entorno mediterráneo. La particularidad del calentamiento en esta región aumenta la frecuencia de olas de calor y lluvias torrenciales, con largos periodos secos intercalados.

La gestión de la sequía: retos y necesidad de adaptación

El último informe de la OCDE y las proyecciones nacionales alertan que el impacto económico de la sequía en 2025 ya se ha duplicado respecto a principios de siglo y podría aumentar un 35% en los próximos diez años. Las políticas actuales resultan insuficientes frente a una amenaza que se ha consolidado como una condición estructural en la economía española.

Entre los principales desafíos están:

  • Adaptar las infraestructuras hidráulicas, restaurar ecosistemas y modificar la distribución del agua para reflejar la escasez y promover su uso eficiente.
  • Transformar la planificación y gestión de cuencas para incluir la sequía como un riesgo sistémico, no solo como emergencias puntuales.
  • Impulsar la investigación, la cooperación internacional y la participación ciudadana para innovar en tecnologías de ahorro y soluciones ecológicas basadas en la naturaleza.
  • Reforzar la gobernanza y el cumplimiento de leyes relativas al uso de pozos ilegales y la sobreexplotación de acuíferos y recursos superficiales.

En regiones como la cuenca del Segura, la reducción de hasta un 30% en recursos hídricos hará que las restricciones actuales, reservadas para emergencias, sean permanentes, exigiendo nuevas fórmulas de gestión y cooperación territorial. Para entender mejor los efectos de la sequía en la gestión del agua, puede consultarse cómo otros países enfrentan la sequía.

Este escenario requiere actuar desde distintos frentes: diseñar estrategias de adaptación social y económica, proteger y restaurar ecosistemas, y promover un consumo responsable del agua. Solo con estos esfuerzos se podrá evitar una degradación irreversible del territorio y garantizar la seguridad hídrica de la población y los sectores productivos.

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