En los últimos años, han cobrado fuerza las evidencias científicas que relacionan la polución del aire con el desarrollo de cáncer de pulmón en personas que nunca han fumado. Esta tendencia inquieta tanto a la comunidad investigadora como a las autoridades sanitarias, ya que los diagnósticos de cáncer entre los no fumadores no dejan de aumentar, pese al descenso progresivo del consumo de tabaco.
El avance de la investigación genómica ha permitido dar un paso adelante en el conocimiento de los mecanismos que vinculan la exposición a la contaminación atmosférica con alteraciones genéticas responsables del cáncer de pulmón. Estudios recientes, como el liderado por equipos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), la Universidad de California en San Diego y el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, analizan a fondo esta conexión en personas de diferentes regiones del mundo.
La contaminación del aire y el ADN: una relación directa
Los datos obtenidos tras analizar más de 800 muestras de tumores de pacientes nunca fumadores ponen de manifiesto que quienes respiraban aire más contaminado presentaban un número mayor de mutaciones en el ADN tumoral, muchas de ellas asociadas históricamente al tabaquismo. Firmas mutacionales concretas, así como un acortamiento de los telómeros –indicador de envejecimiento celular– se detectaron con más frecuencia en personas expuestas a altos niveles de partículas finas (PM2,5).
Según los expertos, la capacidad mutagénica de la polución del aire supera incluso la que produce el humo ambiental del tabaco. La exposición pasiva al humo, aunque incrementa levemente algunas alteraciones, no genera el mismo impacto que la inhalación diaria de una atmósfera contaminada. Entre los factores ambientales que han aparecido en estos análisis, se identifican también riesgos como la exposición a ciertos ácidos presentes en hierbas medicinales tradicionales, con una incidencia especial en Asia Oriental.
En este contexto, se multiplica por casi cuatro el número de mutaciones vinculadas al tabaquismo y se incrementa significativamente la presencia de mutaciones asociadas al envejecimiento en personas residentes en zonas de alta contaminación.
Estos hallazgos han provocado una llamada de atención a las autoridades sobre la necesidad de intensificar las medidas de control de la calidad del aire, ya que la polución se confirma como un potente detonante de cáncer incluso en quienes jamás han fumado. Además, se abren nuevas líneas de investigación sobre otros riesgos ambientales poco estudiados.
El impacto de la polución urbana y las acciones en las ciudades
Grandes ciudades como Barcelona y Madrid son recurrentemente señaladas por sus elevados niveles de contaminación atmosférica, en particular por presencia de dióxido de nitrógeno derivado del tráfico y partículas finas en suspensión. Los últimos informes indican que, si bien los valores se mantienen por debajo de los límites legales actuales, todavía están lejos de los objetivos marcados para la próxima década.
La aparición de episodios recurrentes de polución, como las subidas de ozono durante las olas de calor en Madrid, obliga a tomar medidas para proteger a la población vulnerable y reforzar los sistemas de alerta e información. Organizaciones como Ecologistas en Acción reclaman respuestas más contundentes y planes de emergencia efectivos, especialmente en periodos de altas temperaturas.
Polución y salud: retos de la investigación y la prevención
Además, los especialistas señalan la importancia de seguir explorando la interacción entre diferentes factores de riesgo, como la polución, el humo de segunda mano, el amianto o el radón, así como de investigar las consecuencias del uso de nuevos productos como la marihuana o los cigarrillos electrónicos entre jóvenes.
Para abordar estos riesgos, la prevención pasa por mejorar la calidad del aire en las ciudades, controlar las emisiones industriales y de vehículos, y adoptar tanto políticas públicas ambiciosas como actuaciones individuales para reducir el riesgo en el día a día. Las recientes investigaciones han demostrado que la solución al cáncer de pulmón en no fumadores requiere un enfoque ambiental, que complemente las estrategias tradicionales centradas en el control del tabaco.
Por todo ello, , en las que la reducción de la polución no solo beneficie al medio ambiente, sino que también proteja la salud de las generaciones presentes y futuras.