La Palma refuerza su costa ante la subida del nivel del mar

  • Más de 4,6 km de litoral en La Palma se consideran de alto riesgo por la subida del nivel del mar y los temporales
  • Tazacorte y Santa Cruz de La Palma concentran las zonas más vulnerables, con especial atención al barrio de Maldonado
  • Proyectos como IMPLACOST6 y ADAPTACOST6 aportan datos científicos para diseñar diques, alertas tempranas y otras medidas
  • Las autoridades canarias prevén escenarios de erosión e inundaciones hasta 2050 para priorizar inversiones y proteger población y economía

subida del nivel del mar en La Palma

La isla de La Palma se encuentra en el punto de mira de los expertos por la subida del nivel del mar y el aumento de los temporales que ya están dejando huella en su franja costera. La combinación de oleaje más intenso, erosión y ascenso del mar está obligando a las administraciones a moverse con rapidez para evitar daños mayores en las próximas décadas.

Las últimas evaluaciones cifran en más de 4,6 kilómetros los tramos de costa palmera catalogados como de alto riesgo, repartidos entre Santa Cruz de La Palma, el Puerto de Tazacorte, Puerto Naos, La Bombilla y El Remo. En un contexto en el que se prevé que el nivel del mar en Canarias pueda acercarse a un metro de ascenso a final de siglo, por encima de la media global debido a su posición en la Macaronesia, la isla se ha convertido en un laboratorio de medidas de adaptación al cambio climático.

erosión costera
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Una costa cada vez más expuesta al cambio climático

impacto de la subida del nivel del mar en la costa de La Palma

En el conjunto del archipiélago, las áreas costeras en situación vulnerable suman alrededor de 150 kilómetros de litoral, con efectos que no se limitan solo a las playas. La subida del mar repercute sobre ecosistemas litorales, infraestructuras, viviendas, comercios y espacios turísticos, afectando de lleno a la economía y la calidad de vida de la población local.

Canarias ya percibe las consecuencias de un clima que se está volviendo más extremo: inundaciones recurrentes, temporales de mayor intensidad y episodios de oleaje que dañan paseos marítimos, terrazas y servicios. En lugares como Tazacorte, las imágenes del mar sobrepasando la avenida o arrancando mobiliario urbano se repiten cada cierto tiempo y se han convertido casi en una escena habitual en épocas de fuerte oleaje.

Las proyecciones de la Consejería de Transición Ecológica apuntan a que, en el peor escenario de calentamiento, las pérdidas económicas directas derivadas de la erosión y las inundaciones costeras podrían alcanzar hasta un 11% del PIB actual de Canarias en 2100. Esta cifra resume el alcance del problema: no se trata solo de un reto ambiental, sino también de un desafío social y económico.

Ante esta situación, el Gobierno de Canarias ha optado por una estrategia de adaptación basada en actuar antes de que los daños sean irreversibles. Para ello, está desplegando una batería de proyectos que combinan investigación científica, planificación urbanística y obras de protección del litoral, usando fondos europeos y la colaboración con universidades y otros centros de investigación.

El consejero autonómico de Transición Ecológica, Mariano H. Zapata, ha subrayado en diversas ocasiones que el objetivo es anticiparse a los escenarios más adversos apoyándose en estudios detallados de la costa. La prioridad pasa por salvaguardar núcleos urbanos consolidados, áreas turísticas y zonas especialmente sensibles desde el punto de vista ecológico.

IMPLACOST6, ADAPTACOST6 y la nueva generación de estudios costeros

Entre las iniciativas más relevantes se encuentra el proyecto IMPLACOST6, centrado en seis áreas costeras de Canarias, que utiliza información técnica avanzada como las batimetrías para medir la profundidad y la morfología del fondo marino. Estos datos son esenciales para diseñar soluciones a medida, ya sea mediante diques, regeneración de playas u otras infraestructuras de defensa.

En paralelo, el proyecto ADAPTACOST6 se ha convertido en una pieza clave para la planificación a medio y largo plazo. Esta iniciativa, con una inversión global de 2.317.300 euros, incluye campañas de medición en seis zonas del litoral canario, distribuidas entre Fuerteventura, La Palma, La Gomera, Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote. Solo el análisis específico de las seis áreas seleccionadas suma un presupuesto de 111.300 euros.

En el caso de La Palma, ADAPTACOST6 se centra en el frente marítimo de Santa Cruz de La Palma, en el tramo comprendido entre la capital y el barrio costero de Maldonado. Allí se están recogiendo datos muy detallados sobre la profundidad, el relieve submarino y la composición del fondo marino, con el fin de ajustar las futuras medidas de adaptación a la realidad física del lugar.

Para realizar estas mediciones, la empresa especializada ECOS, Estudios Ambientales y Oceanografía S.L., contratada por Tragsatec, emplea ecosonda multihaz, navegación inercial y técnicas de compensación de movimiento. Gracias a esta tecnología se consigue una cartografía submarina de alta precisión, fundamental para evitar errores de diseño en diques, espigones o ampliaciones de playa.

Toda esta información servirá de base para elaborar escenarios climáticos de alta resolución para el año 2050. Mediante simulaciones numéricas se recrean distintos supuestos de subida del mar, oleaje e inundación, lo que facilita priorizar actuaciones y dimensionar de forma adecuada las obras de protección incluidas en la estrategia de resiliencia costera de La Palma y del conjunto de Canarias.

Tazacorte, un frente litoral al límite por los temporales

medidas de protección frente a la subida del mar en La Palma

Uno de los puntos más delicados de la isla es el frente marítimo del Puerto de Tazacorte, situado en una zona urbana muy habitada y de clara orientación turística. Allí, la combinación de subida del nivel del mar y temporales más frecuentes provoca daños repetidos en la playa y en las infraestructuras del paseo marítimo.

Cada temporada de fuerte oleaje se repite la misma escena: pérdida de arena en la playa, inundación de la avenida y desperfectos en terrazas, pasarelas y mobiliario urbano. Estas incidencias obligan a invertir una y otra vez en reposición de arena, reparaciones y refuerzos puntuales, gastos que previsiblemente irán en aumento si no se actúa de forma más estructural.

Consciente de esta realidad, la Consejería ha encargado un estudio específico para adaptar el frente marítimo de Tazacorte, respondiendo a una demanda reiterada de los vecinos y del sector turístico local. Se trata de un tramo de unos 1,1 kilómetros de costa en riesgo, que se abordará mediante dos proyectos diferenciados: uno centrado en la playa del Puerto y otro en la zona de Los Tarajales y la desembocadura del barranco de Tenisca.

La inversión inicial para la redacción de estos proyectos es de 285.000 euros, con la idea de plantear soluciones innovadoras que permitan reducir el impacto de las olas sobre la avenida y la zona urbana. Entre las actuaciones que se barajan destaca la creación de un dique sumergido frente a la playa, concebido para amortiguar la energía del oleaje antes de que llegue a la costa.

Según explica la Consejería, esta estructura subacuática ayudaría a evitar que el mar invada la avenida de manera prácticamente mensual, como ocurre ahora. Con ello se busca proteger tanto las infraestructuras públicas como la vida diaria de los residentes y quienes trabajan en los establecimientos del entorno, reduciendo daños materiales y riesgos para la seguridad.

Santa Cruz de La Palma y el caso crítico del barrio de Maldonado

Si Tazacorte se ha convertido en uno de los símbolos del impacto de los temporales, Santa Cruz de La Palma no se queda atrás en cuanto a vulnerabilidad. La capital insular combina una franja costera urbana muy utilizada, un patrimonio histórico relevante y una intensa actividad económica en su frente marítimo, factores que la hacen especialmente sensible al avance del mar.

El director general de Espacios Naturales y Biodiversidad, Miguel Ángel Morcuende, ha recordado en varias ocasiones que la ciudad es “especialmente vulnerable” a la subida del nivel del mar y a la erosión costera, porque en un espacio relativamente reducido convergen riesgos que pueden afectar a los vecinos, al tejido comercial, al turismo y a edificios de valor histórico.

Dentro de la capital, el barrio que más preocupa a los técnicos es Maldonado, una zona costera con menos defensas naturales y artificiales frente al oleaje. Los embates del mar se sienten con fuerza y cualquier subida adicional del nivel marino incrementa las probabilidades de inundación y daños en viviendas, viales y servicios básicos.

La campaña de mediciones puesta en marcha entre el casco urbano y Maldonado permitirá contar con datos científicos de gran precisión sobre cómo podrían evolucionar las inundaciones y la erosión en distintas condiciones climáticas. Con esos resultados se podrán diseñar, a medio plazo, actuaciones como ampliación de la playa, refuerzo o construcción de botaolas, o protección específica de la carretera y otras infraestructuras.

El propio Morcuende insiste en que uno de los objetivos centrales de estos estudios es disponer de información sólida para proteger a la población y garantizar que los servicios esenciales puedan seguir funcionando aun en escenarios de temporales más severos. Esta línea de trabajo se integra en la estrategia de resiliencia costera que la isla está desarrollando de la mano del Gobierno autonómico.

El papel de la ciencia, la tecnología y la colaboración internacional

La respuesta de La Palma y de Canarias a la subida del nivel del mar no se limita a obras puntuales. Una parte fundamental del trabajo se está realizando en el terreno científico y tecnológico, con proyectos que buscan mejorar la observación, el modelizado y la anticipación de los fenómenos costeros asociados al cambio climático.

Iniciativas como IMPLACOST6 y ADAPTACOST6 se desarrollan en colaboración con universidades canarias, socios internacionales y entidades de otros territorios macaronésicos y africanos. La idea es que las experiencias y medidas aplicadas en las islas puedan exportarse y adaptarse a otros países que se enfrentan a retos similares en sus costas.

Un ejemplo de esta cooperación es el proyecto Life Garachico, llevado a cabo en el municipio tinerfeño del mismo nombre, muy castigado por el oleaje. Allí se ha implantado un sistema de alerta temprana que avisa a la población con hasta 72 horas de antelación en caso de episodios con alto riesgo de inundación, permitiendo cerrar accesos, proteger comercios y minimizar daños.

El éxito de este modelo ha despertado el interés de otros territorios fuera de España. Delegaciones como la de la Fundación Climática IRIS de Cuba, especializada en proyectos de adaptación al cambio climático en Latinoamérica y el Caribe, han visitado Canarias para conocer de primera mano estas herramientas de prevención y valorar su posible aplicación en sus propios litorales.

Asimismo, la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN) participa en proyectos como DELTA, centrado en el seguimiento del ecosistema marino asociado al delta lávico y la creación de un observatorio de biodiversidad. Toda esta red de iniciativas contribuye a disponer de un conocimiento más completo del comportamiento del océano y sus efectos sobre las costas, algo esencial en un contexto de subida del mar.

Hacia una gestión del litoral basada en datos y resiliencia

Los responsables municipales de los principales enclaves costeros de La Palma también destacan la importancia de esta nueva forma de trabajar. El concejal de Medio Ambiente de Santa Cruz de La Palma, Sergio Hidalgo, defiende que para un municipio costero es crucial contar con estudios científicos rigurosos que permitan entender cómo puede afectar la subida del nivel del mar en zonas sensibles como Maldonado.

Según ha señalado en varias intervenciones, disponer de esta información facilita adoptar medidas eficaces para proteger el litoral, apostando por un modelo de gestión que combine la colaboración entre administraciones y la participación de entidades especializadas, desde empresas de oceanografía hasta grandes grupos públicos como Tragsatec.

En esta misma línea, la Consejería de Transición Ecológica y Energía insiste en que la clave está en incorporar la variable climática en la planificación del territorio y de las infraestructuras. No se trata solo de levantar muros frente al mar, sino de reordenar usos, reforzar servicios esenciales y, cuando sea necesario, replantear ciertas actividades en las zonas más expuestas.

La combinación de obras de protección, sistemas de alerta, restauración ambiental y planificación basada en escenarios climáticos está configurando una estrategia integral de defensa del litoral. En ella, la subida del nivel del mar deja de verse como un problema abstracto y se convierte en un factor concreto a tener en cuenta en cada decisión sobre la costa.

Con los estudios ya en marcha, los proyectos de ingeniería en preparación y la colaboración entre científicos, administraciones y agentes locales, La Palma y el resto del archipiélago van dando pasos para llegar mejor preparados a las próximas décadas, cuando el mar subirá más y los temporales serán previsiblemente más duros. La apuesta por anticiparse, en lugar de limitarse a reparar daños, marca la diferencia en una isla que depende en gran medida de la salud y seguridad de su franja litoral.