La nueva erupción del volcán Kilauea en Hawái: qué está pasando y por qué es tan excepcional

  • El Kilauea encadena una fase eruptiva intermitente con 38 episodios de fuentes de lava en menos de un año.
  • Las fuentes han alcanzado hasta 300-370 metros de altura y han generado una rara triple emisión simultánea.
  • La actividad está confinada al cráter Halemaʻumaʻu, sin viviendas afectadas, pero con riesgos por gases y materiales volcánicos.
  • El volcán es uno de los mejor vigilados del mundo y un laboratorio natural clave para entender la dinámica del magma.

erupcion del volcan Kilauea en Hawai

El volcán Kilauea, en la isla Grande de Hawái, vive una de sus fases más espectaculares y a la vez más vigiladas de las últimas décadas. Desde finales de 2024 encadena una sucesión de erupciones breves pero muy intensas que mantienen en vilo a científicos, autoridades y residentes locales, a la vez que despiertan una enorme curiosidad en el resto del mundo, incluida España.

Esta serie eruptiva, que ya suma 38 episodios de fuentes de lava, se caracteriza por la aparición de chorros incandescentes que se elevan desde el cráter Halemaʻumaʻu, dentro del Parque Nacional de los Volcanes de Hawái. Aunque por ahora la lava se mantiene confinada dentro de la caldera y no amenaza a las comunidades cercanas, el fenómeno está dejando imágenes impactantes y proporciona información científica de gran valor sobre el funcionamiento interno de la Tierra.

Una fase eruptiva que no da tregua desde diciembre de 2024

La actual secuencia comenzó el 23 de diciembre de 2024, cuando el Kilauea retomó con fuerza su actividad tras un periodo de relativa calma. Desde entonces, el volcán ha ido encadenando episodios eruptivos cortos, de unas horas a un día, separados por pausas de varios días en las que la superficie parecía tranquilizarse, aunque el subsuelo seguía muy activo.

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el episodio más reciente, catalogado como el número 38 de esta serie, se inició a las 8:45 de la mañana (hora local de Hawái) del 6 de diciembre. Los sensores detectaron previamente un incremento claro del tremor sísmico y una variación en la inclinación del terreno, indicadores clásicos de que el magma estaba ascendiendo por los conductos internos del volcán.

En esta nueva erupción, el Kilauea volvió a mostrar su carácter explosivo dentro de los límites de la caldera: las fuentes de lava sostenidas alcanzaron inicialmente entre 15 y 30 metros de altura desde un respiradero del cono norte, pero su intensidad fue aumentando con rapidez en cuestión de minutos.

Las autoridades de Hawái subrayan que, como en los episodios anteriores, toda la actividad eruptiva permanece confinada al cráter Halemaʻumaʻu, dentro del Parque Nacional. No hay viviendas ni infraestructuras críticas en la trayectoria inmediata de la lava, y los aeropuertos de la isla (KOA e ITO) continúan operando con normalidad, algo que resulta clave tanto para la población local como para el turismo internacional, incluidos viajeros europeos.

La duración de estos episodios suele rondar las 12-24 horas. En el caso del último evento, el flujo de lava ininterrumpido se mantuvo unas 12 horas, hasta las 8:52 de la tarde (hora local), cuando la salida de magma disminuyó de forma abrupta y los instrumentos registraron un cambio hacia una fase de desinflación del sistema.

actividad eruptiva del volcan Kilauea

Fuentes de lava gigantes y una rara triple emisión

Si algo ha sorprendido a los expertos y ha captado la atención de los medios internacionales es la altura asombrosa de las fuentes de lava y la aparición de un fenómeno poco habitual: tres chorros simultáneos saliendo de distintos respiraderos del volcán.

En varios de los episodios recientes se han registrado torres de lava que se elevan entre 50 y 100 pies (15-30 metros), pero en momentos de máxima intensidad los géiseres incandescentes han llegado muchísimo más alto. El USGS ha documentado fuentes de hasta 1000-1200 pies (unos 300-370 metros), comparables a rascacielos de más de 70 plantas, que iluminan el cielo nocturno y generan columnas de humo fácilmente visibles a decenas de kilómetros.

Durante el episodio número 38, los geólogos observaron cómo la erupción evolucionaba rápidamente: primero se activaron dos puntos de emisión en el cono norte, y poco después se sumó un tercer respiradero en la zona sur. Por un breve periodo de tiempo, los tres surtidores estuvieron expulsando lava a la vez, formando una triple fuente de lava sostenida que los especialistas califican como un suceso “extremadamente raro” para este tipo de volcanismo.

El momento más espectacular tuvo lugar poco antes de las 10:00 de la mañana, hora local, cuando una explosión agrandó el respiradero sur y provocó una fuente inclinada que superó los 300 metros de altura. Ese incremento repentino de energía fue tal que una de las cámaras remotas que grababan en directo quedó destruida al ser alcanzada por el flujo incandescente, un suceso que también ha servido para ilustrar la fuerza real de la erupción.

En redes sociales se han multiplicado los vídeos que muestran los chorros de lava saliendo con violencia del cráter, así como enormes ríos de roca fundida avanzando por el interior de la caldera. Cuentas especializadas en vulcanología han compartido imágenes de esta triple fuente de lava, que para muchos aficionados a la geología es un espectáculo único que rara vez puede observarse con tanta claridad.

Además de las fuentes directamente visibles, el USGS ha informado de la generación de una gran columna de humo y gases volcánicos que se elevó por encima de los 6000 metros de altura. Esta nube está formada por vapor de agua, dióxido de carbono, dióxido de azufre y partículas volcánicas finas, que son arrastradas por los vientos predominantes y pueden afectar a zonas situadas a sotavento del volcán.

fuentes de lava del volcan Kilauea

Por qué las fuentes alcanzan alturas tan espectaculares

La extraordinaria altura de las fuentes de lava del Kilauea no es fruto del azar. Los vulcanólogos explican que se debe, en buena parte, a la presión de los gases atrapados en el magma y a la manera en que este asciende por el interior del sistema volcánico. Cuando el magma se eleva desde zonas profundas, los gases disueltos comienzan a liberarse al acercarse a la superficie, algo similar a lo que ocurre cuando se agita una botella de refresco y se abre de golpe.

En el caso concreto del Kilauea, el magma parece estar subiendo a la superficie a través de conductos relativamente estrechos y tubulares. Este tipo de “tuberías volcánicas” concentran la presión y facilitan que la mezcla de gas y roca fundida salga al exterior en forma de chorros muy concentrados y violentos, capaces de dispararse a cientos de metros de altura antes de fragmentarse y caer de nuevo a la caldera.

Los especialistas del USGS señalan que la intensidad de cada episodio está muy relacionada con la cantidad de magma acumulado y el grado de presión interna antes de que se abra el conducto de salida. En episodios previos, el volcán ha llegado a experimentar fases de inflación del terreno superiores a las 16 microradianes, un valor que refleja la deformación del suelo por la entrada de material fundido en la cámara superficial.

Cuando esta presión supera cierto umbral, se desencadena el episodio eruptivo: el magma asciende, los gases se expanden de forma brusca y la lava es expulsada con enorme fuerza. Tras varias horas de emisión continua, el sistema comienza a desinflarse, la altura de las fuentes desciende y la erupción entra en pausa, a la espera del siguiente ciclo de recarga.

Este comportamiento, con episodios relativamente cortos y bien delimitados, convierte al Kilauea en un objetivo de estudio privilegiado. Cada nueva erupción aporta datos sobre cómo se reorganiza el sistema magmático, cómo se redistribuye la presión y qué señales sísmicas o de deformación anticipan los cambios de fase, información que también resulta útil para otros volcanes activos, incluidos algunos situados en Europa como el Etna o el Vesubio.

Riesgos para la población: gases, cenizas y fragmentos vítreos

gases de la erupcion del volcan Kilauea

Aunque la lava del Kilauea se mantiene por ahora dentro de la caldera y no ha alcanzado localidades cercanas como Volcano Village, las autoridades siguen insistiendo en que la situación no está exenta de riesgos. El principal peligro a corto plazo no es tanto el avance del magma, sino la emisión de gases volcánicos y de pequeños fragmentos de material vítreo que pueden ser transportados por el viento.

El USGS ha advertido sobre los altos niveles de vapor de agua (H₂O), dióxido de carbono (CO₂) y, sobre todo, dióxido de azufre (SO₂) que salen de los respiraderos. Dependiendo de la dirección y fuerza del viento, estas emisiones pueden generar episodios de “vog” (niebla volcánica) que afectan a la calidad del aire en las islas de sotavento, con posibles problemas respiratorios en personas vulnerables, como quienes padecen asma o enfermedades cardíacas.

Además, la actividad de las fuentes de lava produce finas hebras de vidrio volcánico conocidas como “cabello de Pele”, denominadas así en honor a la diosa hawaiana de los volcanes. Estos filamentos, extremadamente delgados y afilados, pueden desplazarse hasta 10-15 kilómetros desde el respiradero y causar irritación en la piel, los ojos o el aparato respiratorio si se inhalan o entran en contacto directo con las personas.

Junto al cabello de Pele, se generan también otros fragmentos volcánicos vítreos como ceniza fina, piedra pómez o escoria. Estas partículas pueden caer a una o dos millas de los respiraderos activos y afectar a carreteras, senderos y miradores del Parque Nacional, reduciendo la visibilidad y aumentando el riesgo de deslizamientos o accidentes menores.

Por ello, las autoridades de Defensa Civil de Hawái han emitido reiterados avisos a la población y a los visitantes. Se recomienda evitar las zonas de mayor concentración de gases, especialmente a personas con sensibilidad respiratoria, y tomar precauciones en carretera ante la posible presencia de tefra (material volcánico expulsado durante la erupción) que pueda reducir la visibilidad o hacer que la calzada esté resbaladiza.

Un volcán hiperactivo y uno de los mejor vigilados del planeta

El Kilauea es, junto con el Mauna Loa, uno de los seis volcanes activos del archipiélago hawaiano, y figura de forma destacada en la lista de los volcanes más activos del mundo. Desde 1983 ha mantenido una actividad eruptiva casi constante, con fases de mayor o menor intensidad que han ido remodelando el paisaje de la isla Grande con coladas de lava que, en otras ocasiones, sí han alcanzado zonas habitadas.

A diferencia de otros colosos como el Mauna Loa, de mayor tamaño y volumen, el Kilauea destaca por su dinamismo y por la regularidad de sus emisiones. Su caldera, el cráter Halemaʻumaʻu y los campos de lava circundantes se han convertido en un auténtico laboratorio natural donde los científicos pueden observar casi en tiempo real cómo se comporta un sistema volcánico en plena actividad.

El Observatorio de Volcanes de Hawái, dependiente del USGS, mantiene una extensa red de vigilancia que incluye sismómetros, medidores de deformación, sensores de gases y varias cámaras de alta resolución que transmiten en directo las erupciones. Estas herramientas permiten seguir al minuto la evolución de cada episodio y ajustar los niveles de alerta para la población.

Durante la actual fase eruptiva, el observatorio ha compartido en plataformas como YouTube varios canales de retransmisión en vivo desde distintos puntos de la caldera. Estas imágenes han permitido a millones de personas en todo el mundo, incluida la audiencia europea, observar el fenómeno sin necesidad de acercarse a las zonas de riesgo, y al mismo tiempo han servido como archivo científico para analizar la dinámica de las fuentes de lava.

El carácter “tecnológicamente vigilado” del Kilauea lo coloca en una posición privilegiada frente a otros volcanes menos instrumentados. Cada nuevo episodio añade datos que ayudan a mejorar los modelos de predicción eruptiva y la gestión del riesgo volcánico, algo especialmente relevante para regiones sísmicas y volcánicas en otros continentes, entre ellos Europa.

Impacto social, turístico y lecciones para otras regiones

A pesar de la espectacularidad del fenómeno, las autoridades de Hawái han insistido en que no existe un peligro inmediato para las localidades habitadas. No obstante, la población local convive desde hace casi un año con un escenario de vigilancia constante, cambios en la calidad del aire y restricciones de acceso en algunas zonas del Parque Nacional.

El turismo, un sector fundamental para Hawái, se ha visto afectado de manera desigual. Por un lado, las erupciones atraen a visitantes de todo el mundo que quieren contemplar de cerca el espectáculo de la lava. Por otro, es necesario cerrar áreas concretas por seguridad, y los operadores turísticos deben adaptarse casi día a día a la evolución de la actividad para ofrecer experiencias seguras sin poner en riesgo a los viajeros.

Para el público europeo, acostumbrado a seguir de cerca la evolución de volcanes como el Etna, el Stromboli o el Cumbre Vieja en La Palma, el caso del Kilauea ofrece un ejemplo muy ilustrativo de cómo una erupción prolongada puede convivir con la vida cotidiana siempre que exista un sistema de vigilancia sólido y una buena coordinación entre científicos y autoridades de protección civil.

En España, la experiencia reciente en La Palma ha demostrado la importancia de contar con protocolos claros de evacuación, redes de monitoreo avanzadas y una comunicación transparente con la ciudadanía. El trabajo que se realiza en Hawái, apoyado en décadas de observación continua del Kilauea, aporta referencias útiles para mejorar la gestión de futuras crisis volcánicas en territorios europeos.

La propia comunidad científica internacional, incluida la europea, sigue muy de cerca la evolución del Kilauea. Los datos recogidos sobre presión interna del magma, respuesta sísmica y deformación del terreno se comparten con centros de investigación de todo el mundo, reforzando el conocimiento global sobre este tipo de volcanismo de punto caliente, que difiere en varios aspectos del que encontramos, por ejemplo, en la dorsal atlántica o en el Mediterráneo.

A día de hoy, el Kilauea continúa activo y bajo estrecha vigilancia, con las autoridades de Hawái y los científicos del USGS atentos a cualquier cambio que pueda alterar el equilibrio actual. La fase eruptiva que comenzó a finales de 2024 no muestra señales claras de conclusión inmediata, y todo apunta a que seguirán produciéndose nuevos episodios de fuentes de lava intermitentes. Para la comunidad internacional, este volcán sigue siendo a la vez un desafío y una fuente inagotable de información sobre las entrañas del planeta, recordando que la Tierra permanece en constante transformación bajo nuestros pies.

erupción del volcán Kilauea
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