
El próximo sábado 28 de marzo, entre las 20:30 y las 21:30, millones de personas en todo el mundo volverán a sincronizar un gesto sencillo pero cargado de simbolismo: apagar la luz durante una hora. En España y en el resto de Europa, ayuntamientos, universidades, entidades y hogares se preparan para sumarse a una nueva edición de La Hora del Planeta 2026, que este año conmemora dos décadas de trayectoria.
Lo que comenzó como un gesto local en Australia se ha transformado en un movimiento global contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. La Hora del Planeta se ha consolidado como una cita anual del mes de marzo en la que se apagan edificios, monumentos y espacios públicos emblemáticos para recordar que la naturaleza sostiene nuestra vida cotidiana y que, si no se protege, se resiente también nuestra salud y bienestar.
Veinte años de un gesto que se ha hecho mundial
La Hora del Planeta nació en Sídney en 2007 impulsada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) como una acción muy concreta: apagar las luces de edificios y monumentos durante 60 minutos para llamar la atención sobre el calentamiento global. A partir de ahí, el gesto fue ganando apoyo en todos los continentes hasta convertirse en la mayor movilización ambiental del planeta.
Hoy participan casi 200 países y se apagan decenas de miles de lugares tan conocidos como la Torre Eiffel o el Coliseo de Roma. En el ámbito europeo, la iniciativa se ha integrado en la agenda de muchas ciudades, gobiernos locales y universidades, que aprovechan la campaña para reforzar mensajes sobre eficiencia energética, energías renovables y protección de ecosistemas.
La edición de 2026 tiene un componente especialmente simbólico: marca la vigésima ocasión en la que se realiza este apagón coordinado. WWF subraya que el año 2025 ha sido el más cálido desde la revolución industrial, con temperaturas récord y un aumento de fenómenos meteorológicos extremos, lo que refuerza la sensación de urgencia. En este contexto, el lema de este año, difundido en muchos municipios españoles, es claro: “Apaga la luz. Defiende el planeta”.
Lejos de quedarse en un acto puntual, la organización y las administraciones implicadas recuerdan que se trata de un recordatorio para cambiar hábitos de manera permanente: reducir el consumo energético, apostar por la movilidad sostenible, recortar emisiones y repensar el modelo de desarrollo para que sea compatible con los límites del planeta.
España y sus ciudades: edificios a oscuras por el clima
En España, la participación en La Hora del Planeta no ha dejado de crecer. Cada año se suman más ayuntamientos, empresas y entidades. En las últimas ediciones, el país ha superado ampliamente los 500 municipios adheridos, y se estima que más de 8.500 ciudades en todo el mundo participan apagando instalaciones singulares como muestra de compromiso.
En 2026, ciudades grandes y pequeñas han confirmado de nuevo su implicación. En el ámbito urbano, Alicante, Zaragoza, Adeje, Villanueva de la Serena, Daimiel, Novelda, Dénia y Córdoba forman parte del nutrido listado de localidades que realizarán apagones simbólicos en espacios muy visibles para la ciudadanía.
En muchos casos, los consistorios acompañan el apagón con mensajes de sensibilización sobre la emergencia climática, invitando a vecinos y vecinas a imitar el gesto en sus hogares: apagar la mayor cantidad posible de luces y dispositivos eléctricos durante esa franja horaria, como forma de participación directa y sencilla.
La campaña pone el foco en que la acción local tiene una repercusión que va más allá del término municipal. Cuando centenares de ciudades actúan al mismo tiempo, el mensaje es difícil de ignorar: hay preocupación social por el cambio climático y existe voluntad de exigir políticas más ambiciosas, pero también de contribuir desde el día a día.
Casos destacados: de Alicante a Zaragoza, pasando por Novelda y Dénia
En Alicante, la Hora del Planeta 2026 contará con el apagado de la Plaza Séneca y de la iluminación exterior del Castillo de Santa Bárbara. El municipio se suma así a la vigésima edición del movimiento, aprovechando la fecha para reforzar la idea de que la naturaleza es un sistema de soporte vital que proporciona aire, agua y alimentos, y que su deterioro repercute de forma directa en la calidad de vida de la población.
En Zaragoza, el Ayuntamiento apagará durante una hora el alumbrado ornamental de la Casa Consistorial y La Lonja, además del alumbrado interior de las torres del Pilar y del retablo de Pablo Serrano. Se reducirá también la iluminación general en la Plaza del Pilar, y quedarán a oscuras la fachada digital de Etopia y el Refectorio del Centro de Documentación del Agua y el Medio Ambiente. Con este gesto, la ciudad reafirma su compromiso con la naturaleza y el clima, en línea con la llamada global de WWF.
En el municipio tinerfeño de Adeje, la corporación local ha aprobado un decreto de adhesión a La Hora del Planeta, que incluye el apagado de las fachadas del Ayuntamiento, la Iglesia y el Auditorio durante el tramo horario de la campaña. El gobierno municipal recuerda que, aunque la acción es simbólica, tiene una fuerte carga pedagógica y trata de implicar a la ciudadanía en la defensa del medio ambiente y de las personas.
En Villanueva de la Serena, el gesto se traducirá en apagar varias infraestructuras urbanas significativas, como las fuentes Víctimas del Terrorismo, Ronda de la Hispanidad y Las Pasaderas, además del puente del Paseo Lineal del Ferrocarril y los proyectores de la plaza de España. El Ayuntamiento subraya el carácter reivindicativo de la acción, que pretende recordar la necesidad de cuidar la naturaleza que rodea a la ciudad.
La localidad de Daimiel también vuelve a adherirse a la campaña promovida por WWF. Bajo el lema “Apaga la luz. Defiende el Planeta”, el consistorio anima a personas, entidades y empresas a detener su consumo eléctrico no esencial durante una hora, como forma de mostrar su compromiso en la lucha contra el cambio climático y el deterioro de la naturaleza.
En Novelda, la Hora del Planeta se traducirá en el apagado de la iluminación exterior del Castillo de la Mola, el campanario de la iglesia de San Pedro, la fachada del Ayuntamiento y el Santuario de Santa María Magdalena. El Ayuntamiento destaca, además, la importancia de incorporar hábitos de consumo energético responsable en la vida cotidiana, tanto por motivos ambientales como por el impacto que tiene en la factura de la luz, más aún en un contexto de inestabilidad energética internacional.
Por su parte, Dénia apagará la iluminación de la casa consistorial en la plaza de la Constitució y del Castell. La ciudad se alinea así con miles de municipios que, en esta vigésima edición, dejarán a oscuras más de 17.000 monumentos emblemáticos en todo el planeta. Desde WWF se remarca que los ayuntamientos están en primera línea frente a olas de calor, sequías prolongadas o lluvias torrenciales, y que este tipo de gestos contribuyen a mantener la emergencia climática en la agenda pública.
El papel de las universidades y la acción climática a largo plazo
No solo los consistorios se suman al apagón. El mundo académico también se ha convertido en un actor relevante dentro de La Hora del Planeta. La Universidad de Córdoba (UCO) participará de nuevo apagando el alumbrado de la fachada de su Rectorado durante la franja de 20:30 a 21:30.
Para la UCO, esta campaña encaja con un compromiso más amplio. La institución se adhirió en 2019 a la iniciativa mundial de centros de Educación Superior sobre el estado de emergencia climática impulsada por Naciones Unidas. En ese marco, la universidad ha asumido la elaboración de una hoja de ruta hacia la neutralidad de carbono en 2040, la movilización de recursos para la investigación en cambio climático y el impulso de programas de educación ambiental en sus campus.
Como reconocimiento a los avances realizados, la UCO ha obtenido el sello de acción climática “Calculo-Reduzco-Compenso”, otorgado por la Oficina Española de Cambio Climático del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Este sello acredita que la institución mide sus emisiones, las reduce y compensa parte de ellas, alineando su actividad con los objetivos de descarbonización.
La participación universitaria en La Hora del Planeta refuerza la idea de que la lucha contra el cambio climático requiere tanto políticas públicas y cambios estructurales como implicación del tejido académico, que aporta conocimiento científico, innovación tecnológica y formación de nuevas generaciones más conscientes.
Más que apagar la luz: hábitos diarios y acción local
Las organizaciones que impulsan La Hora del Planeta insisten en que el apagón de una hora es solo el principio. El objetivo de fondo es promover un cambio más profundo en los hábitos de consumo y en la forma de relacionarnos con el entorno. Entre las recomendaciones que acompañan a la campaña se incluyen aprovechar al máximo la luz natural, regular de forma adecuada la climatización del hogar, apostar por el transporte público o la movilidad activa y apagar por completo dispositivos eléctricos que no se estén utilizando.
En el plano colectivo, se anima a los municipios a utilizar este momento como catalizador para abrir debates sobre el modelo de ciudad: cómo mejorar la eficiencia energética en el alumbrado público, de qué manera adaptar espacios urbanos a las olas de calor, qué medidas adoptar para reforzar la resiliencia frente a sequías o lluvias torrenciales, o cómo integrar la naturaleza en el diseño urbano.
WWF y los ayuntamientos participantes remarcan que apagar las luces de los edificios más emblemáticos lanza un mensaje claro a la población: las instituciones reconocen la urgencia climática y quieren formar parte activa de la solución. Además, este tipo de acciones facilita la implicación de vecinos, comercios, centros educativos y asociaciones, reforzando la cohesión social en torno a un objetivo común.
A lo largo de estas dos décadas, los gobiernos locales han demostrado que su liderazgo puede ser determinante para acelerar la acción climática. Son quienes están más cerca del día a día de la ciudadanía, gestionan servicios básicos y tienen capacidad para traducir los compromisos globales en medidas concretas y visibles en el territorio.
En un escenario en el que se encadenan olas de calor más intensas, sequías prolongadas y episodios de lluvias extremas, la participación en movimientos como La Hora del Planeta funciona como recordatorio de que cada gesto suma, pero también de que se necesitan políticas sostenidas y de largo alcance.
La Hora del Planeta 2026 representa, en definitiva, la suma de miles de pequeños apagones que, juntos, iluminan el debate sobre el clima. Desde edificios históricos hasta campus universitarios, pasando por plazas y fuentes urbanas, el país volverá a oscurecer algunos de sus símbolos durante una hora para poner el foco en algo que no se ve a simple vista: la necesidad urgente de proteger la naturaleza, reducir las emisiones y defender un futuro habitable para las próximas generaciones.
