La FCC da luz verde a 7.500 satélites Starlink de nueva generación

  • La FCC autoriza a SpaceX a desplegar 7.500 satélites Starlink Gen2 adicionales hasta alcanzar 15.000 unidades en órbita baja.
  • Los nuevos satélites podrán operar en cinco bandas de frecuencia y ofrecerán conectividad directa a móviles, incluso fuera de Estados Unidos.
  • SpaceX deberá tener en servicio al menos el 50% de los satélites autorizados antes de diciembre de 2028 y completar el despliegue en 2031.
  • La expansión abre la puerta a mejorar la cobertura de internet por satélite en zonas rurales y remotas de Europa y otras regiones.

Constelación de satélites Starlink

La autorización para desplegar 7.500 satélites Starlink de segunda generación marca un nuevo capítulo en la carrera por el internet por satélite. La decisión, tomada por la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC), consolida a SpaceX como el actor dominante en este segmento y refuerza una constelación que ya es la mayor del mundo.

Con esta luz verde regulatoria, SpaceX podrá operar hasta 15.000 satélites Starlink Gen2 en órbita baja terrestre en los próximos años. Aunque la autorización llega desde Washington, el impacto potencial se extiende a nivel global, con implicaciones directas para la conectividad en Europa y, por extensión, en España, especialmente en zonas rurales o mal servidas por las redes terrestres tradicionales.

Qué ha aprobado exactamente la FCC con los 7.500 satélites Starlink

La FCC ha dado su visto bueno a la construcción, lanzamiento y operación de 7.500 satélites Starlink de nueva generación, que se suman a la infraestructura ya existente de la compañía. Esta cifra se enmarca en una solicitud más amplia de SpaceX, que había planteado el despliegue de casi 30.000 satélites Gen2; por ahora, el regulador estadounidense solo ha aceptado la mitad aproximada de lo pedido y ha dejado en espera la revisión de los 14.988 restantes.

En la práctica, esta decisión eleva el techo regulatorio hasta 15.000 satélites de segunda generación para servicios de internet de banda ancha y comunicaciones móviles. La FCC subraya que la autorización responde al interés público, incluso aunque parte de la tecnología Gen2 todavía no haya sido probada de forma masiva en órbita.

El visto bueno incluye además la posibilidad de que SpaceX actualice sus satélites en órbita, algo clave para incorporar nuevas capacidades sin depender siempre de nuevos lanzamientos. Este margen de maniobra técnica será relevante para ir afinando la red según aumente la demanda de tráfico de datos.

Desde el punto de vista normativo, la comisión estadounidense también ha flexibilizado ciertas limitaciones previas sobre solapamiento de haces y capacidad, permitiendo a Starlink exprimir mejor su constelación y reforzar la cobertura donde más tráfico exista, algo que puede beneficiar a regiones densamente pobladas de Europa.

Capacidades técnicas: cinco bandas de frecuencia y nuevas órbitas

Uno de los elementos más destacados de la resolución es la autorización para operar en cinco bandas de frecuencia diferentes: Ku, Ka, V, E y W. Estas bandas permiten combinar servicios de comunicaciones fijas por satélite (FSS) con prestaciones móviles (MSS), abriendo la puerta tanto a conexiones de banda ancha fija en hogares y empresas como a servicios directamente vinculados al teléfono móvil.

La FCC también ha asignado nuevas capas orbitales, con altitudes comprendidas aproximadamente entre los 340 y los 485 kilómetros. Esta arquitectura, más baja que la de muchos satélites tradicionales, busca reducir la latencia, mejorar el rendimiento de la red y facilitar una posible desorbitación en caso de fallo, algo especialmente sensible en un contexto de proliferación de objetos en órbita. Más información sobre por qué Starlink está bajando la órbita se puede consultar aquí.

En paralelo, SpaceX ha adelantado que planea reducir la altitud de buena parte de sus satélites actuales, pasando de unos 550 km a alrededor de 480 km en 2026. Esta reconfiguración pretende mejorar la seguridad espacial, limitar la permanencia de los satélites averiados y disminuir el riesgo de colisiones en un entorno cada vez más congestionado.

La combinación de más satélites, órbitas más bajas y mayor flexibilidad espectral persigue un objetivo claro: aumentar la capacidad total de la red, mejorar la calidad de servicio en picos de demanda y ofrecer velocidades que la FCC sitúa teóricamente en hasta 1 gigabit por segundo para determinados usuarios y escenarios.

En palabras del regulador, los nuevos satélites Gen2 están diseñados para dar un salto de calidad respecto a la primera generación, tanto en capacidad de transmisión como en eficiencia espectral y control de interferencias, aspectos que preocupan especialmente a otros operadores y a las agencias europeas.

Conectividad directa al móvil y posibles efectos en Europa y España

Uno de los aspectos más comentados de la nueva fase de Starlink es la capacidad de ofrecer conectividad directa a teléfonos móviles (el llamado servicio direct-to-cell). La FCC destaca que los 7.500 satélites adicionales permitirán prestar este tipo de servicios fuera de Estados Unidos y proporcionar cobertura suplementaria dentro del país.

Aunque la autorización es estadounidense, la infraestructura de Starlink es global y ya opera en buena parte de Europa, y es posible ver los satélites. En España, el servicio se ha ido extendiendo como alternativa en áreas rurales, municipios pequeños y zonas de difícil orografía donde la fibra aún no llega o lo hace con dificultades. La evolución hacia conexiones directas al móvil podría suponer, a medio plazo, una vía extra de cobertura en zonas de sombra de las redes móviles terrestres.

Para que esto se materialice en territorio europeo será necesaria una coordinación regulatoria con la Unión Europea y los reguladores nacionales, que deberán encajar el uso de estas bandas de frecuencia y la interacción con las redes móviles existentes. Bruselas, además, impulsa sus propios proyectos de constelaciones, por lo que la expansión de Starlink se analiza con atención desde la óptica de competencia y soberanía tecnológica.

Si se supera ese encaje regulatorio, la combinación de satélites de órbita baja y dispositivos móviles convencionales podría reducir la brecha digital tanto en zonas rurales de España como en regiones remotas del resto del continente, ofreciendo cobertura básica de mensajería, voz y, progresivamente, datos de mayor capacidad.

En cualquier caso, la prioridad declarada de SpaceX es fortalecer la conectividad en lugares donde el acceso a internet de alta velocidad sigue siendo limitado, algo que encaja con los desafíos de muchas comarcas españolas, desde áreas de montaña hasta enclaves agrícolas o zonas insulares con baja densidad de población.

Calendario de despliegue y obligaciones para SpaceX

La aprobación de la FCC no es un cheque en blanco: viene acompañada de plazos y compromisos concretos. SpaceX deberá haber lanzado y puesto en funcionamiento al menos el 50% de los satélites Gen2 autorizados antes del 1 de diciembre de 2028. El despliegue del resto tendrá que completarse a más tardar en diciembre de 2031.

Además, el regulador estadounidense recuerda que la empresa mantiene el compromiso de terminar el despliegue de 7.500 satélites Starlink de primera generación antes de finales de noviembre de 2027. Es decir, SpaceX se enfrenta a varios frentes de expansión simultáneos, con exigencias de rendimiento y control de riesgos.

La FCC también ha decidido posponer la decisión sobre los casi 15.000 satélites adicionales solicitados, en especial aquellos previstos para operar a altitudes superiores a los 600 kilómetros. El regulador quiere observar primero cómo se comporta la red Gen2 autorizada, tanto a nivel técnico como en términos de impacto sobre el entorno orbital.

Este enfoque gradual pretende evitar un crecimiento descontrolado de megaconstelaciones sin un análisis previo de congestión orbital, interferencias y desechos espaciales. Es un punto especialmente sensible para Europa, donde agencias como la ESA y los estados miembros vienen reclamando mayores garantías de sostenibilidad espacial.

En este contexto, SpaceX deberá demostrar que es capaz de cumplir con los plazos, mantener un nivel de fiabilidad razonable en su flota y aplicar protocolos eficaces de retirada de satélites al final de su vida útil o en caso de anomalía, algo que los reguladores seguirán muy de cerca.

Seguridad espacial, incidentes y preocupación por los desechos

El fuerte crecimiento de Starlink sitúa en primer plano el debate sobre la seguridad en órbita. La propia SpaceX ha reconocido que, en diciembre de 2025, uno de sus satélites experimentó una anomalía a unos 418 kilómetros de altitud, generando una pequeña cantidad de escombros tras perder contacto. Aunque el incidente se considera poco habitual, ilustra los riesgos asociados a constelaciones tan numerosas.

La compañía sostiene que su estrategia pasa por operar a altitudes relativamente bajas para que, en caso de fallo, los satélites reentren en la atmósfera en un plazo reducido, minimizando así el tiempo en el que los restos podrían suponer un peligro para otros operadores. Además, los planes para reducir la altitud de los satélites activos a unos 480 km se presentan como una medida adicional de prudencia.

La resolución de la FCC menciona que la evaluación de riesgos se ha realizado con la colaboración de organismos como el Departamento de Comercio de Estados Unidos y la NTIA, que han aportado criterios técnicos para valorar el impacto agregado de los 7.500 satélites Starlink Gen2 autorizados.

En Europa, instituciones y expertos observan con atención esta expansión, ya que la región apuesta por desarrollar sus propias constelaciones de comunicación mientras intenta fijar estándares más estrictos de gestión de residuos espaciales. La presencia masiva de satélites de un único operador plantea interrogantes sobre el acceso justo al espacio y la coordinación internacional.

No obstante, el regulador estadounidense insiste en que la autorización incorpora obligaciones de seguimiento, coordinación de frecuencias y mitigación de colisiones, y que cualquier incidente relevante deberá comunicarse, lo que permitirá ir ajustando las condiciones de la licencia si fuera necesario.

Domino de mercado y debate sobre la competencia

Con la nueva autorización, SpaceX refuerza una posición que ya era dominante. Actualmente opera en torno a 9.400 satélites Starlink en órbita, una cifra que representa aproximadamente dos tercios de todos los satélites activos a nivel mundial, según datos manejados por la propia FCC en los últimos años.

Esta situación ha llevado a algunos responsables del regulador, como la ex presidenta Jessica Rosenworcel, a reclamar más competencia frente al ecosistema Starlink. La preocupación no se limita a Estados Unidos: en Europa también se discute cómo garantizar un mercado equilibrado, en el que proyectos como la futura constelación europea puedan competir en condiciones razonables.

La aprobación de 7.500 satélites adicionales se interpreta, por tanto, como un hito tecnológico y comercial, pero también como un recordatorio de la necesidad de marcos internacionales que regulen estas megaestructuras. La cuestión de quién controla el acceso al espacio y a las bandas de frecuencia es clave para la autonomía digital de regiones como la Unión Europea.

Pese a las reservas, la FCC sostiene que ampliar la constelación de Starlink favorecerá la competencia en servicios finales, al ofrecer una alternativa allí donde las redes terrestres o de otros operadores no llegan o no resultan competitivas. Este argumento también se escucha en parte del sector europeo, que ve en las constelaciones privadas una vía rápida para reducir desigualdades de acceso a internet.

En este escenario, gobiernos y reguladores europeos deberán encontrar un equilibrio entre aprovechar la infraestructura existente de Starlink para mejorar la conectividad, y al mismo tiempo impulsar alternativas propias y establecer salvaguardas que eviten una dependencia excesiva de un único proveedor.

La decisión de la FCC de autorizar 7.500 satélites Starlink de segunda generación añade una nueva capa de complejidad al mapa de la conectividad global: por un lado, multiplica las opciones para llevar banda ancha y servicios móviles a zonas aisladas, incluidas áreas rurales de España y Europa; por otro, intensifica el debate sobre la saturación orbital, la regulación internacional del espectro y el peso que un solo actor privado puede llegar a tener en las infraestructuras críticas de comunicaciones a escala planetaria.

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