Inundaciones en Tailandia: balance de daños, víctimas y respuesta de las autoridades

  • Las inundaciones en el sur y centro de Tailandia han dejado más de un centenar de muertos y millones de personas afectadas en una veintena de provincias.
  • Las precipitaciones han batido récords históricos en ciudades como Hat Yai y han obligado a evacuar hospitales, cerrar carreteras y desplegar rescates con helicópteros y embarcaciones.
  • El Gobierno tailandés ha movilizado al Ejército, su único portaaviones y amplios recursos de emergencia en operaciones de socorro y reparto de víveres.
  • Las inundaciones se enmarcan en una temporada especialmente dura de tormentas y tifones en el sudeste asiático, vinculada al calentamiento de los océanos.

Inundaciones en Tailandia

Las inundaciones en Tailandia han desencadenado una crisis humanitaria de gran envergadura en el centro y, sobre todo, en el sur del país, donde lluvias torrenciales excepcionales han dejado decenas de muertos, millones de damnificados y amplias zonas completamente anegadas. La combinación de monzones muy activos, tormentas tropicales y su interacción con otros ciclones en la región ha convertido estas precipitaciones en un episodio histórico, con registros nunca vistos en ciudades clave como Hat Yai.

Mientras las autoridades tailandesas tratan de contener el impacto y acelerar las labores de rescate, la emergencia ha sacado a la luz la vulnerabilidad de las infraestructuras, la presión sobre hospitales y servicios básicos y el papel decisivo de la cooperación regional en el sudeste asiático. En paralelo, se multiplican las críticas internas por la supuesta lentitud de la respuesta inicial del Gobierno y se intensifica el debate sobre el papel del cambio climático en la creciente severidad de estos fenómenos.

Un temporal extremo que desborda el sur de Tailandia

Las intensas lluvias que han golpeado Tailandia durante varios días han provocado inundaciones masivas en al menos 20 provincias, con especial gravedad en nueve regiones del sur declaradas formalmente «zona de desastre». Entre las áreas más castigadas figuran las provincias de Songkhla, Satun, Trang, Yala, Pattani y Surat Thani, esta última conocida por acoger las populares islas turísticas de Koh Tao y Koh Samui.

Según los recuentos oficiales más recientes, el país ha contabilizado decenas de fallecidos y más de 3 millones de personas afectadas por las anegaciones, con alrededor de un millón de hogares dañados en distintos grados. Solo en la provincia de Songkhla, fronteriza con Malasia, se concentran más de un centenar de muertes en algunos balances, lo que la sitúa como el epicentro humano de la tragedia.

Las cifras han ido aumentando a medida que los equipos de emergencia han podido acceder a nuevas zonas. Informes gubernamentales y del Departamento de Prevención y Mitigación de Desastres (DPMD) hablan de miles de evacuados, barrios enteros bajo el agua y cortes de suministros esenciales. Las crecidas han afectado tanto a pequeñas localidades rurales como a núcleos urbanos de importancia económica y turística.

El fenómeno no se limita al extremo meridional: provincias del centro y del norte, como Ayutthaya, Nonthaburi o Nakhon Pathom, también han registrado daños importantes, con parques industriales y áreas periurbanas inundadas. No obstante, el mayor drama se vive en el sur, donde el agua ha llegado a cubrir plantas bajas y primeras alturas de los edificios en las áreas peor situadas.

La escala del desastre se entiende mejor si se tiene en cuenta que las precipitaciones en algunas zonas han superado lo que suele acumularse en varios meses en apenas unos días. En la práctica, muchas comunidades se han visto rodeadas por auténticos ríos de agua marrón, lodo y escombros que han arrasado viviendas, vehículos y cultivos.

Hat Yai, símbolo de la catástrofe: récord de lluvias y ciudad bajo el agua

La ciudad de Hat Yai, en Songkhla, se ha convertido en el principal símbolo del desastre. Autoridades tailandesas han confirmado que en esta urbe se ha registrado el que describen como el episodio de lluvias más intenso de los últimos 300 años, con un acumulado de unos 335 litros por metro cuadrado en una sola jornada. Este volumen extremo desbordó con rapidez canales, drenajes y ríos, sumergiendo grandes áreas de la ciudad.

En muchos barrios, el agua ha cubierto completamente la planta baja de las viviendas y ha llegado a la primera planta, dejando a miles de personas atrapadas en tejados o pisos superiores. Imágenes difundidas por la televisión pública Thai PBS y por fuerzas de seguridad muestran calles transformadas en canales, coches apilados tras ser arrastrados por la corriente y un manto de barro que lo cubre prácticamente todo una vez que el nivel del agua empieza a bajar.

El caso de Hat Yai no solo refleja la violencia de las inundaciones, sino también la complejidad de las labores de rescate. Los equipos de emergencia han tenido que emplear lanchas neumáticas, motos acuáticas y helicópteros para evacuar a residentes desde techos y azoteas. En algunos vídeos se aprecia cómo familias enteras son extraídas de viviendas casi sumergidas, tras romper el tejado para poder salir al exterior.

En determinados momentos, la ciudad ha quedado prácticamente incomunicada por carretera, con cientos de personas bloqueadas en el aeropuerto y en estaciones de transporte. Las autoridades locales han descrito la situación como «sin precedentes» y han solicitado refuerzos al Gobierno central para mantener los suministros de agua potable, alimentos y medicinas.

Las escenas que se han ido conociendo, desde automóviles apilados hasta vecinos moviéndose en improvisadas balsas, han reforzado en la población la sensación de que la magnitud del episodio supera con creces la de otras inundaciones habituales en la temporada de monzones. Aunque en esta región las fuertes lluvias no son extrañas, fenómenos de esta intensidad solo se registran, según testigos locales, cada diez o quince años.

Impacto en hospitales, cortes de luz y rescates a contrarreloj

Uno de los aspectos más delicados de esta crisis ha sido el impacto directo sobre la red sanitaria. El hospital público de Hat Yai, el centro médico más importante del sur, ha sufrido inundaciones en su planta baja y ha tenido que activar planes de emergencia ante el riesgo de perder por completo el suministro eléctrico.

El Ministerio de Salud Pública ha detallado que, debido al aumento del nivel del agua y a la posibilidad de cortes de energía, decenas de pacientes en estado crítico han sido trasladados en helicóptero a otros hospitales. Entre ellos se encontraban pacientes intubados en la UCI, cuya vida dependía de respiradores y equipamiento eléctrico que podía verse comprometido por la falta de energía o de oxígeno.

Los responsables sanitarios han subrayado la urgencia con la que se tuvo que organizar la evacuación de unos 50 pacientes de cuidados intensivos y decenas más en situación delicada, mientras se intentaba proteger medicamentos, equipos y archivos médicos. Se han distribuido bombonas de oxígeno adicionales, generadores eléctricos y material de emergencia para mantener en funcionamiento servicios básicos mientras durasen las inundaciones.

El estrés emocional en pacientes, familiares y personal sanitario ha sido considerable, hasta el punto de que el propio Ministerio de Salud ha anunciado el envío de equipos de apoyo psicológico para atender tanto a profesionales de la salud como a ciudadanos que afrontan la pérdida de sus hogares o seres queridos.

En paralelo, el corte de electricidad y la interrupción de las comunicaciones han afectado a otras instalaciones clave, incluidos centros de evacuación, comisarías y oficinas de administración local. En algunas zonas, las autoridades han recurrido a drones y helicópteros para lanzar paquetes de comida y agua a comunidades aisladas a las que era imposible llegar por tierra.

Movilización del Ejército y uso del portaaviones Chakri Naruebet

La magnitud del desastre ha obligado al Gobierno de Tailandia a movilizar al Ejército y a las fuerzas de seguridad en una operación de emergencia a gran escala. Tropas terrestres, policía y Fuerza Aérea participan en tareas de rescate, evacuación, reparto de ayuda y restablecimiento de infraestructuras básicas en las zonas más afectadas.

Uno de los elementos más llamativos de esta respuesta ha sido el despliegue del único portaaviones de la Marina tailandesa, el HTMS Chakri Naruebet, utilizado como plataforma de coordinación en alta mar y como base para helicópteros de rescate y transporte de suministros. La embarcación, construida en su día en los astilleros de Ferrol siguiendo el modelo del antiguo «Príncipe de Asturias», vuelve así a protagonizar una misión humanitaria de gran visibilidad, como ya ocurriera durante el tsunami de 2004.

Desde el portaaviones y desde la base aérea del aeropuerto de Don Mueang, en Bangkok, despegan helicópteros cargados de alimentos, agua, material médico y personal de emergencias con destino a las zonas anegadas. La infraestructura militar está sirviendo al mismo tiempo como centro logístico y como símbolo de la implicación del Gobierno central en la gestión de la crisis.

Además del portaaviones, las fuerzas armadas han desplegado una veintena de helicópteros, numerosas embarcaciones y motos acuáticas, pidiendo incluso la colaboración de particulares que dispongan de este tipo de vehículos para apoyar las labores de auxilio. Los vídeos difundidos por el Ejército y la Policía muestran largas filas de personas esperando ser evacuadas, vehículos militares trasladando enfermos y patrullas remolcando barcas a través de calles inundadas.

El primer ministro, Anutin Charnvirakul, ha declarado el estado de emergencia en provincias como Songkhla y ha permanecido varios días en la zona afectada, cancelando su agenda en Bangkok para supervisar sobre el terreno los trabajos de rescate y distribución de ayuda. El Gobierno insiste en que se está aplicando un plan de recuperación que incluye rehabilitación de infraestructuras, compensaciones económicas y asistencia a largo plazo para las comunidades damnificadas.

Críticas a la gestión y malestar social en el sur del país

Pese a la amplia movilización actual, la gestión del Gobierno ha recibido críticas por una supuesta falta de previsión y una reacción tardía frente a la magnitud del temporal. Vecinos de Hat Yai y de otras localidades del sur aseguran que las advertencias iniciales no reflejaron la verdadera gravedad del episodio y que los recursos de emergencia llegaron cuando muchas zonas ya estaban completamente inundadas.

El descontento es especialmente palpable en el extremo meridional de Tailandia, una región históricamente sensible desde el punto de vista político y social, con presencia de movimientos secesionistas de raíz malayo-musulmana. Allí, los agravios acumulados se mezclan ahora con el sentimiento de abandono ante una respuesta oficial que muchos consideran insuficiente en las primeras horas del desastre.

En relatos recogidos por medios locales, residentes describen cómo familias enteras tuvieron que improvisar balsas o refugios en segundas plantas sin recibir asistencia inmediata, mientras se cortaban las comunicaciones y las carreteras quedaban intransitables. Algunas escenas, como la de una mujer que navegaba sobre un frigorífico para evitar que el cadáver de su madre fuera arrastrado por la corriente, han impactado profundamente a la opinión pública.

Organizaciones civiles y analistas han señalado que, aunque las inundaciones extremas no son nuevas en Tailandia, la planificación urbana, el mantenimiento de sistemas de drenaje y la gestión de embalses no han avanzado al ritmo necesario para enfrentarse a fenómenos cada vez más intensos. Esto alimenta un debate recurrente sobre la adaptación al cambio climático, la gobernanza local y la distribución de recursos entre distintas regiones del país.

Ante estas críticas, el Ejecutivo defiende que se están destinando todos los medios disponibles y que las prioridades se han centrado en salvar vidas, asegurar el acceso a agua potable y restaurar servicios básicos. No obstante, se da por hecho que, una vez superada la fase más aguda de la emergencia, la gestión de la crisis será objeto de un fuerte escrutinio político y social.

Provincias afectadas, daños materiales y situación de los turistas

Los daños se extienden a lo largo de un amplio abanico de provincias tailandesas. En el sur, además de Songkhla y Hat Yai como epicentros, se han visto perjudicadas zonas costeras y del interior en Yala, Pattani, Satun, Trang y Phatthalung, así como partes de Nakhon Si Thammarat y otras provincias contiguas. Las autoridades mencionan tanto víctimas por ahogamiento como por electrocución en áreas donde el agua alcanzó el cableado y las instalaciones eléctricas.

En el ámbito económico, las inundaciones han golpeado seriamente a sectores como el turismo, la agricultura y el comercio local. En Surat Thani, por ejemplo, la conexión con islotes turísticos de renombre mundial se ha visto dificultada por el mal estado del mar y por problemas logísticos en tierra, mientras que en provincias agrícolas los cultivos han quedado arrasados tras permanecer varios días bajo el agua.

Se estima que alrededor de un millón de hogares se han visto alterados, ya sea por daños directos en las viviendas, por la pérdida de vehículos o por la destrucción de negocios. Numerosas casas de madera o construcciones precarias han quedado inhabitables, obligando a sus ocupantes a instalarse en refugios temporales habilitados por las autoridades o por organizaciones humanitarias locales.

La situación también ha afectado a la población extranjera presente en el sur del país. Fuentes oficiales señalan que sigue habiendo centenares de turistas y residentes extranjeros atrapados en varias provincias, muchos de ellos procedentes de la vecina Malasia. En algunos casos, los aeropuertos regionales se han convertido en lugares de refugio improvisado hasta que ha sido posible organizar su evacuación.

En el conjunto de la región, los países vecinos han tenido que coordinar medidas de emergencia adicionales, como el rescate de ciudadanos propios atrapados en hoteles tailandeses inundados o el envío de apoyo humanitario. La movilidad transfronteriza, habitual en el sudeste asiático, se ha visto temporalmente alterada por el cierre de pasos terrestres y la suspensión de algunas rutas marítimas.

Una crisis enmarcada en una temporada de tormentas excepcional en el sudeste asiático

Las inundaciones en Tailandia no son un fenómeno aislado, sino que forman parte de una temporada de tormentas tropicales, tifones y ciclones especialmente intensa en todo el sudeste asiático. En las últimas semanas, países como Vietnam, Filipinas, Indonesia, Malasia y Sri Lanka han sufrido a su vez graves episodios de lluvias extremas, inundaciones y deslizamientos de tierra con centenares de víctimas mortales y cientos de miles de evacuados.

En este contexto, los expertos meteorológicos señalan el calentamiento del océano como un factor que contribuye a intensificar las tormentas y a prolongar la temporada de lluvias más allá de lo habitual. Herramientas de seguimiento como la plataforma Zoom Earth muestran la presencia simultánea de varios sistemas de bajas presiones, tormentas tropicales y tifones en la región, lo que aumenta el riesgo de que las precipitaciones coincidan o se encadenen.

Casos recientes como el paso del supertifón Fung-wong o del tifón Kalmaegi han dejado claros los peligros de esta nueva realidad climática, con cientos de muertos en Filipinas y Vietnam y comunidades enteras devastadas. A ello se suman episodios de lluvias torrenciales en Indonesia y Malasia, algunos asociados a tormentas ciclónicas como Senyar, que han obligado a evacuar a decenas de miles de personas.

En Sri Lanka, por su parte, las autoridades han reportado más de medio centenar de fallecidos y decenas de desaparecidos por inundaciones y deslizamientos vinculados a casi dos semanas de lluvias persistentes, con miles de viviendas dañadas y centenares de familias en refugios temporales. Estos sucesos, aunque geográficamente alejados, ayudan a entender que lo ocurrido en Tailandia forma parte de un patrón regional más amplio.

La coincidencia de estos fenómenos está impulsando en muchas capitales asiáticas un debate sobre adaptación al cambio climático, planificación urbana resiliente y gestión de riesgos. En Tailandia, este debate se cruza con la necesidad de mejorar los sistemas de alerta temprana, reforzar defensas fluviales y revisar normativas de construcción en zonas propensas a inundaciones.

Con el paso de los días, y a medida que el agua va retirándose en algunas provincias y los recuentos de víctimas y daños se estabilizan, la tragedia de las inundaciones en Tailandia va encajando en un mosaico regional marcado por temporales más severos y frecuentes. La combinación de lluvias históricas, infraestructuras vulnerables y una respuesta que muchos consideran mejorable dibuja un escenario que plantea retos de gran calado para el país y para el conjunto del sudeste asiático en los próximos años.

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