La cuenca del Guadalquivir atraviesa estos días una situación excepcional, con niveles de caudal que no se veían desde hace décadas y que han encendido todas las alarmas en buena parte de Andalucía. La combinación de un largo encadenado de borrascas, suelos completamente empapados y desembalses preventivos ha puesto en jaque a ciudades como Córdoba y Sevilla, donde se han activado distintos protocolos de emergencia y medidas de protección civil.
Las autoridades hidrográficas y de protección civil coinciden en que la crecida actual del Guadalquivir está entre las más significativas de los últimos 46 años. Aunque la gestión de embalses y las defensas construidas en las últimas décadas ofrecen un colchón de seguridad que no existía en los grandes episodios del siglo XX, el riesgo de desbordamientos puntuales y afecciones en zonas inundables ha llevado a cierres de infraestructuras, desalojos preventivos y una vigilancia prácticamente continua.
Causas de la crecida: borrascas encadenadas y suelo saturado
Según la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), el río registrará una crecida muy notable a lo largo de la semana debido a la suma de varios factores meteorológicos e hidrológicos que han coincidido en el tiempo. No se trata solo de un episodio puntual de lluvia intensa, sino de un auténtico carrusel de borrascas que lleva golpeando Andalucía desde mediados de enero, con nombres propios como Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo y, ahora, Marta.
Los técnicos del organismo de cuenca subrayan que en el mes de enero se han llegado a acumular alrededor de 160 milímetros de precipitación media en la demarcación, lo que ha dejado el terreno prácticamente a rebosar de agua. Con los suelos saturados, los coeficientes de escorrentía están disparados: buena parte de lo que cae del cielo ya no se infiltra, sino que corre directamente hacia arroyos y ríos, incrementando de forma rápida los caudales.
A esta situación se suma el llenado elevado de varios embalses de la cuenca, que ha obligado a la CHG a ordenar desembalses controlados para recuperar márgenes de seguridad. En el caso concreto del sistema que abastece al área metropolitana de Sevilla, las presas de Aracena, Zufre, Minilla, Gergal, Melonares y Cala llevan varios días liberando agua, una medida preventiva para evitar que futuras lluvias empujen los embalses hasta niveles de riesgo.
La Confederación recuerda que en su página del SAIH (Sistema Automático de Información Hidrológica) se pueden consultar en tiempo real los datos de caudales, niveles en ríos y pluviometría de la cuenca, pero advierte de que no publica previsiones numéricas concretas de caudal por la gran incertidumbre que conllevan estos cálculos en episodios tan cambiantes.

Sevilla: cierre del Muro de Defensa y vigilancia máxima en el tramo medio
En Sevilla capital, el Ayuntamiento ha decidido cerrar de nuevo las compuertas del Muro de Defensa de Triana, una infraestructura estratégica inaugurada en 2011 para proteger al histórico barrio sevillano frente a eventuales crecidas del Guadalquivir. Se trata de la segunda vez que se activan estas compuertas en un contexto real de riesgo, más allá de las pruebas periódicas que se realizan para comprobar su correcto funcionamiento.
Este cierre se ha llevado a cabo a primera hora de la mañana y afecta al paso inferior que conecta Triana con la margen del río, donde se han abatido las compuertas metálicas que actúan como un auténtico tapón hermético frente a una posible subida brusca del nivel. Las autoridades municipales insisten en que es una medida prudente, adoptada ante la previsión de que el caudal siga aumentando en los próximos días.
Los datos de aforo del Guadalquivir a su paso por la ciudad muestran un aumento rápido del caudal: de unos 1.000 metros cúbicos por segundo en la jornada del miércoles se ha pasado ya a unos 1.600 m³/s, con la expectativa de que la cifra continúe escalando. Desde el Ayuntamiento se lanza, no obstante, un mensaje de cierta calma, al recordar que el umbral de verdadera preocupación se sitúa alrededor de los 3.000 m³/s, por encima del cual sí se considerarían escenarios más delicados.
La sucesión de borrascas ha llevado a que, según distintas fuentes técnicas y modelos de predicción, el río vaya camino de alcanzar su mayor nivel de caudal en los últimos 46 años en los puntos más sensibles de su paso por la provincia de Sevilla. Herramientas de inteligencia artificial como Google Flood Hub, que ofrece pronósticos de inundaciones fluviales con varios días de antelación, apuntan a que el pico de la crecida se producirá en torno al jueves, cuando se esperan caudales especialmente elevados en Cantillana y Lora del Río.
En estos municipios, las previsiones sitúan el caudal del Guadalquivir en cifras muy próximas o incluso por encima de los umbrales catalogados como peligro extremo de desbordamiento. Para Cantillana se baraja un caudal cercano a los 3.500 m³/s, del orden de un millar por encima del límite considerado crítico (en torno a 2.524 m³/s), mientras que en Lora del Río se podría superar igualmente en unos 1.000 m³/s el nivel extremo fijado en algo más de 2.360 m³/s.
Estas proyecciones han llevado a que tanto la Junta de Andalucía como los ayuntamientos ribereños intensifiquen la coordinación entre administraciones, servicios de emergencia y cuerpos de seguridad, con el objetivo de reaccionar con rapidez ante cualquier incidencia y, sobre todo, proteger a la población de las localidades situadas en las vegas del río.
Lora del Río y la comarca: planes locales ante el riesgo de inundación
Uno de los municipios que vive con más inquietud la evolución del caudal es Lora del Río, donde el Ayuntamiento ha reforzado sus dispositivos preventivos ante la posibilidad de que la crecida llegue a afectar a las zonas habitadas más próximas al cauce. Su alcalde, Antonio Enamorado, ha reconocido que el consistorio lleva semanas siguiendo con lupa la evolución del río y revisando las infraestructuras defensivas existentes.
Entre las actuaciones destacan la revisión y mejora de las defensas que en anteriores episodios no respondieron como se esperaba, así como la limpieza y acondicionamiento de las vías de evacuación de los arroyos que desembocan en el Guadalquivir. El objetivo es evitar que cualquier atasco o incidencia en los desagües agrave los efectos de la crecida cuando se junten las aguas de lluvia con el nivel elevado del río principal.
El Ayuntamiento loreño no descarta tener que pasar a fase uno de emergencia si la situación empeora, lo que implicaría activar medidas específicas en las zonas residenciales más expuestas. De hecho, el alcalde ha advertido ya a los vecinos de que el tramo final de la semana puede complicarse por la previsión de nuevas lluvias intensas y el consiguiente incremento de caudal.
En paralelo, se trabaja con un ritmo de desagüe en torno a 700 metros cúbicos por hora en la red de drenaje local, tratando de garantizar que el agua de los arroyos y canales secundarios pueda salir sin obstáculos. Todos los servicios municipales se mantienen en situación de alerta y con revisiones periódicas, desde limpieza y mantenimiento hasta protección civil y policía local.
La preocupación por la crecida del Guadalquivir se extiende también a otros municipios de la provincia sevillana situados en la vega, que ven cómo las previsiones apuntan a niveles de caudal sin precedentes en las últimas décadas. En este contexto, administraciones locales y sector agrario se han reunido para valorar posibles afecciones a cultivos, explotaciones ganaderas e infraestructuras rurales, con especial atención a las zonas de regadío y caminos agrícolas próximos al cauce.
Junta de Andalucía: fase de emergencia y Plan ante el Riesgo de Inundaciones
Ante la magnitud del episodio, la Junta de Andalucía mantiene activada la fase de emergencia, situación operativa 1, del Plan ante el Riesgo de Inundaciones. Este nivel implica que ya existen daños potenciales o efectivos y que se han puesto en marcha las medidas necesarias para el socorro y protección de personas y bienes, aunque si la evolución fuera a peor podrían activarse fases superiores con una respuesta aún más amplia.
La situación operativa 1 se caracteriza porque las emergencias pueden afrontarse con los medios ordinarios de la propia comunidad autónoma y apoyos puntuales adicionales, sin necesidad de coordinar grandes recursos a nivel estatal. Aun así, se mantiene un seguimiento continuo de la situación hidrológica en todas las provincias andaluzas, con especial énfasis en los puntos más sensibles de la cuenca del Guadalquivir.
En paralelo al trabajo de los organismos públicos, la ciudadanía recibe recomendaciones claras: evitar desplazamientos innecesarios en las zonas próximas al río y sus afluentes, no acceder a caminos rurales o pasos inundables, y mantenerse informada exclusivamente a través de canales oficiales. Las autoridades insisten en que, aunque las nuevas herramientas digitales de predicción pueden ser útiles, es esencial contrastar cualquier dato con fuentes solventes.
En este sentido, desde la CHG se ha llamado la atención sobre la escasa fiabilidad de algunas alertas difundidas por aplicaciones externas, citando expresamente resultados y observaciones de Google que, según sus técnicos, se han demostrado alejados de la realidad o directamente erróneos en ciertos puntos. Por ello, recomiendan manejar estas herramientas con prudencia y dar prioridad a la información oficial.
Al mismo tiempo, el mapa de caudales en tiempo real muestra que varios afluentes y ríos secundarios de la provincia de Sevilla se encuentran en umbrales de vigilancia y seguimiento, con algunos tramos rozando el nivel de desbordamiento. Entre ellos destacan el Guadaira en la zona de Arahal, la rivera del Huesna a la altura de Villanueva del Río, el Guadiamar en distintos puntos, el Rivera de Huelva en Zufre, el Corbones en Lora del Río, el arroyo Tamarguillo y el río Viar, todos ellos sometidos a un control reforzado.
Córdoba: nivel rojo, desalojos preventivos y uso del sistema Es-Alert
Si el tramo medio preocupa, el Guadalquivir a su paso por Córdoba capital se ha convertido en uno de los principales focos de atención. El río ha llegado a superar los 5 metros de altura, lo que ha hecho que se active el nivel rojo de riesgo de desbordamiento tanto en la ciudad como en otros municipios de la provincia. Las imágenes del Puente Romano con sus ojos prácticamente cubiertos por el agua son el reflejo gráfico de una crecida que no se veía desde hace años.
Ante este escenario, las autoridades han ordenado desalojos preventivos en las zonas más cercanas al cauce, especialmente en el entorno del aeropuerto y en el núcleo de Alcolea. Se trata, en su mayoría, de viviendas situadas en áreas catalogadas como inundables, donde cualquier subida adicional del nivel podría suponer un riesgo directo para las personas.
El Ayuntamiento de Córdoba ha habilitado el pabellón de Vista Alegre como centro de acogida para quienes se ven obligados a abandonar sus casas, con capacidad para unas 320 plazas, de las que varias decenas ya están ocupadas por familias desalojadas. Mientras tanto, el comité asesor del plan de emergencias ha decidido extender estas medidas a las nueve zonas inundables de la capital y a diversos municipios ribereños de la provincia.
La lista de áreas afectadas es amplia e incluye localidades como Montoro, Villa del Río, Almodóvar del Río, Pedro Abad, Villafranca, Posadas, El Carpio, Palma del Río y Hornachuelos, además de barrios y urbanizaciones de la propia capital, entre ellos Guadalvalle, La Altea, Ribera Baja, San Isidro, parte baja de Majaneque, Fontanar de Quintos, La Forja I y II y La Barca. En muchos de estos puntos se habla de centenares de viviendas potencialmente afectadas, con evacuaciones que se están desarrollando de forma escalonada.
Para gestionar este operativo, participan de manera coordinada la Policía Local, el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento, el dispositivo Infoca y la Policía Nacional, encargada esta última de la custodia de las zonas desalojadas para evitar incidentes. La vigilancia sobre el río es constante, especialmente teniendo en cuenta que el embalse de San Rafael de Navallana está liberando agua a razón de unos 175 m³/s, lo que mantiene una presión adicional sobre el cauce a su paso por la capital.
Como novedad destacada, la crecida del Guadalquivir ha motivado la activación por primera vez en Córdoba capital del sistema Es-Alert, la herramienta de avisos masivos de Protección Civil que envía mensajes de emergencia directamente a los teléfonos móviles en una zona determinada. Este aviso ha advertido a la población de las zonas inundables de la necesidad de abandonar sus viviendas con carácter inmediato, reforzando así las comunicaciones habituales de los servicios de emergencia.

Infraestructuras en tensión y memoria de grandes riadas
La actual crecida del Guadalquivir ha puesto a prueba el conjunto de infraestructuras hidráulicas y de defensa levantadas en las últimas décadas para contener las riadas. En Sevilla, el propio Muro de Defensa de Triana y el cauce artificial de seis kilómetros aprobado en los años setenta han modificado de forma radical el comportamiento del río, reduciendo notablemente la probabilidad de situaciones como las del siglo pasado.
Aun con las previsiones de caudal elevadas, los expertos subrayan que no se alcanzarán los 6.700 m³/s que llegó a registrar el Guadalquivir en 1963, considerado el mayor episodio del siglo XX a su paso por la capital andaluza. Las obras posteriores, sumadas a los tanques de tormenta y otras actuaciones de drenaje urbano, han permitido que en las últimas décadas el río no haya vuelto a acercarse a esos valores extremos.
En Córdoba, la presión se centra en las defensas de márgenes, puentes e infraestructuras clave, como la propia zona aeroportuaria, que ha sido desalojada por precaución ante el riesgo de una subida adicional del nivel. Aunque el aeródromo no tenía vuelos comerciales programados en la jornada de mayor tensión, se mantiene en servicio un equipo mínimo de personal para garantizar la seguridad y el mantenimiento básico de las instalaciones.
Las autoridades remarcan que el hecho de que la Península Ibérica figure en algunas plataformas de análisis como una de las zonas del planeta con mayor riesgo hidrológico en estos días no significa que los sistemas de protección estén desbordados, sino que la combinación de lluvias persistentes, desembalses y niveles altos exige una atención especial y respuestas muy rápidas ante cualquier imprevisto.
Al mismo tiempo, se insiste en que la red de planes de emergencia municipales y autonómicos permite articular respuestas escalonadas, desde la limpieza de imbornales y el cierre de parques y equipamientos hasta la evacuación de zonas vulnerables o la suspensión de ciertos servicios de transporte, según las necesidades de cada municipio y la evolución de la crecida en su tramo concreto del río.
El episodio que se vive estos días en la cuenca del Guadalquivir pone de manifiesto hasta qué punto la gestión coordinada de meteorología, embalses, defensas urbanas y protección civil es clave para reducir el impacto de una crecida histórica. Aunque las cifras de caudal impresionan y las imágenes del río desbordando su cauce ordinario causan lógico respeto, la combinación de obras hidráulicas, planificación y sistemas de alerta temprana está permitiendo que, al menos por ahora, el principal esfuerzo se centre en la prevención, la protección de las personas y la adaptación de cada municipio a un fenómeno que, por su magnitud, quedará grabado en la memoria colectiva de la cuenca durante mucho tiempo.