Hamal, la antigua estrella del equinoccio en Aries

  • Hamal es una gigante naranja en Aries, antaño alineada con el equinoccio de primavera y hoy situada a unos 66 años luz, con un planeta gigante (Alfa Arietis b) en órbita.
  • La precesión de los equinoccios desplazó el punto equinoccial desde Aries a Piscis, pero el llamado Primer Punto de Aries se mantiene como origen de las coordenadas celestes.
  • La constelación de Aries, con Hamal, Sheratan y Mesarthim, alberga también objetos de cielo profundo como la galaxia espiral NGC 772, casi el doble de grande que la Vía Láctea.
  • Aries y Hamal están profundamente ligados al zodiaco y al mito del Vellocino de Oro, integrando astronomía, calendario antiguo y tradición mitológica griega.

estrella del equinoccio Hamal

La estrella Hamal, antigua referencia del equinoccio, es mucho más que el punto más brillante de la constelación de Aries. Durante milenios fue un auténtico hito en el cielo para astrónomos, navegantes, sacerdotes y agricultores, hasta el punto de convertirse en una especie de “marcador cósmico” de la llegada de la primavera en el hemisferio norte. Aunque hoy su papel equinoccial se ha desplazado, su importancia histórica, científica y simbólica sigue siendo enorme.

En la actualidad, Hamal se estudia como una gigante naranja cercana con un planeta gigante orbitando a su alrededor, pero también como pieza clave para entender la precesión de los equinoccios, el llamado “Primer Punto de Aries” y la evolución de los mapas celestes. Además, está íntimamente ligada a la constelación del Carnero, al zodiaco, a leyendas como la del Vellocino de Oro y a la forma en que las culturas antiguas miraban al cielo para medir el tiempo.

Qué es Hamal y dónde se encuentra en el cielo

La estrella Hamal (Alpha Arietis) es la más brillante de Aries, el Carnero, una constelación zodiacal situada entre Piscis y Tauro en el firmamento. Su nombre procede del árabe «ħamal», que literalmente significa “carnero”, y se usaba originalmente para designar a toda la constelación, lo que generó cierta confusión entre la estrella individual y la figura celeste completa.

Dentro del grupo de estrellas de Aries, Hamal, Sheratan y Mesarthim dibujan la cabeza del carnero, formando una línea ligeramente curvada muy característica. Estas tres estrellas se utilizan como referencia visual para localizar la constelación, especialmente en noches despejadas de otoño e invierno en el hemisferio norte.

Si hablamos de visibilidad, Hamal puede observarse fácilmente a simple vista desde latitudes medias del hemisferio norte y también desde gran parte del hemisferio sur. Su magnitud aparente ronda el valor 2.0, lo que la convierte en una estrella destacada en cielos relativamente oscuros, incluso en zonas con cierta contaminación lumínica moderada.

En cuanto a su movimiento a lo largo del año, Hamal aparece hacia el este en las noches de noviembre, asciende hasta posiciones altas en el cielo durante enero y se encamina hacia el horizonte occidental a lo largo de marzo. En abril prácticamente desaparece del cielo nocturno al quedar demasiado próxima al Sol, para reaparecer de nuevo a partir de junio, pero en el cielo del amanecer.

Desde el punto de vista de la posición espacial, Hamal se encuentra a unos 66 años luz de la Tierra, una distancia relativamente corta en términos galácticos, lo que explica que podamos caracterizar con bastante precisión sus propiedades físicas y su entorno, incluido su planeta conocido.

Origen del nombre y denominaciones tradicionales

El nombre Hamal proviene del árabe clásico حمال (ħamal), que se traduciría como “carnero” y que en esa tradición se asociaba a la constelación de Aries en su conjunto. Debido a esto, no es raro encontrar referencias en textos antiguos donde el término se usa tanto para la constelación como para su estrella principal.

En algunos manuscritos árabes, Hamal también aparece mencionada como راس حمل (rās al-ħamal), expresión que puede traducirse como “la cabeza del carnero”. Esta denominación se ajusta muy bien a su ubicación dentro de la figura de Aries, ya que forma, junto con Sheratan y Mesarthim, precisamente la parte de la cabeza del animal en los mapas celestes tradicionales.

La correspondencia entre nombre árabe, tradición griega y astronomía moderna refuerza la idea de que esta estrella fue de enorme importancia para los pueblos del Próximo Oriente y del Mediterráneo, tanto en contextos religiosos y mitológicos como en usos prácticos, como la determinación de estaciones y el calendario agrícola.

Hamal como antigua estrella del equinoccio

estrella Hamal en Aries

Durante la Antigüedad, Hamal tuvo un papel protagonista como estrella equinoccial. Entre aproximadamente el año 2000 a.C. y el 100 a.C., el Sol, visto desde la Tierra, se situaba frente a las estrellas de Aries, incluido Hamal, en el momento del equinoccio de primavera del hemisferio norte. Es decir, cuando comenzaba la primavera, el Sol “salía” en la región del cielo ocupada por el Carnero.

En esa época, el Sol y Hamal coincidían en el equinoccio de marzo, de modo que la estrella funcionaba como una referencia muy clara del inicio del nuevo ciclo agrícola. No es descabellado pensar que esa coincidencia reforzó la relevancia simbólica y ritual de Aries, el carnero y, por extensión, de Hamal, en civilizaciones como la sumeria, la babilónica o la griega.

Hoy las cosas han cambiado: si pudiésemos ver las estrellas a plena luz del día, comprobaríamos que el Sol se alinea con Hamal aproximadamente hacia el 24 de abril, es decir, casi un mes después del equinoccio de primavera. Esta diferencia temporal no se debe a un error de los antiguos, sino a un fenómeno físico bien conocido: la precesión de los equinoccios.

Precesión de los equinoccios y desplazamiento del punto equinoccial

La llamada precesión de los equinoccios es un lento “bamboleo” del eje terrestre, similar al de una peonza que pierde velocidad. Este movimiento hace que la dirección del eje de rotación de la Tierra varíe con el tiempo, describiendo un círculo en la esfera celeste con un periodo de unos 26.000 años aproximadamente.

Como consecuencia de esa precesión, las coordenadas celestes de las estrellas cambian muy poco a poco y, sobre todo, el punto donde la eclíptica (la trayectoria aparente del Sol) cruza el ecuador celeste en el equinoccio de primavera se va desplazando lentamente frente al fondo estelar. Esto provoca que, con el paso de los siglos, el equinoccio “viaje” de una constelación zodiacal a otra.

Hace unos dos milenios, el equinoccio de primavera ocurría en la región de Aries. Por eso, durante siglos, muchos astrónomos y astrólogos situaron el origen del zodiaco y ciertas referencias de coordenadas en este signo. Sin embargo, debido a la precesión, ese punto equinoccial ya no está en Aries, sino en Piscis, y en el futuro acabará deslizándose hacia Acuario y más allá.

Este desplazamiento progresivo explica que, aunque Hamal ya no marque directamente el equinoccio, siga considerándose una estrella simbólicamente vinculada a la primavera y a los comienzos, ya que durante un largo tramo de la historia humana fue la referencia principal para el arranque del año agrícola y del ciclo luminoso creciente.

El Primer Punto de Aries y su importancia astronómica

En astronomía, el Primer Punto de Aries es el punto de intersección entre la eclíptica y el ecuador celeste en el momento del equinoccio de primavera boreal. Es, por decirlo de forma sencilla, el “cero” de la coordenada de ascensión recta, el equivalente celeste al meridiano de longitud cero (Greenwich) en la Tierra.

Originalmente, este punto estaba situado en la constelación de Aries, de ahí su nombre y la asociación histórica entre el equinoccio de primavera y el Carnero. En esa época, cuando se definieron muchas de las bases de la astronomía clásica, tenía pleno sentido llamarlo así, ya que el Sol entraba efectivamente en Aries justo en el equinoccio.

Sin embargo, la precesión ha ido desplazando lentamente ese punto a través del zodiaco, de modo que en la actualidad el Primer Punto de Aries se encuentra en la constelación de Piscis. Aun así, por tradición y por conveniencia, se conserva el nombre histórico, aunque ya no coincida con la constelación que le dio origen.

En la práctica, el Primer Punto de Aries funciona como un meridiano celeste cero para la ascensión recta, lo que permite definir coordenadas ecuatoriales de manera coherente para catalogar estrellas, nebulosas, galaxias y cualquier otro objeto astronómico. La elección de este punto como referencia está ligada para siempre a la antigua relevancia de Aries y, por extensión, a estrellas como Hamal.

Características físicas de Hamal

Desde el punto de vista astrofísico, Hamal es una estrella gigante naranja clasificada de forma general como K1 III o K2 III en el sistema espectral. La notación “III” indica que se trata de una gigante ya evolucionada, que ha abandonado la secuencia principal después de agotar el hidrógeno en su núcleo.

Según los estudios espectroscópicos más precisos, Hamal puede describirse como de tipo K2III o K2IIICa, donde la indicación “Ca” hace referencia a la presencia destacada de líneas de calcio en su espectro. Este detalle espectral aporta información sobre la composición y las condiciones físicas de sus capas externas.

En cuanto a sus dimensiones, el diámetro de Hamal es unas 14,7 veces mayor que el del Sol. Este valor se ha obtenido a partir de la medida muy precisa de su diámetro angular, de alrededor de 0,00680 segundos de arco, y su distancia conocida. Gracias a su tamaño y relativa cercanía, es una de las pocas estrellas a las que se ha conseguido detectar claramente el efecto de “oscurecimiento de limbo”, por el que los bordes del disco estelar aparecen algo más tenues que la zona central.

Si hablamos de brillo intrínseco, Hamal emite aproximadamente 90 veces más luz que el Sol al considerar todo el rango de radiación, incluida la parte infrarroja. Su temperatura superficial ronda los 4.590 K, valor típico de las gigantes de tipo K, lo que le confiere ese tono anaranjado característico cuando se observa con instrumentos adecuados.

En cuanto a su composición, Hamal presenta una metalicidad de alrededor del 60 % de la solar, es decir, contiene menos elementos pesados que nuestro astro. Su masa se estima aproximadamente en el doble de la masa del Sol, lo que encaja con su estado evolutivo: una estrella más masiva que el Sol que ha avanzado más rápidamente en su ciclo de vida estelar.

Además, los astrónomos han detectado que Hamal muestra una ligera variabilidad en su brillo, con cambios del orden de 0,05 magnitudes. Esta variación no es extrema, por lo que sigue considerándose una estrella estable a efectos de observación a simple vista, pero es suficiente para interesar a quienes estudian la física de las gigantes naranjas.

El exoplaneta Alfa Arietis b

En 2011 se anunció el descubrimiento de un planeta extrasolar orbitando alrededor de Hamal, designado como Alfa Arietis b. Se trata de un gigante gaseoso, detectado mediante técnicas de velocidad radial, que ha convertido a esta estrella clásica en un sistema planetario de gran interés para la exoplanetología.

Las observaciones indican que Alfa Arietis b tiene una masa mínima de alrededor de 1,8 veces la de Júpiter (con un margen de error de ±0,2 masas jovianas). Al tratarse de un método indirecto, la cifra se refiere a una masa mínima, ya que depende de la inclinación orbital con respecto a la línea de visión desde la Tierra.

En cuanto a su órbita, el planeta recorre una trayectoria con un periodo de unos 380,8 días (con una incertidumbre de apenas unas décimas de día). El semieje mayor de su órbita ronda las 1,2 unidades astronómicas (UA), es decir, se sitúa algo más lejos de su estrella de lo que la Tierra está del Sol.

La órbita no es perfectamente circular: presenta una excentricidad en torno a 0,25 (±0,03), lo que implica que el planeta se acerca y se aleja notablemente de Hamal a lo largo del año local. Dado que la estrella es ya una gigante mucho más luminosa que el Sol, las condiciones en este planeta gigante gaseoso y en posibles lunas asociadas serían muy diferentes de las de nuestro sistema solar.

Acompañante
(Desde la estrella hacia fuera)
Masa
(MJ)
Período orbital
(días)
Semieje mayor
(UA)
Excentricidad
Alfa Arietis b > 1,8 ± 0,2 380,8 ± 0,3 1,2 0,25 ± 0,03

Aries en el cielo: localización y objetos cercanos

La constelación de Aries es relativamente modesta en tamaño y brillo, pero destaca por su valor histórico y simbólico. Se sitúa al oeste de la constelación de Pegaso (el famoso Cuadrado de Otoño) y comparte límites con Triangulum, Perseo y Andrómeda al norte; con Cetus al sur; con Piscis al este; y con Tauro al oeste.

Aunque Aries no alberga ningún objeto incluido en el catálogo de Messier, contiene algunos objetos de cielo profundo interesantes. Entre ellos sobresale la galaxia espiral NGC 772, que se ha ganado un hueco especial en las guías de observación por su tamaño, su peculiar estructura y su interacción con una compañera cercana.

NGC 772 es una galaxia espiral de gran tamaño situada a unos 115 millones de años luz. Su magnitud aparente es de alrededor de 10,3, por lo que no es accesible a simple vista, pero sí observable con telescopios de aficionado de apertura media. Su diámetro físico se estima en unos 240.000 años luz, lo que implica que es casi el doble de grande que la Vía Láctea.

En el cielo, NGC 772 presenta un tamaño angular aproximado de 7,4 por 4,9 minutos de arco, lo que la muestra como una mancha ovalada relativamente extensa en telescopios de buena apertura. Uno de sus rasgos más llamativos es la presencia de un brazo espiral dominante, repleto de regiones brillantes de formación estelar, que le confiere un aspecto algo asimétrico, casi como un apóstrofo luminoso.

Esta peculiaridad se debe en gran parte a la interacción gravitatoria con la galaxia vecina NGC 770, más compacta y cercana, situada a unos 3,5 minutos de arco (aproximadamente 108.000 años luz en distancia tridimensional). Ambas forman un sistema en interacción que fue incluido en el famoso “Atlas of Peculiar Galaxies” de Arp con el número 78.

Cómo observar NGC 772 desde Aries

Para localizar NGC 772 en el cielo, una buena referencia es la estrella γ Ari (Mesarthim). La galaxia se encuentra a tan solo unos 2,8 grados al este de esta estrella, de modo que trazando un pequeño salto con el telescopio o con un buscador de buena calidad se puede encuadrar en el ocular.

Hay que tener en cuenta que NGC 772 posee un brillo comparable al de las galaxias más débiles del catálogo Messier (como M91 o M98), por lo que no se trata de un objeto sencillo para prismáticos pequeños. Lo ideal es emplear un telescopio de al menos 10 cm de apertura para empezar a percibirla como una tenue mancha nebulosa, de forma ovalada y ligeramente irregular.

Con aperturas superiores a los 20 cm y aumentos en torno a 120x, ya es posible diferenciar el núcleo asimétrico de la galaxia, pequeño, luminoso y casi estelar, así como parte de la envoltura difusa que lo rodea. La técnica de visión lateral (mirar ligeramente de reojo) ayuda mucho a percibir detalles de bajo contraste en el halo externo.

En el cuadrante noroeste del halo se aprecia el brazo espiral principal de NGC 772, esa estructura dominante que le da su aspecto tan particular. Con telescopios mayores, a partir de 40 cm de apertura, pueden distinguirse distintos fragmentos y nudos brillantes en el brazo, además de detectar con mayor claridad la pequeña galaxia NGC 770 al sur, formando el dúo en interacción.

Aries, Hamal y el zodiaco: significado simbólico

Desde un punto de vista cultural y astrológico, Aries representa el valor, el impulso inicial y el espíritu aventurero. Se asocia con la energía de comienzos, decisiones valientes y liderazgo, cualidades que encajan bien con su antigua función de marcador de la primavera, estación de renacimiento y arranque de ciclos.

Dentro de esta constelación, Hamal actúa como un auténtico faro de energía equinoccial en la tradición astrológica, vinculada a la fuerza de voluntad, la determinación y la capacidad de abrir caminos nuevos. Sheratan y Mesarthim completan la cabeza del carnero, aportando matices de iniciativa, señal y comienzo, tal y como sugiere la etimología de sus nombres.

La relevancia de Aries no se queda solo en su propia figura: forma parte del conjunto de las doce constelaciones del zodiaco, por donde transcurre la eclíptica y por las que el Sol, la Luna y los planetas parecen desplazarse a lo largo del año. En este cinturón celeste se integran, además de Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis, cada una con sus estrellas principales y su carga simbólica particular.

Por ejemplo, en Tauro destaca Aldebarán como ojo rojizo del toro; en Géminis brillan Cástor y Pólux como el par de gemelos; en Escorpio resalta Antares, la “rival de Marte”; en Leo se impone Régulo, el corazón del león; y en Virgo sobresale Espiga como símbolo de abundancia y cosecha. Cada una de estas estrellas funciona como eje de interpretación dentro de su constelación.

Del mismo modo, Aries y Hamal se interpretan como catalizadores de iniciativa y coraje, invitando a tomar la delantera, arriesgarse y poner en marcha proyectos nuevos. Aunque hoy el equinoccio se sitúe técnicamente en Piscis, el legado simbólico de Aries como “puerta de entrada” al ciclo anual sigue muy arraigado en muchas tradiciones.

Aries en la mitología griega y el Vellocino de Oro

En la mitología griega, la constelación de Aries se asocia al mito del Vellocino de Oro. La figura del carnero celeste representa al animal alado enviado por los dioses para rescatar a dos hermanos: Frixo y Hele, hijos del rey Atamante y de la diosa Nefele.

Según la leyenda, Atamante se desentendió de Nefele y tomó como nueva esposa a Ino, quien detestaba a sus hijastros y conspiró para deshacerse de ellos. Ante esta situación, Nefele rogó ayuda a los dioses, y Hermes respondió enviando un extraordinario carnero volador con un vellón de oro para salvar a los niños.

El carnero logró rescatar a Frixo y Hele y emprendió con ellos un vuelo hacia el este. Sin embargo, durante la travesía aérea sobre el estrecho que separa Europa de Asia, Hele cayó al mar y murió ahogada. Desde entonces, ese estrecho fue conocido como Helesponto, “el mar de Hele”, nombre que ha perdurado en la tradición histórica.

Frixo, en cambio, consiguió llegar sano y salvo al reino de la Cólquide, donde fue acogido por el rey Eetes. En agradecimiento a la ayuda divina recibida, Frixo sacrificó el carnero en honor a Zeus y entregó el vellocino de oro al monarca, que lo colgó en un bosque sagrado dedicado al dios Ares.

Para proteger tan valioso tesoro, el vellocino fue custodiado por un dragón feroz, que devoraba a cualquiera que se acercara. Años más tarde, el héroe Jasón, con la ayuda de Medea, logró robar el Vellocino de Oro, dando lugar a una de las aventuras épicas más famosas de la mitología griega, narrada en la historia de los Argonautas y su legendaria nave.

En reconocimiento a la hazaña y al simbolismo del carnero salvador, los dioses situaron al animal en el cielo, transformándolo en la constelación de Aries. De este modo, el carnero alado con el vellón dorado quedó inmortalizado en la bóveda celeste, con Hamal como una de sus principales estrellas, perpetuando el vínculo entre mito, cielo y ciclos estacionales.

Hamal y la constelación de Aries condensan astronomía, historia, mito y simbolismo: una estrella gigante naranja cercana con un planeta gigante a su alrededor, antaño alineada con el equinoccio de primavera, convertida en referencia de coordenadas celestes, rodeada de galaxias como NGC 772 y cargada de significados culturales que van desde la agricultura antigua hasta el zodiaco y el relato del Vellocino de Oro.

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