Guía completa del polen en España y su impacto en la alergia

  • Las gramíneas son la primera causa de alergia al polen en España, seguidas por olivo, cupresáceas, plátano de sombra y parietaria.
  • La distribución y la intensidad de los pólenes varían según la zona geográfica, la meteorología y el cambio climático.
  • La SEAIC y la REA permiten conocer niveles de polen y prever primaveras leves, moderadas, intensas o extremas.
  • Diagnóstico especializado, tratamiento adecuado y buenas medidas de evitación son clave para controlar la polinosis.

Información sobre el polen en España

La alergia al polen en España se ha convertido en un tema recurrente cada primavera. Cada año, millones de personas notan cómo, casi sin darse cuenta, empiezan los estornudos, el picor de ojos y la congestión nasal justo cuando los días se alargan y el tiempo mejora. Aunque pueda parecer “solo” una molestia estacional, hablamos de un problema de salud que condiciona la calidad de vida, la productividad y hasta el ocio de quienes lo sufren.

En nuestro país, más de ocho millones de personas tienen alergia al polen, y alrededor de siete millones son alérgicas a las gramíneas. A esta cifra se suman quienes reaccionan al olivo, las arizónicas, el plátano de sombra, la parietaria o las malezas como la salsola y el chenopodium. Si conoces bien qué pólenes predominan en tu zona, en qué meses alcanzan niveles máximos y cómo se comportan según el clima, puedes anticiparte y reducir mucho los síntomas.

Principales tipos de polen alergénico en España

Tipos de pólenes frecuentes en España

En España no hay un único polen responsable de los síntomas, sino un conjunto de especies vegetales que van polinizando a lo largo del año según el clima y la región. A grandes rasgos, en invierno predominan los pólenes de árboles, en primavera los de gramíneas, y en verano y otoño los de diversas malezas.

Los pólenes capaces de causar rinitis, conjuntivitis y asma suelen proceder de plantas de polinización anemófila, es decir, que liberan su polen al aire para que el viento lo transporte. No son, por tanto, las flores grandes y vistosas polinizadas por insectos (entomófilas) las que más suelen causar alergias respiratorias, sino árboles, arbustos y hierbas aparentemente discretos pero muy eficientes dispersando polen.

Gramíneas: la causa número uno de alergia

Las gramíneas (familia Poaceae) son con diferencia la principal fuente de polinosis en España. Incluyen miles de especies, pero es la subfamilia Pooideae la que reúne la mayoría de los géneros más problemáticos para los alérgicos, como Phleum, Dactylis, Lolium o Trisetum. Suelen ser hierbas de aspecto corriente que crecen en los bordes de carreteras, campos de cultivo, solares y descampados, lo que hace que estén por todas partes.

En nuestro país, las gramíneas son la primera causa de polinosis en el centro y norte peninsular. Su periodo de floración es amplio, generalmente de abril a julio, aunque la distribución exacta depende de cada especie y de las condiciones meteorológicas. En regiones como Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura y el interior de Levante y Andalucía, la carga total de polen de gramíneas en primavera se relaciona bastante con la lluvia caída entre octubre y marzo: si el otoño-invierno ha sido lluvioso, la temporada suele ser más intensa.

En la llamada “España verde” (macizo galaico y cornisa cantábrica) la presencia de gramíneas es elevada, pero las concentraciones de polen en el aire son algo más moderadas porque las lluvias frecuentes durante los meses de floración lavan la atmósfera y reducen, en parte, la exposición.

Olivo y familia Oleaceae

La familia Oleaceae incluye varios árboles y arbustos, pero solo tres tienen una influencia destacada en la carga polínica atmosférica: el fresno (Fraxinus), el olivo (Olea europaea) y el aligustre (Ligustrum). Cada uno tiene su ventana de polinización: el fresno suele liberar polen en febrero-marzo, el y el aligustre hacia julio.

El olivo es el miembro más importante de este grupo por su extensión y su carácter alergénico. Es muy abundante en la zona mediterránea, tanto en España como en otros países como Italia, Grecia, Turquía, Portugal o Israel. En nuestro país es la segunda causa de alergia al polen tras las gramíneas, con una especial relevancia en Andalucía y en algunas zonas de Castilla-La Mancha.

Jaén es un caso paradigmático: alrededor del 62 % de su superficie está dedicada al cultivo del olivo, y se estima que aproximadamente el 95 % de las personas alérgicas en la provincia muestran sensibilización a este polen. También se registran elevadas tasas de sensibilización en Córdoba, Sevilla, Málaga, Granada, Ciudad Real y Toledo, donde el olivo forma parte del paisaje agrícola y urbano.

Parietaria y otras urticáceas

Dentro de las Urticaceae destaca la parietaria, una maleza muy alergénica que prolifera en zonas urbanas y periurbanas, especialmente en paredes, muros, solares y ruinas. La especie más relevante en nuestras costas mediterráneas es Parietaria judaica, que produce grandes cantidades de polen capaz de permanecer en el ambiente durante muchos meses.

La parietaria tiene un periodo de polinización muy prolongado, aproximadamente de febrero a noviembre. Eso implica que los síntomas aparecen en múltiples estaciones, dando lugar a cuadros de rinitis o asma que pueden confundirse con formas crónicas no alérgicas. Además, la sensibilización a este polen a menudo se diagnostica en personas a partir de los 30 años, lo que desconcierta a quienes nunca habían tenido alergia antes.

Las provincias más afectadas por la parietaria son Barcelona, Murcia y Valencia, donde entre un 25 % y un 50 % de los pacientes con polinosis presentan pruebas positivas a este polen. También es significativa en el norte de España: en A Coruña se ha descrito sensibilización en un 28 % de la población estudiada, mientras que en Bilbao la prevalencia ronda el 4 %.

Otras plantas relevantes: cupresáceas, plátano de sombra y malezas

Las arizónicas, cipreses y tuyas (familia Cupressaceae) son comunes en parques, setos y jardines. Su polinización se concentra sobre todo en enero y febrero, meses en los que muchas personas empiezan a notar síntomas cuando aún ni siquiera han pensado en la primavera. Son responsables de buena parte de las rinitis invernales de origen alérgico.

El plátano de sombra (Platanus hispanica), muy usado como árbol ornamental urbano, libera una gran cantidad de polen en un periodo relativamente corto pero muy intenso, principalmente entre marzo y abril. Al encontrarse en calles, plazas y urbanizaciones, la exposición es directa y a veces explosiva: en cuestión de pocos días los recuentos pueden dispararse y provocar brotes agudos de síntomas.

Entre las malezas, además de la parietaria, destacan plantagináceas como la artemisa y otras hierbas que polinizan de abril a julio, y especies como Chenopodium y Salsola kali, muy importantes en zonas concretas como Elche, donde superan en relevancia a otros pólenes. Estas plantas suelen crecer en terrenos agrícolas, caminos y descampados, por lo que son frecuentes en áreas periurbanas y rurales.

Distribución geográfica de los pólenes en España

Mapa de pólenes por zonas en España

La combinación de vegetación, clima y usos del suelo hace que la carga de polen varíe mucho según la zona. No es lo mismo vivir en la cornisa cantábrica que en la campiña andaluza, ni en un barrio arbolado de una gran ciudad que en un entorno de cultivos de olivo o cereal.

En el centro peninsular (Madrid, Castilla-La Mancha, Castilla y León, parte de Aragón) predominan las gramíneas, el olivo, el plátano de sombra y las cupresáceas. Aquí la primavera suele ser especialmente intensa para quienes tienen alergia a las gramíneas, con picos claros en mayo y junio.

En la cornisa cantábrica, Navarra y La Rioja se combinan polen de gramíneas con el de abedul, plátano de sombra y parietaria. El ambiente más húmedo hace que las concentraciones puedan ser más variables, pero cuando coinciden días secos y ventosos los niveles pueden ser muy molestos.

En el litoral mediterráneo (Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares y Murcia) hay una fuerte presencia de parietaria, gramíneas, olivo y plátano de sombra. En estas regiones, el periodo de síntomas puede alargarse muchos meses, especialmente en personas sensibilizadas a varias especies a la vez.

En el sur peninsular (Extremadura y Andalucía) mandan el olivo, las gramíneas y el plátano de sombra. Las grandes extensiones de olivares y cultivos de cereal, junto con primaveras cada vez más irregulares, hacen que se esperen con frecuencia temporadas catalogadas como moderadas, intensas o incluso extremas por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

Las Islas Canarias presentan un patrón diferente, donde destacan las gramíneas, la salsola y la parietaria. Dependiendo de la isla y de las condiciones meteorológicas, puede haber años con poca presencia de polen de gramíneas y otros en los que los recuentos aumentan de forma notable, aunque en general las previsiones recientes apuntan a primaveras más bien leves en cuanto a este tipo de polen.

Cómo se predicen los niveles de polen y categorías de intensidad

Niveles de polen y previsiones

En España, la SEAIC trabaja con la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y con la Red de Captadores de Polen repartida por todo el territorio para elaborar previsiones anuales. Se tienen en cuenta datos de temperatura, precipitaciones, humedad y los historiales de concentraciones de polen de cada estación, aplicando modelos estadísticos desarrollados junto con la Universidad de Castilla-La Mancha.

Con esta información se establecen categorías de intensidad para la primavera en función del número total de granos de polen de gramíneas por metro cúbico (m³) acumulados en la estación:

  • Primavera leve: menos de unos 4.000 granos/m³.
  • Primavera moderada: entre 4.000 y 8.000 granos/m³.
  • Primavera intensa: aproximadamente entre 8.000 y 12.000-15.000 granos/m³.
  • Primavera muy intensa o extrema: por encima de los 15.000-16.000 granos/m³.

Estas categorías permiten traducir los datos técnicos a algo útil para los pacientes: saber si se enfrentan a un año “tranquilo”, medianamente molesto o potencialmente problemático y ajustar medicación y medidas de evitación en consecuencia.

Previsiones típicas por zona y variabilidad primaveral

Las previsiones recientes han mostrado un patrón bastante reconocible: en el sur peninsular suelen esperarse los niveles más altos de polen de gramíneas, con posibles primaveras intensas o extremas en provincias como Badajoz, Cáceres, Sevilla o Jaén. En algunos años se han estimado picos de hasta 16.000-19.000 granos/m³ en ciertas localidades extremeñas.

En el centro peninsular se observa una gran variabilidad: hay áreas con menos de 1.000 granos/m³ (por ejemplo, algunas zonas de Teruel, Zaragoza o Huesca) y otras con valores que superan los 5.000 granos/m³, como Toledo o Ciudad Real. Madrid suele situarse en un rango intermedio-alto, con primaveras catalogadas como moderadas o moderado-intensas.

En Castilla y León lo habitual es una primavera moderada, aunque puede haber años con picos importantes en determinadas provincias. En partes de Castilla-La Mancha (como Guadalajara o Albacete) y en buena parte de Aragón, las previsiones de gramíneas suelen indicar niveles más bien leves.

En el norte peninsular (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco) se esperan generalmente primaveras leves, con valores en el entorno de 1.500-2.000 granos/m³ en ciudades como Bilbao, San Sebastián, A Coruña, Lugo, Pontevedra, Ourense, Santander u Oviedo. No obstante, en algunas capitales interiores como Vitoria pueden darse primaveras calificadas como intensas.

En el arco mediterráneo (Cataluña, Baleares, Comunidad Valenciana y Murcia) las previsiones para gramíneas suelen ser de primaveras leves, aunque la suma de otros pólenes (olivo, parietaria, plátano de sombra) puede hacer que los síntomas se prolonguen y sean significativos para quienes están sensibilizados a múltiples alérgenos.

Duración de la alergia al polen y calendario de polinización

La duración de la alergia en cada persona depende de a qué pólenes esté sensibilizada. Una persona alérgica casi solo a gramíneas puede tener síntomas fundamentalmente de abril a junio, mientras que alguien alérgico a cupresáceas, plátano de sombra, gramíneas, olivo y parietaria puede pasar con molestias desde enero hasta bien entrado el otoño.

Si simplificamos, el calendario de polinización tiende a organizarse de la siguiente manera en España:

  • Enero-febrero: cupresáceas (arizónicas, cipreses, tuyas). En muchas ciudades, estos meses ya dan problemas serios de rinitis y conjuntivitis.
  • Marzo-abril: plátano de sombra, inicio de gramíneas en algunas zonas, pino (aunque su polen es menos alergénico), y algunas malezas. Es un periodo en el que los síntomas pueden dispararse de golpe.
  • Abril-julio: máximo de gramíneas y diversas malezas (incluida la artemisa), con clara asociación a crisis de rinitis y asma primaverales.
  • Mayo-junio: pico de polen de olivo, especialmente en Andalucía, Castilla-La Mancha y otras áreas del interior y litoral mediterráneo.
  • Abril-agosto: urticáceas (parietaria y ortiga), con síntomas que pueden mantenerse en zonas costeras mediterráneas durante meses.
  • Julio-septiembre: otras malezas como chenopodium o salsola, muy importantes en determinadas regiones semiáridas.

Cada especie mantiene un patrón de floración relativamente estable de un año a otro, pero la cantidad de polen emitido y su permanencia en el aire sí se ve muy influenciada por la meteorología de cada temporada.

Impacto del clima, el cambio climático y la contaminación

Las condiciones meteorológicas previas a la primavera son clave para definir la temporada de polen. Años con otoños e inviernos lluviosos favorecen un crecimiento más vigoroso de gramíneas y malezas, lo que se traduce en primaveras con mayores concentraciones de polen. Si a eso se suman temperaturas relativamente suaves y episodios de borrascas que se alternan con periodos secos, el polen puede permanecer más tiempo en suspensión.

El cambio climático está modificando este escenario: el incremento de las temperaturas medias puede alargar las estaciones de polen y aumentar la producción polínica de las plantas. También se ha observado que algunos granos de polen podrían contener más cantidad de alérgenos, lo que intensifica la respuesta inmunitaria de las personas sensibilizadas y aumenta la probabilidad de que aparezcan nuevas alergias en la población general.

La contaminación atmosférica actúa como un amplificador del problema. Contaminantes como el dióxido de nitrógeno (NO₂) o las partículas finas (PM2.5) alteran la barrera protectora de la mucosa nasal, la conjuntiva y la piel, facilitando la penetración de los alérgenos. Además, ciertas partículas derivadas de la combustión (por ejemplo, de motores diésel) pueden transportar antígenos polínicos en su superficie, haciendo que lleguen con mayor facilidad a las vías respiratorias profundas y contribuyendo a crisis de asma.

También se sabe que algunos episodios extremos (como tormentas eléctricas intensas) pueden fragmentar los granos de polen, liberando partículas más pequeñas capaces de alcanzar los bronquios intrapulmonares. En estos días, los servicios de urgencias suelen registrar picos de visitas por asma, especialmente en pacientes jóvenes con sensibilización marcada a gramíneas.

Qué es la alergia y cómo se desencadena la polinosis

La alergia es una respuesta exagerada del sistema inmunitario frente a sustancias normalmente inocuas para la mayoría de las personas. Estas sustancias, conocidas como alérgenos, pueden ser pólenes, alimentos, fármacos, ácaros del polvo, mohos, epitelios de animales, picaduras de insectos y un largo etcétera.

Cuando un alérgeno entra por primera vez en el organismo de una persona predispuesta, el sistema inmunitario genera anticuerpos específicos de tipo IgE contra ese elemento. Estos anticuerpos se fijan sobre la superficie de unas células llamadas mastocitos, muy abundantes en la mucosa nasal, los bronquios y la conjuntiva ocular.

En exposiciones posteriores, al contacto de nuevo con el mismo alérgeno, se produce una reacción de unión entre el alérgeno y la IgE de la superficie del mastocito. Esto desencadena la liberación de mediadores inflamatorios como la histamina, leucotrienos y otras sustancias que son las responsables de los síntomas: picor, estornudos, mucosidad, inflamación de la mucosa, broncoconstricción, etc.

En el caso de la polinosis (alergia al polen), los granos presentes en el aire entran en contacto con las mucosas expuestas (nariz, ojos, boca y vías respiratorias) y provocan cuadros de rinitis, conjuntivitis y, en muchos casos, asma estacional. La intensidad de los síntomas suele correlacionarse con las concentraciones atmosféricas de polen, aunque cada persona tiene su propio umbral de reacción.

Síntomas más frecuentes de la alergia al polen

Los síntomas de la alergia al polen pueden variar desde molestias muy leves hasta cuadros que limitan de forma importante la actividad diaria. Entre las manifestaciones más habituales se encuentran:

  • Rinitis alérgica: estornudos en salva, picor nasal intenso, mucosidad acuosa y obstrucción nasal. A menudo se acompaña de picor de paladar y de oídos.
  • Conjuntivitis alérgica: ojos rojos, picor intenso, lagrimeo constante y sensación de arenilla o cuerpo extraño en los ojos.
  • Asma polínico: tos, dificultad para respirar, sensación de opresión en el pecho y silbidos respiratorios (sibilancias). Suele aparecer en los mismos periodos en los que el paciente presenta rinitis y conjuntivitis, aunque en algunas personas predomina de forma aislada.

En algunos casos, la reacción puede ser más generalizada, con cansancio, dolor de cabeza o empeoramiento del sueño, sobre todo cuando la obstrucción nasal es intensa. Aunque las reacciones graves (como la anafilaxia) son mucho menos frecuentes con los pólenes que con otros alérgenos, la polinosis mal controlada puede agravar enfermedades respiratorias preexistentes, como el asma persistente.

Diagnóstico de la polinosis y papel de los recuentos de polen

El diagnóstico de la alergia al polen lo realiza el especialista en Alergología, que combina la historia clínica con pruebas específicas. Suele analizarse la relación entre los síntomas y las épocas del año, la exposición a determinadas plantas o entornos, y la respuesta a medicaciones como antihistamínicos o corticoides inhalados o intranasales.

Las pruebas cutáneas (prick test) con extractos de los pólenes sospechosos son la herramienta básica para confirmar la sensibilización. En algunos casos se complementan con la determinación en sangre de IgE específica, estudios de función respiratoria (espirometría) si hay asma, y pruebas de provocación controlada (nasal, conjuntival o bronquial) cuando se necesitan datos más precisos.

Los recuentos diarios de polen que publican redes como la Red Española de Aerobiología (REA) o el Comité de Aerobiología de la SEAIC son muy útiles para correlacionar síntomas y exposición. Estas redes disponen de estaciones de muestreo distribuidas por todo el país, cuyos datos pueden consultarse en medios de comunicación y páginas especializadas como www.polenes.com.

Conocer qué concentración de polen suele desencadenar síntomas en cada paciente permite planificar el tratamiento: cuándo iniciar o aumentar la medicación preventiva, cuándo extremar las medidas de evitación o cuándo resulta más prudente evitar actividades al aire libre.

Tratamiento y medidas para reducir la exposición al polen

El abordaje de la polinosis se basa en tres pilares: evitar en lo posible la exposición, utilizar la medicación adecuada y, en algunos casos, recurrir a la inmunoterapia específica (vacunas). Ninguno de ellos por sí solo suele ser suficiente en casos moderados o graves; lo ideal es combinarlos según las indicaciones del especialista.

Entre las principales medidas de evitación recomendadas se encuentran:

  • Mantener las ventanas cerradas por la noche y en las horas de mayor concentración de polen (a primera hora de la mañana y al anochecer), ventilando la vivienda durante poco tiempo y preferiblemente al mediodía.
  • Usar aire acondicionado con filtros antipolen en casa y en el coche, asegurándose de que se renuevan cuando corresponda.
  • Evitar salidas al campo o a zonas con alta densidad de vegetación en días de “pico” de polen, especialmente si además hace viento o hay previsión de tormentas con alto contenido eléctrico.
  • Viajar con las ventanillas del coche subidas y evitar desplazarse en moto o bicicleta durante la temporada de máxima polinización.
  • No tender ropa ni sábanas al aire libre, ya que el polen se deposita fácilmente en los tejidos.
  • Ducharse y cambiarse de ropa al llegar a casa para eliminar el polen adherido al pelo, la piel y la vestimenta.
  • Utilizar gafas de sol y, si es necesario, mascarilla (preferentemente FFP2 o FFP3) en días de concentraciones muy altas.
  • Limpiar el polvo con aspirador y paños húmedos, en lugar de barrer, para no levantar partículas.

En cuanto a la medicación, el alergólogo puede pautar antihistamínicos orales, corticoides intranasales, colirios antialérgicos, broncodilatadores y otros fármacos según la situación de cada paciente. Es fundamental seguir las indicaciones en cuanto a dosis y duración del tratamiento y no automedicarse, ya que algunos fármacos pueden producir somnolencia u otros efectos secundarios que hay que tener en cuenta, por ejemplo, al conducir.

La inmunoterapia específica (las conocidas “vacunas de la alergia”) se reserva para pacientes en los que se identifica con claridad el polen responsable y cuya alergia interfiere de forma significativa en su vida diaria pese a las medidas habituales. Este tratamiento, supervisado siempre por un alergólogo, busca modificar la respuesta inmunitaria a largo plazo, reduciendo la intensidad de los síntomas y evitando, en muchos casos, la progresión de rinitis a asma.

Consejos prácticos para el día a día de los alérgicos al polen

Para convivir mejor con la alergia al polen, conviene integrar una serie de hábitos sencillos en la rutina diaria durante la temporada de riesgo:

  • Consultar con frecuencia los niveles de polen en webs especializadas (como www.polenes.com o la SEAIC) antes de planificar actividades al aire libre.
  • Evitar practicar deporte al aire libre entre las 5:00 y las 10:00 de la mañana y entre las 19:00 y las 22:00, franjas en las que suele concentrarse más polen.
  • Extremar el cuidado en días con viento fuerte o tormentas eléctricas, ya que pueden aumentar las concentraciones de partículas alergénicas respirables.
  • Realizar lavados nasales con soluciones salinas o agua de mar al llegar a casa, para arrastrar el polen de la mucosa nasal y mejorar la respiración.
  • Cuidar la higiene de ojos y manos, utilizando lágrimas artificiales si hay irritación ocular e intentando no frotarse los ojos, ya que esto agrava la inflamación.
  • Evitar cortar el césped o realizar tareas de jardinería que levanten polen en días de alta polinización.
  • Ser especialmente cuidadoso con las frutas y verduras frescas que puedan tener polen depositado en su superficie, lavándolas o pelándolas antes de consumirlas.
  • Acudir al alergólogo si los síntomas empeoran o no se controlan bien con el tratamiento habitual, para valorar ajustes en la medicación o la conveniencia de una inmunoterapia.

Contar con información clara y actualizada sobre qué pólenes predominan en tu zona, cómo evoluciona la temporada y qué herramientas tienes a tu alcance marca una gran diferencia. Con un buen diagnóstico, un tratamiento adecuado y unas medidas básicas de prevención, la mayoría de las personas con polinosis pueden seguir haciendo vida prácticamente normal y disfrutar también de la primavera, pese a que el polen esté en el aire.

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