Vaya tarde de perros pasaron los vecinos de la pedanía murciana de Los Garres cuando, a eso de las tres y diez de la tarde, empezaron a ver una columna de humo negro que quitaba el hipo. El susto fue de los gordos, ya que el fuego se originó en la falda del monte y avanzó con una rapidez pasmosa, obligando a los servicios de emergencias a activar todas las alarmas en un abrir y cerrar de ojos. El teléfono 112 no paraba de sonar, recibiendo cientos de llamadas de ciudadanos que veían cómo las llamas devoraban el pinar a marchas forzadas en una jornada donde el calor apretaba de lo lindo.
La situación se puso bastante fea debido a que los termómetros marcaban máximas de espanto, rozando los 40 grados, lo que convirtió el terreno en un auténtico polvorín. Con el aviso naranja por altas temperaturas todavía coleando, las rachas de viento inestable complicaron sobremanera las primeras tareas de contención, haciendo que el frente de llamas se moviera de forma caprichosa por la orografía del parque regional de El Valle-Carrascoy. A pesar de los esfuerzos iniciales, la virulencia del incendio obligó a elevar el nivel de emergencia para poder solicitar refuerzos de calado.
Un despliegue de medios técnicos y humanos sin precedentes

Ante la magnitud de lo que se venía encima, el dispositivo de extinción se reforzó hasta contar con cerca de 300 profesionales que se han dejado la piel sobre el terreno. No solo se movilizaron las brigadas forestales y los bomberos locales, sino que se solicitó la intervención de la UME, que desplazó unidades desde su base en Bétera para echar una mano en las tareas más críticas. Durante las horas de sol, el cielo de Murcia fue un ir y venir constante de helicópteros e hidroaviones que lanzaban agua sin descanso para intentar perimetrar el desastre.
La colaboración entre administraciones ha sido clave para evitar que la cosa fuera a mayores, recibiendo apoyo aéreo de comunidades vecinas como Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana, además de los recursos enviados por el Gobierno central. Los mandos del operativo centraron sus esfuerzos en los puntos calientes más inaccesibles, donde los medios terrestres lo tenían crudo para llegar. Gracias a esta coordinación a varias bandas, se consiguió que el fuego no saltara a zonas de monte todavía más densas durante la madrugada, cuando el viento por fin dio un pequeño respiro.
Impacto en la vida diaria de los murcianos
Los vecinos de la zona han tenido el alma en un hilo durante horas, especialmente aquellos que residen en las casas más pegadas a la sierra. Por pura precaución y para evitar disgustos con el humo, se desalojaron unas cincuenta viviendas, lo que supuso que un centenar de personas tuvieran que salir de sus hogares con lo puesto. La tensión era palpable en las calles, donde algunos intentaban humedecer sus jardines con mangueras caseras mientras la Policía Local y la Guardia Civil cortaban los accesos principales para dejar vía libre a los camiones de bomberos.
El día a día de las pedanías se vio totalmente trastocado, con el cierre preventivo de centros de mayores y polideportivos en varios núcleos de población cercanos. Incluso el transporte público tuvo que cambiar sus rutas habituales, ya que carreteras como la subida a la Cresta del Gallo permanecieron bloqueadas para garantizar la seguridad de todos. Afortunadamente, a pesar de los momentos de pánico y de que los sanitarios tuvieron que atender a una persona por una quemadura leve, no hubo que lamentar daños personales de gravedad en este siniestro que ha mantenido en vilo a toda la Región.
Situación actual e investigación de los hechos

Con la llegada de la mañana y la ausencia de llamas activas en los frentes principales, los equipos de investigación han podido empezar a trabajar sobre el terreno ennegrecido. Aunque todavía es pronto para dar nada por sentado, las primeras pesquisas que maneja la policía científica y el SEPRONA apuntan a una posible intencionalidad detrás del inicio del fuego. Esta sospecha cobra fuerza al recordar otros focos similares ocurridos recientemente en la misma zona, lo que ha generado un profundo malestar e indignación entre los colectivos ecologistas y los propios residentes.
El balance final de terreno afectado se sitúa en torno a las 177 hectáreas, una cifra importante que deja una herida considerable en el pulmón verde de la capital murciana. Ahora toca seguir refrescando el terreno para evitar que algún rescoldo traicionero vuelva a dar problemas, mientras los técnicos evalúan los daños ambientales sufridos por la flora y fauna local. La vigilancia seguirá siendo extrema durante los próximos días, ya que las condiciones de sequedad del suelo siguen siendo un factor de riesgo que no se puede pasar por alto bajo ningún concepto.
Este episodio de fuego en el parque regional de El Valle-Carrascoy se salda con una importante superficie de pinar quemada y un susto morrocotudo para los habitantes de Los Garres y Lages. El enorme despliegue de efectivos humanos y medios aéreos fue determinante para que las llamas no devoraran ninguna vivienda, permitiendo que las personas evacuadas pudieran empezar a volver a sus casas de forma escalonada. Con el incendio ya bajo control y sin riesgo para la población, la atención se centra ahora en dar con los responsables de este desastre que ha puesto en jaque la seguridad del municipio durante una de las jornadas más calurosas del año.

