La intensificación reciente de la actividad del volcán Mayon, en la provincia filipina de Albay, ha obligado a las autoridades a activar evacuaciones masivas en las localidades situadas en sus faldas. Miles de residentes han tenido que abandonar sus casas y desplazarse a centros de evacuación habilitados por el Gobierno ante el riesgo de que la situación derive en una erupción más peligrosa.
El Mayon, conocido por su forma cónica casi perfecta y por ser el volcán más activo de Filipinas, ha pasado en cuestión de días de presentar señales moderadas de inestabilidad a mostrar desprendimientos de rocas incandescentes, flujos piroclásticos y una acumulación visible de lava en la zona del cráter. Ante este escenario, las autoridades han decidido no esperar a que el panorama empeore y han apostado por medidas preventivas contundentes.
Alerta elevada y órdenes de evacuación en torno al cráter

El Instituto de Vulcanología y Sismología de Filipinas (Phivolcs) decidió elevar el nivel de alerta a 3 en una escala de 5, lo que implica que ya se considera que hay una erupción en curso de carácter magmático efusivo. Este nivel supone que la salida de magma es lenta pero sostenida, con lava desgasificada que va emergiendo y deformando la cúpula superior del volcán.
Según explican los vulcanólogos, esta dinámica genera fracturas en el domo y desprendimientos de bloques de roca, algunos de ellos tan grandes como automóviles, que descienden por las laderas del Mayon. Además, se han detectado flujos piroclásticos, esas nubes extremadamente calientes de gases, cenizas y fragmentos de roca que pueden desplazarse a gran velocidad y resultar letales en cortas distancias.
Las autoridades han reiterado la prohibición absoluta de entrar en la zona de peligro permanente de 6 kilómetros alrededor del cráter, una franja que ya estaba delimitada desde hace años con señalización de hormigón, precisamente por el historial eruptivo del Mayon. No obstante, en la práctica muchos residentes habían seguido viviendo y trabajando dentro de ese perímetro.
Responsables de la Oficina de Defensa Civil y del gobierno provincial de Albay han detallado que, con apoyo de tropas del Ejército, policía y personal de gestión de desastres, se ha procedido a evacuar a más de 2.800 personas procedentes de unos 700 hogares ubicados dentro de la zona de máximo riesgo. A este grupo se suman alrededor de 600 vecinos que, aunque residían fuera del límite oficial, han optado por desplazarse voluntariamente a refugios para evitar males mayores.
En términos generales, los expertos estiman que unas 20.000 personas podrían verse potencialmente afectadas si la actividad del volcán se intensifica, por lo que el dispositivo de emergencia se mantiene preparado para ampliar las evacuaciones en caso necesario. Las autoridades han pedido a la población que no regrese a sus casas hasta nuevo aviso, aunque la actividad se perciba desde fuera como “tranquila”.
Cómo se comporta actualmente el volcán Mayon

Los técnicos del Phivolcs describen el estado actual del Mayon como una erupción silenciosa, de tipo efusivo. La lava se va acumulando en la parte superior del volcán y va generando abultamientos y grietas en el domo, sin grandes explosiones visibles de momento. Aun así, este tipo de procesos pueden volverse más peligrosos si cambian las condiciones internas del sistema magmático.
El director del instituto, Teresito Bacolcol, ha subrayado que, de momento, no se observa un aumento significativo de terremotos volcánicos ni picos anómalos en las emisiones de dióxido de azufre, dos parámetros que suelen servir como indicadores claros de que se aproxima una erupción explosiva. Sin embargo, los científicos insisten en que la ausencia de estas señales no significa que el riesgo haya desaparecido.
El principal temor radica en que la actividad actual pueda evolucionar hacia flujos de lava más extensos y episodios explosivos en cuestión de días o semanas. En un escenario así, la combinación de coladas de lava, flujos piroclásticos, caída de cenizas y posibles lahares (flujos de lodo volcánico) podría afectar a un área mayor, incluyendo zonas habitadas y campos de cultivo.
Durante la noche, el volcán ha dejado imágenes especialmente llamativas, con desprendimientos de rocas incandescentes desde la cima que se deslizan por las laderas, visibles desde varios kilómetros a la redonda. Este fenómeno, aunque no implica por sí mismo una gran explosión inminente, confirma que la inestabilidad del sistema continúa.
Las autoridades de aviación civil han recomendado a las aerolíneas evitar rutas próximas a la cumbre del Mayon para reducir el riesgo de que las aeronaves entren en contacto con cenizas volcánicas en suspensión, que pueden dañar motores y sistemas de navegación. Por ahora no se han reportado interrupciones masivas en los vuelos, pero el sector se mantiene en alerta.
Impacto social: miles de personas obligadas a abandonar sus hogares
El refuerzo de las medidas de seguridad ha tenido una repercusión directa en las comunidades rurales asentadas en las laderas del volcán. Muchas de estas familias, dedicadas principalmente a la agricultura y a pequeños negocios, viven desde hace generaciones en zonas que los organismos oficiales catalogan como de alto riesgo.
La entrada a la franja de peligro permanente lleva años prohibida, pero la realidad sobre el terreno es otra: la presión económica y la falta de alternativas han hecho que miles de personas mantengan allí sus casas, tierras de cultivo o actividades como la extracción de arena y grava. Incluso el turismo de aventura y las excursiones para contemplar el volcán han prosperado en áreas que, sobre el papel, deberían estar libres de presencia humana.
Con la nueva fase de actividad del Mayon, todos estos habitantes han tenido que dejar atrás sus viviendas y pertenencias para alojarse en refugios temporales gestionados por las autoridades locales. En estos centros se proporciona comida básica, material de abrigo y atención médica, aunque las condiciones de hacinamiento y la incertidumbre sobre el tiempo que durará el desplazamiento generan preocupación entre las familias.
El recuerdo de episodios anteriores pesa en la memoria colectiva. En junio de 2023, una alerta similar se prolongó durante varios meses y obligó a evacuaciones prolongadas que afectaron a miles de residentes, con pérdidas económicas significativas, sobre todo en cultivos y ganado. Entonces no hubo víctimas mortales directas, pero el impacto sobre los medios de vida fue notable.
Detrás de estas evacuaciones se esconde una problemática recurrente en Filipinas: la vulnerabilidad estructural de amplios sectores de la población, que se ven forzados a ocupar terrenos expuestos a desastres naturales por carecer de opciones más seguras y asequibles. Volcanes activos, laderas proclives a deslizamientos, zonas costeras bajas y márgenes de ríos son, en muchos casos, los únicos espacios disponibles para quienes tienen menos recursos.
Un volcán emblemático con un pasado marcado por tragedias
El Mayon se eleva hasta unos 2.462 metros de altitud y es uno de los grandes símbolos paisajísticos de Filipinas. Su perfil cónico casi perfecto lo convierte en un reclamo turístico de primer orden, especialmente para los visitantes que llegan a la provincia de Albay y a su capital, Legazpi, situada a poco más de 11 kilómetros del cráter.
Sin embargo, la cara más conocida por los científicos y por la población local es la de un volcán extremadamente activo. Desde que se tienen registros históricos, a partir de 1616, el Mayon ha protagonizado más de medio centenar de erupciones de distinta intensidad. Muchas de ellas han obligado a evacuar repetidamente las mismas comunidades y han dejado una larga lista de daños materiales.
Uno de los episodios más recordados es la erupción de 1814, cuando un flujo de lodo volcánico arrasó la localidad de Cagsawa. Aquel desastre causó alrededor de 1.200 muertes, incluyendo a numerosas personas que se refugiaron en una iglesia barroca que quedó completamente sepultada. Hoy, el campanario de piedra del siglo XVI que sobresale del terreno actúa como recordatorio permanente del poder destructivo del Mayon.
Ese tipo de historias, que combinan la belleza del paisaje con episodios trágicos, contribuyen a que muchas comunidades mantengan una relación ambivalente con el volcán: lo ven como una fuente de identidad, de turismo y de recursos, pero al mismo tiempo como una amenaza siempre latente. Para las autoridades, equilibrar el aprovechamiento económico de la zona con la seguridad ciudadana es una tarea compleja.
Los planes de contingencia actuales se basan en buena medida en las lecciones aprendidas de erupciones pasadas, tanto en el propio Mayon como en otros volcanes del archipiélago. La mejora de los sistemas de alerta temprana, la instalación de redes de vigilancia sísmica y la experiencia acumulada en operaciones de evacuación han permitido reducir el número de víctimas en muchos episodios recientes, aunque el riesgo nunca desaparece del todo.
Filipinas, un país expuesto dentro del Anillo de Fuego del Pacífico
La crisis en torno al volcán Mayon se entiende mejor si se mira el contexto geológico y climático del país. Filipinas se sitúa en pleno Anillo de Fuego del Pacífico, una extensa zona de fallas tectónicas que bordea la cuenca del océano y que concentra una parte muy significativa de la actividad volcánica y sísmica mundial.
En este entorno, el archipiélago cuenta con más de una veintena de volcanes activos y está sometido con frecuencia a terremotos de distinta magnitud y episodios eruptivos recurrentes. A esto se suman unos veinte tifones y tormentas tropicales al año, así como inundaciones y deslizamientos de tierra que afectan de forma habitual a millones de personas.
Para regiones como Europa o España, donde también existen volcanes activos pero el nivel de exposición diaria suele ser menor, la situación de Filipinas sirve como recordatorio de la importancia de la planificación de emergencias y la educación en riesgos naturales. La reciente erupción en La Palma o la actividad en zonas volcánicas italianas han reactivado el interés por mejorar protocolos, algo que en el Sudeste Asiático es una rutina casi permanente.
Los organismos europeos de cooperación y protección civil suelen seguir de cerca este tipo de episodios, ya que la gestión de desastres naturales se ha convertido en un ámbito clave de colaboración internacional. El intercambio de datos científicos, el apoyo técnico y la ayuda humanitaria en caso de grandes erupciones son herramientas habituales cuando se producen crisis volcánicas de mayor envergadura.
En el caso actual del Mayon, por ahora la respuesta se centra a nivel nacional y regional, pero la comunidad internacional permanece pendiente de la evolución de la actividad volcánica. Si el escenario derivara en una erupción mucho más violenta, el impacto humanitario podría ser considerable y requeriría un esfuerzo coordinado más amplio.
Mientras tanto, el volcán Mayon continúa emitiendo señales de inestabilidad que obligan a mantener la alerta y las evacuaciones activas. Las autoridades filipinas insisten en que la prioridad es proteger vidas humanas, aunque eso suponga paralizar temporalmente la actividad económica en una zona que depende en gran medida de la agricultura, la extracción de materiales y el turismo. El episodio refuerza la idea de que convivir con un volcán tan activo implica asumir ciclos periódicos de riesgo, desalojo y reconstrucción, un reto que se repite una y otra vez para las comunidades asentadas a su sombra.