España se blinda frente a las olas de calor con refugios climáticos y ciudades más frescas

  • España encadena veranos y otoños excepcionalmente cálidos, con olas de calor cada vez más largas e intensas.
  • El Gobierno impulsa una red estatal de refugios climáticos y proyectos locales como oasis y patios más frescos en colegios.
  • Las altas temperaturas provocan miles de muertes y agravan desigualdades sociales y territoriales.
  • Organismos y ONG reclaman adaptación urbana, alerta temprana y una transición energética justa centrada en los más vulnerables.

olas de calor en España

España lleva varios años encadenando veranos sofocantes y episodios de calor extremo que ya no se sienten como algo puntual, sino como el nuevo telón de fondo del clima. Las olas de calor se alargan, aparecen antes y se marchan más tarde, mientras ciudades y pueblos tratan de adaptarse sobre la marcha a unas temperaturas que baten récords una y otra vez. El fenómeno conecta con el calentamiento global y su impacto creciente en clima y ciudades.

Ante este escenario, distintas administraciones, desde el Gobierno central hasta los ayuntamientos, están moviendo ficha: se preparan redes de refugios climáticos, se transforman patios escolares en oasis de sombra y vegetación y se diseñan estrategias para que las altas temperaturas no sigan cebándose con las personas más vulnerables ni disparen aún más las desigualdades.

Las olas de calor se consolidan como la nueva normalidad en España

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reconocido abiertamente que sequías prolongadas y olas de calor intensas han dejado de ser acontecimientos raros. Según explicó en una conferencia sobre clima, hay veranos en los que ya no se habla de varios episodios de calor, sino de una sola ola casi continua de junio a agosto, una situación que las autoridades consideran ya parte de la realidad cotidiana del país; fenómenos que algunos estudios relacionan con veranos casi permanentes en determinadas zonas.

Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) apuntan en la misma dirección: 2025 ha sido el verano más cálido desde que hay registros, con una ola de calor de 16 días en agosto que empujó los termómetros por encima de los 45 ºC en amplias zonas del sur peninsular. Se alcanzaron valores de hasta 45,8 ºC en Jerez de la Frontera y 45,2 ºC en Morón de la Frontera, en un verano que superó incluso al de 2022 como el más caluroso de la serie histórica. Puedes consultar análisis más detallados sobre cómo agosto bate récord histórico de calor.

De fondo, la tendencia es clara: la temperatura media en España ha subido alrededor de 1,7 ºC desde 1961, lo que ha disparado la frecuencia y duración de los episodios de calor extremo. Los análisis del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) encajan con esta evolución y señalan al calentamiento global como motor principal de este incremento. Estudios apuntan además a que medidas globales como el Acuerdo de París evitarían días de calor extremo adicionales.

El calor excepcional no se limita al verano. El otoño de 2025 registró en la España peninsular una temperatura media de 15,4 ºC, un grado por encima del periodo de referencia 1991-2020. Ha sido el noveno otoño más cálido de la serie, y el octavo solo en lo que llevamos de siglo. En el sur de Andalucía, la desviación térmica llegó en algunos puntos a los 2 grados, y en zonas de Andalucía, Ceuta y Melilla se hablaron de condiciones «extremadamente cálidas» incluso en esta estación tradicionalmente más suave.

Las máximas diarias de otoño se situaron unos 1,4 ºC por encima de lo habitual, y las mínimas unos 0,7 ºC, con lo que la oscilación diaria también aumentó. En estaciones como Huelva o el aeropuerto de Almería se han batido registros históricos de temperatura media otoñal, y se han vivido días casi veraniegos, con valores cercanos a 40 ºC en Gran Canaria, Granada, Córdoba o Jerez a mediados de septiembre. Para consultas locales y previsiones puede verse el pronóstico del clima en España.

olas de calor en Europa

Un impacto sanitario grave: miles de muertes asociadas al calor extremo

El coste humano de estas olas de calor es elevado y, en muchos casos, difícil de cuantificar de forma precisa. El calor raramente aparece como causa directa en los certificados de defunción, pero los sistemas de vigilancia y los análisis epidemiológicos dibujan un panorama preocupante. Hay estudios específicos sobre muertes asociadas al calor y su seguimiento.

Según el sistema de monitorización MoMo, entre 2015 y 2023 se habrían producido en España más de 21.700 muertes relacionadas con el calor, una cifra que se dispara si se incluye el verano de 2025. Solo entre mediados de mayo y finales de septiembre de este último año se estiman unas 3.832 muertes vinculadas a las altas temperaturas, un aumento de casi el 88 % respecto al mismo periodo de 2024.

Los golpes de calor y la deshidratación son los efectos más visibles, pero los expertos recuerdan que las temperaturas extremas agravan patologías cardiovasculares, respiratorias y neurológicas. Aumentan los infartos, los ictus y las complicaciones en personas con enfermedades crónicas, y generan un estrés adicional sobre sistemas sanitarios ya bajo presión en los meses de verano. También se investiga el impacto en el envejecimiento biológico vinculado al estrés térmico.

Entre los colectivos más expuestos destacan las personas mayores, los bebés y quienes tienen problemas de salud previos o recursos limitados para refrigerar sus viviendas. Los trabajadores al aire libre, como quienes se dedican a la agricultura, la construcción o el reparto, también sufren de forma intensa los efectos de las olas de calor, sobre todo en jornadas largas bajo el sol y con poca posibilidad de descanso a la sombra.

Refugios climáticos: una red estatal para combatir el calor en las ciudades

Ante este escenario, el Gobierno ha anunciado la creación de una red nacional de refugios climáticos que estará operativa antes del próximo verano. La idea es poner a disposición de la ciudadanía una red coordinada de edificios públicos climatizados donde refugiarse en los peores momentos de las olas de calor; hay más información sobre la red nacional de refugios climáticos y su despliegue.

Estos refugios se apoyarán en iniciativas ya en marcha en regiones como Cataluña, País Vasco o Murcia. En Barcelona, por ejemplo, funcionan alrededor de 400 espacios catalogados como refugios climáticos: bibliotecas, museos, centros deportivos, escuelas y centros comerciales que cuentan con aire acondicionado, puntos de agua y zonas para sentarse. Están pensados especialmente para personas mayores, familias con bebés, personas con problemas de salud y quienes no disponen en casa de medios suficientes para soportar el calor; el plan de calor de Barcelona es un ejemplo local de estas medidas.

El plan estatal prevé coordinarse con las redes autonómicas existentes y financiar nuevos refugios en los barrios que concentran más población vulnerable. La prioridad serán las zonas con menor renta, escasez de espacios verdes y una mayor exposición al llamado efecto isla de calor urbana, donde el asfalto y las superficies duras acumulan la radiación solar y mantienen el calor bien entrada la noche.

Según recuerdan especialistas en datos climáticos, este efecto se multiplica en ciudades densamente construidas, donde el asfalto y el hormigón absorben el sol durante el día y lo liberan lentamente. De este modo, a última hora de la tarde la temperatura sigue siendo elevada aunque el sol ya no esté presente, lo que alarga las horas de estrés térmico para la población urbana. El efecto isla de calor urbana multiplica estos costes.

Estos refugios climáticos se plantean como un recurso de acceso libre, de uso diurno y, en algunos casos, también en horarios ampliados durante episodios de calor extremo, con el objetivo de reducir picos de mortalidad y ofrecer un respiro a quienes no pueden mantener sus casas a una temperatura segura. Forman parte de un conjunto de estrategias y soluciones para afrontar olas de calor en el país.

Oasis climáticos en colegios: patios más verdes y con sombra

Además de los grandes equipamientos urbanos, algunas ciudades están empezando a adaptar de forma específica los espacios escolares, donde el calor puede ser especialmente intenso en los patios de recreo. Es el caso de Castelló, que ha puesto en marcha el proyecto «Castellón Naturaleza en Red» para transformar una selección de colegios en verdaderos oasis climáticos.

El plan, financiado con fondos europeos Feder, contempla actuaciones en 18 centros educativos de la ciudad. En ellos se instalarán pérgolas y cubiertas vegetales, se crearán huertos escolares y se plantarán jardines mediterráneos y zonas polinizadoras. El objetivo es mejorar el aislamiento térmico de los patios, multiplicar las áreas de sombra y aumentar la presencia de vegetación para reducir la temperatura ambiente.

Según ha explicado el consistorio, la selección de estos centros se ha basado en criterios de vulnerabilidad del alumnado, la ubicación en barrios con mayor proporción de población en riesgo, la falta de zonas verdes en el entorno cercano y la necesidad de sombra en los patios. La idea es tejer una auténtica red de nodos renaturalizados que funcione como una malla de espacios frescos dentro de la ciudad.

El proyecto incluye un amplio proceso participativo con las comunidades educativas, de forma que docentes, familias y estudiantes puedan intervenir en el diseño de los nuevos patios. La intención municipal es que estos espacios se conviertan no solo en refugios frente al calor, sino también en lugares más saludables y agradables, con más biodiversidad y mejor calidad ambiental en los barrios.

Se trata de una línea de actuación que encaja con las propuestas de muchas organizaciones ambientales, que defienden que renaturalizar los espacios urbanos —sumando arbolado, zonas verdes y superficies permeables— es una de las medidas más eficaces y asequibles para amortiguar el impacto de las olas de calor en las ciudades españolas.

olas de calor y adaptación urbana

Calor extremo, desigualdad social y barrios más expuestos

El aumento de las olas de calor no afecta por igual a toda la población. Informes recientes, como el de Oxfam Intermón sobre desigualdad climática en España, subrayan que el calentamiento y los episodios extremos están golpeando con más fuerza a quienes tienen menos capacidad económica y peores condiciones de vivienda.

Según este análisis, alrededor del 70 % de la población española vive en municipios donde la temperatura media ya ha subido 1,5 ºC. Más de la mitad de estas personas residen en localidades con rentas por debajo de la media nacional. En estos entornos, las olas de calor encuentran hogares mal aislados, dificultad para costear sistemas de refrigeración eficientes y, en muchos casos, menor acceso a espacios verdes o equipamientos públicos frescos.

Oxfam Intermón advierte de que más de un tercio de la ciudadanía no consigue mantener una temperatura adecuada en verano por falta de recursos o por la escasa eficiencia energética de sus viviendas. Además, muchas de las ayudas a la rehabilitación energética son complejas de tramitar o poco accesibles para los hogares con menos ingresos, lo que termina perpetuando la pobreza energética estival.

Las personas mayores, quienes trabajan al aire libre, las comunidades migrantes y racializadas, y los hogares con menos recursos figuran entre los grupos más expuestos a las olas de calor. Tanto el IPCC como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) indican que los impactos climáticos profundizan brechas económicas, sanitarias y generacionales, y que las políticas de adaptación deben tener en cuenta estas desigualdades desde el diseño inicial.

Además de las altas temperaturas, otros fenómenos ligados al cambio climático, como las inundaciones y las danas, afectan con mayor intensidad a quienes viven en zonas de riesgo y cuentan con menos capacidad económica para proteger sus viviendas o recuperarse de los daños. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, más de un millón de hogares se ubican en áreas con peligro de inundación, muchos de ellos con rentas familiares inferiores a 30.000 euros anuales.

El calor también golpea al mar: olas de calor marinas y pesca en riesgo

Las olas de calor no solo se producen en tierra firme. La nueva Evaluación de Riesgos e Impactos derivados del Cambio Climático en España (ERICC), presentada por el Ministerio para la Transición Ecológica, alerta de la creciente incidencia de olas de calor marinas y del aumento sostenido de la temperatura del agua.

En el capítulo dedicado a agricultura, pesca, acuicultura y alimentación, el informe destaca que el incremento de la temperatura del mar, la acidificación y los cambios en los afloramientos marinos están alterando los ecosistemas y la distribución de las especies. En la fachada atlántica, por ejemplo, ya se observan efectos sobre la sardina, el pulpo o el mejillón, con reducciones de biomasa y cambios en los patrones migratorios.

En Galicia se apunta a una disminución de la biomasa de especies marisqueras como la almeja babosa, fina y japónica, una tendencia que podría empeorar si el calentamiento se intensifica. Factores adicionales, como la contaminación y los episodios de mareas rojas, agravan aún más la situación de los bancos marisqueros y de las comunidades que dependen de ellos. Hay reportes locales que detallan cómo Galicia ha sufrido olas de calor con máximas históricas y alerta sanitaria.

La acuicultura también se ve afectada: el aumento de la temperatura del agua dificulta el crecimiento y desarrollo de especies cultivadas como la lubina o la dorada, y puede favorecer la aparición de enfermedades y parásitos. Esto obliga a una vigilancia sanitaria reforzada, a seleccionar especies más resistentes y a adaptar las técnicas de producción a unas condiciones cada vez más variables.

En este contexto, los expertos recomiendan impulsar una gestión pesquera y acuícola sostenible, extender los sistemas de alerta temprana ante eventos extremos y contaminación marina, y planificar de forma cuidadosa la ubicación de las instalaciones, incluida su posible reubicación hacia zonas menos expuestas a las olas de calor marinas y al ascenso del nivel del mar.

Adaptación, transición energética y ciudades más habitables frente al calor

El aumento de las olas de calor obliga a combinar políticas de adaptación a corto plazo con una transformación más profunda del modelo energético y urbano. Organizaciones como Oxfam Intermón plantean que la transición energética es una oportunidad para corregir desigualdades estructurales, siempre que se diseñe de manera participativa y con criterios de justicia social.

Entre las prioridades que se señalan figura la necesidad de reforzar la eficiencia energética en la vivienda, especialmente en el parque de vivienda social y en los barrios con menos recursos. Se reclama que los planes de rehabilitación incorporen el confort de verano como un eje central y que las subvenciones sean accesibles para los hogares con menor capacidad económica, evitando que el calor extremo se convierta en otro factor de exclusión.

En el ámbito urbano, distintas estrategias apuntan en la misma dirección: incrementar la masa arbórea, recuperar zonas de sombra, abrir espacios verdes y permeables, y reducir el predominio del asfalto en plazas y calles. Estas actuaciones, combinadas con redes de refugios climáticos bien señalizadas y campañas de información, pueden reducir considerablemente el impacto de las olas de calor en las ciudades españolas.

Desde el punto de vista climático global, se insiste también en la necesidad de acelerar la descarbonización de los sectores más emisores —especialmente el energético y el transporte— y de regular la influencia de los grandes actores económicos en las políticas climáticas. El objetivo es que los costes y beneficios de la transición no recaigan de forma desproporcionada sobre quienes ya sufren con más intensidad las consecuencias de las olas de calor. Informe sobre pérdidas económicas por el clima extremo reflejan el impacto económico.

Todo apunta a que España seguirá enfrentándose a veranos muy calurosos y otoños atípicamente suaves, con episodios de calor extremo que pondrán a prueba la salud pública, las infraestructuras y la cohesión social. La expansión de refugios climáticos, la renaturalización de colegios y barrios, y una transición energética orientada a reducir desigualdades se perfilan como elementos clave para que el país pueda soportar mejor unas olas de calor que, lejos de remitir, parecen haberse instalado para quedarse.

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