La llegada del verano a España viene marcada este año por una primavera excepcionalmente lluviosa que ha dado un respiro a la sequía que arrastraba el país desde finales de 2022. Las intensas precipitaciones, sobre todo durante el mes de marzo, han logrado registrar valores históricos en muchas regiones, permitiendo que los embalses recuperen parte de su capacidad y generando un cambio notable en la situación hídrica nacional.
Según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), la primavera de 2025 se sitúa como la quinta más húmeda desde que existen registros en 1961, y la tercera más lluviosa del presente siglo. La estación ha dejado una media de 279 litros por metro cuadrado en la península, lo que supone un 151% sobre el valor habitual y ha contribuido a que España abandone la sequía de larga duración. Baleares también ha vivido una primavera húmeda, y en Canarias, las lluvias han duplicado los registros habituales, destacando zonas especialmente húmedas en las islas más montañosas.
Récords de precipitaciones y distribución geográfica

La lluvia ha caído de manera especialmente intensa en marzo, considerado el tercer mes más lluvioso desde 1961, sólo por detrás de 2013 y 2018. Algunas estaciones han batido récords históricos: en el Puerto de Navacerrada se llegaron a recoger cerca de 952 litros por metro cuadrado, superando ampliamente los valores anteriores, y en el parque del Retiro de Madrid se acumularon 418 litros, casi lo que suele llover en un año completo en esa zona. Otras ciudades, como Huelva, también han visto sus cifras de lluvias dispararse, con 339 litros acumulados que triplican su máximo anterior.
En términos generales, la península ibérica ha presentado un carácter húmedo o muy húmedo en casi todo el territorio, con la excepción de áreas del norte de Galicia, Castilla y León, y ciertos puntos del noreste y el Levante, donde las precipitaciones han estado dentro de los valores normales o por debajo. Canarias y Baleares han destacado por su comportamiento especialmente húmedo.
Temperaturas: entre la normalidad y los extremos

A pesar de la percepción popular de una primavera fresca, los datos muestran que la temperatura media en la España peninsular se ha situado en torno a 12,7 °C, solo tres décimas por encima de la media del periodo de referencia (1991-2020). Marzo fue especialmente frío, hasta nueve décimas por debajo de lo habitual, mientras que abril compensó con valores más cálidos de lo normal. Mayo, en cambio, ha estado en general dentro de la media, aunque a finales de mes se alcanzaron valores típicos de pleno verano, con récords en varios observatorios.
En el noroeste, el sur y áreas costeras, la primavera ha resultado cálida, llegando a ser muy cálida en partes de Galicia y Castilla y León. Baleares ha destacado por temperaturas más altas de lo habitual, mientras que en Canarias el panorama varía de una isla a otra. Entre los extremos de temperatura registrados este año destacan los 40,7°C en los aeropuertos de Córdoba y Sevilla, así como los -7°C en el Puerto de Navacerrada.
Un verano que apunta a más calor y escasa previsión de lluvias

Las perspectivas de cara al verano, que comenzó climatológicamente el 1 de junio, apuntan a temperaturas superiores a lo normal en todo el país. Según la AEMET, la probabilidad de un verano más cálido de lo habitual supera el 60% y llega al 70% en el área mediterránea y en los dos archipiélagos. Además, existe entre un 50% y un 70% de posibilidades de que este trimestre estival se sitúe entre los veranos más calurosos de los últimos años.
En cuanto a la previsión de precipitaciones veraniegas, los modelos meteorológicos actuales no muestran una tendencia clara. El verano en España suele caracterizarse por la sequía, salvo contadas tormentas intensas, por lo que hay que mantener una gestión responsable del agua. No se descartan episodios cálidos prolongados, con olas de calor y temperaturas por encima de la media durante varias semanas, especialmente en el sur y este peninsular. Puedes ampliar la información sobre las probables veranos más calurosos.
Contexto climático y evolución de las últimas primaveras

Desde los años 90, España ha ido experimentando primaveras cada vez más cálidas. Las siete últimas han estado por encima o muy cerca del promedio normal, y la última primavera más fría se remonta a 2018. Esta tendencia confirma que, mientras las precipitaciones presentan gran variabilidad, el aumento de las temperaturas y los veranos calurosos se consolidan como el escenario habitual en nuestro país. En Andalucía, los datos reflejan una evolución similar: la primavera de 2025 es la tercera más lluviosa de la serie histórica y la temperatura media, aunque se considera ‘normal’, se sitúa entre las más cálidas de las últimas décadas. El mismo patrón se repite en otras comunidades, donde la anomalía de temperatura positiva se manifiesta, aunque con episodios puntuales de frío y de calor excepcional.
Impactos y recomendaciones para el próximo verano

El aumento previsto de las temperaturas en verano puede conllevar diversos efectos, como mayor riesgo de incendios forestales, incremento del consumo energético por el uso de sistemas de refrigeración y presión sobre los recursos hídricos. El calor extremo también puede afectar a la salud pública, especialmente entre los colectivos más vulnerables. Por este motivo, la AEMET recomienda seguir de cerca las actualizaciones meteorológicas y prestar atención a los avisos por olas de calor y eventos extremos.
Aunque las lluvias han permitido una recuperación parcial de los embalses y una mejora en el abastecimiento de agua, la prudencia sigue siendo clave para evitar regresar a situaciones de sequía. La gestión eficiente y responsable será aún más importante si el verano finalmente resulta especialmente cálido y seco. Para comprender cómo gestionar mejor los recursos en estas condiciones, puedes consultar nuestro artículo sobre los vientos de España y su influencia en el clima.
Tras una primavera que pasará a la historia por sus intensas lluvias y su papel fundamental para aliviar la sequía, España se prepara para un verano donde el calor será protagonista en la mayoría del territorio. La vigilancia sobre el agua, la adaptación a temperaturas más altas y la atención a los riesgos asociados al calor se convierten en aspectos esenciales de cara a los próximos meses.