El volcán de Fuego de Guatemala, considerado el más activo de Centroamérica, ha despertado con una violencia inusual. Desde la noche del lunes, el coloso de 3.763 metros de altura situado a unos 50 kilómetros de la capital guatemalteca ha entrado en una fase eruptiva que las autoridades califican de paroxismo, el momento de máxima intensidad explosiva. La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) ha elevado la alerta a roja en los departamentos de Sacatepéquez, Chimaltenango y Escuintla, donde viven cerca de 1,6 millones de personas, aunque por ahora no se han reportado víctimas mortales.
La erupción comenzó el domingo con una actividad constante que se fue incrementando, y durante la madrugada del martes se registraron flujos piroclásticos descendiendo por varias barrancas, como la Seca, Ceniza, Las Lajas y Honda. Estos torrentes de gases, ceniza y rocas incandescentes a alta temperatura representan el principal peligro para las comunidades asentadas en las faldas del volcán. El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH) advirtió que la fase eruptiva podría prolongarse entre 24 y 72 horas, y que la llegada de dos ondas del este podría provocar lluvias que desencadenen violentos lahares.
Evacuaciones y comunidades afectadas

Las autoridades han ordenado la evacuación preventiva de más de 1.700 personas, según el último balance de la CONRED. Los primeros desalojos afectaron a los habitantes del caserío El Porvenir y la aldea Las Lajitas, en el municipio de San Juan Alotenango, así como a las aldeas Morelia y Panimaché, en San Pedro Yepocapa. Muchas familias fueron trasladadas en autobuses a albergues habilitados en el centro urbano de Alotenango y en el municipio sureño de Escuintla. La secretaria ejecutiva de la CONRED, Claudinne Ogaldes, explicó que se están visitando casa por casa para convencer a los vecinos de que evacúen, ya que la ley no permite obligarles. Un total de 18 comunidades se ven directamente afectadas por la caída de ceniza y el riesgo de flujos piroclásticos.
Entre los evacuados se encuentra Sonia Vásquez, de 50 años, quien declaró a la agencia AFP: «Ya nos acostumbramos a tener el volcán siempre activo, pero ahora sí fue demasiado». Otro vecino, Alejandro García, relató que salieron corriendo al ver la lava descender por las laderas. El temor a repetir la tragedia de 2018, cuando una erupción dejó 215 muertos y un número similar de desaparecidos, está muy presente entre los habitantes. Lidia Ortiz, de 40 años, afirmó en el albergue de Alotenango: «Si hubiera posibilidades de cambiar de casa pues estaría mejor, porque está uno con ese miedo de que como el volcán no avisa».
Actividad volcánica en cifras

Según los informes del INSIVUMEH, la erupción ha generado fuentes de lava de entre 200 y 300 metros de altura sobre el cráter, mientras que las columnas de gases y ceniza han superado los 7.000 metros sobre el nivel del mar. La ceniza se dispersa hacia el oeste y suroeste, alcanzando distancias de hasta 130 kilómetros. Desde el inicio de la erupción se han registrado 34 sismos, la mayoría con epicentro en el océano Pacífico. Los flujos piroclásticos han recorrido entre cinco y siete kilómetros por la barranca Seca, y posteriormente también por la barranca Ceniza. El riesgo de lahares (corrientes de lodo y rocas) se ha incrementado debido a la previsión de lluvias en la cadena volcánica, lo que podría complicar aún más la situación.
El director del INSIVUMEH, Edwin Rojas, señaló que el volcán se encuentra en su fase explosiva más crítica. Las autoridades han recomendado a la población mantenerse alejada de las barrancas, usar mascarillas para evitar inhalar ceniza, cubrir alimentos y depósitos de agua, y preparar un kit de emergencia. Además, se ha restringido el acceso de turistas a los volcanes de Acatenango y Fuego, y se ha cerrado la Ruta Nacional 14 que conduce a Alotenango por el descenso de material volcánico.
Medidas oficiales y contexto histórico
El Ministerio de Educación ha suspendido las clases presenciales en las comunidades de tres municipios cercanos al volcán hasta nuevo aviso. La Policía de tráfico mantiene cortada una carretera que conecta la costa sur con la ciudad colonial de Antigua, el principal destino turístico del país. Por otro lado, el aeropuerto internacional de Ciudad de Guatemala sigue operativo, aunque se han recomendado precauciones para el tráfico aéreo. La CONRED ha habilitado cinco albergues y prepara otros tres espacios adicionales para acoger a los evacuados. El ministro de Defensa, Henry Saenz, ha anunciado patrullajes para prevenir actos de pillaje en las zonas desalojadas.
El volcán de Fuego, junto al Pacaya y el volcán Santiaguito, es uno de los tres volcanes activos de Guatemala. Su última erupción significativa antes de esta ocurrió el 9 de marzo de 2025, y la más mortífera fue la del 3 de junio de 2018, que arrasó comunidades enteras. En 1932, una erupción lanzó cenizas que llegaron hasta El Salvador y Honduras. La actividad actual es la más intensa desde 2018, y las autoridades mantienen un monitoreo constante durante al menos las próximas 72 horas, con cortes informativos periódicos.
La erupción del volcán de Fuego ha puesto en alerta máxima a Guatemala, con más de 1.700 evacuados, 29.000 personas afectadas y un dispositivo de emergencia desplegado en tres departamentos. Las columnas de ceniza que superan los 7.000 metros y los flujos piroclásticos que avanzan por varias barrancas mantienen en vilo a la población, que recuerda la tragedia de 2018. Las lluvias previstas podrían generar lahares, por lo que las autoridades insisten en la evacuación voluntaria y en seguir las recomendaciones de protección civil. Mientras tanto, el aeropuerto internacional sigue abierto y las clases presenciales están suspendidas en las zonas de riesgo, a la espera de que la actividad volcánica disminuya en las próximas horas.

