Embalses en España: estado actual de los pantanos

  • La reserva hidráulica peninsular ronda el 82,6%, muy por encima del año pasado y de la media de la última década.
  • Las cuencas del norte y del Guadalquivir presentan embalses casi llenos, mientras Segura y Júcar siguen siendo las zonas más tensionadas.
  • Las intensas lluvias y trenes de borrascas del invierno, junto al deshielo, han impulsado una fuerte recuperación de los pantanos.
  • Los datos en tiempo real de embalses son provisionales y se consolidan en el Boletín Hidrológico semanal del MITECO.

Mapa de embalses en España

La situación de los embalses en España vive un momento muy peculiar: venimos de años de sequía muy seria y, sin embargo, ahora mismo las cifras de agua almacenada son de auténtica abundancia en muchas cuencas. Aun así, no todo el país está igual de holgado y sigue habiendo zonas delicadas donde cada litro cuenta.

En este artículo te cuento con detalle cómo están los pantanos españoles ahora mismo, qué diferencias hay entre cuencas, cómo ha influido la lluvia de los últimos meses, por qué los datos pueden cambiar de un día para otro y qué información oficial tenemos embalse a embalse. Vamos a bajar al detalle, desde el panorama general hasta ejemplos concretos como la cuenca del Segura o los grandes embalses del Guadalquivir.

Panorama general: así está el agua embalsada en España

En términos relativos, el volumen actual está muy por encima del mismo periodo del año pasado, cuando los embalses se situaban en torno al 60,9%, y supera en nada menos que 26 puntos la media de la última década, que se quedaba alrededor del 56,5%. Sobre el papel, el país llega a esta parte del año con un colchón de agua bastante cómodo.

Si miramos solo los embalses destinados a producción de energía eléctrica, la ocupación también es notable: se encuentran en torno al 87,4% de su capacidad, aunque han perdido aproximadamente 2,5 puntos en la última semana. Estas presas no están enfocadas al consumo directo, pero resultan claves para el sistema eléctrico y la gestión de caudales.

Los embalses de uso consuntivo —es decir, los que abastecen a la población, la agricultura y otros usos que consumen agua— se sitúan en torno al 80,5%. La reserva en este tipo de pantanos ha subido unas seis décimas con respecto a la semana previa, lo que supone un incremento aproximado de 243 hm³. En números absolutos, el agua disponible para consumo humano y riego ronda los 31.244 hm³ almacenados.

Si ponemos estos datos en perspectiva, vemos que ahora mismo los embalses para abastecimiento están mucho mejor que hace un año, cuando se encontraban cerca del 56,6%, y también superan con creces la media de los últimos diez años (en torno al 50,5% para estas fechas). No obstante, no todas las cuencas navegan con ese mismo desahogo.

Diferencias por cuencas y comunidades autónomas

El reparto del agua embalsada es muy desigual: no es lo mismo el norte húmedo que el sureste más seco. Mientras algunas zonas apenas tienen problemas, otras siguen muy ajustadas pese a las lluvias.

Entre las cuencas más tensionadas destacan, como casi siempre, las cuencas más tensionadas, como la cuenca del Segura y el Júcar. La cuenca del Segura se sitúa alrededor del 48,3% de su capacidad, aunque ha mejorado ligeramente (unos 1,2 puntos) respecto a la semana anterior. El Júcar ronda el 64,7% y también ha subido, aproximadamente un punto. Son porcentajes mejores que en plena sequía, pero aún lejos del margen que tienen otras zonas.

En el extremo opuesto aparecen las cuencas del norte. El Cantábrico Oriental se acerca al 91,8% y las cuencas internas del País Vasco se sitúan incluso en el 100% de su capacidad, con pantanos que literalmente rebosan. Es un contraste enorme con el estrés hídrico que todavía arrastra parte de la franja mediterránea.

Si miramos el mapa autonómico, muchas comunidades disfrutan de niveles de llenado por encima del 80%. Algunos datos recientes ilustran bien el panorama: Galicia ronda el 87,02%; Asturias, el 86,84%; Navarra, el 87,05%; Cataluña, alrededor del 88,05%; y el País Vasco, en torno al 83,73%. Además, hay comunidades del interior muy bien situadas, como Castilla y León (85,02%) o la Comunidad de Madrid (85,28%).

En el oeste peninsular, Extremadura y Andalucía también se mueven en cifras muy altas, con alrededor del 86,49% y 84,49% respectivamente. Son valores que hace apenas un par de años parecían impensables, sobre todo después de varios veranos con restricciones y embalses en mínimos históricos en algunas comarcas.

Otras regiones muestran porcentajes intermedios pero aceptables, como la Comunidad Valenciana, que ronda el 54,09%, o Castilla-La Mancha, con un 69,24%. Por el contrario, Murcia se queda más rezagada, con un 33,78%, reflejando la situación crónica de escasez en la zona del Segura, pese a las aportaciones recientes.

Cuántos embalses hay y cuánta agua pueden almacenar

España cuenta con una de las redes de grandes presas más importantes de Europa. En total, se contabilizan alrededor de 374 embalses con una capacidad conjunta de unos 56.000 hectómetros cúbicos, lo que supone aproximadamente el 50% del caudal fluvial anual del país. Esta enorme infraestructura explica por qué la regulación de ríos es tan determinante para la gestión del agua.

En los últimos años se han ido incorporando nuevas presas al sistema. En el año hidrológico 2023-2024, por ejemplo, entraron en servicio dos embalses adicionales: Irueña, en la Confederación Hidrográfica del Duero, y La Colada, en la del Guadiana. Son piezas más del puzle de regulación que ayudan a mejorar la garantía de suministro y el control de avenidas.

Entre todos los pantanos españoles, el gigante indiscutible es el embalse de La Serena, en Badajoz, con una capacidad cercana a los 3.219 hm³. Es uno de los mayores de Europa. Muy cerca se sitúa Alcántara, en Cáceres, con unos 3.160 hm³. En total, hay nueve embalses que superan los 1.000 hm³ de capacidad, verdaderas “catedrales” del agua capaces de almacenar volúmenes enormes.

En el otro extremo, también existen embalses relativamente pequeños o muy irregulares en su llenado. Un caso clásico es Valdeinfierno, en la cuenca del Segura, que aparece con frecuencia casi vacío en los listados oficiales. Se construyó en el siglo XVIII y su función principal es laminar avenidas y asegurar regadíos, más que servir como gran reserva plurianual. Algo parecido ocurre con la presa de Algar, en Valencia, pensada sobre todo para controlar crecidas del río Palancia.

Además de su tamaño, hay que tener en cuenta el carácter de cada embalse: no todos están diseñados para lo mismo. Algunos se destinan casi en exclusiva al abastecimiento urbano, otros al riego, otros a energía hidroeléctrica y muchos cumplen funciones mixtas. Esta diversidad de usos condiciona tanto los niveles óptimos de llenado como el modo en que se gestionan las compuertas.

Ejemplo práctico: el estado de los embalses del Segura

La cuenca del Segura es un buen ejemplo para entender la letra pequeña del estado de los pantanos. En un informe a fecha 12/03/2026, cerrado a las 8:00 de la mañana del día siguiente, se detalla el volumen almacenado en los principales embalses de la demarcación y su evolución diaria, mensual y anual.

En ese momento, el conjunto de los embalses principales del Segura sumaba una capacidad total de 1.140 hm³, de los que estaban almacenados 573 hm³, es decir, aproximadamente un 50% de llenado. Dentro de ese total, el documento diferencia además un bloque de “almacenado” parcial de 266 hm³ (23%), relacionado con determinados subconjuntos o usos de la cuenca.

Si nos fijamos embalse a embalse, se aprecia cómo el reparto del agua es muy desigual. Fuensanta, con una capacidad de 210 hm³, almacenaba alrededor de 170 hm³ (un 81%). Talave, más pequeño, podía guardar hasta 35 hm³ y se encontraba en torno a 19 hm³ (55%). Cenajo, uno de los grandes de la cuenca con 437 hm³ de capacidad, tenía unos 204 hm³ (47%).

Otros pantanos como Camarillas y La Pedrera mostraban también un nivel intermedio. Camarillas, con 36 hm³ de capacidad, almacenaba alrededor de 16 hm³ (44%), mientras que La Pedrera, que puede llegar hasta los 246 hm³, se quedaba en 91 hm³ (37%). El grupo de “resto de embalses”, con una suma de 176 hm³ de capacidad, aportaba unos 73 hm³ (41%).

El informe incorpora además varias tablas que permiten seguir la evolución anual, mensual y semanal del volumen embalsado en estas presas, con datos desde el 01/04/2025 hasta marzo de 2026, día a día.

Evolución anual, mensual y semanal en la cuenca del Segura

La serie anual muestra cómo se ha pasado de un escenario muy justo a una situación bastante más cómoda. Por ejemplo, el 01/04/2025 el conjunto de estos embalses sumaba cerca de 314 hm³, con Fuensanta en 45 hm³, Cenajo en 94 hm³ y La Pedrera en 74 hm³. Es decir, una cuenca con bastante menos agua que ahora.

A lo largo de la primavera y el verano de 2025, los pantanos experimentaron subidas y bajadas moderadas: las cifras totales oscilaron alrededor de 332 hm³ en mayo, 356 hm³ en junio y 348 hm³ en julio, con ligeros descensos hacia agosto y septiembre (326 hm³ y 254 hm³ respectivamente). A partir de octubre, la reserva se redujo todavía más, llegando a 188 hm³ el 01/10/2025, un valor muy bajo para el conjunto.

Con la llegada del otoño más húmedo y, especialmente, el invierno, los datos dieron un vuelco. De noviembre a marzo, la cifra total fue remontando: 219 hm³ en noviembre, 245 hm³ en diciembre, 298 hm³ en enero, 356 hm³ en febrero y hasta 540 hm³ el 01/03/2026, con un salto muy notable en Fuensanta (de 32 hm³ a 162 hm³ en apenas un par de meses).

La tabla mensual, que ofrece datos día a día desde el 13/02/2026 hasta el 12/03/2026, deja claro cómo las reservas han ido creciendo casi sin pausa: de 506 hm³ a mediados de febrero se pasa a unos 572 hm³ a mediados de marzo. Este incremento se refleja, sobre todo, en los grandes embalses como Cenajo (de unos 139 a 204 hm³) y Fuensanta (de 168 a 170 hm³, tras un fuerte aumento previo).

En la estadística semanal, que recoge los valores entre el 06/03/2026 y el 12/03/2026, se aprecia una subida continua de 545 hm³ a 572 hm³ en solo siete días. Esto ilustra cómo, en periodos de lluvias persistentes y con ríos cargados, los embalses pueden ganar decenas de hectómetros cúbicos en cuestión de jornadas, modificando rápidamente el escenario de partida.

El último dato consolidado a 12/03/2026 indica que, en esa fecha, Fuensanta almacenaba 170 hm³ de una capacidad de 210; Talave, 19 de 35; Cenajo, 204 de 437; Camarillas, 16 de 36; La Pedrera, 91 de 246; y el resto de embalses, 73 de 176, para un total de 573 hm³ almacenados sobre 1.140 hm³ de capacidad agregada.

Niveles muy altos en grandes embalses del Guadalquivir

Si nos desplazamos a la cuenca del Guadalquivir, la foto es radicalmente distinta: muchos embalses andaluces y del entorno se encuentran prácticamente llenos. Un listado reciente de presas de Córdoba y Sevilla muestra niveles que, en algunos casos, superan incluso el 100% del volumen máximo considerado.

Por ejemplo, el embalse de Yeguas (código E26, en Córdoba) presenta un nivel casi idéntico a su cota máxima normalizada, con un volumen cercano a los 227 hm³ sobre unos 228,7 hm³ de capacidad, lo que implica alrededor del 99,4% de llenado. Martín Gonzalo (E27) ronda también el 99,4%, con unos 20,37 hm³ de 20,49 hm³ posibles.

Otros pantanos como Arenoso, San Rafael de Navallana, Vadomojón o Bembézar se mueven en porcentajes altísimos: Arenoso, con unos 163,5 hm³ de 167 hm³, se sitúa alrededor del 97,9%; Navallana, con cerca de 154 hm³ de 160,1 hm³, ronda el 96,2%; Vadomojón se mantiene por encima del 93%; y Bembézar también supera el 96% de llenado.

A destacar el caso de Sierra Boyera, que aparece con un volumen ligeramente superior a su capacidad de referencia (unos 39,7 hm³ sobre 39,5 hm³), registrando en torno al 100,5%. Esto indica que está prácticamente rebosando, algo impensable hace no tanto, cuando este embalse fue uno de los iconos de la sequía en Andalucía.

La Breña II (E36), una de las grandes presas de la zona, también presenta cifras muy elevadas, con alrededor de 657,9 hm³ almacenados sobre una capacidad próxima a 823,4 hm³, en torno al 79,9%, mientras que Iznájar (E48), el mayor embalse de Andalucía, se mantiene sobre el 75,6% con cerca de 696 hm³ ocupados. En conjunto, estos datos confirman que el valle del Guadalquivir vive un año excepcionalmente húmedo.

Del dato semanal a la tendencia: cómo ha cambiado la situación

Durante los últimos años hemos escuchado muchas veces que “los embalses están peor que nunca”. Y no era una exageración: hubo un momento, hace unos meses, en el que la reserva hídrica española cayó hasta el 32,4% de su capacidad total, con apenas 18.158 hm³ de agua almacenada. Era un mínimo histórico reciente.

En ese escenario crítico, lo normal para esas fechas habría sido encontrarnos en torno al 55% de llenado como media de la última década, y alrededor del 44% si mirábamos el año anterior. Es decir, teníamos casi la mitad de agua de lo habitual. Algunas comunidades autónomas se movían por debajo del 40% de su capacidad, con apenas 18.270 hm³ frente a los más de 28.000 hm³ que se considerarían “normales” para esa época.

Actualmente, en cambio, las cifras han dado un giro enorme. De media, muchos pantanos se mueven por encima del 83% de su capacidad total, con más de 46.500 hm³ almacenados en todo el territorio estatal. Esto incluye tanto las presas de uso consuntivo como las destinadas a generación eléctrica, lo que traduce la magnitud de las lluvias recibidas.

De hecho, a día de hoy el MITECO monitoriza numerosos embalses que se sitúan por encima del 100% de su volumen máximo operativo (entre ellos, varios de los que hemos mencionado en Guadalquivir y otras cuencas). El ministerio subraya que esta situación no se veía desde hacía años, y mucho menos con una dispersión geográfica tan amplia, con pantanos llenos en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, País Vasco, Navarra, Aragón, Madrid o Castilla y León.

Esta dualidad —de la sequía extrema a la abundancia generalizada— también se percibe en comunidades donde la escasez era norma. En Cataluña, por ejemplo, embalses como Darnius Boadella o Riudecanyes, que llegaron a estar en mínimos y obligaron a imponer severas restricciones a población y regadíos, han experimentado una recuperación muy marcada gracias a las últimas lluvias. Otro caso llamativo es Guiamets, que ha llegado a verter agua por encima de la presa, algo que solo había ocurrido en contadísimas ocasiones desde su construcción en 1971.

El papel de las lluvias y los temporales de este invierno

La clave de esta recuperación espectacular está en la meteorología. Desde el inicio del año hidrológico, el 1 de octubre, las precipitaciones han sido especialmente generosas. Según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), hasta el 3 de marzo se han acumulado alrededor de 465 litros por metro cuadrado en el conjunto del país, un valor aproximadamente un 33% superior a lo normal para esas fechas (que rondaría los 349 l/m²).

Buena parte de ese exceso de lluvia viene explicado por el paso de varios trenes de borrascas muy activos. Durante enero y febrero han ido entrando una detrás de otra: Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo… Todas estas situaciones han dejado episodios de lluvias persistentes, tormentas, granizo, nevadas en montaña y, en ocasiones, inundaciones puntuales y avisos de riesgo para la población.

El reparto de la precipitación no ha sido uniforme. En la mayor parte de la Península los acumulados superan claramente la media del periodo 1991-2020, con especial protagonismo en el suroeste peninsular (Extremadura y áreas colindantes), en ciertos puntos de la fachada mediterránea y en el delta del Ebro, donde en algunas zonas se han duplicado los valores normales.

En el Cantábrico, curiosamente, hemos tenido una franja entre Asturias y País Vasco donde las lluvias han quedado algo por debajo de lo habitual. También hay áreas concretas del interior de Aragón con déficit relativo, aunque en general el comportamiento pluviométrico del invierno ha sido más que generoso en casi todo el mapa.

En los archipiélagos también se nota esta dinámica. En Canarias, la mayor parte de las islas registra valores por encima de lo normal, salvo la mitad sur de las islas montañosas, donde aún se arrastra cierto déficit. En Baleares, el oeste de Mallorca y otras zonas han recibido más lluvia de la media, mientras que la mitad este de la isla se mantiene algo más seca.

De la lluvia al embalse: acuíferos, ríos y deshielo

El agua caída del cielo no llega a los embalses de golpe ni de manera uniforme. Primero se infiltra en los suelos y recarga los acuíferos, algo especialmente importante tras años de sequía. Una vez saturado el terreno, el excedente escurre hacia los arroyos y ríos, que elevan sus caudales y acaban alimentando las grandes presas.

Por eso, incluso en semanas con pocas precipitaciones directas sobre los pantanos, la reserva puede seguir subiendo si los ríos arrastran todavía el agua acumulada en la cuenca. En los últimos días, por ejemplo, la Agencia Estatal de Meteorología ha registrado precipitaciones escasas en la vertiente atlántica y casi inexistentes en la mediterránea, pero el agua que ya estaba en el sistema ha continuado llegando a los embalses.

A esta aportación hay que sumar el deshielo de la nieve acumulada en montaña. Conforme avanzan las semanas y suben las temperaturas, el agua retenida en forma de nieve se derrite y baja por los cauces, contribuyendo a incrementar las reservas en presas y recargar también los acuíferos subterráneos.

El resultado de todo este proceso es la fotografía actual: embalses muy altos o incluso rebosando en muchas cuencas, acuíferos que recuperan parte de lo perdido y ríos todavía con caudales apreciables. Es una oportunidad para salir de la sequía con un colchón importante, aunque no garantiza que no volvamos a tener problemas si los próximos años son secos.

Conviene recordar, además, que ciertas actuaciones de gestión —como abrir compuertas para evitar inundaciones aguas abajo o laminar avenidas— pueden hacer que los embalses vacíen parte de ese excedente, sobre todo cuando se acercan al 100% de su capacidad. Por eso, las cifras de llenado pueden oscilar con rapidez en situaciones de abundancia.

Cómo se mide y publica el estado de los embalses

El seguimiento oficial del agua en España se realiza a través de varias redes de control en tiempo real. Entre ellas están la red de aforos (que mide caudales en ríos), la red meteorológica (lluvia, temperatura, etc.) y la red SAICA de información automática de calidad de las aguas. Todas estas redes envían datos de forma continua a los centros de control de las confederaciones hidrográficas.

La transmisión de información se lleva a cabo mediante comunicaciones VSAT y tecnologías móviles como 4G, 3G, GPRS o GSM. Los sensores instalados en presas, ríos y estaciones meteorológicas envían sus registros casi en tiempo real, lo que permite disponer de una imagen muy actualizada de la situación hidrológica del país.

Sin embargo, estos datos están sujetos a múltiples fuentes de error. Las condiciones ambientales extremas pueden afectar a los equipos: formación de placas de hielo en los sensores, acumulación de troncos o follaje que distorsionan el nivel del agua, crecimiento de vegetación en los puntos de control o presencia de sedimentos que alteran las mediciones.

También pueden producirse fallos técnicos, como malfuncionamientos en los registradores, cortes de suministro eléctrico, baterías agotadas, daños por tormentas eléctricas, nieve o viento, así como problemas en la propia comunicación del dato desde el punto de control hasta el centro de gestión.

Por todo ello, los organismos responsables insisten en que los datos en tiempo real tienen carácter provisional. Se publican como referencia rápida, pero posteriormente son revisados, validados y corregidos por los servicios SAIH y de Aforos y Estadísticas de cada confederación hidrográfica (por ejemplo, la del Duero u otras). Hasta que no se completa este proceso, la información no se considera definitiva.

Boletín Hidrológico y uso de los datos oficiales

El Boletín Hidrológico es el documento semanal que elabora el MITECO para recoger, ordenar y difundir el estado de los embalses y otros datos hidrológicos clave. En él se integran las aportaciones de las confederaciones hidrográficas, las administraciones hidráulicas de las comunidades autónomas, la AEMET y la Red Eléctrica de España.

Este boletín incluye tablas y gráficos con la evolución de cada una de las 16 cuencas hidrográficas peninsulares, además de las demarcaciones insulares y otros sistemas. En total, en España se distinguen 25 demarcaciones hidrográficas, donde se suman tanto las aguas superficiales (embalses, ríos, lagos) como las subterráneas (acuíferos y pozos).

El objetivo del boletín es doble: por una parte, servir de herramienta de gestión para las autoridades, que pueden valorar restricciones, desembalses o medidas de planificación; y, por otra, ofrecer transparencia a la ciudadanía y a los sectores económicos que dependen del agua, desde el regadío hasta la generación eléctrica.

En el caso de los datos meteorológicos en tiempo real —como la lluvia acumulada o la temperatura—, las confederaciones hidrográficas aclaran que no realizan una validación exhaustiva de esos registros, ya que esa competencia recae en la AEMET. Para análisis técnicos, estudios climáticos o elaboración de informes detallados, se recomienda acudir siempre a los datos históricos de la agencia meteorológica estatal.

Además, las autoridades advierten de forma expresa a los usuarios de la información en tiempo real de que no deben basar decisiones críticas exclusivamente en esos datos preliminares, sobre todo cuando hay en juego seguridad personal, pública o decisiones empresariales con impacto económico relevante. Resulta preferible esperar a la consolidación oficial de la serie.

Con todo este contexto —desde la gran recuperación de reservas gracias a las lluvias y el deshielo, hasta las diferencias entre cuencas, los embalses que rebosan y los que aún siguen apurados, el papel del Boletín Hidrológico y las limitaciones de los datos en tiempo real—, la fotografía actual del agua embalsada en España muestra un país que ha pasado en poco tiempo de la angustia por la sequía a una fase de relativa holgura, pero en el que la gestión prudente y la planificación a largo plazo siguen siendo imprescindibles para no volver a rozar el límite en cuanto el cielo deje de acompañar durante unos cuantos meses.

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