El Ayuntamiento de Elche ha puesto en marcha un sistema de vigilancia hidrológica que ya cuenta con cuatro medidores de caudal repartidos entre el río Vinalopó y varios barrancos del término municipal. La iniciativa busca ganar tiempo ante lluvias intensas y posibles avenidas de agua, un asunto que en la ciudad se sigue con especial atención por los episodios vividos en el pasado.
Los aparatos se han colocado en el cauce del Vinalopó y en los barrancos de San Antón, Los Arcos y Barbasena. Desde el Consistorio explican que su función principal es conocer qué cantidad de agua circula por cada punto y trasladar esa información a los servicios de emergencia para que puedan valorar si es necesario lanzar avisos a la población.
Una red de caudalímetros para controlar el Vinalopó

La inversión inicial para estos primeros equipos ha sido de 15.600 euros, sufragada por el Ayuntamiento. No se trata de una cantidad enorme, pero sí de una herramienta que el equipo de gobierno considera clave para no ir a ciegas cuando el cielo descarga con fuerza.
El concejal de Espacios y Servicios Públicos, Claudio Guilabert, ha explicado que los datos se incorporarán al Centro de Coordinación Operativa Municipal, conocido como Cecopal. Allí podrán consultarlos responsables de Emergencias, Protección Civil y cuerpos de seguridad.
Con esta red, el Ayuntamiento quiere complementar otros recursos ya desplegados, como las cámaras instaladas en distintos cauces, las sirenas antirriadas y los sistemas de aviso por mensajería. La idea es que todos esos elementos funcionen como un conjunto y no como piezas sueltas.
Mediciones al minuto y avisos coordinados
Los caudalímetros registran información de forma continua y permiten saber en tiempo real cómo evoluciona el agua en el Vinalopó y en los barrancos vigilados. Esa lectura constante facilita que los técnicos detecten subidas de nivel antes de que la situación se complique.
Eso sí, los aparatos no activan las alarmas por sí solos. Serán Emergencias, Protección Civil y las fuerzas de seguridad quienes fijen los umbrales y los protocolos para decidir cuándo se encienden las sirenas o se envían alertas a la ciudadanía.
Según el Ayuntamiento, la documentación para regular esos procedimientos ya se está preparando. Hasta ahora no estaba definido, por ejemplo, qué altura o qué volumen de agua debía alcanzarse para que saltara un aviso.
La información también servirá para crear un registro histórico de caudales, algo que hasta la fecha no existía en el municipio. Ese archivo permitirá estudiar cómo se comporta cada cauce y mejorar los modelos de riesgo.
Santa Fe y San Antón, en el punto de mira
Uno de los lugares que más atención recibe es el entorno de Santa Fe. Los medidores ayudarán a calcular cuánta agua entra a la ciudad desde zonas situadas aguas arriba, sobre todo cuando llueve con fuerza en municipios del norte.
A esos datos se sumarán los que procedan de los aliviaderos, lo que permitirá afinar el cálculo del volumen que puede acabar llegando a la urbanización Santa Fe. Es una zona sensible dentro del dispositivo municipal de prevención.
El barranco de San Antón presenta una situación parecida. Interesa conocer tanto el agua que baja desde arriba como la que alcanza el tramo urbano después de atravesar el entorno urbano.
En ambos casos, el objetivo es cruzar la información de los caudalímetros con la de otros sistemas para decidir con más criterio si hay que poner en marcha las sirenas y alertar a los vecinos.

El Consistorio insiste en que buena parte del agua que llega a algunos barrancos procede también de aliviaderos y puntos alejados del cauce principal. Por eso no basta con mirar solo el tramo urbano.
Protocolos y reproches al Gobierno central

La puesta en marcha de los caudalímetros ha servido también para que el Ayuntamiento vuelva a reclamar al Ejecutivo central que asuma parte de estas inversiones. Claudio Guilabert sostiene que las confederaciones hidrográficas deberían encargarse de este tipo de infraestructuras y no dejar que las costee el municipio.
El edil ha defendido que el Consistorio está cubriendo una carencia con recursos propios y que la prevención de emergencias es una prioridad para el equipo de gobierno. En ese sentido, ha asegurado que Elche se sitúa como una ciudad puntera en la Comunidad Valenciana en este ámbito.
Guilabert también ha subrayado que antes no había información sobre caudales ni imágenes en directo de los barrancos, ni medios para avisar a la población. Ahora, según su versión, la ciudad cuenta con una base más sólida para responder a una crecida.
El Ayuntamiento ha anunciado que en las próximas semanas presentará otra actuación relacionada con la prevención de emergencias. No ha dado detalles, pero ha dejado claro que la idea es seguir ampliando esta red.
Segunda fase y registro histórico
La intención municipal es doblar el número de caudalímetros en siguientes fases, hasta alcanzar al menos ocho equipos. Se instalarán en las partes altas y bajas del cauce del Vinalopó y en los barrancos principales.
Con esa ampliación, el Ayuntamiento podrá comparar el caudal de distintos puntos de un mismo cauce y ver cómo evoluciona el agua a medida que avanza hacia zonas habitadas. Esa visión más amplia debería ayudar a tomar decisiones durante una emergencia.
Los registros no solo valdrán para situaciones de crisis. También permitirán analizar el comportamiento del Vinalopó y de los barrancos en episodios futuros, estudiar el terreno y planificar nuevas medidas de prevención.
El despliegue de estos cuatro sensores, junto a cámaras, sirenas y avisos, supone un paso más en la estrategia municipal para controlar el Vinalopó y los barrancos de Elche. La iniciativa aún tiene flecos, como la definición de umbrales y la ampliación de la red, pero el Consistorio considera que ya permite disponer de datos objetivos y actualizados para actuar con antelación ante lluvias torrenciales.


