El volcán Puracé reduce su actividad y baja a alerta amarilla

  • El volcán Puracé ha pasado de alerta naranja a alerta amarilla tras casi dos meses de mayor actividad.
  • El cambio de nivel se debe a la disminución sostenida de la sismicidad, las emisiones de ceniza y la desgasificación.
  • El Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Popayán mantiene una vigilancia continua con múltiples parámetros.
  • Las autoridades insisten en que la alerta amarilla implica menor inestabilidad, pero no ausencia total de riesgo volcánico.

volcán Puracé en actividad

El volcán Puracé, en el suroeste de Colombia, ha entrado en una fase de mayor tranquilidad tras varios meses de inquietud. Las autoridades científicas del país han confirmado que el sistema muestra una tendencia clara hacia la estabilidad, lo que ha permitido ajustar el nivel oficial de alerta.

Después de semanas de seguimiento intenso y de preocupación en la región, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) ha decidido rebajar el nivel de vigilancia sobre este volcán activo, uno de los más vigilados del país por su historial eruptivo y su cercanía a zonas pobladas.

Cambio de alerta naranja a alerta amarilla

Según la información oficial, el volcán Puracé ha pasado del nivel de alerta naranja al nivel de alerta amarilla, lo que indica una reducción de la inestabilidad interna del sistema volcánico. La alerta naranja se había declarado a finales de noviembre de 2025 debido a un incremento inusual de varios parámetros de actividad.

Este cambio se produce tras casi dos meses en los que el Puracé se mantuvo en un estado de mayor vigilancia, ante la posibilidad de una erupción de mayor tamaño. Durante este tiempo, los técnicos no solo observaron variaciones en la sismicidad, sino también en la emisión de ceniza y en la desgasificación del cráter.

El SGC explica que el regreso a alerta amarilla obedece a que, en las últimas semanas, la probabilidad de una erupción de gran magnitud ha disminuido de forma sostenida. Esto no implica que el volcán esté completamente en calma, sino que el escenario de corto plazo es menos preocupante que el registrado a finales de 2025.

La alerta amarilla, en la escala utilizada por Colombia, implica un volcán activo con cambios leves en su comportamiento, que requiere seguimiento constante pero no medidas de emergencia masivas, a diferencia de lo que podría ocurrir con una alerta naranja o roja.

cráter del volcán Puracé

Ubicación del Puracé y relevancia regional

El Puracé se encuentra localizado a unos 25-27 kilómetros al sureste de Popayán, en el departamento del Cauca, en el suroeste de Colombia. Su posición, relativamente próxima a núcleos urbanos y a infraestructuras regionales, hace que cada cambio en su estado sea seguido con especial atención tanto por las autoridades como por la población.

Con una altura de cumbre que supera los 4.650 metros sobre el nivel del mar, el Puracé destaca en el paisaje andino como un estratovolcán imponente y uno de los focos de actividad volcánica más relevantes del país. Forma parte de un complejo volcánico y de una zona de alta sismicidad, integrada en la cadena montañosa de los Andes.

Aunque se encuentra en América del Sur, el comportamiento de este tipo de volcanes es seguido con interés también desde centros de monitoreo en Europa y España, dado que el intercambio de datos y experiencias resulta clave para mejorar la gestión del riesgo volcánico en otros contextos, como los sistemas volcánicos italianos o los archipiélagos con volcanismo activo, caso de Canarias.

En el ámbito de la investigación internacional, Puracé se ha convertido en un ejemplo de vigilancia instrumental continua, con redes sísmicas, sensores de gases y observaciones satelitales que permiten comparar su evolución con la de otros volcanes activos repartidos por el mundo.

Historial eruptivo y tipo de actividad del volcán Puracé

El Puracé está catalogado como uno de los volcanes más activos de Colombia, con un historial de erupciones registradas que se extiende a lo largo de los últimos siglos. Su estilo eruptivo se caracteriza principalmente por ser explosivo, con emisiones de ceniza y eventos que, en ocasiones, han afectado a poblaciones cercanas.

Entre las erupciones históricas más destacadas se encuentran las registradas en 1849, 1869 y 1885, señaladas como algunas de las de mayor envergadura documentada en este volcán. Desde entonces, el Puracé ha seguido mostrando actividad intermitente con varios episodios menores.

La última erupción de importancia moderada se produjo en 1977 y se ha clasificado aproximadamente como un evento de VEI 2 (Índice de Explosividad Volcánica). Aquel episodio generó una columna de ceniza que se dispersó hasta unos 7 kilómetros del cráter, afectando a la zona circundante con deposición de partículas finas.

Con anterioridad y posterioridad a 1977, se han contabilizado numerosas erupciones o episodios de actividad entre los siglos XIX y XX, con años como 1957, 1956, 1949, 1947, 1946, 1927, 1926, 1925, 1924, 1906, 1902 (posiblemente), 1899, 1881, 1878, 1870, 1860, 1847-52, 1840, 1835, 1827, 1816 e incluso referencias más antiguas situadas alrededor del 160 a. C. con cierto margen de incertidumbre.

Más recientemente, aunque no se han producido erupciones de gran magnitud, se han observado fenómenos como aparición de nuevas fumarolas y surgencias termales en la cumbre y en los flancos, especialmente a partir de la década de 1990, lo que confirma que el sistema sigue activo y con circulación de fluidos en su interior.

paisaje del volcán Puracé

Monitoreo científico: sismicidad, gases y ceniza

El seguimiento del Puracé recae fundamentalmente en el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Popayán (OVSPO), dependiente del Servicio Geológico Colombiano. Este observatorio mantiene un control continuo sobre la actividad del volcán mediante una amplia red instrumental y el análisis de múltiples parámetros.

Uno de los elementos más vigilados es la sismicidad asociada al movimiento de fluidos (magmas, gases y agua) en el interior del edificio volcánico. Desde el 27 de diciembre de 2025 se había observado un incremento en la energía de estos eventos, lo que contribuyó a mantener el nivel de alerta naranja durante varias semanas.

A partir del 6 de enero de 2026, sin embargo, los registros empezaron a mostrar una reducción progresiva tanto en la frecuencia como en la energía de los sismos relacionados con el sistema volcánico. Esta tendencia descendente, mantenida en el tiempo, ha sido clave para considerar que el comportamiento actual es menos inestable.

Además de la actividad sísmica, los técnicos controlan de forma sistemática las emisiones de ceniza y los procesos de desgasificación. Durante la fase más activa de finales de 2025, se llegó a registrar un aumento de las columnas de ceniza y una anomalía térmica en el cráter, indicadores de un sistema más agitado.

En las últimas dos semanas, según el SGC, esas emisiones de ceniza y la anomalía térmica han mostrado un descenso sostenido, reflejando un enfriamiento relativo del entorno superficial del cráter y una menor liberación de material fragmentado a la atmósfera.

actividad del volcán Puracé

Decisión técnica y mensaje a la población

El SGC insiste en que la evaluación del estado del volcán Puracé no se basa en un solo indicador, sino en el análisis conjunto de todos los datos disponibles. Sismicidad, emisiones de gases, deformación del terreno, observación visual y datos térmicos conforman un panorama global a partir del cual se toman decisiones.

El coordinador del OVSPO, Jaime Raigosa, ha subrayado que ningún parámetro, por sí solo, permite interpretar con fiabilidad la evolución del volcán. Por ello, el equipo combina la información de distintas redes de monitoreo antes de recomendar cualquier cambio en el nivel de alerta.

Según Raigosa, en fechas recientes no se observa una evolución significativa del sistema volcánico: los procesos de desgasificación, la sismicidad y las emisiones de ceniza se mantienen en valores más bajos que los registrados durante el pico de actividad de finales de 2025.

Este comportamiento ha llevado a las autoridades a considerar que hay una disminución general de la actividad volcánica. De ahí la decisión de retornar a alerta amarilla, que supone una situación menos tensa, si bien el volcán continúa en observación constante para detectar cualquier cambio repentino.

De cara a la población de la zona y a los organismos de protección civil, el mensaje es que, aunque el escenario es más favorable que semanas atrás, no debe bajarse completamente la guardia. Los volcanes activos pueden presentar fluctuaciones rápidas, por lo que se recomienda seguir la información oficial y atender a las indicaciones de las autoridades en todo momento.

El episodio reciente del Puracé muestra cómo la vigilancia volcánica moderna se apoya en el análisis integrado de numerosos datos y en la colaboración entre observatorios y comunidades científicas, algo que también se tiene muy en cuenta en Europa y España para gestionar otros sistemas activos. La combinación de vigilancia instrumental, experiencia técnica y comunicación clara con la ciudadanía permite ajustar con mayor precisión los niveles de alerta y reducir el riesgo asociado a uno de los fenómenos naturales más complejos de predecir.

emisión de ceniza del Volcán Puracé
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