El desierto de Atacama vuelve a situarse en el centro de la astronomía mundial con la puesta en marcha del telescopio submilimétrico operativo más alto del planeta. El Fred Young Submillimeter Telescope (FYST) acaba de iniciar oficialmente sus observaciones desde la cumbre del Cerro Chajnantor, en el norte de Chile, y se prepara para explorar algunos de los rincones más fríos y antiguos del cosmos.
A más de 5.600 metros sobre el nivel del mar, esta instalación científica se coloca por encima de la mayor parte del vapor de agua de la atmósfera terrestre, una condición clave para poder captar con gran precisión la radiación submilimétrica y milimétrica. Con su entrada en operación, el FYST abre una nueva ventana al universo temprano y refuerza el liderazgo de Chile, y por extensión de la comunidad científica europea y mundial, en la observación del cielo.

Un telescopio en el techo del mundo para estudiar el universo frío
El FYST se ubica en la cumbre del Cerro Chajnantor, dentro del Parque Astronómico de Atacama, en la Región de Antofagasta. Su emplazamiento ronda los 5.600 metros de altitud, una elevación comparable o superior a muchos campos base de grandes montañas del Himalaya. Esta situación extrema no es un capricho: cuanto más alto, menos vapor de agua hay en la atmósfera, y por tanto mejor pasan las longitudes de onda que interesan a la astronomía submilimétrica.
El nuevo telescopio está instalado apenas unos 40 metros por debajo del telescopio japonés TAO, especializado en el infrarrojo y que todavía no ha entrado en fase operativa, y junto a otros instrumentos como el telescopio ESPRESSO. Esta diferencia de uso es relevante: mientras TAO se centra en el infrarrojo, el FYST está diseñado para trabajar en el rango submilimétrico y milimétrico, lo que le permite observar la radiación procedente del llamado «universo frío», donde se gestan estrellas, galaxias y estructuras cósmicas a bajísimas temperaturas.
Con un espejo de 6 metros de diámetro y un diseño óptico innovador, el FYST podrá realizar barridos de grandes áreas del cielo con una sensibilidad optimizada para captar señales extremadamente débiles. Esta capacidad de escanear regiones amplias lo convierte en una herramienta muy eficiente para localizar objetos y fenómenos que luego pueden ser estudiados en mayor detalle desde otros observatorios.
Entre sus principales objetivos científicos se encuentran el estudio del origen de las primeras estrellas y galaxias, la estructura a gran escala del universo y la naturaleza de la energía y la materia oscura. Además, será clave para investigar el gas y el polvo frío en la Vía Láctea y en otras galaxias, aportando datos imprescindibles para entender cómo se forman los sistemas estelares.
Cooperación internacional y papel clave de la Universidad de Chile
El proyecto FYST es el resultado de una extensa colaboración internacional articulada a través de la corporación Cerro Chajnantor Atacama Telescope (CCAT). Esta entidad está liderada por la Universidad de Cornell (Estados Unidos) y cuenta con la participación de un consorcio alemán -formado por la Universidad de Colonia, la Universidad de Bonn y el Instituto Max Planck de Astrofísica- y de un bloque canadiense encabezado por la Universidad de Waterloo.
En el plano local, la Universidad de Chile ha tenido un rol decisivo en la llegada e instalación del telescopio, actuando como socio estratégico en Chile. Sus gestiones facilitaron que este instrumento se integrara en el ecosistema de observatorios del desierto de Atacama, a la vez que se afrontaban polémicas sobre megaproyectos que afectan a la astronomía, y que se consolidara una alianza de largo plazo entre la comunidad científica nacional y los equipos de Estados Unidos, Europa y Canadá.
Desde el Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, varios investigadores han subrayado la importancia de este hito. Se destaca que el FYST abre una nueva ventana de observación y permitirá complementar las capacidades de otros grandes proyectos, a la vez que refuerza la posición de Chile como plataforma de referencia para la astronomía del siglo XXI.
Para la institución chilena, la inauguración del telescopio no sólo supone acceso a datos de primer nivel, sino también un impulso directo a la soberanía científica y tecnológica. El apoyo brindado desde la universidad ha sido presentado como una apuesta por consolidar su presencia en proyectos punteros y por asegurar la participación de sus equipos en la definición de los programas científicos.
Un complemento estratégico para ALMA y otros grandes observatorios
Uno de los aspectos más valorados del FYST es su función como complemento natural de otros observatorios de clase mundial ya instalados en el norte de Chile, entre ellos el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA). Gracias a su capacidad para sondear grandes franjas del cielo, el nuevo telescopio actuará como un «rastreador» que podrá identificar fuentes interesantes que posteriormente serán estudiadas con mayor detalle en instalaciones como ALMA.
Especialistas en radioastronomía han subrayado que el FYST será especialmente útil para la cosmología observacional, ya que permitirá detectar galaxias muy lejanas y analizar la estructura del universo y de la propia Vía Láctea. Estos datos contribuirán a mejorar los modelos actuales sobre cómo se formaron y evolucionaron las primeras estructuras cósmicas.
Desde el punto de vista de la física del medio interestelar, el telescopio también aportará información clave. Investigadoras dedicadas al estudio de las nubes moleculares apuntan que el FYST permitirá observar transiciones específicas del carbono ionizado y del carbono neutro que, desde la superficie terrestre, sólo pueden estudiarse adecuadamente con un instrumento situado en un entorno tan seco y elevado como Chajnantor.
Esta combinación de capacidades -barridos amplios, sensibilidad en el rango submilimétrico y sinergia con observatorios ya consolidados- hace que el FYST sea visto como una pieza que encaja en un engranaje global de grandes telescopios. El conjunto permitirá obtener una fotografía mucho más completa del universo frío, desde los entornos donde nacen las estrellas hasta las estructuras más distantes y antiguas.
Un laboratorio de altura para nuevas generaciones de científicos
Más allá de los resultados científicos que se esperan en los próximos años, el FYST se concibe también como una poderosa plataforma de formación para estudiantes e investigadores jóvenes. Desde Alemania, especialistas implicados en el diseño e instrumentación del telescopio destacan que uno de los grandes objetivos es involucrar a nuevas generaciones en el desarrollo de tecnologías, software y metodologías asociadas a la astronomía submilimétrica.
La operación del telescopio requiere equipos multidisciplinares en los que conviven astrónomos, ingenieros, técnicos y expertos en computación. Participar en un proyecto de esta envergadura ofrece a estudiantes de Europa, América y Chile la oportunidad de trabajar con instrumentación de vanguardia en un entorno extremo y altamente exigente.
En el contexto europeo, esta infraestructura refuerza las redes de colaboración entre universidades y centros de investigación del continente que ya trabajan con datos de observatorios situados en Chile. Para los grupos con sede en España y otros países de la UE, el acceso a observaciones realizadas desde Chajnantor supone una prolongación natural de su actividad en misiones espaciales y grandes instalaciones terrestres.
El carácter abierto e internacional del consorcio CCAT facilita que equipos de distintas regiones puedan proponer programas científicos, participar en el desarrollo de instrumentación adicional y formar parte de las campañas de observación. Este modelo colaborativo se alinea con las prioridades de la política científica europea, que busca maximizar el uso compartido de grandes infraestructuras y fomentar el intercambio de conocimiento.
Una proeza de ingeniería y filantropía científica
Desde el punto de vista técnico, el FYST representa un reto logístico y de ingeniería poco habitual. El telescopio fue diseñado y construido por la empresa alemana CPI Vertex Antennentechnik GmbH, especializada en antenas de gran precisión. Sus componentes, algunos de ellos con pesos que alcanzan las 60 toneladas, tuvieron que ser fabricados en Europa, transportados en barco hasta Chile y finalmente subidos por carretera hasta la cumbre del Cerro Chajnantor.
Las condiciones de altura extrema implican temperaturas bajas, aire enrarecido y exigencias adicionales para el funcionamiento mecánico y electrónico. Todo el sistema ha sido concebido para mantener la estabilidad y precisión necesarias en un entorno donde el personal sólo puede permanecer periodos limitados debido a la altitud.
El proyecto ha sido posible, en gran medida, gracias a la aportación económica del filántropo y exalumno de la Universidad de Cornell, Fred Young, quien ha donado más de 10 millones de dólares para hacer realidad el telescopio. En reconocimiento a este apoyo continuado desde las fases iniciales de diseño, el instrumento lleva su nombre completo: Fred Young Submillimeter Telescope.
Esta combinación de financiación filantrópica, inversión institucional y cooperación entre universidades de América, Europa y Canadá ilustra un modelo de desarrollo científico en el que los grandes proyectos se sostienen sobre alianzas de largo recorrido. El FYST se integra así en una tendencia global en la que la astronomía de vanguardia se articula a través de consorcios que comparten costes, riesgos y beneficios científicos.
Con su puesta en marcha en el corazón del desierto de Atacama, el telescopio submilimétrico más alto en operación se consolida como una de las herramientas clave para entender el universo frío y el cosmos temprano, refuerza el papel de Chile como polo mundial de observación astronómica y abre nuevas oportunidades de colaboración para la comunidad científica europea, incluida la española, que ya mira hacia Chajnantor como uno de los puntos neurálgicos para la astronomía de las próximas décadas.