La exploración del cosmos ha dado un salto cualitativo gracias a la potencia del telescopio James Webb. Este coloso del espacio no solo nos permite ver más lejos, sino que está desenterrando reliquias cósmicas que creÃamos imposibles de detectar, permitiéndonos asomarnos a la infancia del universo cuando todo empezaba a cobrar sentido.
No se trata solo de hacer fotos bonitas, sino de analizar la luz para entender la alquimia de los elementos. Al captar radiaciones infrarrojas, el Webb está encontrando galaxias extremadamente jóvenes y compactas que rompen los esquemas de los modelos teóricos previos, dejándonos claro que el inicio de todo fue mucho más movido de lo que imaginábamos.
LAP1-B: Un fósil quÃmico en la oscuridad

Uno de los hallazgos más fascinantes es la galaxia LAP1-B. Este objeto es básicamente una reliquia quÃmica que existÃa apenas 800 millones de años después del Big Bang. Lo que la hace especial es su increÃble pobreza en elementos pesados; de hecho, tiene una cantidad de oxÃgeno unas 240 veces menor que la de nuestro sol, lo que la convierte en una de las estructuras más primitivas jamás vistas.
Para poder verla, el universo nos regaló un golpe de suerte: una lente gravitacional. Este fenómeno ocurrió porque un cúmulo masivo de galaxias deformó el espacio-tiempo, actuando como una lupa natural que multiplicó por 100 el brillo de LAP1-B. Sin este accidente geométrico, esta pequeña chispa habrÃa seguido oculta en la penumbra absoluta.
El análisis espectroscópico reveló que el resplandor de esta galaxia no venÃa solo de las estrellas, sino de un gas ionizado por radiaciones intensas. Esto ha abierto un debate sobre qué tipo de astros podÃan generar una luz tan dura en un entorno donde casi no habÃa metales, sugiriendo la presencia de fuentes energéticas muy exóticas.
En astronomÃa, llamamos metales a todo lo que no sea hidrógeno o helio. La carencia de estos elementos en LAP1-B sugiere que estamos ante el eco de las estrellas de Población III, las primeras que nacieron en el cosmos. Aunque no se hayan visto directamente, la proporción de carbono y oxÃgeno encaja con los modelos de las primeras supernovas, las que sembraron el universo para que luego existiéramos nosotros.
MoM-z14 y la frontera del tiempo

Si hablamos de récords, tenemos que mencionar a MoM-z14. Esta galaxia es la fuente más distante confirmada mediante análisis espectroscópico, habiendo emitido su luz solo 280 millones de años tras el Big Bang. Después de viajar más de 13.000 millones de años, el Webb ha logrado captar su señal, rompiendo todos los registros anteriores.
Lo curioso es que MoM-z14 es pequeña y compacta, muy similar en masa a la Pequeña Nube de Magallanes, pero tiene una luminosidad sorprendentemente alta. Además, presenta una composición rica en nitrógeno en comparación con el carbono, un patrón que recuerda a los cúmulos globulares más antiguos y que pone en jaque las teorÃas sobre cómo se formaron los primeros soles.
El misterio de las galaxias muertas tempranas

No todo en el universo temprano era crecimiento y brillo. Se ha descubierto a JADES-GS-z7-01-QU, una galaxia que ya estaba «muerta» solo 700 millones de años después del Big Bang. Esto significa que dejó de formar estrellas prematuramente, convirtiéndose en la galaxia apagada más antigua jamás observada.
Este hallazgo es una bomba para los astrónomos, ya que sugiere que la creación de estrellas no fue un camino lineal, sino que hubo periodos de apagones repentinos. Este freno puede deberse a que la galaxia consumió su gas demasiado rápido o a que un agujero negro supermasivo expulsó la materia necesaria para crear nuevos soles.
A través del proyecto JADES, se determinó que esta galaxia tuvo un arranque intenso de formación estelar durante unos 30 a 90 millones de años, pero se detuvo bruscamente unos 10 o 20 millones de años antes de ser observada. Esto demuestra que el Webb puede detectar objetos tenues y pequeños que antes eran invisibles, permitiéndonos entender el ciclo de vida galáctico en su estado más puro.
Técnicas de observación y la reionización
Para saber a qué distancia están estas galaxias, los cientÃficos usan el llamado «corte de Lyman». Básicamente, es un truco que aprovecha cómo el hidrógeno absorbe la luz ultravioleta. Cuanto más lejos está la galaxia, más se desplaza este corte hacia el infrarrojo, que es precisamente donde el Webb es el rey absoluto.
Muchas de estas galaxias se parecen a los llamados «guisantes verdes»: esferas pequeñas, ricas en gas y con estrellas muy jóvenes. Se cree que fueron estas pequeñas potencias las responsables de la reionización del cosmos, el proceso mediante el cual la radiación de las primeras estrellas volvió transparente un universo que antes era opaco.
El hecho de encontrar galaxias con estructuras de disco ya formadas en épocas tan tempranas contradice lo que el Hubble nos contaba. Resulta que el universo primigenio era mucho más complejo y organizado de lo que predecÃan los manuales, con galaxias que parecen haber madurado a una velocidad vertiginosa.